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La plata se desploma como en 1980
La euforia en la plata terminó de forma abrupta. El metal blanco registró la mayor caída diaria en 46 años, en un movimiento que muchos operadores describieron gráficamente como “todo el mundo corriendo a la salida al mismo tiempo”. El ajuste ha sido violento, pero no del todo inesperado tras una subida casi parabólica en las últimas semanas.
El contrato más activo de plata llegó a desplomarse más de un 30% en una sola sesión, perforando con fuerza el nivel psicológico de los 100 dólares por onza. Se trata del mayor retroceso porcentual diario desde marzo de 1980, una referencia histórica que da idea de la magnitud del movimiento.
Demasiada euforia, demasiado apalancamiento
Según varios estrategas, el problema no ha sido una sola noticia, sino un mercado excesivamente cargado. Las posiciones largas en plata estaban extremadamente abarrotadas, con niveles de volatilidad y apalancamiento que dejaban el mercado muy vulnerable a cualquier detonante.
Cuando el precio empezó a girar, se activó una cascada clásica: liquidaciones forzosas, llamadas de margen y ventas automáticas que aceleraron aún más la caída. En este tipo de entornos, el precio deja de reflejar fundamentales y pasa a estar dominado por la mecánica del mercado.
Cuando el posicionamiento está tan concentrado, no hace falta una gran noticia: basta una chispa para provocar un incendio.
El “efecto Warsh” y el dólar
El detonante inmediato fue el fortalecimiento del dólar tras el nombramiento de Kevin Warsh como candidato a presidir la Reserva Federal. El mercado interpretó su perfil como menos proclive a recortes agresivos de tipos, lo que impulsó al billete verde y presionó a los metales preciosos, denominados en dólares.
Un dólar más fuerte y la expectativa de tipos reales menos negativos suelen actuar como viento en contra para el oro y la plata, al menos en el corto plazo. En un mercado tan recalentado como estaba el de la plata, esa combinación fue suficiente para desencadenar el ajuste.
Corrección histórica… pero tendencia intacta
Pese a la brutalidad de la caída, conviene no perder la perspectiva. La plata venía de marcar máximos históricos por encima de los 115 dólares y, aun tras el desplome, acumulaba su noveno mes consecutivo al alza, la racha mensual más larga jamás registrada.
El oro también corrigió con fuerza, aunque en menor medida, y cerró el mes todavía con avances relevantes. Para muchos analistas, este tipo de sacudidas son habituales tras subidas tan rápidas y no invalidan necesariamente el fondo de la tesis alcista en metales.
Las tendencias fuertes no mueren sin antes expulsar a los inversores más apalancados.
¿Oportunidad o aviso?
El debate ahora está en si esta caída es una oportunidad de compra o una señal de que el rally fue demasiado lejos. Algunos estrategas creen que la plata aún podría “lavarse” algo más por debajo de los 100 dólares antes de estabilizarse, mientras que otros señalan que los fundamentales —demanda industrial, déficit de oferta y atractivo como activo refugio— siguen ahí.
Lo que sí parece claro es que la volatilidad no ha terminado. La plata es, por naturaleza, un activo más violento que el oro, y los inversores que decidan posicionarse deben asumir movimientos extremos en ambas direcciones.
En resumen, el desplome histórico de la plata es una llamada de atención: los excesos se pagan, incluso en los mercados más alcistas. A partir de aquí, el mercado tendrá que digerir las ganancias acumuladas y decidir si este ha sido solo un susto… o el principio de una fase más larga de consolidación.
No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.