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Historias de la Bolsa.

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CÓDIGO AMIGO

Gestión inteligente del capital con Trade Republic: IBAN español y 2% de remuneración sin límite de saldo

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#1396

Los pronósticos suelen estar equivocados, pero esta inversión puede ver el futuro


 
Los pronósticos de Wall Street fallan más de lo que aciertan. Incluso los mejores estrategas del mercado público están lejos de ofrecer precisión sistemática. Lo recordaba hace décadas Yogi Berra, y vuelve a subrayarlo ahora Mark Hulbert, autor del análisis que reinterpretamos aquí: las predicciones sobre índices como el S&P 500 acumulan sesgos y errores demasiado amplios como para construir carteras basadas en un único escenario.

Errores sistemáticos en las previsiones bursátiles



Según Mark Hulbert, ni siquiera la entidad con mejor historial reciente —el Banco de Montreal— se ha aproximado a un acierto razonable en sus previsiones para 2025. Los estudios que repasan más de dos décadas de pronósticos muestran que las casas de análisis mejor calificadas incurrieron en un error absoluto medio de alrededor de 10 puntos porcentuales anuales entre 2000 y 2024, mientras que el resto superó los 15 puntos. Como recuerda insistentemente Hulbert, esto implica que el error medio fue más de 2,5 veces la rentabilidad anualizada del S&P 500 en ese periodo.


El déficit de acierto no se limita a las grandes firmas de inversión. Mark Hulbert apunta que los hedge funds macro, teóricamente gestionados por “los mejores y más brillantes”, tampoco logran batir de forma consistente a una simple cartera indexada al S&P 500.

Los índices de rendimiento de fondos macro muestran que, en periodos de cinco y diez años, la ganancia anualizada de estos vehículos queda claramente por debajo del índice general. La causa de fondo, según Hulbert apoyándose en las ideas de Howard Marks, es la propia estructura de la predicción: encadenar varios aciertos (economía, tipos, mercado, sector, valor) reduce drásticamente la probabilidad de que el escenario final se materialice tal y como se había dibujado.

De las predicciones al flujo de caja real: el papel de los TIPS



Frente a esta “ilusión de conocimiento”, Mark Hulbert propone otro enfoque: menos dependencia de las previsiones y más peso en el flujo de caja real. En este contexto, subraya la oportunidad actual del mercado de TIPS (bonos del Tesoro de EE. UU. protegidos contra la inflación). Con los precios actuales, una escalera de TIPS permite asegurar una tasa de retirada ajustada a inflación en torno al 4,6% anual durante 30 años, una cifra superior a la clásica “regla del 4%” que muchos asesores consideraban demasiado optimista.


Hulbert insiste en que invertir así es “aburrido”: una vez comprada la escalera de TIPS, el inversor prácticamente no hace nada más durante tres décadas, más allá de cobrar cada año su retirada ajustada por inflación. Pero a cambio reduce de forma drástica la dependencia de acertar el próximo gran pronóstico de Wall Street. 







No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1397

Por qué el famoso “comprar en las caídas” no es tan rentable como parece


El famoso “buy the dip”, esa idea tan repetida de aprovechar las correcciones para comprar más bolsa, ha funcionado casi como un eslogan de mercado en los últimos años. Pero cuando se mira con lupa, y con datos de varias décadas, la conclusión es bastante menos épica: según un análisis de AQR Capital Management, comprar sistemáticamente en las caídas no bate a la simple estrategia de comprar y mantener.

Qué ha probado realmente AQR



El equipo cuantitativo de AQR se planteó una pregunta sencilla, pero muy incómoda para el mantra popular: ¿qué pasa si definimos reglas claras de “comprar en la caída” y las sometemos al histórico del S&P 500? Para responder, construyeron 196 versiones distintas de la estrategia, cambiando parámetros como la profundidad de la caída, la duración o el tiempo de permanencia en mercado, y las aplicaron a datos desde 1965.

El diseño era simple: cuando se cumple la condición de “dip”, se compra bolsa; cuando no, se permanece en liquidez. No hay magia ni hindsight, sólo reglas ex ante y disciplina. El resultado, sin embargo, fue muy poco glamuroso: en todas las variantes, el ratio de Sharpe —la medida clásica de rentabilidad ajustada al riesgo— salió por detrás de una cartera que simplemente compra acciones y las mantiene en el tiempo. Y cuando se repite el ejercicio desde finales de los 80, la penalización es aún mayor, con una degradación de casi la mitad en términos de Sharpe.


Es decir, la versión disciplinada del “aprovecha las caídas” no sólo no suma demasiado, sino que complica la vida al inversor y le resta calidad de rentabilidad frente a una estrategia pasiva mucho más sencilla de ejecutar.

El problema de ir contra la tendencia



AQR va un paso más allá y trata de explicar por qué ocurre esto. En el fondo, argumentan, el “buy the dip” es una forma de apostar por reversión en un horizonte donde lo que suele dominar es el momentum. Si el mercado tiende a prolongar los movimientos, quien compra cada bajada está, en realidad, colocándose sistemáticamente en contra de la tendencia dominante.


Los autores lo ilustran comparando la estrategia con un índice de trend following de grandes hedge funds. La correlación es negativa, lo que encaja con esa idea: el “comprador de dips” asume que el giro está cerca, mientras que el seguidor de tendencia asume que, por ahora, lo más probable es la continuidad.


Donde el contraste se vuelve más claro es en los grandes mercados bajistas: en cuatro drawdowns severos, la estrategia media de “buy the dip” cayó en torno a un 18%, frente a un desplome del 40% del S&P 500, mientras que los modelos de tendencia llegaron a ganar cerca de un 30%. No es sólo perder menos: en esos episodios, el enfoque de seguir la dirección del mercado directamente gana dinero.

Entonces, ¿hay que enterrar el “buy the dip”?



AQR no plantea que comprar en las caídas sea una locura absoluta, ni que no pueda funcionar puntualmente —lo hemos visto tras los desplomes del COVID o en ciertos episodios de volatilidad política, donde los rebotes han sido violentos y rápidos—. Lo que sí deja claro su análisis es que, como sistema replicable y disciplinado, se queda corto frente a la alternativa pasiva, y desde luego frente a un enfoque profesional de seguimiento de tendencia.


En otras palabras, el “buy the dip” puede servir como reflejo instintivo de un inversor que conoce bien el activo, la empresa o el índice que está comprando; pero no debería confundirse con una regla mágica que asegura éxito sólo porque el mercado, a largo plazo, tiende a subir.





No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1398

Cómo vencer la inflación durante el próximo año con una sola inversión



  • Las letras del Tesoro USA a 1 año ofrecen hoy uno de los rendimientos reales más atractivos de las últimas décadas.

  • El diferencial entre su rentabilidad y la inflación esperada es claramente positivo según los modelos de la Fed de Cleveland.

  • Con un riesgo muy contenido, pueden ser una vía simple para batir la inflación en los próximos 12 meses.

En un entorno en el que todavía se habla mucho de inflación, tipos de interés y recesión, la propuesta que recoge el analista Mark Hulbert es sorprendentemente sencilla: para intentar batir a la inflación durante el próximo año podría bastar con una sola decisión de inversión, las letras del Tesoro estadounidense a un año. La clave está en que los tipos a corto plazo siguen siendo elevados en términos reales, incluso asumiendo un recorte adicional por parte de la Reserva Federal.

Tipos a corto plazo: todavía “demasiado altos”



La discusión pública se ha llenado de ruido político en torno a los tipos. Desde un lado del espectro se presiona a la Fed para que recorte de forma agresiva, y desde el otro se insiste en que los niveles actuales representan un freno innecesario al crecimiento. Sin embargo, más allá de ese debate, los datos muestran algo relevante: las letras del Tesoro a 1 año ofrecen un rendimiento que, comparado con la inflación esperada, se sitúa muy por encima de la media histórica.

En la práctica, esto significa que, aun con un recorte de la Fed de 25 puntos básicos, el tipo a 12 meses seguiría proporcionando un colchón real frente a la subida de precios. Según el análisis de Hulbert, sería necesario un recorte mucho mayor para que este activo volviese a alinearse con su patrón histórico de largo plazo.


Para el inversor conservador, este entorno es inusual: rara vez los activos de renta fija a tan corto plazo ofrecen una rentabilidad real tan claramente positiva sin asumir apenas riesgo de mercado.

El papel del modelo de la Fed de Cleveland



El argumento central se apoya en el modelo de expectativas de inflación de la Reserva Federal de Cleveland, que estima la evolución de los precios en los siguientes 12 meses a partir de la relación histórica entre inflación, rendimientos de los bonos, swaps de inflación y encuestas de expectativas. La diferencia entre esa inflación esperada y el rendimiento de la letra a 1 año arroja actualmente un spread real claramente positivo, superior al de la mayoría de los últimos veinte años.

Como recuerda Mark Hulbert, no se trata de una bola de cristal infalible, pero sí de una herramienta con un historial razonable. El propio modelo ya anticipó con bastante precisión la inflación de 2025: la desviación entre lo proyectado hace un año y los datos reales acumulados hasta ahora es pequeña, sobre todo teniendo en cuenta la complejidad de cualquier previsión macroeconómica.


Si la inflación futura se parece a lo que estima el modelo —ni mucho más alta ni sorprendentemente baja—, las letras del Tesoro a corto plazo deberían batir cómodamente a la inflación durante el próximo año.

Qué implica para el inversor conservador



La conclusión práctica del análisis de Hulbert es clara: en un mundo acostumbrado a buscar soluciones complejas, una posición simple en letras del Tesoro a 1 año puede ser suficiente para proteger el poder adquisitivo del capital e incluso mejorarlo. No es una apuesta especulativa ni una historia de crecimiento explosivo, pero sí una propuesta sólida para quien prioriza capital preservado y rendimiento real positivo.


El riesgo principal es que la inflación termine siendo sensiblemente más alta de lo previsto, estrechando el margen entre la rentabilidad nominal y el avance de los precios. Pero para que el atractivo desapareciera del todo, la sorpresa inflacionaria tendría que ser considerable, o la Fed tendría que recortar tipos mucho más rápido de lo que descuenta hoy el mercado.





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#1399

Esta es la cantidad de efectivo que deberías tener en tu cartera, según los expertos


 
Los elevados rendimientos del efectivo han atraído a multitud de inversores en los últimos meses, pero con la reciente caída de los tipos de interés, cada vez más voces recomiendan replantearse cuánto dinero conviene mantener inmovilizado en cuentas de ahorro, fondos monetarios o certificados de depósito.


Tras ofrecer rentabilidades superiores al 5%, muchos instrumentos equivalentes al efectivo se sitúan ahora en el entorno del 4% o incluso menos. El rendimiento anualizado de siete días del índice Crane 100, que agrupa los mayores fondos monetarios sujetos a impuestos, ronda el 3,73%.


Estas rentabilidades dependen directamente de la política monetaria de la Reserva Federal, que el miércoles recortó nuevamente el tipo de los fondos federales hasta el 3,5%–3,75%. Sin embargo, pese al descenso de los rendimientos, los activos en fondos del mercado monetario se encuentran en máximos históricos: 7,65 billones de dólares, el equivalente al 25% del PIB estadounidense.

¿Cuánto efectivo conviene mantener?


El efectivo sigue siendo esencial para cualquier planificación financiera. “Proporciona liquidez para emergencias y gastos a corto plazo, y actúa como ‘pólvora seca’ para oportunidades de inversión”, explica Luis Alvarado, estratega de Wells Fargo Investment Institute. No obstante, advierte: “no es un activo adecuado para el largo plazo”.


La mayoría de los planificadores recomiendan mantener entre un 2% y un 10% de la cartera en liquidez, dependiendo del perfil del inversor. Los jubilados podrían mantener un porcentaje mayor para ganar estabilidad, mientras que los más jóvenes pueden reducir su exposición para maximizar crecimiento.


En cuanto al fondo de emergencia, la recomendación tradicional es cubrir entre 3 y 6 meses de gastos esenciales. No obstante, algunos expertos sugieren suavizar esa regla. Con una duración media del desempleo de 24 semanas, acumular siete meses de gastos puede ser más prudente.

Dónde guardar el dinero destinado a emergencias


Ese colchón puede mantenerse en cuentas de ahorro de alto rendimiento, aseguradas por la FDIC hasta 250.000 dólares por depositante y banco, o en fondos monetarios. También pueden utilizarse certificados de depósito (CD), aunque retirar el dinero antes del vencimiento implica penalizaciones. Para evitarlo, muchos inversores recurren a escaleras de CD con plazos escalonados.


Más allá del fondo de emergencia, el efectivo también puede desempeñar un papel táctico en las carteras, aunque con matices. El reconocido inversor Dan Niles calificó recientemente el efectivo como su mejor idea de inversión. Pero los asesores advierten que intentar anticipar caídas del mercado con grandes reservas de liquidez rara vez funciona: “Históricamente, los inversores particulares no han sido buenos comprando en las correcciones”, señala Sam Huszczo, de SGH Wealth Management.

Efectivo como herramienta dentro de la cartera


Firmas como Vanguard comienzan sus carteras modelo con un 3%–5% de efectivo, ajustándolo según objetivos. Esta “manga de liquidez” facilita rebalanceos sin necesidad de vender activos en momentos de tensión.

Otra forma de usar el efectivo es acortar la duración general de la cartera, invirtiéndolo en activos a corto plazo: fondos monetarios, letras del Tesoro o ETFs de vencimiento ultracorto. En este punto, los expertos recomiendan evitar plazos superiores a un año.


Para quienes mantienen exceso de liquidez, Huszczo sugiere aprovechar los bonos corporativos con grado de inversión antes de que sus rendimientos bajen más. Recomienda una estrategia escalonada a 10 años, que actualmente ofrece un rendimiento cercano al 4,46%, una alternativa más efectiva para combatir la inflación que dejar el dinero inmóvil.

Ejemplos recientes de rentabilidad


Entre los fondos monetarios más utilizados destacan:
  • Fidelity SPAXX: 3,62% de rendimiento SEC a 7 días; gastos del 0,42%.
  • Schwab SWVXX: 3,76% de rendimiento; gastos del 0,34%.
  • Vanguard VMFXX: 3,84% de rendimiento; gastos del 0,11%.
  • Goldman Sachs FSOXX: 3,53% de rendimiento; gastos del 0,43%.
  • Fidelity FMPXX: 3,84% de rendimiento; gastos del 0,21%.

Vanguard también ofrece ETFs ultracortos destacados, como el VBIL (0–3 meses de vencimiento, 3,85% de rendimiento a 30 días) o el VUSB (bonos ultracortos, 4,24% de rendimiento), ambos con ratios de gasto muy reducidos.


La conclusión de los expertos es clara: el efectivo es esencial como herramienta de estabilidad y flexibilidad, pero mantener demasiado puede suponer un coste de oportunidad significativo. Encontrar el equilibrio —ni demasiado, ni demasiado poco— es la clave para proteger la cartera sin sacrificar crecimiento.



 

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#1400

S&P 500: 2026 probablemente sea un año de Consolidación


 
El escenario que dibuja el análisis para el S&P 500 en 2026 es el de un año de digestión más que de euforia. La idea central es que el índice podría pasar los próximos doce meses moviéndose en un rango relativamente acotado y terminar el ejercicio en niveles similares a los actuales, en torno a los 6.850 puntos. El mercado llega a esa cita con un punto de partida exigente en términos de valoración, pero respaldado por unas previsiones de beneficios que siguen siendo sólidas.


El PER del S&P 500 se sitúa claramente por encima de su media de los últimos años, con una prima aproximada del 10%-12% frente a los niveles históricos. Aun así, el consenso recoge un crecimiento robusto del beneficio por acción, que podría alcanzar en 2026 los 309,22 dólares, el registro más alto desde que se tienen datos comparables.

Valoraciones altas y soporte de beneficios


Las proyecciones de beneficios permiten calcular un PER adelantado de cara a 2026 en torno a 22 veces, frente a una media de cinco años cercana a las 20 veces. Es decir, el índice cotiza con una prima de valoración de alrededor del 10%-11% respecto a su promedio reciente. Este sobreprecio puede incomodar a muchos inversores, pero el análisis subraya que llega acompañado de un ciclo de beneficios fuerte y relativamente generalizado entre los componentes del índice.


De confirmarse las estimaciones de EPS, el S&P 500 entraría en 2026 con el beneficio más alto de su historia. Eso ofrece un colchón fundamental que ayuda a justificar parte de la prima actual, siempre que no se produzca un deterioro brusco del ciclo económico o de los márgenes empresariales. En este contexto, el autor del estudio considera poco probable un recorte agresivo de múltiplos si las cifras de resultados se mantienen dentro de lo previsto.


La combinación de unos beneficios en máximos y unas valoraciones algo por encima de la media lleva a una conclusión intermedia: el potencial alcista del índice estaría más limitado, pero tampoco se aprecia un riesgo inminente de corrección profunda mientras el crecimiento del EPS no se revise a la baja de forma significativa.

Tipos de interés y prima de riesgo de la renta variable


El otro gran pilar del análisis es el comportamiento esperado de los tipos de interés. El autor parte de la hipótesis de que la Reserva Federal seguirá una senda de relajación gradual, con un recorte acumulado de al menos 50 puntos básicos en los próximos trimestres. Una bajada de las rentabilidades de la deuda, en particular del bono a 10 años, mejoraría la prima de riesgo de la renta variable y ayudaría a sostener los múltiplos actuales sin necesidad de una corrección severa.

Hoy, la diferencia entre la rentabilidad implícita del S&P 500 y la del 10 años estadounidense se sitúa por debajo de su media de los últimos cinco años. Con un recorte moderado de los tipos, ese diferencial se acercaría de nuevo a los niveles históricos, lo que reduciría el riesgo de “burbuja de valoración” y haría más digerible la prima actual del índice. En ese escenario, el mercado tendría margen para moverse lateralmente, digerir las subidas de los últimos ejercicios y consolidar niveles.

Riesgos, dispersión de escenarios y lectura final


El informe reconoce, no obstante, que existen múltiples fuentes de riesgo que pueden alterar este guion: desde sorpresas negativas en crecimiento e inflación hasta shocks geopolíticos o eventos climáticos extremos. Incluso dentro del propio mercado de tipos, los futuros de la Fed contemplan un abanico amplio de posibles niveles para 2026, que van desde recortes más agresivos a ajustes relativamente modestos.


Aun así, la conclusión general es que el S&P 500 afronta 2026 con un perfil de riesgo/recompensa neutral: las valoraciones son elevadas, pero están apoyadas por beneficios al alza y por la perspectiva de unos tipos algo más bajos. En vez de un gran tramo alcista o un mercado claramente bajista, el escenario más probable sería una fase de consolidación, con movimientos más contenidos y una mayor importancia de la selección de activos y sectores dentro del propio índice.



 

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#1401

Wall Street marca récords sin euforia: una señal sana para el rally de fin de año


 
El S&P 500 ha vuelto a marcar máximos históricos, algo que en 2025 ya no sorprende tanto, aunque hacía unas seis semanas que no lo veíamos. Lo interesante no es el récord en sí, sino el contexto, que hoy es muy distinto al de finales de octubre, según explica Natalia Kniazhevich.

En aquel momento, el mercado estaba claramente dominado por la euforia: una temporada de resultados muy potente y el entusiasmo casi desmedido alrededor de la inteligencia artificial empujaron a los inversores a asumir más riesgo. Ahora, sin embargo, ese clima no se percibe. Y precisamente eso es lo que muchos alcistas consideran una buena noticia de cara al tramo final del año.


Los indicadores de sentimiento lo confirman. Un medidor elaborado por Ned Davis Research, que combina volatilidad, posicionamiento y encuestas a inversores institucionales, se mantiene por debajo de los niveles que históricamente se asocian con un optimismo extremo. En otras palabras, el mercado sube, pero sin euforia desbordada, lo que suele ser más sano.


Desde el último máximo de octubre, además, el rally ha ido ganando amplitud. Los flujos ya no se concentran solo en las grandes tecnológicas. Parte del dinero se ha desplazado hacia sectores como utilities e industriales, no solo porque la “marea” de la IA levanta más barcos, sino sobre todo porque la Reserva Federal ha empezado a recortar tipos —como volvió a hacer esta semana— mientras economistas y estrategas confían en que la economía estadounidense acelere en 2026. El miedo a una burbuja de IA ha ido dejando paso a una visión más optimista sobre el crecimiento.


“Que las empresas sigan presentando resultados sólidos y que la economía estadounidense se muestre resiliente, junto con un sentimiento que no es eufórico, apunta a más recorrido al alza de aquí a final de año y comienzos del próximo”, señala Ed Clissold, estratega jefe en EE. UU. de Ned Davis Research.


Otros indicadores van en la misma línea. El Equity Euphoria Indicator de Barclays está muy por debajo de los picos de octubre, lo que sugiere que aún queda “pólvora seca” para seguir entrando en Bolsa. Además, los datos de Deutsche Bank muestran que la exposición a renta variable de los inversores discrecionales apenas supera niveles neutrales.


“El hecho de que no veamos un optimismo extremo en la mayoría de indicadores suele ser una señal de que no estamos ante un gran techo de mercado”, apunta London Stockton, también de Ned Davis Research, que destaca un cóctel favorable: sentimiento mixto, estacionalidad positiva y una Fed más amigable.


El impulso reciente se vio reforzado tras el recorte de tipos de la Fed y los mensajes de Jerome Powell sobre la fortaleza de la economía. El S&P 500 acumula ya una subida cercana al 17% en el año y ha cerrado en máximos históricos.


Por debajo de la superficie, el mercado también envía señales interesantes. La cesta de cíclicos frente a defensivos de Goldman Sachs encadena su racha más larga de subidas jamás registrada. Para Lee Coppersmith, directivo del banco, este tipo de movimientos solo se producen cuando el mercado empieza a anticipar un mejor escenario de crecimiento. La historia respalda la idea: cada vez que los cíclicos han superado a los defensivos durante varias sesiones seguidas, el S&P 500 ha tendido a subir en los meses siguientes.


Además, los índices menos concentrados también acompañan. El S&P 500 equiponderado y el Russell 2000 de pequeñas compañías están batiendo al índice tradicional en lo que va de mes, reforzando la idea de un rally más amplio y equilibrado.


Mirando al futuro, los inversores también empiezan a descontar apoyos fiscales que podrían prolongarse hasta 2026, un factor adicional que refuerza el telón de fondo positivo.



En resumen, el mercado vuelve a máximos, pero lo hace sin la euforia de octubre, con una subida más diversificada y con el respaldo de crecimiento, política monetaria y sentimiento todavía lejos de los extremos. Un escenario que, para muchos, deja la puerta abierta a que el rally aún no haya dicho su última palabra. 





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#1402

El regreso del inversor de valor comienza a emerger en las carteras de los gestores de fondos


 
La inversión en valor está volviendo a ponerse de moda. Esa es la observación del estratega jefe de renta variable global de Goldman Sachs, quien detecta la "diversificación factorial" como una tendencia emergente entre algunos gestores de fondos, especialmente aquellos que administran dinero en Europa y Japón.

Peter Oppenheimer detecta “un gran cambio” respecto al enfoque de cartera que dominó los mercados bursátiles en la década posterior a la crisis financiera mundial de 2008-2009.


Durante este período, los gestores de fondos favorecieron sistemáticamente las acciones de crecimiento sobre las de valor, y el auge del sector tecnológico se vio impulsado por la represión de los tipos de interés por parte de los bancos centrales y la forma en que esto aumentó el atractivo de los activos de larga duración.


Oppenheimer explica cómo las acciones de valor —aquellas que resultan más baratas según los indicadores de valoración— se convirtieron en trampas de valor, pero este paradigma está empezando a cambiar. Otros analistas también han señalado este patrón recientemente.


Si bien el crecimiento y la tecnología siguen impulsando la rentabilidad del mercado, Oppenheimer destaca un rendimiento superior constante de las acciones de valor en Europa y Japón. 





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#1403

“El final de los beneficios fáciles en bolsa”.


Los mercados llegan a la nueva semana con una sensación extraña, mientras la tendencia sigue viva, pero donde la lectura deja de ser cómoda. Ya no hay un movimiento en bloque al que agarrarse.

El Dow resiste, mientras el SP500 y el Nasdaq empiezan a mostrar fatiga. La rotación hacia sectores menos exigentes se deja ver de forma nítida y obliga a preguntarse si seguimos en un entorno donde “estar expuesto” es suficiente, o si estamos entrando en una fase en la que la selección vuelve a ser determinante.


La Reserva Federal contribuyó a esta dualidad. El último recorte llegó, pero acompañado de un mensaje de pausa. El mercado celebró el crecimiento y la estabilidad del ciclo, pero asumió también que el apoyo monetario no será ilimitado. Es un equilibrio delicado, pues por un lado tenemos una economía que aguanta y por otro, un banco central que quiere evitar alimentar excesos. Ese punto medio sostiene los índices, pero los deja más dependientes de la micro y más sensibles a cualquier sorpresa.


La primera grieta visible aparece en la narrativa de la inteligencia artificial, hasta ahora el eje dominante del mercado, pero que empieza a mostrar desgaste ante resultados menos brillantes, guías más conservadoras y una competencia cada vez más intensa que evidencia que no todo lo que se etiqueta como IA crece sin fricciones. Los grandes actores ya no avanzan al unísono, pues los “hyperscalers” muestran rendimientos divergentes, la deuda pesa más de lo previsto y el entorno competitivo se endurece, generando mayor dispersión, volatilidad selectiva y menos margen para quienes confían en la narrativa sin mirar los beneficios reales.


Esta complejidad se entiende mejor con perspectiva pues el mercado puede tener aún recorrido, aunque en un avance más moderado y condicionado por turbulencias regulatorias, por el relevo en la Fed y por unas valoraciones que requieren un crecimiento de beneficios más sólido. Incluso los sectores que han liderado el año (tecnología y megacaps) exhiben fisuras, y la posible rotación hacia compañías de menor capitalización gana fuerza, aunque con matices. Las small caps llevan años sin crecer de forma consistente, han sufrido recortes drásticos en estimaciones y su nivel de deuda añade una capa adicional de riesgo. El potencial existe, pero dependerá de que la macro acompañe y la Fed no falle.


En paralelo, el mercado convive con tensiones de fondo que ya no se pueden ignorar. El caso de Elon Musk rozando el umbral simbólico del “trillonario” no es una anécdota. Es un síntoma. Desde 2020, los diez hombres más ricos del mundo han sumado 1,7 billones de dólares en patrimonio. La concentración de riqueza avanza de forma exponencial y se cruza con otro fenómeno: la concentración tecnológica. Controlar la infraestructura de IA implica controlar buena parte del crecimiento futuro. El riesgo no es cosmético. Se trata de cómo esta acumulación de poder económico y tecnológico condiciona el comportamiento del mercado y, en última instancia, la estabilidad del sistema.


En este contexto de mercado más selectivo y disperso, merece la pena incorporar la lectura del inversor minorista global recogida en el último Retail Investor Beat de eToro. Su relevancia no es anecdótica, pues ofrece una fotografía de cómo se está posicionando un colectivo que, tras el ciclo 2020–2024, tiene un peso creciente en los flujos de riesgo.

El estudio señala que un 56% de los minoristas globales cree que el mercado alcista se extenderá hasta 2026, porcentaje que sube al 70% entre los inversores españoles. La confianza en las carteras se mantiene elevada con un 78% a nivel global y un 76% en España, y la percepción sobre la capacidad de cumplir objetivos de inversión es más optimista en el caso español, donde un 57% afirma ir por el buen camino.


El informe también pone nombre a los riesgos que el propio inversor percibe, entre los que vemos la incertidumbre política y geopolítica, posibles subidas de tipos, sobrevaloraciones y debilidad en beneficios. Y muestra un dato táctico relevante, donde con el ciclo de recortes ya en marcha, el 42% ha ajustado cartera y un 26% planea invertir más si continúan las bajadas, con especial protagonismo de las generaciones más jóvenes y un mayor interés, en el caso español, por activos de crecimiento y criptoactivos. Una señal que refuerza la idea de que, aunque el mercado rota y exige más precisión, el apetito por riesgo sigue aún vivo.


La semana también deja otra advertencia táctica, pues el “Bull & Bear Indicator” revisado vuelve a acercarse a niveles de euforia extrema. Alcanzó un 8,9 en octubre, uno de los registros más altos desde episodios de volatilidad severa como 2018 y 2020, y ahora se sitúa en 7,8, rozando el umbral crítico. El mensaje no es de pánico, pero sí de prudencia: el sentimiento está caliente y el margen de error se estrecha.

Con todo, la fotografía no es negativa. El mercado sigue fuerte. El ciclo, más resistente de lo que algunos temían. Pero la homogeneidad desaparece, la dependencia de la micro aumenta y la narrativa se fragmenta. La próxima semana no va de apostar por direcciones, sino de identificar posiciones que sigan teniendo sentido en un entorno donde la tendencia convive con la fragilidad.


La cuestión ya no es si estar dentro del mercado, sino dónde, por qué y siempre gestionando el riesgo al máximo. Esa es la brújula de este nuevo tramo.


 Javier Molina, analista de Mercados de eToro 



No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1404

Wall Street rota fuera del growth y busca apoyo en sectores alternativos


 
La bolsa estadounidense se mueve hoy con un comportamiento desigual: las grandes tecnológicas actúan como lastre, mientras otros sectores presentan puntos de apoyo más sólidos. El resultado es un mercado que invita a la prudencia y, sobre todo, a un enfoque más selectivo.

Tecnología: debilidad en internet y semiconductores



Dentro del sector tecnológico, Google retrocede en torno al -0,96%, reflejando la presión general en compañías ligadas a internet y contenidos. En la misma línea, el segmento de semiconductores se muestra apagado: Nvidia cede cerca de un -0,15% y AMD alrededor de un -0,16%. El mensaje es claro: el inversor está más cauto con los valores de crecimiento y, especialmente, con los más expuestos al ciclo de la IA a corto plazo.


En este contexto, Oracle consigue desmarcarse con un avance moderado (aprox. +0,28%), destacando dentro del software de infraestructura y aportando un punto de estabilidad en un sector que hoy no acompaña.

Consumo cíclico: señales mixtas



En consumo cíclico, el mercado también ofrece un mapa desigual. El comercio electrónico mantiene cierta tracción con Amazon subiendo cerca de +0,26%, mientras que el automóvil muestra más dudas: Tesla cae alrededor de -0,67%, evidenciando divergencias claras dentro del propio sector.

Sentimiento: rotación parcial fuera del “growth”



El tono general sugiere una rotación parcial: menos apetito por las áreas de crecimiento más sensibles a tipos y más interés por compañías con perfiles más defensivos o valoraciones menos exigentes. En servicios de comunicación, el sesgo también es negativo, con Meta cediendo en torno a -0,25%.


Lectura rápida: cuando el mercado se pone selectivo, tienden a funcionar mejor los valores con visibilidad y los sectores con menos volatilidad.

Oportunidades: aerolíneas al alza y energía en vigilancia



Donde sí se ve un mejor tono es en el segmento de viajes y aerolíneas. Con la demanda de desplazamientos mostrando resiliencia, el sector vuelve a ganar interés para estrategias de medio plazo, con nombres como Delta Air Lines beneficiándose del repunte.
En energía, movimientos bajistas como el de Chevron (aprox. -0,88%) pueden empezar a abrir ventanas para inversores de perfil value, aunque el sector sigue muy condicionado por el precio del crudo y el entorno geopolítico.

Enfoque recomendado


  • Diversificar y evitar concentrar cartera en los segmentos más volátiles del “growth”.
  • Vigilar el sector viajes si se consolida el impulso de demanda.
  • Seguir de cerca energía por si aparecen puntos de entrada atractivos con enfoque value.

En conjunto, la sesión refuerza un mensaje: en un mercado cambiante, la clave no es adivinar el próximo giro, sino mantener carteras equilibradas, seleccionar bien los activos y no depender de un único motor (como la gran tecnología) para sostener el rendimiento. 


No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1405

El gráfico que tiene a Michael Burry preocupado por el mercado de valores


Un gráfico concreto es el que ha llevado a Michael Burry a lanzar una nueva advertencia sobre la bolsa. Según explica Yun Li en el medio original, el inversor conocido por anticipar la crisis financiera de 2008 considera que un cambio en la estructura de la riqueza de los hogares estadounidenses podría dejar al mercado vulnerable a un ajuste prolongado.


La señal: más patrimonio en bolsa que en ladrillo


Burry se apoya en un gráfico elaborado por Wells Fargo que apunta a un hecho poco común: los hogares de EE. UU. tendrían ahora una mayor proporción de su patrimonio neto en acciones que en inmobiliario. Para Burry, esta situación es excepcional y, según su lectura histórica, solo se habría visto en dos ocasiones anteriores: a finales de los años 60 y a finales de los años 90.

Burry sostiene que en esas dos etapas el mercado terminó entrando en ciclos bajistas duraderos, y por eso interpreta el gráfico como una señal de alerta.

Por qué le preocupa: efecto riqueza y transmisión al consumo


El argumento de fondo es que, cuando la renta variable pesa tanto en el balance de las familias, una caída del mercado puede trasladarse más rápido a la confianza y al gasto. Es decir, las ventas no solo afectan a las pantallas: también pueden cambiar el comportamiento del consumidor, amplificando la debilidad en una fase bajista.

En esa línea, Burry —que ya venía alertando sobre excesos vinculados al auge de la IA— refuerza su postura con tono irónico, presentándose como “Beary Burry” para subrayar su sesgo defensivo.


La lectura contraria: por qué el sistema no “toleraría” una gran caída


El mismo gráfico, sin embargo, permite una interpretación distinta. Wells Fargo sostiene que precisamente el mayor peso del “efecto riqueza” en la economía implica que una bolsa bajista profunda podría traducirse rápidamente en una desaceleración económica. En ese escenario, el banco considera poco probable que la Reserva Federal o el Gobierno se muestren indiferentes ante un desplome sostenido, especialmente en un contexto político sensible.

Con ese razonamiento, la firma concluye que, al menos a corto plazo, el riesgo-rentabilidad para la renta variable “sigue siendo favorable” porque el coste económico y político de una gran corrección sería demasiado alto.

En definitiva, el debate queda servido: Burry ve en la composición del patrimonio familiar una señal histórica preocupante, mientras que Wells Fargo cree que ese mismo fenómeno actúa como freno a un desplome severo en el corto plazo. Dos lecturas opuestas… a partir del mismo gráfico.



No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1406

Estos son los secretos del éxito inversor de Buffett, según este inversor multimillonario


 
2025 ha traído una noticia que muchos inversores preferían no ver: Warren Buffett se retira como consejero delegado de Berkshire Hathaway al cierre del año. El relevo recaerá en Greg Abel, el sucesor elegido para ocupar un puesto que, durante décadas, ha marcado el tono de la inversión a largo plazo.

Como recoge Barbara Kollmeyer en el medio original, el anuncio no solo cierra una etapa histórica; también reabre un debate inevitable: ¿qué hizo a Buffett tan excepcional durante tanto tiempo?


Klarman lo resume con una imagen potente: el éxito de Buffett parece una lotería de premio creciente, pero sin suerte. Solo la aplicación constante de un método, repetido con disciplina durante décadas.

La base: invertir en negocios, no en tickers



El homenaje más comentado lo firma Seth Klarman, gestor de Baupost Group, en un texto publicado en The Atlantic. Su idea central es sencilla y, a la vez, incómoda para el inversor impaciente: Buffett no “compra acciones”, compra participaciones en empresas. Las analiza como si fuera a convivir con ellas muchos años, y por eso le importa más la calidad del negocio y su capacidad de generar valor que el ruido diario del mercado.


En ese marco, Klarman destaca un rasgo que separa a Buffett de la mayoría: cuando un valor se debilita y la tesis sigue intacta, su reacción típica no es reducir, sino aumentar. No lo mueve el impulso; lo mueve la convicción de que el precio a corto plazo puede fallar, mientras el valor del negocio se impone con el tiempo.

Mentalidad value: paciencia, contrarianismo y cálculo frío



Klarman describe a los inversores en valor —incluyéndose en el grupo— como una especie particular: gente que suele empezar joven, a veces con obsesiones de coleccionista, y que termina desarrollando un olfato natural para las gangas. Son contrarios por naturaleza, prefieren el largo plazo y se vuelven disciplinados con una pregunta que parece aburrida, pero lo decide todo: ¿cuánto vale realmente este negocio?

Donde otros se excitan con el “pelotazo”, Buffett se emociona con algo más lento y más fiable: la aritmética del interés compuesto trabajando año tras año.

Aunque en 2025 se ha hablado de un cierto regreso del estilo value, el mercado ha seguido premiando con fuerza a las compañías de crecimiento. Ese contexto hace que el mensaje de Klarman sea todavía más directo: el método Buffett no depende de estar “de moda”, sino de mantener una forma de pensar incluso cuando el entorno no la celebra.

Cinco rasgos que sostienen una carrera irrepetible



Entre las claves, Klarman subraya una mente especialmente alerta, rápida y precisa, capaz de ir al núcleo de una inversión y separar lo bueno de lo mediocre. A eso se suman tres hábitos que parecen simples, pero casi nadie mantiene de forma consistente: enfocarse, evitar distracciones y persistir con las mejores ideas a lo largo del tiempo.


También destaca su capacidad para adaptarse cuando conviene: Buffett fue refinando su enfoque, influido por Philip Fisher y por Charlie Munger, alejándose de empresas muy baratas pero flojas, y acercándose a negocios mejores, incluso si eso implicaba pagar más.

El argumento es claro: la calidad tiende a crear valor de forma más estable y duradera.


Para Klarman, lo extraordinario no es solo que Buffett construyera su fortuna desde cero, sino que lograra rendir a máximo nivel durante casi tres cuartos de siglo, atravesando crisis, burbujas, revoluciones tecnológicas y cambios de régimen de mercado.

El cierre del retrato es más moral que financiero. Klarman aplaude que Buffett liderara una de las compañías más respetadas del mundo sin vivir pendiente del aplauso ajeno, sino de hacer lo correcto para el negocio y los accionistas. En tiempos en los que el éxito suele medirse solo por el dinero que se gana, la frase que queda flotando es tan simple como incómoda: que algo sea posible no significa que sea lo adecuado.



 

No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1407

Wall Street arranca la semana con el rally navideño en el aire


La Navidad está a la vuelta de la esquina, pero Wall Street inicia la semana sin un claro espíritu festivo. Las bolsas estadounidenses afrontan los próximos días con un rally de fin de año cada vez más cuestionado, en un mes que, históricamente, suele ser favorable para la renta variable.


Tanto el S&P 500 como el Nasdaq Composite llegan a esta semana con caídas en el balance mensual, un comportamiento poco habitual para diciembre. De hecho, este mes suele registrar avances medios significativos en los principales índices, lo que convierte la debilidad actual en un síntoma que el mercado no está ignorando.


Este tono más flojo amenaza con romper una racha de varios meses de subidas y, además, el S&P 500 está encontrando dificultades para consolidarse por encima de referencias técnicas relevantes, lo que alimenta la sensación de que el tradicional “rally de Papá Noel” podría no aparecer con la fuerza de otros años.

Los obstáculos que pesan sobre el mercado



Uno de los principales focos de inquietud procede del mercado de bonos. El movimiento de las curvas de rendimiento, no solo en Estados Unidos sino también a escala global, está empezando a atraer capital hacia activos distintos de la renta variable. En particular, los rendimientos de los bonos japoneses a largo plazo han captado la atención de los inversores tras repuntar con fuerza en lo que va de año.

El tramo largo de la curva también genera ruido por razones políticas. La posibilidad de cambios en el liderazgo de la Reserva Federal y el debate sobre recortes de tipos más agresivos de lo esperado reabre el riesgo de que la inflación vuelva a tensarse, algo que, si se refleja en los rendimientos de largo plazo, suele incomodar a la Bolsa.


En este punto, el mensaje del mercado de bonos es clave: la Bolsa necesita rendimientos y diferenciales “equilibrados”, ni demasiado altos ni demasiado bajos. Por ahora ese equilibrio existe, pero el margen de error es pequeño.

A esto se suman otros frentes, como la decisión pendiente del Tribunal Supremo sobre los aranceles, un factor que podría generar volatilidad adicional si el fallo sorprende al mercado o reabre un foco de incertidumbre regulatoria.

Valoraciones exigentes y rotación sectorial



Otro elemento que mantiene la cautela es el nivel de las valoraciones, especialmente en los segmentos más vinculados a la inteligencia artificial. Tras un periodo de euforia, parte del mercado parece estar “digeriendo” las subidas previas, con movimientos más laterales que ayudan a rebajar excesos sin necesidad de una corrección severa.


En este escenario, gana peso la idea de que 2026 podría venir acompañado de una mayor rotación hacia sectores con mejor perfil relativo. Los industriales, por ejemplo, podrían beneficiarse del impulso asociado a la expansión de centros de datos. Y el sector financiero podría ganar atractivo si se amplía el diferencial entre el tramo corto y el largo de la curva.

¿Habrá rally de Papá Noel?



Pese a todo, los inversores aún no dan por perdida la última oportunidad del año. Esta semana comienza el periodo tradicionalmente asociado al rally de Santa Claus, que suele concentrarse en los últimos cinco días hábiles del año y los dos primeros del siguiente. La estadística juega a favor, aunque el comportamiento reciente invita a no confiarse.
Si la dinámica de las últimas sesiones se mantiene, el mercado podría seguir moviéndose de forma lateral hasta el cierre del ejercicio, con un final de año más de rotación y ajustes que de euforia generalizada.

Agenda de la semana


  • Martes: referencias de PIB (primera lectura), precios del PIB, bienes duraderos y producción industrial.

  • Miércoles: cierre anticipado de la Bolsa de Nueva York.

  • Jueves: mercados cerrados por Navidad.

Idea final: Wall Street arranca la semana con más dudas que certezas sobre el tramo final del año. Entre la señal del mercado de bonos, valoraciones exigentes y el riesgo de titulares políticos, el mercado necesita un catalizador claro para recuperar un rally navideño “de manual”.


No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1408

Cuando pensar demasiado juega en contra al invertir


En los mercados financieros tendemos a pensar que las mejores rentabilidades vienen siempre de las mentes más brillantes. Sin embargo, como plantea Adam Button en su reflexión sobre la figura de Cathie Wood, la realidad a veces es más incómoda: no siempre gana el que más sabe, sino el que mejor sostiene su convicción, incluso cuando el relato roza lo exagerado.


Quien haya escuchado con atención a la gestora de ARK sabe que no es en absoluto ignorante, pero tampoco encaja del todo con el estereotipo de “genio” que muchos asociarían a la cabeza visible del que llegó a ser el mayor ETF de gestión activa del mundo. Aun así, durante un tiempo, su forma de ver el mercado funcionó de manera espectacular.

El caso ARK: narrativa fuerte, timing cruel



Wood alcanzó el estatus de celebridad en el mercado post-covid cuando su fondo ARK Innovation llegó a multiplicarse por diez. La combinación de apuestas agresivas en tecnológicas disruptivas, objetivos de precio muy ambiciosos y una narrativa de “futuro inevitable” atrajo ingentes flujos de capital.


El problema, como recuerda Adam Button, es que la mayor parte del dinero entró tarde. El fondo era pequeño cuando se disparó y, cuando la masa de inversores acudió en 2021–2022, el recorrido ya estaba muy avanzado. El resultado: muchos de los partícipes que llegaron en la fase final acabaron en pérdidas.

A ello se suman errores recientes, como haberse quedado fuera del gran rally de la inteligencia artificial tras vender demasiado pronto Nvidia, o episodios llamativos, como compartir contenido de IA de poca calidad en redes sociales. Todo ello ha erosionado parte de la percepción de “clarividencia” que rodeaba a la gestora.

Cuando pensar menos ayuda más que pensar demasiado



La conclusión de Adam Button es provocadora pero directa: a veces, ser demasiado analítico juega en contra del inversor. Uno de los grandes enemigos de la rentabilidad es el exceso de dudas. La convicción, por el contrario, permite aguantar volatilidad y capturar tramos largos de tendencia.


En el caso de ARK, gran parte del dinero se ganó con Tesla. Bastaba con creer a fondo en la visión de Elon Musk y repetir el relato: coches eléctricos, robotaxis, conducción autónoma, disrupción total del sector. Quien compró esa historia y la sostuvo sin cuestionarla demasiado, salió muy bien parado durante años.

En un mundo ideal, los inversores analizarían con calma las valoraciones, los modelos de negocio y el historial de promesas de cada directivo. En el mundo real, muchas veces se gana más dinero simplemente alineándose con la narrativa dominante y manteniendo posiciones mientras esa historia siga viva.


Button recupera una frase de Erasmo de Róterdam que encaja perfectamente con el contexto actual: en un entorno de euforia y extremos, quien se mantiene racional a veces parece el raro. Pero el problema práctico es que, en determinadas fases del ciclo, cuestionar demasiado puede costar rentabilidad.


La verdadera lección para el inversor



El autor no invita a “apagar el cerebro”, pero sí a extraer una enseñanza muy concreta: el inversor necesita encontrar estrategias, activos o enfoques en los que crea de verdad, y a partir de ahí evitar sobrecomplicarlo todo con decisiones constantes. En muchas ocasiones, el dinero está en la capacidad de mantener la posición, no en el trading continuo.


Tras su repaso crítico, Adam Button cierra recordando las principales posiciones actuales del fondo de Cathie Wood, una cartera fuertemente orientada a crecimiento y disrupción tecnológica:

  • TSLA – Tesla Inc.
  • ROKU – Roku Inc.
  • CRSP – CRISPR Therapeutics AG
  • COIN – Coinbase Global Inc. (Clase A)
  • SHOP – Shopify Inc. (Clase A)
  • HOOD – Robinhood Markets Inc. (Clase A)
  • TEM – Tempus AI Inc.
  • PLTR – Palantir Technologies Inc. (Clase A)
  • RBLX – Roblox Corp. (Clase A)
  • AMD – Advanced Micro Devices

La psicología del inversor vuelve a quedar en el centro de la discusión. A veces, la diferencia entre ganar o perder no está en tener más información, sino en cómo gestionamos nuestras propias dudas. Y ahí, paradójicamente, pensar un poco menos puede ser parte de la ventaja.





No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1409

Invertir en 2026 con el mercado caro: estas son las ideas que pueden marcar la diferencia


 
Según expone Leo Nelissen, el punto de partida para pensar en 2026 es incómodo pero realista: el mercado no está barato. Tras varios años de subidas, la historia recuerda que comprar cerca de máximos puede traducirse en largos periodos de retornos modestos, e incluso en años “planos” si se descuenta la inflación.

El consenso es optimista… y ahí nace la duda



En contraste, Wall Street transmite tranquilidad: el consenso descuenta un crecimiento de beneficios del S&P 500 cercano al 15% y una mejora de márgenes apoyada en la innovación ligada a la inteligencia artificial. El problema, como se insiste en el análisis, es que las proyecciones a 12 meses casi nunca clavan el resultado. Cuando el consenso está muy cómodo, las sorpresas tienden a llegar por donde menos se espera.


La idea no es “adivinar” el año, sino evitar el piloto automático: en un mercado caro, la selección suele pesar más que comprar el índice y cruzar los dedos.

Selección de valores frente a comprar el índice



Con este telón de fondo, Nelissen se inclina por carteras selectivas en lugar de exposición amplia al mercado. El argumento: valoraciones exigentes, concentración en pocos nombres y el riesgo de que la narrativa dominante —especialmente en torno a la IA— provoque movimientos bruscos si se enfría el entusiasmo.
Por eso pone el foco en sectores con negocio tangible, ventajas competitivas y potencial de aguantar bien un entorno de volatilidad: industriales, transporte, energía e incluso operadores de mercados.

Industriales: calidad y disciplina de capital



Entre los industriales, destacan compañías como Carlisle Companies y A. O. Smith. La primera se presenta como un caso de excelente asignación de capital y exposición a reformas comerciales, un mercado atractivo por la antigüedad del parque inmobiliario. A. O. Smith, por su parte, se beneficia del ciclo de vivienda desde una óptica más “de proveedor”, y llega a 2026 con múltiplos más razonables tras años irregulares.

Transporte: ferrocarriles y logística con “foso”



En transporte, la preferencia se concentra en redes difíciles de replicar. En ferrocarriles, aparecen nombres como Union Pacific y Canadian Pacific Kansas City, con capacidad de capturar un repunte de actividad industrial y con barreras de entrada claras.


En logística por carretera, el foco va a modelos LTL (less-than-truckload), donde la eficiencia operativa y la red lo son todo. Aquí se citan firmas como Old Dominion, junto a XPO y Saia, estas últimas con potencial adicional si mejoran márgenes y ejecución.

HVAC y distribución: crecimiento estructural



Otra pata del enfoque pasa por climatización y su ecosistema. Carrier aparece como una historia industrial con vientos de cola seculares, mientras que Watsco se menciona como referencia en distribución HVAC, penalizada por la debilidad del ciclo inmobiliario, pero con una base de negocio sólida.
Cuando el ciclo aprieta, los líderes de red y distribución suelen “sufrir” en bolsa… pero también es cuando se abren las mejores ventanas de entrada si el negocio mantiene su ventaja.

Energía: gas natural, midstream y rentas estables



En energía, la lista se amplía: desde propietarios de tierras y regalías hasta midstream y productores de gas. Destacan Texas Pacific Land, Viper Energy y ONEOK, con especial énfasis en esta última por su modelo de ingresos basado en contratos de tarifa fija y una rentabilidad por dividendo cercana al 6%.


Dentro del gas natural, se menciona Antero Resources por calidad de activos y costes bajos, y Antero Midstream como vía más estable para combinar ingresos recurrentes y apreciación potencial.

Operadores de mercados: ganar con la volatilidad



La última pieza son los “peajes” del sistema financiero: bolsas y mercados. La tesis es directa: si 2026 viene con volatilidad, los operadores de derivados y plataformas de negociación pueden beneficiarse. Aparecen CME Group, Intercontinental Exchange y el más pequeño MIAX, este último con un perfil más arriesgado por estar todavía en fase de consolidación.

En resumen, la visión para 2026 no es apocalíptica, pero sí selectiva. El mercado parte caro y con narrativas muy concentradas, así que el enfoque pasa por compañías con negocio tangible, ventajas competitivas y disciplina de capital. Si el año sale “aburrido”, estas ideas deberían defenderse; si llega la volatilidad, podrían incluso destacar. 




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1410

Warren Buffett nos revela cinco secretos para tener éxito en las inversiones


 
Con el relevo en la primera línea de Berkshire Hathaway, muchos repasarán las grandes decisiones de Warren Buffett: American Express, Coca-Cola, Apple o See’s Candies. Pero su verdadero legado no son las acciones que compró, sino el proceso que le permitió invertir bien durante décadas, en entornos completamente distintos.

Buffett no desaparece — mantiene un rol central —, pero incluso si lo hiciera, sus enseñanzas seguirían siendo plenamente actuales. Porque, aunque cambien la tecnología, la política o la velocidad de los mercados, los problemas centrales del inversor siguen siendo los mismos: juicio, disciplina y control emocional.

El gran mérito: un sistema diseñado para reducir errores



El mayor logro de Buffett no es batir al mercado — aunque lo haya hecho —, sino haber construido un sistema de toma de decisiones que minimiza errores, evita presiones externas y alinea incentivos a largo plazo.

Hoy hay más información y más ruido que nunca. Pero la sensación de vivir un momento “excepcional” se repite en todas las épocas. Buffett entendió que la clave no era predecir mejor, sino equivocarse menos, y diseñó estructuras — personales y empresariales — que protegen el proceso frente a impulsos, modas y urgencias.

La ventaja competitiva real rara vez está en tener “la información antes”. Suele estar en no cometer los errores típicos cuando el mercado aprieta.


Cinco principios que cualquier inversor puede aplicar



1) El tiempo es un activo, no una variable.


El interés compuesto solo funciona si el inversor no se interrumpe a sí mismo: pérdidas innecesarias al principio o ventas prematuras después rompen el mecanismo. En un mundo obsesionado con el corto plazo, entender que el valor se crea a lo largo de años es una ventaja.


2) Confía más en incentivos que en previsiones.


Buffett dedicó menos energía a “adivinar la macro” y más a entender personas y gobernanza: cómo se remunera a los directivos, cómo se asigna el capital y qué incentivos mandan en la empresa. Eso suele ser más fiable que cualquier proyección.

3) La simplicidad es disciplina, no ingenuidad.


Evitar complejidad no es falta de sofisticación: es saber que la complejidad a menudo oculta riesgo, diluye responsabilidad y genera falsa confianza. Si no puedes explicar una inversión con claridad, probablemente no la entiendes lo suficiente.


4) Un buen sistema vence al talento aislado.


Berkshire está construida para resistir estrés: balance sólido, apalancamiento moderado, descentralización y cultura de confianza. Un inversor individual no puede replicarla, pero sí copiar su lógica: reglas previas, menos decisiones forzadas y menos tentación de “hacer algo” todo el rato.

5) El temperamento es el activo más infravalorado.


Buffett nunca se vendió como el más inteligente, sino como el más constante. Mantenerse racional cuando otros están eufóricos o asustados es una ventaja enorme… y muy escasa.

Lo que conviene tener escrito a mano


  • El tiempo solo ayuda si dejas que el interés compuesto actúe.
  • Los incentivos importan más que las previsiones.
  • La complejidad suele esconder errores.
  • Diseña procesos que te protejan de decisiones impulsivas.
  • El temperamento supera al coeficiente intelectual.

No son eslóganes: son límites. No prometen genialidad, pero reducen daños. Y a largo plazo, eso marca la diferencia.


La frase que lo resume todo



“Seguiremos ignorando las previsiones políticas y económicas, que son una distracción costosa para muchos inversores.”

Los acontecimientos cambian — crisis, guerras, burbujas, pandemias o nuevas tecnologías —, pero los principios de inversión que evitan errores suelen mantenerse. Y esa es, probablemente, la mayor lección: el método importa más que el titular del día.


 

No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.