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Historias de la Bolsa.

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CÓDIGO AMIGO

Trade Republic ofrece cuenta en euros al 2,02% TAE y acceso a acciones, ETFs y otros productos

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#1471

Los inversores de bonos están viendo un gran riesgo que los de las acciones no: Estanflación.


El mercado del Tesoro estadounidense empieza a lanzar una advertencia que los inversores no deberían ignorar. La combinación de un repunte claro de la inflación mayorista, un petróleo disparado por la guerra en Oriente Medio y una Reserva Federal que mantiene un tono prudente está alimentando un patrón de mercado especialmente delicado: el miedo a un entorno de estanflación, es decir, más inflación y menos crecimiento al mismo tiempo.

El mercado de bonos empieza a inquietarse



La señal más visible llegó desde la deuda pública estadounidense. La rentabilidad del bono a dos años subió con fuerza, mientras que el tramo largo avanzó menos, generando un movimiento de aplanamiento bajista de la curva. Este patrón suele interpretarse como una advertencia clara: el mercado empieza a descontar una política monetaria más restrictiva de lo esperado, al mismo tiempo que aumenta el temor a una economía más débil.


No es una señal menor. Cuando el tramo corto de la curva sube más rápido que el largo, el mercado está diciendo dos cosas a la vez: que la Fed tendrá menos margen para bajar tipos y que el crecimiento futuro puede deteriorarse. Esa combinación es precisamente la que hace tan incómodo el escenario actual.

La lectura de fondo es clara: el mercado de bonos empieza a ver un problema doble, no solo inflación, sino también deterioro del ciclo.

El PPI y el petróleo reavivan el miedo inflacionista



El detonante inmediato fue un dato de precios mayoristas más fuerte de lo previsto. El PPI de febrero subió un 0,7%, el mayor avance en siete meses, mientras que la lectura subyacente también mostró una presión relevante. Es el tercer mes consecutivo de aumento en los costes mayoristas, una secuencia que complica el mensaje de desinflación que el mercado quería seguir comprando.


A esto se suma el repunte del Brent por encima de los 109 dólares tras los ataques sobre infraestructuras energéticas en la región. Esa mezcla —precios energéticos al alza y costes empresariales creciendo— es justo la que puede terminar filtrándose a inflación final, márgenes y expectativas de tipos.

La Fed gana tiempo, pero el mercado no está cómodo



La Reserva Federal mantuvo tipos sin cambios, como se esperaba, pero dejó mensajes que el mercado no recibió con demasiada tranquilidad. Jerome Powell reconoció que se había discutido incluso la posibilidad de una subida de tipos, aunque aclaró que no es el escenario base. Ese matiz bastó para reforzar la sensación de que la Fed no tiene prisa alguna por girar hacia una política más acomodaticia.

El problema es evidente: si la inflación vuelve a repuntar por energía, la Fed tendrá menos margen para reaccionar a una eventual desaceleración. Y ese es precisamente el corazón del riesgo de estanflación: un banco central atrapado entre la presión de los precios y el debilitamiento del crecimiento.

El mercado no está diciendo que la estanflación ya haya llegado, pero sí que la probabilidad de ese escenario ha aumentado de forma visible.

Todavía no es los años 70, pero el riesgo sube


Algunos estrategas siguen defendiendo que no estamos ante una reedición de la estanflación de los años 70 y que, en realidad, el mercado se enfrenta más a un shock energético clásico que aún podría revertirse con relativa rapidez. Esa es la visión menos alarmista y, desde luego, no puede descartarse si el conflicto en Oriente Medio se desescala pronto.


Sin embargo, la señal del mercado del Tesoro es suficientemente seria como para no minimizarla. Mientras el petróleo siga alto y los datos de inflación no aflojen, el riesgo de que la economía se vea atrapada entre precios elevados y crecimiento más frágil seguirá ganando peso.



No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1472

El rebote no llega cuando todo mejora, sino cuando deja de empeorar.



 
La guerra en Irán ha llevado a los mercados a un punto de tensión extrema, donde prácticamente todos los activos —acciones, bonos e incluso el oro— han caído simultáneamente. Este comportamiento, lejos de ser habitual, suele marcar momentos de estrés máximo en el sistema financiero.

Según Variant Perception, el mercado podría estar entrando en un “pico de incertidumbre”, una fase que históricamente ha coincidido con oportunidades tácticas de compra.

Cuando todo cae: señal de capitulación



Uno de los elementos más relevantes es la caída simultánea de activos que normalmente actúan como refugio, como el oro o los bonos.

Este fenómeno suele interpretarse como una liquidación forzada, donde los inversores venden indiscriminadamente para cubrir pérdidas o reducir riesgo.

Clave de mercado: cuando todo cae a la vez, el problema no es fundamental, es de liquidez.

Además, el repunte de los tipos de interés y el aumento de la volatilidad (VIX elevado) refuerzan esta idea de estrés extremo.

El patrón histórico: semana 3, punto de inflexión



El análisis histórico aporta una pista clave. Según Deutsche Bank, en grandes crisis geopolíticas:
  • El mercado suele tocar fondo en torno a las tres semanas tras el shock inicial.
  • La recuperación comienza progresivamente a partir de ese punto.
  • En torno al día 30-35, los índices tienden a recuperar niveles previos.

Dado que el conflicto actual se acerca a ese punto temporal, el mercado podría estar cerca de un suelo táctico.

Catalizadores para un rebote



Más allá del patrón técnico, existen posibles catalizadores que podrían desencadenar un rebote:

  • Mayor implicación de China, afectada por el suministro energético.
  • Señales de estabilización en el conflicto.
  • Relajación en precios energéticos o tipos de interés.

En mercados dominados por expectativas, basta un cambio en la narrativa para provocar movimientos bruscos al alza.

Conclusión: el rebote no llega cuando todo mejora, sino cuando deja de empeorar. 



No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1473

Las acciones están al borde de una Gran Corrección. ¿Por qué podría fracasar la estrategia de "TACO"?


Las bolsas estadounidenses están cada vez más cerca de entrar en territorio de corrección, y con ello empieza a cuestionarse una de las ideas que mejor había funcionado en los últimos meses: el llamado “TACO trade”. Esa estrategia se apoyaba en una premisa sencilla: cada vez que el mercado caía con fuerza por decisiones agresivas de Donald Trump, el propio Trump acababa moderando su postura… y las bolsas rebotaban.

Ahora el contexto ha cambiado. Y con él, la eficacia de esa lógica.

El mercado se acerca a la corrección



Los principales índices ya acumulan caídas relevantes desde sus máximos:

  • S&P 500: -6,8%
  • Dow Jones: -9,2%
  • Nasdaq: -9,6%

El Nasdaq y el Dow están prácticamente a las puertas de una corrección técnica (caídas del 10%), un umbral que suele marcar un cambio en el comportamiento del mercado. Y lo más relevante es que la caída se está produciendo en un entorno mucho más complejo que en episodios anteriores.

La diferencia no es la caída, es el contexto en el que se produce.


El “TACO trade” empieza a fallar



Durante meses, muchos inversores han operado bajo una idea casi automática: ante cualquier caída provocada por decisiones políticas agresivas, lo razonable era comprar. ¿Por qué? Porque el propio mercado actuaba como freno para la administración.

Ese patrón funcionó con episodios como el “Liberation Day” del año pasado, cuando Trump anunció aranceles masivos y posteriormente dio marcha atrás tras la reacción negativa de los mercados.

Pero esta vez hay un problema: no es tan fácil revertir una guerra como revertir una política comercial.

El petróleo lo cambia todo



El conflicto con Irán introduce un factor que no estaba presente en episodios anteriores: el impacto directo sobre la energía. Con el petróleo por encima de los 100 dólares, el mercado se enfrenta a un escenario mucho más difícil:

  • Más inflación
  • Menor margen para recortes de tipos
  • Mayor presión sobre consumo y crecimiento

Esto hace que incluso aunque Trump suavice su postura, el mercado no tenga garantizado un rebote rápido. El daño puede ser más profundo y, sobre todo, más duradero.
El mercado puede recuperarse de decisiones políticas. Pero no siempre de shocks energéticos.


Un entorno menos favorable que en 2025



Otro elemento clave es el cambio en el fondo macro. En episodios anteriores, el mercado contaba con el apoyo de:

  • Expectativas de crecimiento sólido
  • Inflación controlada
  • Política monetaria flexible

Ahora el panorama es distinto. La inflación vuelve a ser una amenaza, el crecimiento pierde visibilidad y los bancos centrales tienen menos margen para actuar.


Eso reduce significativamente la capacidad del mercado para absorber shocks sin consecuencias más duraderas.





No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1474

Las acciones estadounidenses parecen baratas por primera vez en un año.


Las acciones estadounidenses empiezan a parecer más razonables en valoración, al menos sobre el papel. El dato que está llamando la atención es que la ratio precio/beneficio a futuro del S&P 500 ha caído hasta 19,95 veces, situándose por debajo de su media de los últimos cinco años por primera vez desde mayo del año pasado. Eso no convierte automáticamente a Wall Street en una ganga, pero sí indica que la sobrevaloración extrema se ha reducido de forma visible.

La corrección ha hecho más digerible la bolsa de EE. UU.


Parte del cambio se explica por el castigo sufrido por los grandes índices en lo que va de 2026. El S&P 500 no marca máximos desde enero y el Nasdaq sigue lejos de sus techos, mientras que la presión sobre las grandes tecnológicas y sobre el software ha enfriado múltiplos que hace unos meses parecían difíciles de justificar.

El ajuste ha sido todavía más visible en tecnología. El sector de tecnologías de la información presenta ahora una ratio precio/beneficio a futuro de 21,48 veces, claramente por debajo de su media de cinco años, que ronda las 26 veces. Eso ha llevado a que nombres como Nvidia, Amazon o Microsoft empiecen a ser vistos por algunos como valores con perfil más atractivo del que tenían hace unos meses.

El mercado estadounidense no está “barato” en términos absolutos históricos profundos, pero sí está menos caro que hace unos meses. Y esa diferencia importa.

El gran riesgo: que los beneficios no aguanten



El problema es que una parte importante de esa mejora en valoración no depende solo de la caída de los precios, sino de unas expectativas de beneficios que siguen siendo exigentes. El consenso de analistas todavía proyecta un crecimiento del 17% en los beneficios del S&P 500 en 2026. Y ahí está la trampa: si el conflicto con Irán, el petróleo o una desaceleración económica más clara obligan a revisar esas cifras, las valoraciones volverían a parecer menos atractivas muy rápido.

Ese es el punto que divide al mercado. Algunos creen que ya hay valor suficiente para empezar a construir posiciones. Otros ven un optimismo excesivo en las previsiones de crecimiento, especialmente cuando el impacto del shock energético sobre márgenes, costes y consumo todavía no se ha reflejado de verdad en las estimaciones.


No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.