Volver a hablar de Gowex a estas alturas siempre te deja un cuerpo extraño, sobre todo para los que vivimos aquel colapso en directo dentro del foro. Ha pasado ya más de una década desde que el informe de Gotham destapara que el pastel de las redes wifi gratuitas era puro humo, y ver que las resoluciones judiciales contra Jenaro García y su cúpula se han dilatado tanto en el tiempo solo demuestra lo lenta que va la justicia para el pequeño inversor. Muchos compañeros de Rankia daban ya el dinero por perdido hace años, pero el goteo constante de novedades en los tribunales y las definitivas responsabilidades penales vuelven a traer el tema a primera línea, reabriendo heridas de una de las mayores estafas del mercado financiero español.
Mirando la parte medio llena de todo este asunto, la actualidad para los afectados se centra ahora en las reclamaciones civiles y en la responsabilidad de los intermediarios. Aunque la matriz está más que liquidada y no hay un duro de donde rascar de la propia empresa, las demandas conjuntas contra firmas como la auditora EY, que daba validez a unas cuentas infladas en más de un 90%, están siendo la única vía real para que los minoristas recuperen algo de su capital. No va a ser el total de lo invertido, ni mucho menos, pero las últimas resoluciones judiciales abren un camino firme y obligan a estar muy atentos a los plazos legales y a la forma de declarar estas pérdidas patrimoniales en la Renta para, al menos, compensar las plusvalías de otros valores que tengamos en cartera.
Por el lado negativo, este caso nos recuerda el tremendo agujero regulatorio que arrastrábamos en el antiguo MAB, ahora reconvertido en BME Growth. Aunque se han endurecido notablemente los controles, las exigencias de transparencia y la supervisión de los asesores registrados, el fantasma de Gowex sigue pesando como una losa sobre las pequeñas empresas tecnológicas españolas que buscan financiación. Al inversor particular le cuesta el triple confiar en los planes de negocio hiperoptimistas de las compañías de baja capitalización patrias, lo que a veces provoca que proyectos que son totalmente válidos y transparentes coticen con un descuento excesivo por culpa del miedo que sembró Jenaro.
Al final, el caso Gowex se ha convertido en la asignatura obligatoria de primero de bolsa para cualquiera que empiece a operar en el mercado nacional. Nos enseñó a las malas que la facturación y el beneficio neto se pueden maquillar en un informe si los filtros fallan, pero que el flujo de caja real y las deudas con los bancos son mucho más difíciles de inventar. Toca seguir de cerca el cierre definitivo de los procesos de indemnización civil y asumir que, aunque el castigo a los culpables llegue con años de retraso, la lección de mantener un escepticismo radical ante los negocios que prometen un crecimiento milagroso sin apenas inversión se nos quedó grabada a fuego para siempre.