Hace unos días pude leer un artículo en El Confidencial de Juan Gómez Bada de Avantage Capital sobre el funcionamiento de las OPAs de exclusión en algunos mercados anglosajones.
Me ha parecido muy interesante, y creo que habría que darle la máxima difusión posible. Adjunto también el enlace para sumarse a la iniciativa y forzar a la CNMV a cambiar la legislación actual que rige estas operaciones:
Obviamente, no puedo dejar de extrapolar esta situación a Grupo San José, que parece contar con la mayoría de los ingredientes para que el accionista de control decida cualquier día lanzar este tipo de operación. Es un guion que ya está escrito, es fácil de representar y de desenlace conocido. ¿Quién decidiría si el precio ofrecido es aceptable? ¿El Banco Sabadell, que lleva cinco años diciendo que vale entre 9,65 y 10,08 euros por acción? La respuesta siempre estará en el Consejo que la propone, que la paga y que la justifica. El resto de accionistas tendrían derecho a escribir cartas, presentar alegaciones y, como mucho, litigar años después de que la acción ya no cotice. La clave no está en el precio: esa no es la batalla que hay que ganar. La clave está en el voto. Y ojo: no digo que, si mañana la familia Rey lanzara una OPA de exclusión a 10 euros, la mayor parte de los minoristas no la aceptara de buen grado. Lo que dice el articulista es que serían justo esos minoristas quienes deberían decidir, por simple mayoría, si la consideran razonable o no, con el oferente fuera de esta deliberación.
La solución, argumenta, no exige inventar nada nuevo, consiste en regular que en las OPAs de exclusión en las que el oferente es, directa o indirectamente, un accionista de la propia compañía, la operación tenga que ser aprobada por el capital independiente y con el comprador excluido de la votación. Puro sentido común.
El día que el vendedor pueda decir que no, el comprador se verá obligado a ofrecer un precio que alguien quiera aceptar de verdad, y no uno que un tasador pueda simplemente defender sobre el papel. Los precios, entonces, se arreglan solos, y buenas empresas llevadas por núcleos familiares sólidos dejarán de estar penalizadas por la simple amenaza de una posible OPA de exclusión cuando al accionista mayoritario se le antoje. Y a veces, sin poner un solo euro de su bolsillo: basta con usar la caja de la propia sociedad, como podría ser el caso aquí.
Por cierto, ya presentadas desde hace semanas las cuentas del primer semestre de 2026, sigue sin aparecer en la web el informe de valoración del Sabadell actualizado. Cinco años clavando prácticamente la misma cifra mientras el negocio mejora ejercicio tras ejercicio tiene su mérito, y no debe de ser fácil redactar por vigésima cuarta vez que la compañía vale un 4% más de lo que valía en 2021. Menudo marrón.
Un saludo.