Llevar un tiempo siguiendo a Indra en el foro te hace ver cómo cambian las narrativas del mercado. Hace unos años muchos la considerábamos una especie de valor trampa, muy ligada a los vaivenes políticos y con unos márgenes en la parte tecnológica que no terminaban de arrancar. Sin embargo, el giro estratégico de los últimos tiempos la ha recolocado en una posición envidiable. La reconversión hacia el sector de la defensa, aprovechando el contexto geopolítico actual en Europa y el incremento generalizado de los presupuestos militares, la ha transformado en un perfil muy codiciado dentro del Ibex 35, con una cartera de pedidos que encadena récords trimestre tras trimestre y que da mucha visibilidad al negocio a medio y largo plazo.
El plan estratégico que tienen sobre la mesa está dando sus frutos, sobre todo en la división de Defensa y Seguridad, que es donde verdaderamente está el margen gordo y el interés de los institucionales. Ser el coordinador español en proyectos europeos de la envergadura del FCAS (el futuro avión de combate europeo) les asegura carga de trabajo para prácticamente una década. A nivel fundamental, el flujo de caja operativo y el beneficio neto están mostrando una tendencia sólida al alza, algo que se ha reflejado en una cotización que ha roto resistencias históricas que parecían infranqueables. Para los que buscamos empresas con vientos de cola macroeconómicos claros, Indra ahora mismo tiene un foso defensivo institucional innegable.
El gran catalizador que el mercado sigue vigilando de cerca, y que centra los debates entre los accionistas, es el futuro de Minsait, su filial de tecnologías de la información. La idea de segregar o vender una parte de este negocio para aflorar valor es una jugada que tiene todo el sentido del mundo. La consultoría informática es un sector muy fragmentado, intensivo en personal y de márgenes más estrechos que termina lastrando el múltiplo al que debería cotizar la parte de defensa. Si consiguen cerrar una desinversión parcial atractiva, la compañía se encontraría con una montaña de liquidez para acometer adquisiciones en el mercado de defensa europeo, que está en pleno proceso de consolidación.
Pero claro, en Indra nunca todo es idílico y el riesgo de gobernanza sigue siendo el elefante en la habitación. La fuerte presencia del Estado a través de la SEPI en el accionariado implica que las decisiones estratégicas no siempre responden puramente a criterios de rentabilidad para el minorista, y los bailes de sillones en el consejo de administración a veces generan un ruido corporativo que ahuyenta al inversor más ortodoxo. Además, la inflación de costes salariales en el sector tecnológico sigue apretando los márgenes de sus proyectos de consultoría tradicionales. En resumen, es una opción con una tesis de inversión muy potente por el ciclo militar, pero en la que hay que asumir que el ruido político viene incluido en el precio de la acción.