Una de cal y mucho de arena desde Europa
La comparativa con la UE deja un motivo de consuelo: España dejó de ser el país con la mayor tasa de paro de la UE. Hoy queda por detrás de Suecia, Rumanía y Grecia. Tampoco es el que más ha empeorado su desempleo desde 2006: aquí nos superan Estonia y, de nuevo, Dinamarca y Rumanía.
Pero somos campeones en caída de la tasa de actividad y la de ocupación. Hay países con menor tasa de actividad y de paro que España, pero ninguno en los que ambas variables se hayan desplomado tanto. Lo ocurrido en nuestro país no es una característica endémica de nuestro mercado laboral, sino una distorsión que se produce con la crisis de hace 20 años y que sigue muy lejos de resolverse.
Las tres estadísticas de empleo componen una ecuación cerrada. Que una economía reduzca el paro sin elevar la ocupación solo es posible porque los potenciales trabajadores abandonan el mercado laboral. O, mejor dicho en el caso de los jóvenes, que no llegan a entrar en él.
Como
hemos contado en elEconomista.es, desde la crisis los menores de 25 años han retrasado su entrada al mercado laboral prolongando su etapa formativa, lo cual tiene una lectura positiva (trabajadores más formados). Pero esto no oculta el hecho de que
los que sí quieren trabajar tienen menos oportunidades que antes. Algo que no ocurre en el resto de Europa y nos aleja de la verdadera convergencia en empleo juvenil.
En 2006, los diferenciales en las tres variables del mercado laboral arrojaban un saldo claramente positivo para España: más actividad, más ocupados y menos paro (aunque aquí la brecha era menor). Con la crisis, estos se dan la vuelta inmediatamente y no dejan de empeorar en los años siguientes.
Lo sorprendente es que, a pesar de que la brecha de paro ha mejorado con intensidad, las otras dos sí se han mantenido estables. Lo cual apunta de nuevo en la dirección de que el desempleo no se reduce tanto porque los jóvenes encuentren empleo como porque no lo buscan.
ELECONOMISTA.ES