Curiosamente, la estructura exacta de este aforismo no nació para atacar al comunismo, sino para defender a los miembros del Partido Comunista de Alemania (KPD) en la década de 1950 frente al estigma de los crímenes de Stalin.
El dramaturgo alemán Bertolt Brecht —o intelectuales de su entorno, no lo recuerdo exactamente— la formularon originalmente a la inversa (conocida como la paradoja de la honestidad):
"Los miembros del partido se dividen en tres categorías: los inteligentes, los honestos y los convencidos. Un miembro inteligente y convencido no es honesto; uno honesto y convencido no es inteligente; y uno inteligente y honesto no está convencido".
Con el paso de las décadas, la cultura popular de la Guerra Fría invirtió los términos de la frase para transformarla en el arma de retórica anticomunista que se conoce hoy en día.
Lo de que se la atrubuyas a Solzhenitsyn no deja de tener su gracia.