Buenos días, Cyrano. Sinceramente no creemos que tengamos ninguna discrepancia de fondo. Como muy bien dices, todos los puntos de vista son igualmente aceptables y además, todos las estrategias son legítimas.
Hay un punto, no obstante, que creemos que es la clave del asunto. Quien escribe tiene 58 años (en eso te gano, aunque no por mucho) y podemos compartir el hecho de haber vivido situaciones muy distintas y tenido diferentes experiencias.
En el pasado remoto, en el siglo XX que ambos vivimos, opinar distinto no era interpretado como una agresión. Se opinaba, se discrepaba (te podía gustar más o menos la opinión del otro, pero eso no cambiaba nada), tomabas nota, cambiabas de opinión (o no) y se seguía con tu vida.
Algo pasó alrededor de 2010-2015 que cambió esta dinámica. No hace falta indagar mucho porque creo que todos sabemos lo que es.
Desde entonces, exponer un criterio con vehemencia es interpretado como "querer imponer". Decir que algo "es de tal forma" es interpretado como que "estás atacando a los demás", etc. Ese es el problema.
El diálogo, antes, se basaba en dos fases sucesivas: cada cual exponía sus ideas y, luego, si querían, acercaban posiciones y llegaban a puntos de encuentro. Muchos no querían y estaban en su derecho (se quedaban en la primera fase, daban cuatro voces, o simplemente se negaban a dialogar), pero otros sí, y entonces había diálogo (y acercamiento, o no, según la fuerza de los argumentos de cada cual) pero era un proceso respetuoso y limpio.
Ahora es todo lo contrario. Ahora si expones un criterio claramente y sin ambages, te expones a que te llamen extremista o intolerante. Nadie discute realmente lo que dices, simplemente te ponen una etiqueta y comienza la cancelación. Como consecuencia, mucha gente expone criterios con sumo cuidado, para no dañar, no ofender, no sea que los malinterpreten... Entonces, para ellos, la fase dos, consistente en poner en común y acercar posturas, aprender del otro, queda desactivada. Ya no hay acercamientos ni debates sinceros a partir de posiciones previas ni nada, porque pocos se atreven a poner negro sobre blanco su opinión de partida, no sea que los llamen "fachas", "comunistas" o cosas peores.
Así se comporta la mayoría. En resumen, se callan, no opinan en público, de verdad, sobre nada, por no ofender y por no ser etiquetados.
Y luego está una minoría, los que no tienen en cuenta el criterio de los demás. Esos entran a saco, dominan las redes a su antojo, insultando u opinando sin fundamento y desde el extremismo más... extremo. Esos son cuatro gatos, pero son prácticamente los únicos que más se ven y los que dominan el debate.
Es una pena pero es así.
Como conclusión, incluso los viejos, los que vivimos una época en que las cosas no eran así, hemos entrado en esta dinámica. Ya no vemos opiniones diversas. Vemos agresiones. Ya no discutimos sobre el fondo sino sobre cómo hay que decir las cosas. Cualquier afirmación categórica, normal hace 40 años, y que abría la puerta a debatir, es interpretada ahora como excluyente, y que merece una respuesta en plan batalla.
Es agotador. Y empobrecedor.
Nosotros tenemos unos criterios claros basados en la experiencia sobre lo que ocurre. Y en los autores más relevantes. Y en cuestiones empíricas básicas. ¿Significa eso que no podamos hablar y llegar incluso a puntos intermedios con quien aporta criterios diferentes? En absoluto.
Pero como ahora el debate ya no es sobre el fondo de los asuntos sino sobre el propio debate... pues no hay forma.
Antes tú aportabas (u otro te aportaba a ti) una prueba empírica de algo, y la otra parte se quedaba perpleja (durante un segundo o dos) y luego decía "esto hay que estudiarlo". El final del asunto era un conocimiento mayor y mejor, por ambas partes. A veces, el final se alcanzaba meses más tarde, con ambas partes más documentadas, más informadas y... más cerca una de otra.
Ahora alguien aporta una prueba empírica (o lo que él cree que es una prueba) sobre cualquier tema (da igual, cambio climático, subida del SMI, lo que sea) la respuesta de la otra parte suele ser : "eres un facha, eres un asqueroso comunista", o estupideces semejantes.
Creemos que nos persiguen cuando simplemente nos rebaten. Es un problema psicológico serio: confundir la asertividad con la intolerancia. Este problema lo han creado las redes sociales y su empuje hacia la polarización.
Dicho todo lo cual, si es que somos capaces de superar todo esto, estaremos encantados de discutir sobre lo que importa, el fondo de los asuntos, lo que haga falta, con el ánimo de aportar siempre, de aprender siempre.
Pero la premisa no puede ser tener que afirmar que todas las opciones son respetables. Eso se da por hecho. La premisa no puede ser tener que defenderse por expresar un criterio con determinación y asertividad.
No tenemos nada de qué defendernos. Simplemente expresamos nuestro criterio y eso, por definición, implica que quien manifiesta un criterio cree que es, a priori, mejor que el otro, y que, al exponerlo, lo hace con convicción. Tener que decir "creo que mi criterio es igual de válido que cualquier otro" en cada mensaje, es un infantilismo al que nos ha llevado la sociedad en que vivimos.
Es como tener que decir "creo que todos los seres humanos son iguales, sin distinción de razas, sexo, religión..." en cada mensaje para que no te llamen fascista, asesino o cualquier cosa.
Miren, con sinceridad, el problema no lo tiene quien escribe un mensaje fundado en su propio criterio, sino quien lo recibe como si fuera una agresión en lugar de lo que es: una opinión distinta.
Distinguir a los trolls de la gente con criterio es difícil en este mundo infantiloide en que se han convertido los comentarios online. Lo fácil es etiquetar a todo el que no piensa como yo como "troll". Pero si lo hago no aprenderé nada.
Por todo ello, hay que darle a Cyrano las gracias porque sospecho que la tentación de "juzgar" al otro como troll la tuvo en la punta del teclado, pero no ha dado ese paso.
Falta dar el siguiente paso: dejar de discutir sobre la forma del mensaje para discutir sobre contenido. Si es así, estaremos encantados de hacerlo.
Y, también, de escribir mensajes más cortos 😌
Entramos muy poco en esta web de Rankia, solo un par de veces al mes, básicamente para actualizar un índice de elaboración propia que usamos en nuestra operativa. Nuestros criterios básicos están contados en algún otro hilo concreto, y nada más.
Por interactuar algo y no limitarnos a usar la web como un simple repositorio de nuestro índice, comentamos de vez en cuando en algunos hilos que hemos ido encontrando con el tiempo y que nos parecen interesantes, como este. Es un placer, cada vez más escaso, dar con gente inteligente, como es el caso.
Si hay posibilidad de discutir sobre el fondo (y no sobre la forma, que es lo único sobre lo que la gente suele discutir ahora) estaremos encantados de hacerlo.
Nuestro fondo es este, a ver si podemos resumirlo en 3 líneas:
-Nadie puede a largo plazo mejorar al mercado salvo que tenga información privilegiada, porque el mercado es el resultado de miles de opiniones sesgadas que se compensan entre sí (hay numerosa bibliografía al respecto)
-Los patrones detectados en el pasado son solo eso, patrones que nuestra mente (el sistema A de Kahneman) se inventa porque evolutivamente mejoraban nuestras posibilidades de supervivencia en un entorno salvaje muy diferente del actual. Antiguamente imaginar patrones salvaba vidas, hoy, las confunde. Nada tienen que ver figuras ni Fibonaccis ni ningún otro patrón imaginado con lo que ocurra en el mercado mañana.
-Cualquier estrategia de inversión que ignore los dos postulados anteriores está condenado al fracaso en el largo plazo, por el principio de regresión a la media, salvo para los intermediarios que se lucren con ella (legítimamente) y para los vendedores de cursos que la enseñen y los medios de comunicación que la difundan. Hay todo un ecosistema que aprovecha y fomenta los sesgos de la gente para vivir de ellos, como es lógico que ocurra.
Lo decimos así, asertiva, categóricamente, porque estamos convencidos, pero eso no implica que no podamos debatir sobre todo esto. Al revés: decirlo así es el presupuesto de cualquier debate (hasta que todo lo torció el internet de los trolls a partir de 2010). Es que no hay otra forma de debatir constructivamente que no sea decir claramente lo que se piensa sobre un tema y estando abierto a que otros afirmen lo contrario (o lo que les parezca), para acabar llegando a algún sitio mejor para ambos 24 interacciones después.
Un cordialísimo saludo,