Los mercados están en un movimiento lateral desde hace un mes aproximadamente, lo cual se puede aprovechar para hacer arbitraje a corto plazo, que saldrá rentable mientras no se produzca un cambio de tendencia claro, y ruinoso en el momento en que se produzca, para quien le pille con el pie cambiado.
Pero, a la larga, las buenas y las malas rachas, casuales, se compensan. El inversor nervioso promedio acaba perdiendo dinero casi siempre por culpa de las comisiones pagadas y las diferencias de precio entre comprador y vendedor que asume en cada operación.
Solo quien compra y espera, con poca operativa intermedia y un horizonte temporal prolongado, pero prolongado de verdad (años y, mejor, décadas) puede confiar en que el mercado finalmente le aporte retornos significativos por la propia evolución a largo del conjunto de las compañías cotizadas.