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Rumores de mercado.

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Rumores de mercado.
Rumores de mercado.

CÓDIGO AMIGO

Trade Republic remunera tu efectivo al 3,04% TAE, con intereses pagados mensualmente y liquidez inmediata.

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#1756

La británica Tate & Lyle está en conversaciones con su rival estadounidense Ingredion para una oferta de adquisición..


La británica Tate & Lyle TATE anunció el jueves que estaba en conversaciones con su rival estadounidense Ingredion INGR sobre una posible adquisición del fabricante de ingredientes alimentarios, valorándolo en 2.740 millones de libras (3.700 millones de dólares), tras recibir múltiples propuestas.

Según la propuesta, los accionistas de Tate & Lyle recibirían hasta 615 peniques por acción —compuestos por 595 peniques en efectivo y hasta 20 peniques en dividendos—, lo que supone una prima del 64 % sobre su precio de cierre del 13 de mayo.

La empresa afirmó que la propuesta se produce tras «una serie de propuestas previas» de Ingredion, aunque no hay certeza de que se vaya a presentar una oferta en firme.



No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1757

El PER de Shiller vuelve a niveles de burbuja: ¿aviso real o simple ruido?


 
El PER de Shiller, también conocido como CAPE, vuelve a situarse en niveles históricamente elevados. Con una lectura cercana a 40 veces, el indicador se aproxima a los máximos alcanzados durante la burbuja puntocom, cuando llegó a rondar las 44 veces. Para Andriy Blokhin, esta señal merece atención, aunque no necesariamente implica una orden automática de venta para los inversores de largo plazo.

El CAPE suaviza el beneficio empresarial utilizando una media de diez años ajustada por inflación. Su objetivo es evitar que un solo ejercicio distorsione la valoración del mercado. En fases de beneficios excepcionalmente altos, el PER tradicional puede parecer artificialmente bajo; en recesiones, puede parecer demasiado alto. El CAPE intenta corregir ese problema, aunque también tiene limitaciones.

Un indicador útil, pero imperfecto



Una de las principales críticas al PER de Shiller es que el mercado actual no se parece al de hace varias décadas. Los cambios contables, el mayor peso de las compañías tecnológicas y el tratamiento de partidas como el fondo de comercio o el gasto en I+D pueden hacer que los beneficios reportados infravaloren la verdadera capacidad de generación de muchas empresas.

Blokhin recuerda además que el CAPE actual incorpora varios elementos que pueden elevar artificialmente la lectura: la caída de beneficios durante la pandemia, los años previos con menor rentabilidad y el fuerte repunte inflacionario entre 2021 y 2023. Por eso, aunque el nivel es alto, su interpretación debe ser matizada.

El CAPE advierte de valoración exigente, pero no funciona como un reloj de mercado. Puede anticipar menores rentabilidades futuras, pero no dice cuándo ni cómo se producirá una corrección.

La bolsa está cara también por PER futuro



Incluso dejando de lado el CAPE, el S&P 500 cotiza con múltiplos elevados. El PER esperado ronda las 21 veces, por encima de su media histórica y también por encima de una desviación estándar respecto a los últimos treinta años. Esto significa que el mercado ya descuenta un escenario de crecimiento fuerte y sostenido de beneficios.
La parte positiva es que las compañías estadounidenses han mejorado su calidad agregada. Blokhin destaca que el crecimiento real de beneficios ha sido fuerte, apoyado por la inversión en inteligencia artificial y por la resistencia de otros sectores. Además, la rentabilidad sobre el capital invertido ha mejorado en los últimos años, lo que ayuda a justificar múltiplos más altos que en el pasado.

En otras palabras, existe una base para defender que el mercado merece cotizar más caro que hace veinte o treinta años. Pero eso no elimina el riesgo de reversión a la media si las expectativas de crecimiento no se cumplen.

El argumento de que “esta vez es diferente”



El principal argumento alcista es que el S&P 500 actual está dominado por empresas de mayor calidad, con mejores márgenes, ventajas competitivas más fuertes y una capacidad superior para convertir crecimiento en beneficios. El peso de tecnología, software, plataformas digitales y compañías con alto retorno sobre capital ha cambiado la naturaleza del índice.

Según Blokhin, los datos de rentabilidad sobre capital invertido muestran una mejora clara desde 2016. Además, si se observa un producto como el Vanguard 500 Index Fund ETF, la rentabilidad sobre capital invertido agregada aparece en niveles muy elevados. Esa mejora estructural puede explicar parte del aumento de los múltiplos.


El mercado puede estar caro y, al mismo tiempo, ser mejor que en el pasado. La cuestión es si esa mayor calidad justifica pagar múltiplos cercanos a los extremos históricos.

¿Vender o seguir invertido?



La decisión depende del horizonte temporal y del perfil de riesgo. Para un inversor cercano a la jubilación, con menor capacidad para soportar caídas prolongadas, puede tener sentido reducir exposición a crecimiento, aumentar peso en valor, bonos o liquidez, y adoptar una postura más defensiva.

Para un inversor con un horizonte de 10 a 20 años, Blokhin se inclina por seguir invertido en fondos indexados diversificados. El argumento es claro: la historia demuestra que la bolsa estadounidense ha sufrido crisis severas, pero también ha terminado recuperándose y generando rentabilidad para quienes han mantenido disciplina y paciencia.

Intentar salir en el momento exacto suele ser más difícil que asumir ciclos de sobrevaloración y corrección dentro de una estrategia de largo plazo. El riesgo de estar fuera durante nuevas subidas también existe, especialmente si el crecimiento de beneficios y la rentabilidad sobre capital continúan mejorando.


Advertencia seria, no señal definitiva



El CAPE cerca de niveles de burbuja puntocom no debe ignorarse. Históricamente, lecturas muy elevadas han estado asociadas a menores rentabilidades futuras a diez años. Pero el indicador no es suficiente por sí solo para justificar una salida completa del mercado.
El S&P 500 cotiza caro, las expectativas son exigentes y el margen de error se ha reducido. Sin embargo, la mejora estructural de las compañías, la fortaleza de beneficios y el peso de negocios con alto retorno sobre capital hacen que la comparación con el pasado no sea perfecta.

La lectura final es prudente: el mercado no está barato, pero tampoco conviene confundir valoración elevada con señal inmediata de venta. Para el largo plazo, la disciplina sigue pesando más que el intento de adivinar el techo. 




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1758

Re: Rumores de mercado.

Yo creo que es mejor no fijarse en el PER de Shiller porque tiene en cuenta los últimos 10 años, pero claro, los beneficios están creciendo a un ritmo superior a lo normal. Por eso, este índice te da la falsa sensación de que el índice está muy caro. Pero si miras al PER respecto a los beneficios esperados en los próximos 12 meses, es sólo de 21-22, mucho más cerca de su media histórica.
#1759

El mercado de bonos se resquebraja. Las acciones podrían ser las siguientes.


El mercado de bonos está empezando a descontar un escenario mucho más incómodo para la economía estadounidense: un shock inflacionista provocado por la crisis energética y por el cierre prolongado del estrecho de Ormuz. Según Damir Tokic, el mercado de renta fija ya está reaccionando, mientras que la bolsa continúa actuando como si el problema fuera temporal y estuviera cerca de resolverse.

La tesis central es clara: los bonos están anticipando un régimen de inflación más persistente, mientras las acciones siguen subiendo apoyadas en un reducido grupo de valores tecnológicos, especialmente los ligados a la inteligencia artificial y los semiconductores.

Un shock energético con riesgo inflacionista



Tokic parte de una idea clave: el cierre del estrecho de Ormuz desde finales de febrero no tiene, por ahora, una solución visible. Eso mantiene al mercado energético bajo tensión, con el petróleo WTI por encima de los 100 dólares por barril y el riesgo de una escasez global de productos energéticos en las próximas semanas.

El autor advierte de que, si la situación no se normaliza, el crudo podría seguir escalando y provocar una presión inflacionista más intensa. Lo importante es que se trataría de una inflación por restricción de oferta, no por exceso de demanda. Esa diferencia es decisiva para los mercados.

Un shock de oferta es mucho más incómodo para la Fed: subir tipos no genera más petróleo, pero no actuar puede desanclar las expectativas de inflación.

El mercado de bonos ya se está rompiendo



La primera señal llega desde los tipos a corto plazo. La rentabilidad del bono estadounidense a 2 años se mueve cerca del 4%, y los futuros sobre fondos federales empiezan a descontar una posible subida de tipos por parte de la Fed en 2027. Para Tokic, este movimiento es coherente con un mercado que empieza a asumir que la inflación puede obligar al banco central a endurecer su política.


La segunda señal procede del bono a 10 años. Su rentabilidad nominal se sitúa cerca del 4,47%, mientras la rentabilidad real a través de los TIPS ronda el 1,96%. Eso deja las expectativas de inflación implícitas a diez años en torno al 2,51%, justo por encima del umbral del 2,5% que el autor considera crítico.


Si esas expectativas continúan subiendo hacia el 3%, la Fed tendría muchas más dificultades para mantenerse pasiva. El riesgo sería una pérdida de anclaje de las expectativas de inflación, algo que los bancos centrales suelen combatir con una política monetaria más restrictiva.

El bono a 30 años refleja dudas fiscales



El tercer foco está en el bono estadounidense a 30 años, cuya rentabilidad ha superado el 5%. Para Tokic, este nivel no solo refleja inflación, sino también preocupación por la sostenibilidad fiscal de Estados Unidos.

El argumento es que el Tesoro necesitará emitir más deuda en un contexto de déficits elevados, mientras la demanda extranjera de bonos estadounidenses puede debilitarse por la desglobalización. Si el mercado exige más rentabilidad para absorber esa oferta, los tipos largos podrían seguir subiendo.

  • 2 años: empieza a reflejar riesgo de subidas de la Fed.
  • 10 años: señala presión sobre expectativas de inflación.
  • 30 años: incorpora preocupación por deuda y déficit fiscal.

El mensaje del mercado de bonos es contundente: inflación, tipos más altos y dudas fiscales están convergiendo al mismo tiempo. Esa combinación rara vez es cómoda para la renta variable.

La bolsa sigue en modo euforia tecnológica



Mientras los bonos lanzan señales de alerta, la bolsa estadounidense mantiene una dinámica de melt-up, impulsada por un grupo reducido de valores tecnológicos. El liderazgo se concentra especialmente en semiconductores y en compañías vinculadas al gasto de capital en inteligencia artificial.


Según Tokic, los inversores en acciones parecen confiar en que la guerra terminará pronto, que Ormuz se reabrirá y que el petróleo caerá con fuerza. Esa visión permite justificar la continuidad del rally, pero el autor considera que el mercado está ignorando una realidad más compleja: Trump puede influir en la negociación, pero no puede cerrar unilateralmente el conflicto.

El riesgo es que la bolsa esté repitiendo una lectura demasiado optimista, similar a episodios anteriores en los que el mercado asumía una resolución rápida de una crisis. Para Tokic, esta situación no se parece a 2025 ni a 1998, porque ahora no hay una solución monetaria o política evidente que elimine el problema energético.

Por qué las acciones podrían sufrir



El autor ve un riesgo relevante de corrección en el S&P 500 si el mercado de bonos termina imponiendo su lectura. La razón principal es que un shock de oferta puede dañar los márgenes empresariales: las compañías soportan mayores costes energéticos, pero no siempre pueden trasladarlos plenamente a precios sin destruir demanda.

Además, unos tipos más altos complicarían varios frentes sensibles de la economía estadounidense. El mercado inmobiliario podría sufrir por el encarecimiento de las hipotecas, y el crédito privado podría convertirse en una fuente de inestabilidad si aumentan los problemas de refinanciación.


El tercer riesgo está en la propia burbuja de IA. Si los grandes hyperscalers ven caer sus beneficios o se enfrentan a condiciones financieras más duras, podrían reducir sus planes de inversión en inteligencia artificial. Eso afectaría directamente a semiconductores y a los valores que hoy lideran el rally.

La advertencia es sencilla: si el mercado de bonos tiene razón, la bolsa está demasiado complaciente. El verdadero punto de inflexión podría llegar cuando la Fed adopte oficialmente un tono más duro.

En conjunto, Tokic sostiene que la renta fija ya está descontando un escenario de inflación persistente, subida de tipos y estrés fiscal, mientras la renta variable sigue centrada en la narrativa tecnológica. Esa divergencia puede mantenerse durante un tiempo, pero no indefinidamente. Si el petróleo sigue alto, Ormuz no se normaliza y las expectativas de inflación continúan subiendo, las acciones podrían enfrentarse a un ajuste brusco.


No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1760

Así finaliza la temporada de resultados en Wall Street


Con 452 compañías publicadas el incremento medio del BPA es +25,5% vs +14,4% esperado (antes de la publicación de la primera compañía).

El saldo cualitativo es el siguiente: baten expectativas el 83,0%, el 4,0% en línea y el restante 13,0% decepcionan. En el trimestre pasado (4T’25) el BPA fue +14,1% vs +8,8% esperado.

Bankinter.




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1761

Rebote de alivio en las bolsas europeas



El rebote europeo no borra la cuestión de fondo



El avance de las bolsas europeas llega, además, después de una semana marcada por una fuerte subida de los tipos largos y por el debate sobre el nuevo escenario monetario que se abre en Estados Unidos. Como señala Juan Carlos Ureta, presidente ejecutivo de Renta 4 Banco, aunque la atención mediática ha estado centrada en la reunión entre Trump y Xi Jinping y en la subida del petróleo, quizá el foco más importante esté en la toma de posesión de Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal.


Según Ureta, Warsh ha anunciado un auténtico “cambio de régimen” en la Fed, con una filosofía menos favorable a la expansión de balance y más centrada en el uso tradicional de los tipos de interés. Esta visión puede ayudar a explicar parte de la fuerte subida de los tipos largos vista el viernes pasado y la corrección de Wall Street en la última sesión de la semana.

Petróleo, inflación y bonos: la combinación que inquieta al mercado



Ureta recuerda que el petróleo subió casi un 10% la semana pasada, con el WTI cerrando en torno a los 105 dólares. Al mismo tiempo, los datos de inflación estadounidenses fueron peores de lo esperado: el IPC de abril repuntó hasta el 3,8% desde el 3,3% de marzo, mientras el índice de precios de producción se disparó un 1,4% mensual.


Lo llamativo, según el presidente ejecutivo de Renta 4 Banco, es que las bolsas apenas reaccionaron inicialmente a esos datos. El S&P 500 y el Nasdaq siguieron marcando máximos históricos hasta el miércoles. Solo el viernes apareció una reacción más clara, coincidiendo con el fuerte repunte de los bonos largos: el Treasury a 10 años alcanzó el 4,6%, el bono estadounidense a 30 años el 5,12%, el Bund alemán el 3,16% y el bono español el 3,6%.


La pregunta que plantea Ureta es la clave para los próximos meses: ¿estamos ante un repunte temporal de tipos causado por el petróleo y el conflicto con Irán, o ante el nacimiento de un nuevo régimen de tipos estructuralmente más altos?


La sesión de hoy inclina la balanza hacia el alivio táctico: si el petróleo se modera por una posible concesión diplomática a Irán, los bonos respiran y las bolsas rebotan. Pero la duda estructural sobre el nuevo régimen monetario sigue intacta.


Warsh, la Fed y el precio del dinero



El análisis de Ureta concede especial importancia a la crítica de Warsh a la expansión cuantitativa. El nuevo presidente de la Fed considera que el uso masivo del balance tras la crisis de la covid fue un error político con consecuencias duraderas. En su visión, las compras gigantes de bonos distorsionan los precios de los activos, crean dependencia de la liquidez, alimentan burbujas y benefician sobre todo a quienes ya poseen activos financieros.
La Fed de Warsh, según interpreta Ureta, debería ser más pequeña, más predecible y menos intervencionista. Usaría más la herramienta tradicional de los tipos y menos la ingeniería monetaria extraordinaria. A corto plazo, si esa reducción de balance se ejecuta, podría provocar más presión sobre los tipos largos y episodios de corrección en bolsa. A medio plazo, sin embargo, Ureta cree que la combinación de menores tipos de intervención y una gestión monetaria más disciplinada podría sentar las bases para tipos largos más bajos y nuevas alzas bursátiles.

La inteligencia artificial sigue siendo el soporte de fondo



El otro gran eje del comentario de Ureta es la inteligencia artificial. El presidente ejecutivo de Renta 4 Banco plantea que Warsh podría terminar siendo, de alguna forma, el banquero central de la IA, al confiar en que la innovación tecnológica, la automatización y la productividad permitan más crecimiento sin generar tanta inflación.
Esta idea conecta directamente con el comportamiento reciente de Wall Street. La semana pasada, el S&P 500 superó por primera vez los 7.500 puntos, el Nasdaq encadenó siete semanas de avances y el Dow Jones rebasó los 50.000 puntos. Sin embargo, el viernes aparecieron señales de agotamiento: el S&P cedió un 1,2%, el Nasdaq un 1,4% y Nvidia cayó un 4,4%.
Ureta subraya que Nvidia es ahora el arco de bóveda del mercado alcista. Junto a Alphabet, Amazon, Broadcom y Apple, explica una parte muy significativa del avance del S&P desde abril. Su capitalización, cercana a los 5,5 billones de dólares, representa aproximadamente un 7% del S&P 500. Por eso cualquier corrección en Nvidia o en el reducido grupo de líderes tecnológicos tiene impacto directo sobre todo el índice.


Un cierre alcista, pero condicionado por Nvidia y los bonos



La fuerte recuperación de las bolsas europeas hoy encaja con una lectura de alivio: baja el petróleo, se moderan las TIRes y mejora el apetito por riesgo. Pero no cambia el diagnóstico de fondo. El mercado sigue dependiendo de dos variables: que la tensión energética no vuelva a dispararse y que los bonos no impongan un nuevo techo a las valoraciones.

Esta semana, además, Nvidia será el gran examen. Como recuerda Ureta, la compañía no solo es la mayor empresa del mundo por capitalización, sino también el centro de esa compleja circularidad de la IA en la que varias grandes compañías son simultáneamente clientes, proveedores, accionistas y competidores. Si sus resultados confirman la fortaleza del ciclo, el mercado podrá sostener el rebote. Si decepcionan, aunque sea ligeramente, el efecto puede extenderse rápidamente al conjunto de la bolsa.

En definitiva, las bolsas europeas cierran previsiblemente con fuertes avances gracias al alivio en petróleo y bonos, pero el equilibrio sigue siendo delicado. La sesión mejora el tono táctico, no elimina los riesgos. El mercado necesita que la diplomacia con Irán avance, que el petróleo no vuelva a tensionarse, que los bonos estabilicen sus rentabilidades y que Nvidia confirme que la narrativa de la inteligencia artificial sigue apoyada en beneficios reales.


La lectura para el cierre es que Europa rebota porque el mercado ha encontrado una excusa clara para reducir miedo: posible alivio en sanciones petroleras a Irán, crudo más contenido y bonos menos tensos. Pero, como plantea Ureta, la verdadera cuestión sigue siendo si esto es solo un episodio táctico o el inicio de un régimen monetario distinto, en el que los tipos largos vuelven a mandar sobre las bolsas.

Las informaciones de mercado sobre la posible exención temporal de sanciones a Irán explican el alivio intradía en crudo, bonos y futuros bursátiles, mientras que el texto de Juan Carlos Ureta estructura el debate de fondo sobre Warsh, tipos largos, IA y valoración de activos.



No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1762

Los estrategas prevén escasez de petróleo en Europa en cuestión de semanas a medida que se agotan las reservas.



El mercado del petróleo podría estar mucho más tensionado de lo que sugieren los precios actuales. Varios estrategas advierten de que Europa podría enfrentarse a escaseces físicas de crudo en cuestión de semanas, a medida que los inventarios globales se agotan con rapidez y el estrecho de Ormuz continúa operando con fuertes restricciones.

Jeff Currie, copresidente ejecutivo de Abaxx Commodity Exchange, considera que las escaseces físicas podrían aparecer en Europa “en cualquier momento”. Su advertencia es clara: el problema no está siendo completamente reflejado ni en el precio del petróleo ni en el tono de los responsables políticos.

Una falsa estabilidad en el mercado del petróleo



Los analistas de Société Générale, liderados por Mike Haigh, describen la situación actual como una especie de barniz de estabilidad. Los precios del crudo siguen altos, pero todavía no reflejarían por completo el estrés operativo que empieza a acumularse en la cadena física.
El problema es que los inventarios están cayendo con rapidez y solo una parte limitada de las reservas globales puede utilizarse sin llevar al sistema a una situación de tensión operativa. Dicho de otra forma: no basta con mirar cuántos barriles existen en teoría, sino cuántos están realmente disponibles, en el lugar correcto y en el momento necesario.

La advertencia central es que el mercado financiero puede parecer ordenado mientras el mercado físico se deteriora. Cuando la escasez se hace visible, el ajuste de precios puede ser brusco y no lineal.

Ormuz sigue siendo el cuello de botella



El estrecho de Ormuz es el punto crítico. Normalmente canaliza cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas, pero los flujos se han visto severamente restringidos desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán.

Société Générale advierte de que incluso si Ormuz se reabriera a comienzos de junio, la normalización física no sería inmediata. La cadena de suministro del petróleo es compleja: tránsito de buques, descarga, refino, distribución y reposición de inventarios. Todo ese proceso implicaría un retraso mínimo de unos 52 días.

Esto significa que varios millones de barriles diarios podrían seguir fuera del sistema durante semanas, obligando a seguir tirando de inventarios ya muy reducidos.

El calendario juega en contra



Currie recuerda que el mercado se encuentra en los llamados shoulder months, una fase tradicionalmente más débil de la demanda energética, entre el final de la temporada de calefacción y el inicio de la temporada de conducción.

Pero ese alivio estacional está a punto de desaparecer. Con el Memorial Day en Estados Unidos y el festivo de primavera en Reino Unido, la demanda de diésel, gasolina y otros productos petrolíferos debería aumentar con fuerza. Ahí es donde, según Currie, el mercado empezará a sentir de verdad la restricción física.

  • Inventarios: caen a gran velocidad.

  • Ormuz: sigue limitando los flujos energéticos.

  • Demanda: aumentará con la temporada de viajes y conducción.

  • Europa: podría ser una de las regiones más expuestas a la escasez física.

Si la reapertura se retrasa, el estrés será mayor



Según Société Générale, una reapertura de Ormuz a finales de junio implicaría un escenario de estrés más profundo y prolongado. En ese caso, el alivio físico no llegaría hasta finales de agosto y la normalización significativa no se produciría hasta septiembre.

Si la reapertura se retrasa todavía más, el crudo podría dirigirse hacia los 150 dólares por barril y mantenerse elevado durante el resto del año. La razón es que cuanto más tarde se reanuden los flujos, mayor será el déficit acumulado de inventarios y más difícil será reconstruirlos.

El tiempo importa. Una diferencia de pocas semanas en la reapertura de Ormuz puede cambiar de forma significativa el nivel de estrés del sistema energético mundial.

El precio no es lo único importante: importa la disponibilidad



Currie resume el problema con una idea contundente: no se trata solo del precio del petróleo, sino de su disponibilidad física. Cuando el mercado entra en una fase de escasez real, la pregunta deja de ser cuánto cuesta el barril y pasa a ser quién está dispuesto a pagar más por el último barril disponible.

Este tipo de entorno puede generar movimientos no lineales en los precios. Es decir, el crudo no sube de forma gradual, sino que puede saltar bruscamente cuando los compradores compiten por volúmenes limitados.

El Brent y el WTI volvieron a subir este lunes, con el Brent cerca de los 110-111 dólares por barril y el West Texas en torno a los 106-107 dólares. Pero, según estos estrategas, esos niveles aún podrían no reflejar completamente el riesgo físico.

Implicaciones para mercados y sectores



Una escasez física de petróleo en Europa tendría implicaciones amplias. Aumentaría la presión sobre inflación, transporte, aviación, industria química, logística y consumo. También complicaría el trabajo de los bancos centrales, que tendrían menos margen para mirar a través de un nuevo shock energético.

Para los mercados, el riesgo es claro: petróleo más alto implica más inflación esperada, mayores rentabilidades de los bonos y menor margen para valoraciones exigentes en renta variable. En cambio, las compañías energéticas podrían seguir recibiendo apoyo relativo, especialmente aquellas con producción propia, exposición upstream y capacidad de generación de caja.

  • Perjudicados: aerolíneas, transporte, consumo discrecional, industria intensiva en energía.

  • Presionados: bonos soberanos y valores de crecimiento por repunte de TIRes.

  • Beneficiados relativos: petroleras integradas y productores con exposición directa al crudo.

  • Riesgo macro: inflación más persistente y menor crecimiento.

La lectura de mercado es que el petróleo sigue siendo el principal riesgo sistémico de corto plazo. Si la escasez física aparece en Europa, el impacto puede trasladarse rápidamente a inflación, bonos y bolsas.

En definitiva, el mercado del crudo puede estar operando bajo una calma engañosa. Los inventarios caen, Ormuz sigue restringido y la demanda estacional está a punto de aumentar.

 Si la reapertura no llega pronto, Europa podría enfrentarse a un problema de disponibilidad física que el precio actual del petróleo todavía no descuenta plenamente.




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1763

Los bonos lanzan una señal de prudencia que la bolsa aún parece ignorar



La bolsa descuenta un escenario benigno



La renta variable, especialmente la estadounidense, sigue comportándose como si el conflicto fuera a resolverse en un plazo relativamente corto. No parece estar valorando un escenario de guerra prolongada ni un deterioro económico severo.

Ese optimismo se explica por la expectativa de que Estados Unidos e Irán puedan alcanzar algún tipo de acuerdo que permita reducir la presión sobre los precios energéticos y evitar una disrupción más grave en el mercado del crudo.

Sin embargo, esta lectura puede resultar demasiado complaciente. El mercado sigue moviéndose a golpe de titular, y cualquier noticia sobre el estrecho de Ormuz, las sanciones o la posición de Washington frente a Teherán genera reacciones inmediatas en los activos de riesgo.

La clave para los mercados es que el conflicto no se prolongue demasiado. Si la tensión se mantiene hasta finales de junio, podrían empezar a aparecer problemas relevantes en los inventarios de crudo.

La renta fija envía una señal más prudente



Frente al tono más resistente de las bolsas, la renta fija está mostrando una lectura más cauta. Los bonos no descuentan todavía un escenario de colapso económico, pero sí reflejan una preocupación creciente por el impacto macroeconómico del conflicto.

El principal canal de transmisión es claro: petróleo más caro, más presión inflacionista y bancos centrales con menos margen para relajar su política monetaria. La inflación subyacente se mantiene relativamente contenida, pero el mercado teme que las tensiones energéticas terminen filtrándose al conjunto de la economía.

En Europa, el problema es especialmente delicado. El crecimiento sigue siendo débil, con España como una de las pocas excepciones positivas, y el Banco Central Europeo debe gestionar un entorno complejo: más inflación, menor actividad y el recuerdo de los errores cometidos en 2021 y 2022, cuando reaccionó tarde al repunte de los precios.

El riesgo: inflación persistente y nuevas subidas de tipos



El mercado empieza a asumir que, si las presiones inflacionistas derivadas del conflicto se consolidan, podrían producirse nuevas subidas de tipos durante este año. Ese sería el escenario más incómodo para los activos de riesgo: inflación más alta, crecimiento más débil y bancos centrales obligados a mantener o endurecer sus políticas.


Para la renta variable, esta combinación sería problemática porque pondría en cuestión parte del optimismo actual. Para la renta fija, en cambio, el repunte de las rentabilidades está generando oportunidades de entrada más interesantes, especialmente en los tramos cortos y medios de la curva.


Los bonos están actuando como una señal de advertencia: no anticipan una crisis extrema, pero sí descuentan un entorno macro más difícil que el que parece reflejar la bolsa.

Oportunidades en deuda pública y vencimientos cortos



A pesar del contexto geopolítico, Pedro del Pozo considera que el entorno actual sigue siendo favorable para la inversión en renta fija. La subida de rentabilidades ha devuelto atractivo a activos que durante años ofrecieron retornos muy reducidos.

Uno de los movimientos más relevantes ha sido el aplanamiento de las curvas. Las rentabilidades han subido en todos los tramos, pero especialmente en los vencimientos más cortos y medios. Esto convierte a las Letras del Tesoro, los bonos a dos años y otros instrumentos de elevada calidad en alternativas interesantes para inversores conservadores.


La recomendación pasa por priorizar bonos de calidad, especialmente deuda pública, y mantener duraciones cortas o medias. Aunque los plazos largos ofrecen rentabilidades elevadas —con el bono español a treinta años por encima del 4%—, también presentan mayor sensibilidad a nuevas tensiones de mercado.

Liquidez para aprovechar nuevas tensiones



El contexto actual permite construir carteras de renta fija con una remuneración más atractiva, pero no invita a asumir riesgos innecesarios. Mantener una parte de liquidez sigue siendo razonable para proteger las carteras y poder aprovechar posibles episodios adicionales de tensión.

Si Oriente Medio vuelve a provocar repuntes de rentabilidad, podrían abrirse nuevas oportunidades en deuda pública de calidad. La clave está en no concentrar demasiado riesgo en duraciones largas y en mantener una estrategia flexible, centrada en preservar capital y capturar rentabilidades ya atractivas.




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1764

Los inversores ya están demasiado cargados de bolsa estadounidense


Los inversores han vuelto con fuerza a la renta variable estadounidense. Según Barclays, los fondos de acciones de Estados Unidos han registrado entradas netas durante siete semanas consecutivas, por un importe total de 70.000 millones de dólares, una de las rachas más intensas de los últimos años.


El movimiento ha coincidido con el rebote de Wall Street desde los mínimos de finales de marzo, impulsado por el alivio parcial en torno a la guerra de Irán, la recuperación del apetito por las compañías vinculadas a la inteligencia artificial y una temporada de resultados empresariales mejor de lo esperado.

Un mercado apoyado por flujos muy agresivos



El equipo de Barclays, liderado por el estratega Rex Feng, señala que la reciente entrada de dinero en fondos de renta variable estadounidense se sitúa en el percentil 97 desde el año 2000. Es decir, estamos ante un flujo excepcionalmente elevado en términos históricos.


En lo que va de año, las entradas alcanzan ya los 180.000 millones de dólares, aproximadamente 2,4 veces la mediana de los últimos cinco años. Los sectores cíclicos ligados a activos tangibles y los fondos mixtos de gran capitalización han sido algunos de los principales beneficiados.


El problema no es que haya entrado dinero en bolsa, sino que el movimiento ha sido tan rápido que deja menos margen para nuevas compras si el entorno se complica.

Barclays ve una configuración más frágil



La advertencia de Barclays es clara: con las carteras prácticamente totalmente invertidas y los vientos macroeconómicos en contra aumentando, el riesgo de una liquidación de corto plazo ha crecido de forma considerable.


La preocupación por la guerra con Irán y los últimos datos de inflación por encima de lo esperado han llevado al mercado a empezar a contemplar de nuevo la posibilidad de una subida de tipos por parte de la Reserva Federal. Ese cambio de expectativas reduce el margen para que el posicionamiento siga aumentando sin sobresaltos.

Los fondos sistemáticos tienen poco margen para añadir riesgo



Barclays también pone el foco en los fondos sistemáticos que siguen tendencias, conocidos como CTA. Estos vehículos fueron uno de los motores del reciente rally, pero ahora se encuentran cerca de niveles máximos de posiciones largas en renta variable estadounidense.
Eso implica que tienen poco margen para seguir comprando salvo que se produzca una caída significativa de la volatilidad. En paralelo, los fondos de paridad de riesgo presentan un posicionamiento prácticamente neutral, por lo que tampoco ofrecen un gran apoyo adicional a corto plazo.

Cuando los inversores ya están muy cargados de bolsa, el mercado necesita buenas noticias constantes para seguir subiendo. Cualquier decepción puede provocar una reducción rápida del riesgo.

El gran riesgo vuelve a estar en los bonos



Para Barclays, el principal peligro para las acciones está en el repunte de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense hasta máximos de varios meses. La tensión en la deuda vuelve a amenazar a la renta variable, especialmente en un contexto de inflación persistente y petróleo elevado.

El banco advierte de que el conflicto con Irán ha empujado de nuevo la correlación entre acciones y bonos a terreno negativo. Esto recuerda a un régimen similar al de la era COVID, en el que las bolsas reaccionaban con fuerza a las sorpresas inflacionistas y al movimiento de los tipos.

Una bolsa con menos colchón



La lectura de fondo no es necesariamente bajista, pero sí exige prudencia. El rally ha estado muy apoyado por flujos, inteligencia artificial y resultados, pero ahora el mercado parece tener menos capacidad de absorber malas noticias.

Si los rendimientos de los bonos siguen subiendo, la Reserva Federal mantiene un tono más duro o el petróleo vuelve a tensionarse, Wall Street podría enfrentarse a una toma de beneficios más intensa. Barclays resume el escenario como una configuración más vulnerable: los flujos pueden seguir ayudando en mercados tranquilos, pero también pueden acelerar las caídas si aumenta la volatilidad.



No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1765

¡La corrección en las bolsas es inminente!


Las bolsas mundiales han protagonizado un fuerte avance en 2026, prolongando el rally del año anterior pese a la inestabilidad geopolítica, el encarecimiento del petróleo y el temor a una inflación más persistente. Sin embargo, según CNBC, el mercado de bonos está lanzando una señal muy distinta: las rentabilidades de la deuda soberana han repuntado con fuerza desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán, reflejando un escenario de mayor inflación y tipos de interés más altos.

Esta divergencia entre acciones y bonos empieza a preocupar a parte del mercado. Mientras el S&P 500 acumula una subida del 7,4% en el año y ha avanzado cerca de un 7% desde el comienzo del conflicto, el rendimiento del Treasury estadounidense a 10 años ha repuntado alrededor de 70 puntos básicos. En otras palabras: la renta variable descuenta resiliencia; la renta fija, más inflación y más riesgo macroeconómico.

El posicionamiento empieza a ser exigente



Bank of America ha detectado en su última encuesta a gestores un incremento récord de la asignación a acciones en mayo. Los gestores pasaron de una sobreponderación neta del 13% en abril a una del 50% este mes, una señal clara de fuerte apetito por riesgo.

Pero ese mismo dato también puede leerse como advertencia. BofA señala que su indicador Bull & Bear se aproxima a una zona de “señal de venta”, y considera que comienzos de junio podría ser un momento propicio para la toma de beneficios. La clave, según el banco, estará en la evolución de las rentabilidades de los bonos.

El problema no es solo que las bolsas hayan subido mucho, sino que lo han hecho mientras el mercado de bonos descuenta un escenario mucho menos benigno.

Barclays advierte de una posible reversión



Barclays también ha elevado el tono de cautela. Sus analistas recuerdan que las bolsas han vivido uno de los repuntes más rápidos en décadas, con entradas netas en fondos de renta variable estadounidense de unos 70.000 millones de dólares en las últimas siete semanas. Esa racha se sitúa en el percentil 97 desde el año 2000.

El banco advierte de que las carteras están ya muy invertidas y que los vientos macroeconómicos en contra han aumentado. Las entradas hacia acciones estadounidenses en lo que va de año alcanzan unos 180.000 millones de dólares, más del doble de la mediana de los últimos cinco años.

La pregunta de fondo es si los bonos pueden “arruinar la fiesta” de la inteligencia artificial. Barclays considera que las posiciones largas en acciones estadounidenses son vulnerables si las rentabilidades se acercan a niveles en los que históricamente empiezan a dañar de forma más clara las valoraciones bursátiles.

Riesgo de corrección, no necesariamente mercado bajista



Desde Wellington, Paul Skinner también considera que la divergencia entre bonos y acciones deja a las bolsas vulnerables a una corrección. No obstante, matiza que esto no implica necesariamente el inicio de un mercado bajista.

Su lectura es que la inflación no está todavía plenamente arraigada en la economía global a largo plazo. Por eso, el escenario más probable podría ser una corrección dentro de una tendencia de fondo todavía constructiva, siempre que los bancos centrales reaccionen de forma adecuada.

El riesgo extremo aparecería si las autoridades monetarias tardan demasiado en responder a la inflación y permiten que el shock energético derive en un entorno de estanflación. En ese caso, el impacto sobre los activos de riesgo sería mucho más severo.

La clave para los mercados no será solo el nivel del petróleo o de los bonos, sino la reacción de los bancos centrales ante una inflación que vuelve a incomodar.

Deutsche Bank mantiene una visión más constructiva



No todos los analistas creen que la resistencia de las bolsas sea irracional. Deutsche Bank sostiene que aún no se dan las condiciones que históricamente han provocado ventas masivas más agresivas en los activos de riesgo.

Según el banco, una caída más profunda requeriría una combinación de varios factores: una crisis petrolera sostenida, datos económicos claramente contractivos o un endurecimiento agresivo por parte de los bancos centrales. Por ahora, Deutsche considera que no se cumple de forma clara ninguno de esos supuestos.

El punto más delicado es el petróleo. Los mercados empiezan a descontar un periodo más prolongado de precios elevados, pero el futuro del Brent a seis meses todavía se mueve ligeramente por encima de los 90 dólares por barril. Además, Deutsche recuerda que la menor intensidad energética de las economías actuales reduce el impacto económico de un determinado nivel del crudo frente a crisis anteriores.

El mensaje para los inversores



El debate de fondo es claro: las bolsas están actuando como si el conflicto con Irán fuese transitorio y los riesgos macroeconómicos pudieran disiparse, mientras que los bonos descuentan una realidad más incómoda, marcada por inflación, petróleo caro y tipos más altos durante más tiempo.

Si los beneficios empresariales siguen resistiendo y el petróleo se estabiliza, la corrección podría ser limitada. Pero si las rentabilidades siguen subiendo, la presión sobre las valoraciones —especialmente en tecnología e inteligencia artificial— puede aumentar de forma rápida.

La lectura más razonable es mantener cautela táctica: el fondo de mercado no está roto, pero el posicionamiento en renta variable es exigente y los bonos están enviando una advertencia que no conviene ignorar.




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1766

El mercado entra en zona de choque: acciones fuertes, bonos débiles y petróleo al alza


La tesis de BCA Research es incómoda para los inversores en bolsa, pero tiene lógica macroeconómica: mientras las acciones sigan fuertes, las rentabilidades de los bonos estadounidenses podrían tener dificultades para bajar de forma significativa. Según Arthur Budaghyan, estratega de la firma citado por Barbara Kollmeyer, los mercados se encuentran en una especie de “curso de colisión” entre renta variable y deuda.


El problema de fondo es que la fortaleza de la bolsa no solo refleja apetito por el riesgo. También alimenta el consumo, sostiene la confianza y mantiene abiertas las grandes inversiones corporativas, especialmente en inteligencia artificial. En ese entorno, la economía no se enfría lo suficiente como para aliviar las presiones inflacionistas.

La bolsa como motor indirecto de inflación



Budaghyan recuerda que el patrimonio financiero de los hogares estadounidenses ligado a la bolsa se encuentra en niveles muy elevados frente a la renta disponible. Ese efecto riqueza impulsa el gasto de los consumidores y reduce el impacto contractivo que normalmente tendría una subida de tipos o de los precios energéticos.

Por eso, según BCA Research, una caída importante de las acciones sería necesaria para activar fuerzas desinflacionistas más claras. En otras palabras: si la renta variable no cede, la demanda puede seguir demasiado fuerte, dificultando que los bonos encuentren un suelo estable.

La idea central es que una bolsa demasiado resistente puede impedir que la economía se enfríe lo suficiente como para reducir de forma duradera las rentabilidades de los bonos.

El petróleo complica el trabajo de la Fed



El conflicto con Irán y la tensión energética añaden otra capa de dificultad. La subida del petróleo está presionando al alza las expectativas de inflación, justo cuando los mercados ya vigilan con preocupación el nivel del bono estadounidense a 10 años. Para muchos inversores, una rentabilidad cercana al 5% sería una amenaza directa para el actual mercado alcista impulsado por la inteligencia artificial.

Según BCA, la Reserva Federal queda atrapada entre dos riesgos. Si sube tipos, puede golpear a las acciones. Pero si no los sube mientras la inflación repunta y el crecimiento sigue firme, el mercado de bonos podría interpretar que el banco central va por detrás de la curva, provocando nuevas ventas en deuda.

Por qué una corrección podría ser “necesaria”



La lectura de BCA Research es que los grandes mercados bajistas en bonos rara vez terminan sin algún tipo de tensión económica o financiera relevante. Esta vez, según Budaghyan, no tendría por qué ser distinto.

La conclusión es clara: si la bolsa sigue subiendo, las rentabilidades de los bonos podrían continuar presionadas al alza. Si, por el contrario, las acciones sufren una caída significativa, el ajuste podría enfriar la demanda, reducir expectativas de inflación y facilitar un descenso más consistente de los rendimientos.

El mensaje no es que una corrección bursátil sea deseable para los inversores, sino que podría ser el mecanismo que el mercado necesita para romper la presión alcista sobre los bonos.

Esta visión contrasta con el optimismo de algunas firmas de Wall Street, que siguen elevando sus objetivos para el S&P 500. Sin embargo, BCA advierte de que el binomio actual —bolsas fuertes y bonos bajo presión— ofrece una relación rentabilidad-riesgo cada vez menos atractiva para la renta variable global.




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1767

El índice de miseria se acerca a zona de alerta mientras Wall Street sigue subiendo


Las bolsas estadounidenses han recuperado terreno en las últimas sesiones, pero algunos indicadores de fondo empiezan a lanzar señales de advertencia. Según MarketWatch, Jay Kaeppel, analista sénior de SentimenTrader, ha desarrollado una versión actualizada del clásico “Misery Index” para evaluar cuándo el estrés económico empieza a ser relevante para los mercados de renta variable.

El índice tradicional sumaba inflación y desempleo para medir el malestar económico de los hogares. La nueva versión, denominada JK Misery Index, añade además el tipo hipotecario a 30 años, actualmente en torno al 6,36%, con el objetivo de incorporar el impacto del coste de la vivienda y de la financiación sobre la economía.

Un indicador todavía favorable, pero en deterioro



El JK Misery Index se sitúa actualmente en 30,37 puntos, todavía por debajo del umbral de 35 que Kaeppel considera la frontera entre un entorno favorable y otro menos propicio para la bolsa. Históricamente, cuando el indicador se ha mantenido por debajo de ese nivel, el S&P 500 ha tendido a ofrecer mejores rentabilidades posteriores.

El problema es la dirección del movimiento. El índice ha subido con fuerza en 2026 y se aproxima a esa zona de advertencia, justo en un momento en el que los mercados siguen cerca de máximos y los inversores continúan conviviendo con tipos elevados, rentabilidades de los bonos tensionadas y dudas sobre la persistencia de la inflación.

La señal no es todavía bajista, pero sí incómoda: la bolsa sube mientras el estrés económico medido por vivienda, precios y empleo empieza a acercarse a niveles históricamente menos benignos.

Por qué preocupa al mercado



La lógica del modelo es sencilla. Un mercado inmobiliario tensionado, cambios bruscos en la inflación y variaciones relevantes en el desempleo pueden afectar al consumo, a los beneficios empresariales y, por extensión, a las valoraciones bursátiles. Por eso Kaeppel compara la lectura actual del índice con su tendencia de largo plazo.


El propio analista advierte de que el indicador sigue siendo favorable, pero se mueve en una dirección preocupante. La advertencia llega en un contexto en el que el Dow Jones, el S&P 500 y el Nasdaq han rebotado con fuerza, aunque las causas de la presión reciente —inflación persistente y tipos de interés elevados— no han desaparecido.

Una alerta, no una señal automática de caída



Conviene no sobredimensionar la lectura. El hecho de que el indicador supere eventualmente el nivel de 35 no implica necesariamente una caída inmediata del mercado. La propia evidencia histórica muestra que estas señales funcionan mejor como advertencias de entorno que como herramientas de sincronización exacta.

Sin embargo, sí refuerza una idea relevante: el margen de error de la renta variable se está reduciendo. Si los tipos hipotecarios siguen altos, la inflación no cede y el empleo empieza a debilitarse, el mercado podría tener más dificultades para sostener múltiplos exigentes.


El JK Misery Index no obliga a salir del mercado, pero sí invita a revisar el riesgo: cuando el estrés económico se acerca a zonas de advertencia, conviene ser más selectivos y no asumir que los máximos bursátiles garantizan un entorno cómodo.

Lectura para los inversores



Para los inversores, la conclusión es prudente. La tendencia de la bolsa estadounidense sigue siendo fuerte, pero el deterioro de indicadores de estrés económico aconseja no perseguir precios sin discriminar. Compañías con caja, márgenes resistentes y menor dependencia de financiación cara deberían comportarse mejor si el entorno se vuelve más exigente.

En cambio, valores muy endeudados, consumo discrecional sensible al crédito y compañías cuya valoración depende de tipos bajos pueden quedar más expuestos si el indicador continúa acercándose a la zona de advertencia. La bolsa aún no ha recibido una señal roja, pero el semáforo ya no está tan limpio como hace unos meses.



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#1768

Bank of America advierte que se preparen para una “corrección de verano


Bank of America considera que el mercado estadounidense podría estar entrando en una fase más delicada tras el fuerte rally de los últimos meses. Según Yun Li, los estrategas de la entidad advierten de que el S&P 500 ya ha superado su objetivo a doce meses, situado en 7.430 puntos, y que varios indicadores técnicos empiezan a mostrar señales de agotamiento.


El mensaje del banco no es necesariamente bajista para el conjunto del año, pero sí más prudente para los próximos meses. Tras una recuperación muy intensa desde los mínimos provocados por el conflicto en Oriente Medio, la entidad cree que el mercado debe pasar de perseguir subidas a proteger parte de las ganancias acumuladas.

La relación rentabilidad-riesgo empeora



Bank of America señala que la relación entre riesgo y recompensa se está deteriorando. En su opinión, varios indicadores favorecen ahora una posición más defensiva, especialmente después de que el índice haya alcanzado nuevos máximos y cotice ya por encima de sus objetivos previos.

La recomendación base de la entidad es mantener posiciones largas siguiendo la tendencia durante junio, pero empezar a prepararse para una posible corrección entre junio y septiembre. La idea no es abandonar completamente el mercado, sino reducir complacencia tras una subida muy vertical.

El mercado puede seguir subiendo a corto plazo, pero el margen de seguridad se ha reducido. La estrategia pasa de comprar fuerza sin matices a gestionar mejor el riesgo.

Amplitud más débil y señales de divergencia



La advertencia llega después de un rebote muy potente de la renta variable estadounidense, alimentado por la relajación de las tensiones geopolíticas y por el retorno del apetito por el riesgo. Sin embargo, Bank of America observa que la amplitud de mercado se está debilitando y que algunas señales de momento empiezan a divergir.


Esto implica que, aunque los índices sigan cerca de máximos, el avance podría estar perdiendo calidad interna. Cuando menos valores acompañan la subida o cuando los indicadores de impulso no confirman nuevos máximos, el mercado suele volverse más vulnerable a una fase de consolidación.

Riesgo de corrección durante el verano



El escenario central de Bank of America contempla un mayor riesgo de corrección durante los meses de verano. La ventana más vulnerable se situaría entre junio y septiembre, coincidiendo con un periodo en el que los mercados pueden acusar menor volumen, toma de beneficios y mayor sensibilidad a datos macroeconómicos o titulares geopolíticos.

La entidad no descarta que la tendencia positiva se mantenga durante unas semanas más, pero advierte de que los inversores deberían prepararse para una fase menos cómoda. Tras un rally hasta máximos históricos, cualquier decepción en inflación, beneficios empresariales o política monetaria puede actuar como detonante de ventas.

Una corrección estival no invalidaría el mercado alcista, pero sí permitiría depurar excesos y recomponer una base más sana para el último tramo del año.

Visión positiva para final de año



Pese a la cautela táctica, Bank of America mantiene una visión constructiva para el cierre de 2026. Sus estrategas esperan que el mercado pueda recuperar tracción en el cuarto trimestre, en línea con el comportamiento histórico del segundo año del ciclo presidencial estadounidense.

La entidad proyecta que el S&P 500 podría alcanzar los 8.000 puntos a final de año, el mismo nivel señalado recientemente por Goldman Sachs. Por tanto, la advertencia no apunta a un giro bajista estructural, sino a una posible pausa antes de una nueva fase alcista.

En resumen, Bank of America recomienda no ignorar el deterioro del equilibrio rentabilidad-riesgo tras el rally. El mercado puede mantener el impulso en junio, pero el verano podría traer una corrección antes de un posible nuevo avance hacia final de año.




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1769

Michael Burry ha declarado que sigue aumentando sus posiciones bajistas sobre las tecnológicas



Michael Burry es el gestor en el que se basó la famosa película The Big Short, y que anticipó el derrumbe de las hipotecas subprime en EE.UU. Pues bien, Burry ha declarado que sigue redoblando su apuesta bajista sobre el sector semiconductores y sus posiciones cortas en otras grandes tecnológicas.


No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1770

Deutsche Bank mantiene su objetivo de 8.000 puntos para el S&P 500 a finales de año.



Deutsche Bank mantuvo su objetivo de 8.000 puntos para finales de año en el S&P 500 en su último informe sobre perspectivas mundiales publicado el lunes.


«El objetivo de DB para el S&P 500 de 8000 puntos, establecido en nuestra edición de noviembre, ahora parece mucho más realista de lo que muchos esperaban en aquel momento», afirman los estrategas liderados por Jim Reid. «Aun así, es probable que los mercados, las empresas y los países sigan siendo muy sensibles a los cambios en la percepción sobre el impacto de la IA, con grandes fluctuaciones en ambas direcciones».

En las últimas semanas, Goldman Sachs y Morgan Stanley han elevado sus objetivos para el índice S&P 500 a 8.000 puntos.




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.