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Rumores de mercado.

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CÓDIGO AMIGO

Gestión inteligente del capital con Trade Republic: IBAN español y 2% de remuneración sin límite de saldo

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#1653

Se acerca una corrección, pero piense en 2021 no en la burbuja puntocom


Una corrección bursátil está en camino. No es una cuestión de opinión, sino de matemáticas.

 Cuando las valoraciones se alejan de forma extrema del valor intrínseco, la probabilidad de obtener retornos atractivos cae de forma drástica. Así lo plantea Oliver Rodzianko, quien advierte de que ignorar esta realidad equivale, simple y llanamente, a especular.


El S&P 500 se mueve actualmente en niveles de sobrevaloración que, según distintos enfoques estadísticos, son comparables —o muy cercanos— a los de la burbuja tecnológica de finales de los noventa. La diferencia entre estar “igual” o “ligeramente por debajo” es irrelevante: el exceso es claro.

La IA no elimina los ciclos



Parte del mercado defiende que la inteligencia artificial supone un cambio estructural sin precedentes. Otros la ven como una moda pasajera. Rodzianko se sitúa en un punto intermedio: la IA es una sucesión de avances relevantes que, con el tiempo, transformarán la economía, pero lo harán de forma cíclica.


Incluso aunque el gasto en IA no se detenga, se producirá en olas superpuestas. Y esas olas generan fases de euforia, seguidas de digestión del capital invertido. El problema es que el mercado ya descuenta beneficios y ganancias de productividad que aún están lejos de materializarse.

En este contexto, no puede descartarse que valores emblemáticos como Nvidia hayan alcanzado ya el máximo de esta primera fase del ciclo. El escenario más probable en los próximos meses sería un último tramo alcista —un melt-up— antes de una corrección más seria hacia 2027.

La historia no se repite, pero rima



Rodzianko recuerda que, históricamente, los índices bursátiles suelen alcanzar máximos antes de que el gasto en capital toque techo. Ocurrió en el boom de las telecomunicaciones, en el inmobiliario, en el shale oil y vuelve a verse ahora con la nube y la IA.

El paralelismo con la fiebre ferroviaria del siglo XIX es especialmente ilustrativo: enormes inversiones en infraestructuras físicas, expectativas desbordadas y un desfase temporal entre la construcción de activos y su verdadera rentabilidad. La productividad social acaba llegando, pero gran parte del retorno para el accionista se pierde por el camino.

Esta distinción entre retorno para la sociedad y retorno para el inversor es clave en el actual auge de la IA. No todo el valor creado termina reflejándose en la cotización de quienes financian la primera fase.


Por qué no será un nuevo 2000



A diferencia de la burbuja puntocom, Estados Unidos compite hoy en una carrera tecnológica real frente a China, y la necesidad de elevar la productividad es crítica dada la elevada deuda pública. Sin embargo, el error del mercado es asumir que esos beneficios llegarán de forma inmediata.

La realidad es que las grandes mejoras de productividad vendrán más de la robótica y la automatización industrial que de los modelos lingüísticos actuales, y eso requiere tiempo. Cuando el gasto en IA entre en fase de optimización, el ajuste podría parecerse mucho al de 2021-2022: severo, pero no terminal.

Conclusión: mantener, no perseguir



La recomendación implícita de Oliver Rodzianko es clara: prudencia y gestión del riesgo. No se trata de huir del mercado, sino de evitar perseguir precios en un entorno donde las expectativas ya descuentan un futuro casi perfecto.

Pensar de forma contraria al consenso no suele ser cómodo, pero es precisamente en estas fases cuando más valor aporta. Si la corrección llega —y todo apunta a que llegará— será una limpieza necesaria para sentar las bases de un nuevo ciclo alcista más sano y sostenible.




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1654

¡Los inversores apuestan "All In" por las acciones!


 
Aunque el mercado parece perder algo de impulso de cara al cierre del año, los inversores continúan apostando con fuerza por la renta variable. Según explica Alex Harring en el medio original, los datos de la Global Fund Manager Survey de Bank of America reflejan un posicionamiento especialmente agresivo: el peso del efectivo en carteras ha caído a un nuevo mínimo histórico.


“Crash in cash”: el efectivo marca mínimo histórico


De acuerdo con la encuesta del banco, la asignación a efectivo se reduce hasta el 3,3% en diciembre, frente al 3,7% del mes anterior. Michael Hartnett, estratega jefe de inversión de Bank of America, bautiza el movimiento como el “crash in cash”, una forma de describir la velocidad con la que los gestores están sacrificando liquidez para aumentar exposición a mercado.

Un nivel tan bajo de liquidez suele interpretarse como confianza… pero también como poco margen de maniobra si llega una sorpresa negativa y el mercado necesita “colchón” para absorber ventas.

Más riesgo: acciones y materias primas al nivel más alto en años


Este movimiento hacia activos de riesgo se produce mientras crece el optimismo bursátil. La encuesta muestra que la asignación conjunta a acciones y commodities alcanza su nivel más alto en casi cuatro años. Además, la exposición a renta variable sube hasta una sobreponderación neta del 42%, el registro más elevado desde diciembre de 2024.


Tecnología: corrección en el Nasdaq, pero los gestores “compran la caída”


Todo esto convive con un comportamiento más frágil del sector tecnológico tras el fuerte rally del año. El Nasdaq Composite acumula un retroceso desde el inicio de diciembre, presionado por dudas sobre el gasto en infraestructura de inteligencia artificial. Ese desgaste también se deja notar en el mercado en general, con el S&P 500 en riesgo de romper una racha de siete meses consecutivos al alza.

Sin embargo, la encuesta sugiere que los gestores están aprovechando los recortes: la exposición a tecnología repunta y se sitúa en su nivel más alto desde julio de 2024, una señal de que una parte del dinero institucional interpreta la caída como oportunidad más que como señal de alarma.

Conclusión: el mercado puede estar “atascándose” a corto plazo, pero el posicionamiento indica que los inversores siguen muy dentro de bolsa. Eso sostiene el sesgo alcista, aunque aumenta el riesgo de movimientos bruscos si cambia el sentimiento.



 

No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1655

8 meses seguidos de subidas en el S&P 500 han sido 90% alcistas a 3 y 6 meses...¿y ahora qué?


 
El principal índice americano, el S&P500, se dispone a cerrar el año, a falta de tres sesiones, marcando récords históricos, amagando romper la franja de máximos desde finales de octubre, entre 6.870 y 6.900 puntos.

En caso de superar dicha franja con claridad, se establecería un nuevo punto de referencia de soporte inmediato, previo a 6.720 puntos y sobre todo a la zona de 6.500 puntos.

El momentum alcista es excepcional, prueba de ello sería el octavo mes consecutivo de subidas, en caso de que diciembre termine cerrando en positivo (actualmente +1,18%). Como podemos ver en la tabla inferior (@AlmanacTrader), desde el año 1949 el S&P500 ha subido ocho meses consecutivos en 10 ocasiones, habiendo experimentado comportamientos positivos en el 90% de las veces (9 de 10) 3 y 6 meses después (¿cierre marzo y junio 2026 encima de niveles de 6.900 puntos?)


 

No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1657

Acciones que podrían subir más del 65% en 2026


 
2025 está siendo otro año excelente para quien ha mantenido una exposición amplia a la bolsa estadounidense. El S&P 500 ha subido con fuerza y prolonga el mercado alcista iniciado tras las caídas de 2022. Pero, como ocurre siempre en los grandes rallies, no todo sube a la vez.

Mientras el índice marca máximos, decenas de compañías han cerrado el año con descensos significativos, algunas de ellas superiores al 20%. Y es precisamente ahí donde muchos analistas empiezan a ver oportunidades de recuperación para 2026.

Un mercado fuerte… pero cada vez más concentrado



El buen comportamiento del índice esconde una realidad importante: el S&P 500 está altamente concentrado. Un grupo reducido de grandes compañías explica una parte muy relevante del rendimiento agregado.
Esto tiene una consecuencia directa: el inversor en índice puede pensar que está ampliamente diversificado, pero en la práctica su rentabilidad depende más de unos pocos nombres de lo que parece. La ponderación por capitalización premia a los ganadores, sí, pero también oculta la debilidad de muchos otros valores.
Cuando el índice sube por unos pocos líderes, suele aparecer una oportunidad: compañías buenas que se han quedado atrás y que, con un cambio de viento, pueden recuperar terreno.


Dónde surgen las oportunidades tras un mal año



Dentro del propio S&P 500 hay un grupo relevante de empresas que termina 2025 en negativo y, entre ellas, varias con caídas abultadas. Lo interesante es que, en un subconjunto de estas compañías, el consenso de analistas sigue viendo:

  • Negocios estructuralmente sólidos pese al mal comportamiento bursátil.
  • Valoraciones más comprimidas tras el castigo.
  • Potenciales alcistas relevantes frente a precios actuales, si el escenario de beneficios se normaliza.

Esto no significa que “todo lo que cae rebota”, pero sí sugiere que en 2026 puede haber espacio para recuperaciones de doble dígito en valores donde el mercado haya exagerado el castigo.

Qué perfiles suelen aparecer entre las más castigadas



Entre las acciones que peor lo han hecho suelen repetirse patrones:
  • Compañías de tecnología y software donde el mercado ha recortado expectativas tras años de crecimiento fuerte.
  • Negocios industriales o de servicios con ciclos largos, penalizados por incertidumbre macro.
  • Empresas de consumo y sectores regulados afectadas por presión en márgenes o cambios de entorno.

En muchos casos, el motivo del castigo es más de sentimiento o rotación sectorial que de deterioro permanente del modelo. Y ahí es donde la oportunidad puede ser real.

Lo importante: diferenciar “rebote” de “trampa de valor”



No todas las caídas son una oportunidad. La clave está en separar:
  • Caídas por ciclo o rotación, donde el negocio sigue sano y el precio puede normalizarse.
  • Caídas por problemas estructurales, donde el precio bajo suele estar justificado.

Antes de comprar “la que más ha caído”, conviene revisar cuatro puntos: calidad del negocio, visibilidad de beneficios, fortaleza del balance y capacidad de volver a crecer.
En mercados maduros, muchas veces la mejor oportunidad aparece donde el consenso es más incómodo: donde el mercado ha exagerado el castigo, pero la empresa sigue teniendo fundamentos. 

No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1658

Los cuatro pilares para un rally en 2026


 
Con 2025 prácticamente cerrado y las bolsas estadounidenses a un paso de máximos históricos, el mercado entra en 2026 con una pregunta encima de la mesa: ¿puede continuar el rally? En un repaso publicado por Sarah Min, se recoge la visión de Tom Essaye (Sevens Report), que cree que la tendencia alcista puede seguir, pero advierte de que el listón es más alto y el camino será más exigente.


La idea central se resume en cuatro “pilares” que, si se mantienen en pie, sostendrían el bull market: entusiasmo por la IA, crecimiento económico estable, flexibilización monetaria y estabilidad/claridad en aranceles.

Pilar 1: la IA sigue siendo el gran motor (pero ya no basta sola)



El primer pilar es el más obvio: inteligencia artificial. Sarah Min recuerda que el entusiasmo por la IA ha sido el factor diferencial de los últimos tres años, apoyando subidas muy fuertes del S&P 500 desde 2023. Para 2026, la lectura de Sevens Report es que el viento de cola continúa, aunque con un matiz importante: las compañías tendrán que justificar los múltiplos con beneficios, no solo con narrativa.

La IA puede seguir empujando, pero en 2026 el mercado pedirá resultados. Si falla la ejecución, el castigo puede ser rápido.

Pilar 2: crecimiento estable… vigilando el empleo



El segundo pilar es macro: crecimiento estable. La tesis es que una economía que avanza sin sobresaltos permite que el rally se amplíe más allá de las mega caps, dando soporte a más sectores. Pero aquí hay un “semáforo” muy concreto: el mercado laboral.

Según se recoge en el artículo de Sarah Min, la referencia que vigilan es clara: si la tasa de paro empieza a acercarse o superar el 5%, el mercado podría interpretarlo como una señal de deterioro económico. En ese punto, una decepción en IA dejaría a las bolsas sin un pilar alternativo sólido.

Pilar 3: bajadas de tipos (dependen del tono de la Fed)



El tercer pilar es monetario: más recortes de tipos. El mercado quiere un entorno de financiación algo más laxo para sostener valoraciones. Sarah Min apunta que, aunque la propia Fed ha rebajado su previsión de recortes, los inversores siguen pensando que podría haber más margen si la dirección futura del banco central se inclina hacia un perfil más dovish.

El punto crítico aquí es que este pilar no está “garantizado”: si los recortes no llegan, o llegan más tarde, o la inflación repunta, el soporte monetario se debilita y el mercado se vuelve más frágil.

Pilar 4: claridad arancelaria y control de la rentabilidad del bono



El cuarto pilar tiene dos capas: claridad en aranceles y control del coste del dinero en mercado (rentabilidades). El mercado logró digerir buena parte del ruido arancelario en 2025, pero el tema puede reactivarse a comienzos de 2026 por decisiones judiciales relevantes sobre la legalidad de ciertos gravámenes, con potenciales consecuencias políticas y económicas.

El riesgo, según se expone en la pieza de Sarah Min, es que un escenario de tensión en aranceles termine empujando al alza las rentabilidades, especialmente si el T-Note a 10 años supera niveles que incomodan al equity. Si ese movimiento es brusco, la bolsa lo nota.
El mercado puede vivir con incertidumbre… pero no con una subida rápida del coste de financiación. Ahí es donde la fiesta suele enfriarse.

Conclusión: el rally puede seguir, pero el “margen de error” es menor



En resumen, la visión que recoge Sarah Min es que el rally de 2026 tiene base para continuar, pero ya no será un camino tan fácil como en años anteriores. La IA seguirá siendo un motor, pero el mercado exigirá resultados; el crecimiento debe mantenerse estable, con el empleo como termómetro; los tipos tienen que acompañar; y el frente arancelario debe aclararse sin provocar un repunte dañino de los bonos.



 

No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1659

Según los gráficos, se espera que otro gran repunte del mercado de valores se desarrolle en 2026



  • El S&P 500 cierra 2025 en máximos tras absorber una corrección relevante sin daño técnico.

  • La estructura del mercado sigue siendo alcista, con mínimos crecientes y zonas de ruptura respetadas.

  • Si la volatilidad vuelve a moderarse, 2026 podría traer otro tramo potente al alza.

El mercado de renta variable llega al cierre de 2025 dejando una lectura técnica mucho más interesante de lo que sugieren los movimientos de corto plazo. El S&P 500 ha terminado el año cerca de máximos históricos y, lo más relevante, lo ha hecho después de digerir una corrección cercana al 6% sin que la estructura de fondo se haya deteriorado. Esa capacidad de absorber caídas y reconstruirse es una de las constantes del ejercicio.


Según explica Frank Cappelleri, el punto clave no es solo el nivel alcanzado, sino cómo el índice ha conseguido recuperar el máximo de finales de octubre. El proceso de consolidación de las últimas semanas encaja con una formación claramente alcista: no es un patrón de libro, pero sí una estructura constructiva que refuerza la idea de continuidad.

Correcciones que construyen, no que destruyen



En los últimos dos meses, el mercado ha pasado por su mayor ajuste desde la primavera, y aun así ha logrado marcar un mínimo más alto en diciembre. Este detalle es fundamental: indica que la presión vendedora pierde fuerza y que los compradores reaparecen antes que en episodios anteriores.


A lo largo de 2025 se ha repetido el mismo patrón: el mercado corrige, consolida, forma una figura alcista y acaba rompiendo al alza. Ese comportamiento se ha observado tanto a corto como a medio plazo.

Cappelleri subraya que esta dinámica se repite desde el mínimo de abril y que tiene implicaciones claras para el nuevo año. No implica que el movimiento sea inmediato ni lineal, pero sí que la tendencia sigue viva mientras esas pautas técnicas continúen funcionando.

Volatilidad: la variable decisiva para 2026



Un aspecto especialmente revelador es el comportamiento de la volatilidad. Analizando los días con subidas o caídas superiores al 1% desde 2024, se observa que los grandes movimientos se concentran en las fases correctivas. Una vez que el índice recupera máximos previos, el mercado entra en un régimen mucho más estable, con menos sobresaltos diarios.


Cada transición desde alta a baja volatilidad ha venido acompañada, históricamente, de tramos alcistas sostenidos. Ahora, tras salir de un nuevo episodio de volatilidad iniciado a finales de octubre, el S&P 500 vuelve a situarse en una posición desde la que podría no solo marcar nuevos máximos, sino extender el movimiento si se repite ese patrón.

No es un escenario garantizado. A comienzos de 2025 ya vimos cómo un rebote inicial fracasó y dio paso a una corrección más profunda. Para que 2026 sea realmente alcista, el mercado tendrá que volver a mejorar su comportamiento interno paso a paso.

La perspectiva de largo plazo sigue siendo constructiva



Ampliando el foco, el análisis en gráficos semanales y de muy largo plazo refuerza la tesis. Desde 2013, las grandes tendencias alcistas han estado precedidas por fases de consolidación y correcciones intermedias que, con el tiempo, sirvieron de base para el siguiente gran avance.

Desde esta óptica, el rally iniciado tras el mínimo de abril de 2025 aún es relativamente joven en comparación con otros ciclos alcistas de la última década. Movimientos similares se vieron tras las correcciones de 2012-2015, 2016-2018, el rebote post-Covid hasta 2021 y el tramo iniciado a finales de 2022.


La conclusión es clara: si los patrones alcistas siguen funcionando y la volatilidad vuelve a ceder, 2026 podría desarrollar otro gran tramo de mercado al alza. No por euforia, sino por pura construcción técnica de tendencia. Como resume Cappelleri, el mercado no necesita milagros; solo necesita que sus propias reglas sigan cumpliéndose.



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#1660

Señales silenciosas advierten: la tecnología podría dejar de liderar el mercado en 2026



El año arranca con buen tono en Wall Street y, como viene siendo habitual, los valores ligados a la inteligencia artificial vuelven a ponerse en el foco. Sin embargo, el veterano estratega Jim Paulsen advierte de que hay indicadores poco seguidos que apuntan a una posibilidad incómoda: las acciones tecnológicas podrían no ser las que marquen el paso en 2026.

Su argumento no se centra en lo que todo el mundo repite (valoraciones elevadas, carteras sobrecargadas de Big Tech o exceso de consenso). Eso ya lo conoce el mercado y, de hecho, apenas ha generado ajustes significativos hasta ahora. Paulsen prefiere fijarse en señales “de fondo”, menos populares, pero que históricamente han precedido a periodos de rendimiento inferior para la tecnología.

1) Tecnología y “gasto de la nueva economía”: cuando se igualan, suele venir la pausa



El primer punto es la relación entre el comportamiento de las tecnológicas y el gasto de lo que Paulsen llama “nueva era económica”, medido a través del PIB: inversión en equipos de procesamiento de información y propiedad intelectual. Normalmente, las acciones tecnológicas tienden a subir a un ritmo acorde —o incluso superior— al crecimiento de ese gasto subyacente.

Pero en la última década se han dado varios episodios en los que esa relación se ha estancado o ha empezado a bajar, y en todos ellos el desenlace fue parecido: meses de bajo rendimiento relativo del sector tecnológico frente al mercado general.

La pregunta que deja Paulsen: si desde finales de septiembre las tecnológicas ya no “van por delante” del gasto de la nueva economía, ¿estamos entrando en otro tramo donde el sector pierde liderazgo?

2) La liquidez corporativa: el combustible silencioso de las grandes fases alcistas



El segundo indicador es menos comentado, pero muy revelador: la liquidez corporativa, medida como la relación entre el efectivo total de las empresas estadounidenses y el PIB nominal. Paulsen defiende que las grandes fases alcistas tecnológicas —años 90 y el tramo iniciado alrededor de 2014— tuvieron un motor común: expansión de saldos de caja.

Sin embargo, desde finales de 2024 esa ratio se ha estabilizado. Y si los tipos a corto plazo siguen bajando, Paulsen sospecha que la liquidez corporativa podría descender a lo largo de 2026. Históricamente, cuando el exceso de efectivo se agota, el “milagro” tecnológico tiende a pausarse. No necesariamente con desplomes, pero sí con un cambio de liderazgo.

3) I+D: el apoyo que se debilitó y dejó un mensaje extraño



El tercer bloque gira alrededor del gasto en investigación y desarrollo. Paulsen señala que suele existir una relación entre ciclos alcistas tecnológicos y repuntes del gasto en I+D respecto al PIB real. Cuando esa relación se debilitó en 2022, las tecnológicas empezaron a quedarse por detrás del S&P 500.


Lo curioso es que desde el cuarto trimestre de 2022 esa correlación se ha “roto”. Eso abre dos interpretaciones: o el gasto en I+D vuelve a repuntar y la relación se normaliza, o la ruptura es un aviso de que el sector puede entrar en una fase de menor tracción relativa.

4) El riesgo psicológico: de “ganadores” a “perdedores” en un mercado muy concentrado



Además de los datos, Paulsen introduce un punto que el mercado no siempre cuantifica bien: el cambio de relato. Si la tecnología empieza a flojear de forma clara, podría producirse un giro psicológico donde los ganadores pasan a ser vistos como “sector saturado” o “sector caro”. En un mercado con tanta concentración de capitalización en pocas compañías, ese cambio de narrativa puede acelerar una rotación.

En ese escenario, Paulsen ve margen para que alternativas como valor, small y mid caps o incluso bolsas extranjeras empiecen a hacerlo mejor.


Conclusión: no se trata de anunciar un desplome inmediato de la tecnología. El mensaje es más fino: una lista creciente de indicadores “silenciosos” sugiere que el sector podría perder su liderazgo en 2026 y entrar en una etapa de rendimiento inferior frente al mercado general.





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#1661

Estos son los principales movimientos en la preapertura de Wall Street: Las petroleras se disparan al alza


 
El premercado del lunes en Estados Unidos ha llegado con movimientos muy marcados, especialmente en energía, a medida que el mercado digiere el nuevo escenario geopolítico en Venezuela. Según explica Barbara Kollmeyer, el catalizador inmediato ha sido la captura de Nicolás Maduro por parte del Ejército estadounidense, un hecho que los inversores han interpretado como potencialmente favorable para parte del sector energético.

Energía lidera: servicios y grandes petroleras se disparan



La reacción más contundente se ha visto en compañías ligadas a la actividad petrolera. En servicios, SLB avanzaba alrededor de un 8% y Halliburton cerca de un 7%. Entre las grandes petroleras, Chevron y ConocoPhillips subían en torno a un 6% cada una, mientras Exxon Mobil se anotaba aproximadamente un 4%, siempre según el repaso de Kollmeyer.

Lectura rápida: cuando el mercado percibe un posible rediseño del mapa energético, no solo compra crudo; compra también “actividad” (servicios) y “capacidad” (majors).


Cripto: Coinbase acompaña el rebote de bitcoin



En el segmento cripto, Coinbase se revalorizaba más de un 4%. El impulso llega en paralelo al repunte de bitcoin, que volvió a subir durante el fin de semana y el lunes se situaba por encima de los 92.000 dólares, en un contexto de titulares geopolíticos que vuelven a activar el apetito por activos alternativos.

Comcast cae tras la escisión; TSMC sube por Goldman



En el lado negativo del premercado, Comcast caía más de un 5% y Versant Media (su compañía escindida) retrocedía más de un 3%, después de que ambas empresas completaran la separación el viernes. Kollmeyer señala además que Comcast acumula un retroceso cercano al 26% en lo que va de 2026.


Por el lado de las subidas, Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC) repuntaba alrededor de un 3% tras una nota positiva de Goldman Sachs, que reforzó el apetito por el valor en la previa de la sesión.


 

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#1662

Este indicador bursátil de 100 años de antigüedad acaba de emitir una señal de compra.


 
Esta semana ha vuelto a escena uno de esos indicadores “de toda la vida” que muchos inversores conocen, pero pocos siguen de forma sistemática. Según explica Joseph Adinolfi en el medio original, la Dow Theory ha lanzado una señal alcista por primera vez en más de un año, después de que el Dow Jones Industrial Average y el Dow Jones Transportation Average cerraran en máximos históricos en un intervalo muy cercano.


En el lenguaje de los estrategas técnicos, esto se interpreta como una confirmación de que el bull market arrancado a finales de 2022 sigue sobre una base razonablemente sólida, aunque algunas estrellas del rally —especialmente ciertos valores ligados a IA— hayan mostrado más dudas en las últimas semanas. El mensaje no es “todo va a subir sin fricción”, pero sí que el pulso general del mercado no se ha roto.

Qué es la Dow Theory y por qué importa



La lógica de la Dow Theory (según recuerda Adinolfi) es simple: si la economía está fuerte, debería notarse tanto en las empresas “productoras” (industriales en sentido amplio) como en las empresas que mueven lo que se produce (transportes y logística). Por eso, para que haya señal alcista, ambos índices deben “confirmarse” marcando nuevos máximos de cierre con relativa cercanía temporal.


Traducción práctica: si suben las “fábricas” pero no suben los “camiones”, el mensaje es incompleto. Cuando ambos hacen máximos, el mercado interpreta que hay coherencia entre producción, demanda y actividad.

El contexto: rotación y lectura macro



Según recoge el medio original, el mercado estadounidense lleva un par de meses inmerso en una rotación: parte del aire ha salido de grandes tecnológicas muy calientes, mientras que han ganado tracción valores cíclicos, segmentos “value” y, en general, índices de compañías medianas y pequeñas. En este contexto, las transportistas han sido uno de los beneficiarios más claros, algo que encaja con la señal de Dow Theory.


La lectura que hacen algunos técnicos es que el inversor está volviendo a mirar a la economía real: si la Fed termina recortando tipos y el crecimiento de beneficios se hace más generalizado, el “año de los rezagados” puede tener recorrido. En otras palabras: no todo pasa por la IA; hay mercado más allá del gran trade dominante de 2023-2025.

Cómo debe interpretarlo un inversor



El matiz importante es que la Dow Theory no es una bola de cristal ni una señal para comprar “a mercado” sin plan. Es un indicador de confirmación: sugiere que el fondo del mercado es más sano cuando distintos motores (industria y transporte) empujan a la vez. Pero no elimina el riesgo de correcciones ni sustituye la gestión de niveles.

Lo que mirar ahora: (1) que la mejora en transportes no sea un pico puntual, (2) que la rotación siga ampliando el rally a más sectores, y (3) que el mercado mantenga máximos y mínimos crecientes en índices amplios.


En resumen, según explica Joseph Adinolfi, la señal de la Dow Theory vuelve a poner sobre la mesa una idea clásica: cuando el mercado deja de depender de unos pocos nombres y el avance se extiende a áreas más cíclicas, el rally suele volverse más resistente. No garantiza nada, pero sí ofrece un marco útil para leer el momento actual: menos “mono-tema” y más amplitud 



No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.