Novavax (NVAX) sigue en plena transición de modelo de negocio, dejando atrás la comercialización directa de vacunas para centrarse en licencias y su adyuvante Matrix-M. En el segundo trimestre de 2026 facturó 57 millones de dólares, una caída fuerte respecto al año anterior (cuando hubo hitos importantes), pero por encima de lo esperado por el consenso. El resultado neto fue una pérdida de 53 millones. La compañía ha elevado ligeramente su previsión de ingresos ajustados para todo 2026 hasta el rango de 235-275 millones de dólares.
Uno de los puntos más positivos es el acuerdo con Sanofi. La farmacéutica francesa está en conversaciones avanzadas con reguladores para iniciar el ensayo de fase 3 de la vacuna combinada COVID-gripe, lo que podría desencadenar un pago de 125 millones de dólares a Novavax. Además, Matrix-M sigue generando demanda de partners como Takeda y Serum Institute, y la compañía está recortando costes de forma agresiva, con el objetivo de alcanzar rentabilidad no-GAAP hacia 2028.
Por el lado negativo, los ingresos siguen siendo modestos y muy dependientes de hitos y royalties, mientras la demanda directa de vacunas COVID se ha reducido drásticamente. Las pérdidas continúan y el valor sigue siendo volátil, cotizando alrededor de los 7,7 dólares. El éxito a medio plazo depende en gran medida de que Sanofi avance con la combinación y de que Matrix-M se licencie en más áreas (incluyendo posibles aplicaciones en oncología).
En resumen, Novavax ha pasado de ser una historia de vacunas COVID a una de plataforma tecnológica y licencias. Tiene caja razonable, un partner de peso y catalizadores claros a corto-medio plazo, pero los números operativos todavía son débiles y el camino hacia la rentabilidad no está garantizado. Para perfiles especulativos que crean en el potencial de Matrix-M y en los hitos de Sanofi, puede tener recorrido; para el resto, sigue siendo un valor de alto riesgo con bastante incertidumbre sobre la ejecución.