Aberdeen: Una advertencia shakespeariana equivocada para los inversores en bonos

Aberdeen: Una advertencia shakespeariana equivocada para los inversores en bonos

Que voy hacia el pesar y dejo la alegría
Parece una frase sacada de un soneto de Shakespeare.
Y así es.
 
Al leerla me acuerdo de la «Gran Rotación» o de la creencia errónea de que el periodo de 30 años de mercado alcista para los bonos se aproximaba a un brusco final. Esto no podía  ser así y muchas personas comienzan  a darse cuenta ahora. Sin embargo, a comienzos de 2014 representaba una preocupación real, avivada en gran medida por la idea de que tanto Estados Unidos como Reino Unido se disponían a tomar la senda de las subidas de tipos de interés.
 
 
Aunque supuestamente era algo inminente, lo cierto es que todavía no ha ocurrido (a ningún lado del Atlántico). Y las expectativas de que esto se produzca son cada vez menores. La fortaleza del dólar estadounidense ha complicado las cosas. En un mundo ávido de ingresos, se busca cualquier tipo de rendimiento, pero uno respaldado por la solidez y la credibilidad del Tesoro estadounidense resulta particularmente atractivo. Las medidas del Banco Central Europeo no han hecho sino empeorar la situación.
 
 

Demanda inherente

 
El argumento de la Gran Rotación era erróneo por la sencilla razón de que ignoraba el peso de la demanda estructural e inherente de la que se benefician los bonos. Las personas necesitan ingresos. Y los bonos continuarán desempeñando el papel fundamental de proporcionarlos: a diferencia de la renta variable, el nivel de ingresos de los bonos «se fija» al comienzo. A nivel institucional, este simple hecho también ofrece un gran atractivo y, por consiguiente, demanda. Equiparar los pasivos, que todavía abundan notablemente, es muy importante. Todo mercado tiene dos vertientes e incluso una modesta subida de los rendimientos puede poner en acción a un regimiento de compradores entusiastas.
 

El factor Mario: sacar lo positivo de lo negativo

 
En estos momentos los rendimientos son negativos en muchas partes de Europa. Esto no solamente afecta a la deuda pública, sino también a algunos bonos corporativos. Por tanto, se ha roto la barrera del cero, lo que demuestra que no es más que eso: una simple barrera y no un límite impenetrable.
 
Para sacar algo positivo de todo esto se necesita cierto optimismo, aunque obviamente muchos son capaces de hacerlo, dado que un flujo constante de compradores continúa sofocando los rendimientos. Lo positivo que encuentran es una garantía. Sin embargo, a todos los efectos, es una garantía extraña. Puede ser una garantía, pero se trata de una garantía de pérdidas. Eso es básicamente lo que significa en la práctica los rendimientos negativos. Se recibe menos de lo que se da; o dicho de otro modo, uno efectivamente paga para prestar dinero. Y eso incluso en términos nominales, según la jerga que se usa en el sector, es decir, antes de empezar a realizar ajustes para tener en cuenta el efecto de la inflación.
 
Existe otro potencial factor positivo para los inversores. Se basa en que el mero hecho de que los rendimientos hayan entrado en territorio negativo, no significa que no puedan continuar cayendo: tanto las entidades bancarias, como las aseguradoras y los fondos de pensiones tendrán que cumplir las normas que les obligan a comprar activos de cierta calidad. Esto las empuja hacia los bonos, por caros que puedan parecer. Por otra parte están los operadores y especuladores que pretenden explotar las oportunidades a corto plazo resultantes de esta dinámica, lo que puede incrementar la presión bajista en caso de que la «mayoría» considere que el viento sopla de ese lado.
 
Todo esto sirve para poner de manifiesto el extraño mundo en el que vivimos. El uso a diario de términos como «sin precedentes» o «excepcional» hace que prácticamente pierdan su significado. Sin embargo, en este caso su uso está garantizado: el hecho de que los rendimientos de los bonos corporativos hayan entrado en territorio negativo constituye un hecho verdaderamente sin precedentes y es algo que nunca había presenciado en mis años de carrera.
 
Shakespeare
 

Mantener la agilidad

 
En este entorno tan incierto, tiene sentido adoptar un planteamiento flexible y dinámico. Mantener la agilidad y, por tanto, la capacidad para modificar rápidamente el posicionamiento de la cartera va a resultar fundamental en los próximos meses y años. También es imperativo erradicar la tendencia a invertir en productos nacionales. Si se incrementa de forma eficaz, la capacidad para modificar la geografía y la calidad crediticia puede compensar los efectos de las subidas de los tipos en el mercado doméstico.
 
Por tanto, a pesar de que es posible que el soneto de Shakespeare no resulte aplicable a los inversores en bonos en estos momentos, a decir verdad el poeta no estaba pensando en nosotros cuando escribió sus inolvidables palabras. Sin embargo, es posible que podamos aprender algo del «Gran Bardo». Su capacidad para romper con las tradiciones literarias y para avanzar contracorriente debería servirnos de inspiración para confiar en nuestras opiniones y adoptar posturas que puedan ser contrarias a la sabiduría convencional.
 
Debemos reconocer que lo que ha funcionado en el pasado no servirá necesariamente en el futuro.
 
Brad Crombie, Director Global de Renta Fija. Aberdeen
 
 
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