La decisión de la Comisión Europea sigue los mismos preceptos que durante la guerra de Ucrania. A corto plazo, ha explicado Von der Leyen, es necesario dar apoyo a los Estados miembro para poder hacer frente a la presión actual. Pero a medio y largo plazo, es necesario hacer frente a los problemas estructurales "que nos dejan expuestos a la volatilidad de mercados de combustibles fósiles de terceros países".
La disposición del mix energético de cada país es definitoria a la hora de regular los precios de la energía. Aquellas capitales más dependientes en energías renovables registran niveles de precios más bajos que los que anclan su configuración energética en el gas.
Aún así hay elementos externos que afectan a todos los Estados miembro. "Desde finales de febrero, los precios del gas han aumentado un 140%", ha indicado la alemana. Los precios del diésel se han duplicado, ha proseguido. "Desde el inicio de la guerra de Irán, los combustibles fósiles importados cuestan a Europa 100.000 millones de euros. Sin una molécula adicional de energía. Nos afectan estos altos precios. Los negocios afrontan grandes presiones y los ciudadanos tienen dificultades para pagar sus facturas", ha explicado Von der Leyen.
La situación, ha indicado la jefa del Ejecutivo comunitario, podría empeorar en invierno. En este sentido ha defendido que "el apoyo debe ser selectivo: nada de ayudas generalizadas, porque aumentarían la demanda, favorecerían a las rentas más altas y supondrían costes enormes. En su lugar, el apoyo debe diseñarse a medida".
Por eso aboga por avanzar en la electrificación de la economía europea. Si actualmente la electricidad representa tan solo una cuarta parte del consumo, la idea es que la cifra se duplique hasta 2040 y, en paralelo, permita reducir las importaciones de combustibles fósiles en 260.000 millones de euros al año.
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