Un empleado de Rankia le hace una pregunta a Rankito, la inteligencia artificial de Rankia. Uno pregunta, el bot responde. Pero lo mejor viene después: el empleado le da las gracias. Sí, sí, gracias, como si Rankito fuera un ser sintiente, con emociones, familia y un futuro prometedor en la empresa.
Empleados de Rankia generando tráfico hablando consigo mismos, pero con intermediario digital. Una especie de ventriloquía corporativa: tú mueves los labios, Rankito habla, y luego tú mismo le agradeces su sabiduría infinita. Todo muy orgánico, muy natural, muy “no estamos inflando métricas, lo juro”.
¡Si no fuera por estos ratos de risas no valdría la pena levantarse por la mañana!
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