Un fabricante de tractores y su mejor cliente
Imagine un fabricante de tractores que le presta dinero a un agricultor para que le compre un tractor. Mientras el agricultor pague, nadie ve nada raro.
Pero un día el fabricante mira sus ventas y se pregunta cuántas son de agricultores que de verdad necesitaban el tractor y cuántas son dinero suyo que vuelve a casa.
Eso es lo que ha medido el BIS con la inteligencia artificial. El 1 de octubre publicó su Bulletin 137, firmado por Jon Frost y cuatro colegas. Es un boletín que no opina: mide.
Lo que cuenta el boletín
Tomaron 1.246 empresas de IA y las ordenaron por su sitio en la cadena: computación, infraestructura, herramientas de datos, modelos y aplicaciones. Luego siguieron, entre 2021 y 2025, quién invertía en quién y quién le vendía a quién. Salen 972 relaciones de inversión entre ellas.
El dato central: el 55,2 % de lo que entró en empresas de IA vino de otras empresas de IA.
Hay más. En el 46,4 % del valor de las operaciones entre empresas de IA, inversor y receptor eran además proveedor y cliente. El BIS llama circulares a esas relaciones. Y el 28,7 % del valor de todas las operaciones de empresas de IA tuvo como destino otra empresa de IA.
Para medir si es mucho: un estudio de 2006 encontró participación directa en el capital en solo el 3,3 % de más de 10.000 relaciones cliente-proveedor de Estados Unidos. En computación y nube, el BIS encuentra vínculos de financiación en el 15,2 %.
Cómo gira el dinero
La forma más común es la del tractor: el proveedor financia a su cliente. Son el 64 % de las relaciones circulares, y casi tres de cada cuatro (el 73 %) nacen en empresas de computación o de infraestructura. La contraria también existe: el cliente financia a su proveedor para asegurarse de que le llegue lo que necesita. Y queda el comercio en ambos sentidos, donde cada parte le vende a la otra.
El BIS no habla de trampa, y conviene decirlo. Explica por qué puede tener sentido: un proveedor ve el uso real de su cliente mejor que un banco, los insumos son tan a medida que nadie quiere depender de un tercero y las necesidades de dinero son enormes.
Dónde está el riesgo
Los autores señalan cuatro puntos. El más fácil de entender es el del fabricante: si parte de la facturación de un proveedor es dinero que él mismo adelantó, basta con que el cliente deje de recibir financiación para que la demanda baje de golpe, sin que nadie la cancele.
El segundo, que quien invierte y a la vez vende tiene dos veces la misma contraparte, así que un susto en una empresa llega por dos puertas. El tercero, que esto se financia cada vez más con crédito privado y vehículos especiales, lo que añade deuda que no se ve en un balance. Y el último, que algunos acuerdos quedan fuera del balance y que las empresas operan en varios sectores y países, de modo que ningún supervisor ve el conjunto.
El boletín recuerda, con cautela, a las telecomunicaciones de finales de los noventa, cuando los fabricantes de equipos financiaban a los operadores que les compraban esos equipos. Compara el mecanismo; no anuncia nada. Y hay cautelas de método: los datos de 2025 son provisionales, el valor anunciado de una operación puede distar de lo que se entrega, y la definición del BIS es más estricta que la de la prensa.
La saga: IA y financiación, en tres piezas
Esta nota es la tercera de una serie en FGA Macro sobre quién paga la inteligencia artificial. Las tres miran lo mismo desde sitios distintos.
15 de octubre · El seguro de impago. Asegurar la deuda del gigante de la IA más endeudado cuesta un 60 % más que en mayo. Leer la pieza
20 de octubre · El FMI. Revisó 14 grandes operaciones desde 2023: unos 950.000 millones puestos sobre la mesa a cambio de 1,4 billones de ingresos prometidos. Leer la pieza
27 de octubre · El BIS (esta nota). El FMI mira las operaciones más grandes; el BIS cuenta casi mil. Tres miradas distintas, una misma forma. Versión completa en Substack
Cómo lo leo por capas
Ciclo (verde). Es la capa que más toca. El crédito sigue en verde y el detector de daño no ha girado. Una estructura así no se rompe por el ánimo ni por el bono: se rompe cuando el crédito de una pieza falla y arrastra a la siguiente. Por eso es la primera que vigilo.
Ánimo del inversor (ámbar). La media de fondo cae por séptima semana. La narrativa de burbuja ya estaba en la conversación; el boletín le pone cifras, pero no cambia el estado.
Dinero (ámbar). Este tipo de financiación es sensible al coste del dinero, y con el bono largo en niveles que no se veían desde hace más de veinte años, refinanciar cuesta más.
Economía real (verde). La inversión en IA sostiene parte de la actividad. Lo que deja abierto el boletín es cuánta de esa demanda es final y cuánta la financia el propio sector. Con datos públicos no se puede responder, y el BIS tampoco lo intenta.
Qué no cambia
El régimen sigue siendo el de Muelle Comprimido: las cuatro capas no apuntan juntas en una misma dirección, y ningún dato de esta semana las obliga a hacerlo. Un titular de estructura no cambia el régimen. Lo cambiaría que la alarma que hoy se ve en una capa apareciera confirmada en otra.
Cada viernes publico en FGA Macro la lectura de las cuatro capas, gratis: macro.fgaresearch.com
Fuente: BIS Bulletin 137. Contenido editorial y divulgativo, no asesoramiento de inversión.
