Harruinado
28/05/26 18:55
Ha respondido al tema
Historias de la Bolsa.
El actual mercado alcista empieza a recordar, según Lawrence Fuller, a la fase final de la burbuja tecnológica de finales de los años noventa. No se trata de afirmar que el techo del mercado esté necesariamente cerca, pero sí de advertir que las valoraciones extremas, la especulación y la fe casi ciega en nuevas tecnologías están alcanzando niveles que exigen prudencia.Fuller sostiene que el mercado actual no puede compararse exactamente con 1999, pero sí muestra un patrón similar: entusiasmo desbordado por una gran narrativa tecnológica, fuerte entrada de dinero en compañías de crecimiento y múltiplos muy difíciles de justificar con beneficios reales a corto plazo.La euforia por la IA se extiende a otros sectoresLa inteligencia artificial sigue siendo el gran motor del mercado, pero la euforia ya no se limita a los grandes fabricantes de chips o a las plataformas tecnológicas. Según Fuller, los inversores están comprando cualquier compañía que publique un titular relacionado con IA, aunque el impacto sobre su negocio principal sea limitado.Ese comportamiento se está trasladando también a valores vinculados al espacio, impulsados por la expectativa de la futura salida a bolsa de SpaceX. Compañías como Rocket Lab y AST SpaceMobile cotizan, según el análisis, a múltiplos de ventas de entre 75 y 100 veces, pese a no tener perspectivas claras de beneficios en este ejercicio ni en el próximo.La advertencia es clara: cuando el mercado empieza a pagar 40, 50 o 100 veces ventas por compañías sin beneficios visibles, la relación entre precio y realidad empresarial se vuelve muy frágil.El paralelismo con 1999Fuller recuerda que a finales de los años noventa el mercado también justificaba valoraciones extremas con una historia tecnológica transformadora: internet. La inversión en infraestructura fue real, el crecimiento económico fue sólido y las compañías tecnológicas cambiaron el mundo. Pero eso no evitó una burbuja bursátil.El autor ve hoy una dinámica parecida. La infraestructura de inteligencia artificial, los centros de datos, los chips y la memoria responden a una demanda real, pero eso no significa que cualquier precio esté justificado. La historia puede ser buena y, al mismo tiempo, la valoración ser excesiva.La diferencia frente a 1999 es que todavía no se aprecia una sobrecapacidad clara. De hecho, la demanda de chips, memoria y centros de datos sigue superando la oferta disponible. Sin embargo, Fuller advierte de que ya empiezan a aparecer dinámicas de financiación circular que recuerdan al vendor financing de la burbuja puntocom.Un contexto macro cada vez más incómodoEl problema no está solo en las valoraciones. El entorno macroeconómico también se ha vuelto más delicado. Fuller señala tres factores de riesgo: petróleo al alza, inflación repuntando y tipos de interés más altos.El conflicto en Oriente Medio sigue sin resolverse, pese a los mensajes recurrentes de avances diplomáticos. El mercado ha reaccionado varias veces con subidas ante titulares sobre una posible solución entre Estados Unidos e Irán, pero la guerra continúa y el estrecho de Ormuz sigue siendo un foco crítico para los precios energéticos.Si la inflación vuelve a acelerarse por el petróleo y los tipos suben en toda la curva, el golpe más fuerte debería recaer sobre los valores de mayor duración: compañías caras, sin beneficios cercanos y dependientes de expectativas futuras muy agresivas.Las valoraciones especulativas pueden sobrevivir con tipos bajos y liquidez abundante. Con inflación persistente y tipos al alza, el margen de error se reduce drásticamente.Una economía demasiado dependiente de la IAOtra preocupación es la creciente dependencia de la economía estadounidense del ciclo de inversión en inteligencia artificial. Fuller describe el momento actual como una economía sostenida por dos pilares: el gasto de capital en IA y el consumo de los hogares de mayor renta.En cambio, el 90% inferior de los hogares estadounidenses empieza a mostrar señales de presión por el aumento de precios y el deterioro de la renta real. El autor menciona el repunte de la morosidad en automóviles y tarjetas de crédito como señales de advertencia.Por ahora, la inversión en IA y el consumo de los hogares más acomodados mantienen viva la expansión. Pero para Fuller, esa base empieza a parecer frágil en una fase avanzada del ciclo económico.El PCE, nueva prueba para el mercadoLa próxima prueba para los inversores llegará con el dato de inflación PCE, la referencia preferida de la Reserva Federal. El mercado espera una subida mensual del 0,5% y una tasa interanual del 3,8%, mientras que el PCE subyacente se situaría en el 0,3% mensual y el 3,3% anual.Hasta ahora, los inversores han interpretado el repunte de inflación como un fenómeno temporal ligado a la guerra. Pero Fuller advierte de que esa lectura solo será válida si el conflicto se resuelve y la presión sobre el petróleo empieza a remitir.Si los precios energéticos siguen elevados y la inflación se mantiene persistente, la Reserva Federal tendrá menos margen para relajar su política monetaria. Y ese escenario sería especialmente negativo para los activos más caros del mercado.Reducir riesgo gradualmenteFuller reconoce que intentar adivinar el techo exacto del mercado es inútil. Su planteamiento no consiste en salir de golpe, sino en reducir riesgo de forma gradual a medida que los principales índices siguen subiendo y las valoraciones se vuelven más exigentes.Su tesis es que el mercado puede seguir avanzando durante un tiempo, como ocurrió en las fases finales de otras burbujas. Pero cuanto más se estiran las valoraciones y más empeora el entorno macro, más vulnerable se vuelve el mercado ante una corrección.No se trata de negar la revolución de la IA, sino de recordar que incluso las grandes revoluciones tecnológicas pueden generar burbujas cuando el precio deja de importar.En conjunto, el análisis plantea una advertencia táctica: el mercado sigue apoyado por una narrativa poderosa, pero las señales de especulación, el repunte de la inflación, el petróleo elevado y los tipos más altos hacen aconsejable proteger beneficios y reducir exposición en los segmentos más caros y vulnerables.