En los mercados financieros tendemos a pensar que las mejores rentabilidades vienen siempre de las mentes más brillantes. Sin embargo, como plantea Adam Button en su reflexión sobre la figura de Cathie Wood, la realidad a veces es más incómoda: no siempre gana el que más sabe, sino el que mejor sostiene su convicción, incluso cuando el relato roza lo exagerado.Quien haya escuchado con atención a la gestora de ARK sabe que no es en absoluto ignorante, pero tampoco encaja del todo con el estereotipo de “genio” que muchos asociarían a la cabeza visible del que llegó a ser el mayor ETF de gestión activa del mundo. Aun así, durante un tiempo, su forma de ver el mercado funcionó de manera espectacular.El caso ARK: narrativa fuerte, timing cruelWood alcanzó el estatus de celebridad en el mercado post-covid cuando su fondo ARK Innovation llegó a multiplicarse por diez. La combinación de apuestas agresivas en tecnológicas disruptivas, objetivos de precio muy ambiciosos y una narrativa de “futuro inevitable” atrajo ingentes flujos de capital.El problema, como recuerda Adam Button, es que la mayor parte del dinero entró tarde. El fondo era pequeño cuando se disparó y, cuando la masa de inversores acudió en 2021–2022, el recorrido ya estaba muy avanzado. El resultado: muchos de los partícipes que llegaron en la fase final acabaron en pérdidas.A ello se suman errores recientes, como haberse quedado fuera del gran rally de la inteligencia artificial tras vender demasiado pronto Nvidia, o episodios llamativos, como compartir contenido de IA de poca calidad en redes sociales. Todo ello ha erosionado parte de la percepción de “clarividencia” que rodeaba a la gestora.Cuando pensar menos ayuda más que pensar demasiadoLa conclusión de Adam Button es provocadora pero directa: a veces, ser demasiado analítico juega en contra del inversor. Uno de los grandes enemigos de la rentabilidad es el exceso de dudas. La convicción, por el contrario, permite aguantar volatilidad y capturar tramos largos de tendencia.En el caso de ARK, gran parte del dinero se ganó con Tesla. Bastaba con creer a fondo en la visión de Elon Musk y repetir el relato: coches eléctricos, robotaxis, conducción autónoma, disrupción total del sector. Quien compró esa historia y la sostuvo sin cuestionarla demasiado, salió muy bien parado durante años.En un mundo ideal, los inversores analizarían con calma las valoraciones, los modelos de negocio y el historial de promesas de cada directivo. En el mundo real, muchas veces se gana más dinero simplemente alineándose con la narrativa dominante y manteniendo posiciones mientras esa historia siga viva.Button recupera una frase de Erasmo de Róterdam que encaja perfectamente con el contexto actual: en un entorno de euforia y extremos, quien se mantiene racional a veces parece el raro. Pero el problema práctico es que, en determinadas fases del ciclo, cuestionar demasiado puede costar rentabilidad.La verdadera lección para el inversorEl autor no invita a “apagar el cerebro”, pero sí a extraer una enseñanza muy concreta: el inversor necesita encontrar estrategias, activos o enfoques en los que crea de verdad, y a partir de ahí evitar sobrecomplicarlo todo con decisiones constantes. En muchas ocasiones, el dinero está en la capacidad de mantener la posición, no en el trading continuo.Tras su repaso crítico, Adam Button cierra recordando las principales posiciones actuales del fondo de Cathie Wood, una cartera fuertemente orientada a crecimiento y disrupción tecnológica:TSLA – Tesla Inc.ROKU – Roku Inc.CRSP – CRISPR Therapeutics AGCOIN – Coinbase Global Inc. (Clase A)SHOP – Shopify Inc. (Clase A)HOOD – Robinhood Markets Inc. (Clase A)TEM – Tempus AI Inc.PLTR – Palantir Technologies Inc. (Clase A)RBLX – Roblox Corp. (Clase A)AMD – Advanced Micro DevicesLa psicología del inversor vuelve a quedar en el centro de la discusión. A veces, la diferencia entre ganar o perder no está en tener más información, sino en cómo gestionamos nuestras propias dudas. Y ahí, paradójicamente, pensar un poco menos puede ser parte de la ventaja.