S&P Global Ratings prevé que el precio del queroseno en Europa alcance en mayo los 211,7 dólares por barril, un 114% más desde el inicio de la crisis en Oriente Medio a finales de febrero. La agencia espera, por contra, una moderación a partir de junio, hasta 184,4 dólares, pero ese descenso no equivale a una normalización: el precio seguiría en niveles históricamente elevados y condicionado por la evolución de Ormuz, la disponibilidad de cargamentos alternativos y la capacidad de reconstruir inventarios.
La tensión llega además en el peor momento del calendario para el sector aéreo. El verano concentrará el pico de demanda turística, mientras las aerolíneas afrontan un combustible que representa entre el 20% y el 40% de sus costes operativos. Las compañías cuentan con coberturas, liquidez y cierta capacidad para trasladar parte del incremento a los billetes, pero una prolongación de la crisis podría traducirse en recortes de capacidad, cancelaciones y subidas de tarifas.
El riesgo no afecta por igual a toda Europa. Goldman Sachs identifica al Reino Unido como el mercado más expuesto por su alta dependencia de importaciones y sus bajos inventarios, con posibilidad de caer por debajo de diez días de cobertura durante el verano. En cambio, países con mayor capacidad refinadora o posición exportadora, como Países Bajos o Grecia, presentan una situación más holgada, aunque expuesta a precios elevados.
España aparece en una posición menos frágil gracias al esfuerzo adicional de su capacidad de refino. Repsol ha anunciado que está preparada para elevar un 25% su producción de queroseno respecto a febrero y alcanzar 465.000 metros cúbicos mensuales desde mayo. Según su consejero delegado, Josu Jon Imaz, esta cifra permitirá abastecer a sus clientes y disponer de producción adicional ante posibles interrupciones de otros operadores en el mercado español.
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