Había lateral precisamente porque sonaban tambores de guerra. Nadie sabía cuando se iba a iniciar pero todas las manos fuertes sabían que iba a suceder tarde o temprano. Lo único incierto era qué dimensión iba a tener el conflicto y, sobre todo, a cuántos países iba a implicar directamente. Por lo tanto, la incertidumbre estaba en hasta donde iba a llegar la escalada, no si iba a haber ataque y cierre del estrecho o no. De eso no cabía duda.
Por absurdo que pueda parecer, las expectativas ahora mismo son más optimistas de lo que eran hace unos meses. Ya se sabe con cierta certeza que la única consecuencia va a ser una mayor inflación, pero es que encima (al menos de momento, ojo, y es ahí donde todavía se debe actuar con mucha cautela) los resultados empresariales sí han superado las expectativas con respecto a lo que cabía pensar en caso de conflicto a gran escala.
Trump es un hooligan que sabe bastante mejor lo que hace de lo que la gente cree. Son sus declaraciones y su comportamiento frente a las cámaras las que hacen que parezca un psicópata descontrolado pero, bien porque no controla su verborrea, porque los verdaderos poderes impiden que se descontrole, porque es parte del juego o bien por todo a la vez, los resultados terminan siendo los que parecen tener previstos. El problema, lógicamente, será que en alguno de esos órdagos la cosa no salga bien.
Como siempre sucede, el batacazo bursátil llegará cuando los pececillos menos se lo esperen. Y no parece que las ballenas estén todavía cerca de estar saciadas.