Hablamos de una compañía que ha revolucionado la industria espacial, ha desarrollado cohetes reutilizables, opera Starlink y mantiene contratos estratégicos con la NASA. Pocas empresas privadas generan tanto interés.
Pero hay algo que conviene recordar en momentos como este.
Una IPO (salida a bolsa) no solo refleja el valor de una empresa. También refleja las expectativas que el mercado tiene sobre ella.
Y cuando las expectativas son extremadamente altas, el margen para decepcionar suele ser muy pequeño.
El gráfico lo ilustra bien:
Las mayores IPOs de las últimas décadas registraron una caída media cercana al 33% durante sus primeros 12 meses de cotización.
- Apple llegó a caer un 50%. - Meta un 54%. - Tesla un 34%. - Amazon un 29%.
¿Eran malas empresas?
En absoluto.
De hecho, muchas terminaron convirtiéndose en algunos de los negocios más exitosos de la historia.
Lo que ocurrió es que el mercado se adelantó a ese futuro y, durante un tiempo, pagó demasiado por él.
Por eso, ante eventos tan mediáticos como la salida de SpaceX, quizá la mejor decisión no sea correr para ser el primero. Quizá sea observar.
Ver cómo reacciona el mercado. Ver si la valoración encuentra su equilibrio. Y recordar que invertir no consiste en comprar grandes empresas a cualquier precio, sino en comprar buenas oportunidades.
SpaceX puede acabar siendo una compañía extraordinaria.
Lo que todavía está por descubrir es si también será una buena compra desde el primer día.