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                                             FERNANDO ESTEVE MORA

Lo que de ninguna manera se le puede negar a la izquierda parroquial es que anda bien sobrada de  casta. Sí, de casta en el sentido taurino de la palabra. Pues está claro que, como un miura de los de antes, nunca duda un momento a la hora de  entrar al trapo cuando la derecha se lo pone delante. Y así, una vez más, cansinamente ya tenemos a la izquierda parroquial bien lidiada en esa suerte de reedición moderna de los antiguos circos romanos circos  en donde se celebran las  "guerras culturales" para delicia diversión de ricos y poderosos: pan y circo, sí. ¡Y qué hábiles  son los "toreros" de la derecha, qué bien le tienen cogido el truco al toro de  la izquierda parroquial. Esta vez el "trapoa" ha sido el embeleco ése que la derecha (PP y VOX) denominan prioridad nacional. Y digo que la izquierda parroquial ha sido bien lidiada porque, como era de esperar,  ha entrado al trapo que le han puesto delante de los ojos como un toro, acudiendo al envite  armada sólo con la ya vieja estrategia de  acusar a la derecha torera de racista. ¡Como si eso fuese algo nuevo, como si fuera ahora cuando la derecha se hubiese hecho racista!  y ¡como si a esa acusación no tuviese fácil defensa! Pero...¿cómo pueden ser tan bobotontos los grandes "estrategas" de los partidos de la izquierda parroquial para dejarse engatusar de tal manera una y otra vez?

De nuevo, una vez más, y como es propio de la izquierda parroquial, vuelve a abordar un problema de índole económico-social, como en este caso sería  un problema de racionamiento, no como lo que es: un problema económico de asignación de recursos escasos, sino  como un problema moral. O sea, exactamente como lo abordaría el cura de una parroquia que no sabe nada de Economía. Y, de nuevo, por así proceder, ya  tiene de salida perdida esta "guerrita"  cultural porque el personal, o sea, el cuerpo electoral sí que contempla el problema como un problema de asignación de recursos escasos, o sea, como un problema económico y social cuyo enfoque requiere como es natural del uso de herramientas conceptuales económicas no morales. Por lo que  resulta obvio que acudir al expediente de tachar de racistas a los que defienden una aproximación al mismo incluyendo una referencia a esto de la  prioridad nacional no le va a dar nuevos votos en las urnas  a la izquierda parroquial, y sí, en todo caso, se los va a restar.

Veamos. El problema de salida se plantea en los siguientes términos: que dado que viene  a ser que algunos de los servicios y prestaciones  públicos que conforman el estado del bienestar español  (se dice)  estarían sufriendo un problema creciente de congestión asociado al incremento de la población asistida debido al crecimiento de la población inmigrante, hay que hacer algo. La solución obvia a medio y largo plazo llevaría a aumentar la oferta de esos servicios, política que claramente la derecha está lejos de proponer y  que sería la natural  y apropiada política  de izquierdas para hacer frente a ese problema. La derecha, muy hábilmente, propone entonces "otra" política,  una política "alternativa" parta afrontar ese problema de sedicente escasez relativa  de esos servicios y prestaciones, que pasa por regulara  la demanda de esos escasos recursos asistenciales públicos. Y ¿cómo hacer esta política de regulación de la demanda?, pues de forma muy simple: mediante una política de  racionamiento a la hora de repartir o distribuir lo escaso entre tantos solicitantes guiándose  por un criterio de dar prioridad en el acceso a los solicitantes de nacionalidad española o que tengan un arraigo "suficiente" en nuestro país frente a los extranjeros y recién llegados o no arraigados.

La lógica detrás de semejante propuesta es muy simple y nada extraña que haya captado el apoyo no sólo de la gente de derechas sino también de un buen sector de la población que se reclaman de la izquierda. Y es que, se diría que si  hay que racionar algo es normal que tengan prioridad en el acceso a ese algo a quienes son de ese mismo grupo  y llevan más tiempo en el grupo contribuyendo a su financiación y  a la vida grupal frente a los ajenos al grupo o a los recién incorporados. De igual manera, puede argüirse   que los necesitados nacionales o arraigados de un país tengan prioridad sobre los necesitados de asistencia o ayuda pública de fuera o recién llegados.  Item más, es un criterio reconocido en Europa y que ya se lleva usando muchísimos años a la hora de racionar servicios públicos asistenciales a escala municipal y autonómica donde es normal establecer entre los requisitos para acceder a esos servicios y ayudas un tiempo de permanencia en la localidad.

¿Dónde está el problema? ¿dónde está la trampa en que ha caído como era de esperar la izquiera parroquial? Pues está meridianamente claro: en que ha supuesto que el criterio de prioridad nacional habría de ser el único o el principal criterio de racionamiento. Y esto es manifiestamente absurdo.

Y es que  resulta obvio que tal criterio de prioridad nacional no puede de ninguna manera ser el único ni el principal criterio a usar en caso de racionamiento. ¿Debería tener prioridad en un servicios de urgencias el tratamiento de un niño español con mocos que el de un niño hijo de emigrantes recién llegados que acaba de sufrir un accidente y llega a urgencias desangrándose? Es ridículo siquiera planteárselo. Pero debería estar igualmente claro que, si no queda más remedio que racionar un servicio o una prestación, utilizar como criterio el de "prioridad nacional" complementariamente a otros es perfectamente debatible y  aceptable (¿acaso los jueces no usan de un criterio de arraigo a la hora de establecer las penas o conceder la libertad provisional en múltiples situaciones?) e incluso aconsejable (léase, a este respecto, esta entrada: https://www.rankia.com/blog/oikonomia/559309-notas-para-economia-discriminacion)

Concretamente, me gustaría saber qué se puede objetar a un criterio de asignación que rezase lo siguiente: "A igualdad de situación, o sea a igualdad de necesidad y recursos, tendrán prioridad los nacionales y arraigados en la asignación de recursos públicos asistenciales escasos". Porque la única alternativa que se me ocurre sería la de asignarlos usando del azar, de la suerte. Y eso me parece ineficiente y hasta injusto, pues no creo que la mayoría de quienes financian con sus impuestos esos servicios y ayudas estuviesen nada de acuerdo con ese tipo de asignación por lotería, lo que les llevaría a tratar de minimizar su carga fiscal.

Por supuesto, aceptar el criterio propuesto no hace sino abrir la puerta a otros problemas extraordinariamente complicados como el de cómo juzgar si la situación, es decir la necesidad y los medios de dos solicitantes, uno nacional y otro no, es la misma; y el de cómo racionar un recurso asistencial entre un solicitante nacional y otro no cuando la situación (necesidad y recursos) de este último es peor relativamente. Son problemas muy difíciles de resolver de manera satisfactoria para todas las "sensibilidades" de modo que su concreción en la práctica política de este criterio de prioridad nacional será obviamente distinta si quien manda es la derecha que si manda la izquierda.

En cualquier caso, lo que debería estra claro es que se treata de un asunto técnico-político al que la izquierda parroquial habrá de hacer frente quiéralo o no, y al que lo hará malamente si como única herramienta "conceptual" esgrime la acusación de discriminación o de racismo.




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