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Trump sacude a la banca: el tope al 10% en tarjetas hunde a los grandes bancos
La banca estadounidense ha acusado con claridad la incertidumbre política generada por la intención de la Administración Trump de limitar el tipo de interés de las tarjetas de crédito al 10%. En la última sesión, las principales entidades del país registraron caídas significativas: Citigroup retrocedió hasta 112,8 $ (-4,4%), Morgan Stanley cerró en 182,1 $ (-3,7%), JP Morgan en 302,7 $ (-3,1%), Wells Fargo en 86,7 $ (-1,9%), Goldman Sachs en torno a 943,4 $ (-1,9%) y Bank of America en 52,1 $ (-1,6%). La lectura del mercado es clara: cualquier intervención directa sobre los tipos de las tarjetas toca de lleno una fuente relevante de margen de intereses.
Una propuesta con más preguntas que respuestas
La idea de Trump pasa, en su formulación actual, por fijar de forma temporal —durante un año— un techo del 10% en los tipos aplicados a las tarjetas de crédito. Sobre el papel suena atractivo para el consumidor, pero el sector detecta al menos tres focos de riesgo relevantes:
- Calendario incierto: no está clara la fecha de entrada en vigor. En principio se apuntaba al 20 de enero, pero la medida no se ha materializado, lo que incrementa la sensación de improvisación.
- Marco jurídico dudoso: no existe una normativa sólida que respalde la imposición unilateral de este límite. La industria considera que sería necesaria la aprobación del Congreso, abriendo un frente legal y político complejo.
- Impacto económico directo: un tope del 10% recortaría de forma significativa el margen de intereses y, por extensión, la rentabilidad de la cartera de tarjetas, lo que a su vez podría endurecer los criterios de concesión de crédito.
La conclusión de fondo es clara: si la medida se aplicara tal y como se ha planteado, sería negativa tanto para la banca (por erosión de márgenes) como para la economía (por menor oferta de crédito al consumo).
Además del golpe directo a cuenta de resultados, las entidades advierten de un posible efecto colateral: al no remunerar adecuadamente el riesgo, los bancos tenderían a restringir el crédito a los perfiles más vulnerables, justo los que se pretende proteger, trasladando la demanda hacia productos menos regulados o más opacos.
La vía intermedia: las “Tarjetas Trump”
Ante este escenario, comienza a perfilarse una posible solución intermedia que ya se comenta en el mercado: las llamadas “Tarjetas Trump”. Según ha insinuado el asesor económico de la Casa Blanca, Kevin Hassett, se trataría de tarjetas emitidas de forma voluntaria por las entidades, con condiciones específicas y dirigidas a un segmento de clientes muy concreto.
El objetivo sería acotar la medida al denominado “sweet spot”: consumidores con ingresos estables y poca carga de deuda, donde el riesgo de impago es sensiblemente menor. En ese nicho, un tipo máximo del 10% podría ser asumible para los bancos, al tiempo que Trump podría presentar la iniciativa como un gesto tangible de alivio financiero para la clase media.
Este enfoque diferenciado permitiría limitar el daño sobre el margen del sector, evitar una confrontación jurídica abierta y, a la vez, ofrecer una medida visible al electorado sin distorsionar por completo el mercado de crédito al consumo.
Impacto en valoración y próximos pasos
Mientras no se aclare el diseño final de la medida, es razonable esperar que el sector bancario estadounidense siga sometido a cierta presión, con episodios de volatilidad asociados a titulares y filtraciones. Sin embargo, el hecho de que se estén explorando soluciones parciales y voluntarias sugiere que el escenario de un tope rígido del 10% para todo el universo de tarjetas no es, a día de hoy, el más probable.
Para los inversores, la clave será distinguir entre ruido regulatorio de corto plazo y cambios estructurales reales. Si finalmente se impone un modelo acotado como el de las “Tarjetas Trump”, el impacto en valoraciones debería ser gestionable, aunque la prima de riesgo regulatorio sobre el sector seguirá presente mientras la política monetaria, la presión populista sobre el crédito y el calendario electoral sigan entrelazados.
No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.