Telefónica ha arrancado 2026 con resultados mixtos pero manteniendo el rumbo en su transformación. En el primer trimestre, los ingresos alcanzaron los 8.100 millones de euros, con un crecimiento orgánico del 0,8%, y el EBITDA ajustado subió un 1,8%. La deuda neta se redujo hasta los 25.300 millones, mejorando el ratio, gracias a las ventas de activos en Latinoamérica como Chile, Colombia y México. La compañía reafirma su guidance para todo el año: crecimiento de ingresos y EBITDA entre el 1,5% y el 2,5%, con foco en España y Brasil donde el momentum es positivo.
Uno de los puntos fuertes sigue siendo la generación de caja y la disciplina en capex, que se mantiene controlada. El negocio B2B crece con fuerza y la fibra y servicios digitales ayudan a defender el margen en un sector cada vez más competitivo. Además, el dividendo de 0,15 euros por acción para 2026, aunque recortado respecto a años anteriores, sigue ofreciendo un yield atractivo para muchos inversores a largo plazo, y la acción cotiza con múltiplos bastante razonables.
Por el lado negativo, el recorte del dividendo del año pasado sigue pesando en la percepción del mercado y provocó una caída importante en su momento. La exposición a Latinoamérica, aunque se está reduciendo, ha generado pérdidas contables en el trimestre por las desinversiones, y en mercados como Alemania la recuperación es más lenta de lo ideal. La competencia en fibra y la presión regulatoria siguen siendo desafíos constantes.
En resumen, Telefónica me parece una compañía en plena reestructuración, priorizando deuda y foco en sus mercados clave, lo que a medio plazo puede dar estabilidad. Es una historia defensiva clásica del Ibex con yield interesante, aunque con menos brillo que otras épocas. Para perfiles conservadores que busquen ingresos y exposición al sector telecom europeo, sigue teniendo su atractivo, siempre que ejecute bien el plan de transformación.