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Nota previa:

Estamos acostumbrados a leer análisis sobre productos financieros basados en la “ley de oferta y demanda”; pero en realidad nadie parece entender que los productos financieros no son productos de economía real.

Este post es una reedición de otro publicado con el mismo nombre el 29 de septiembre de 2009. Se han corregido algunos fallos de redacción. Sin embargo, los datos, el análisis y las conclusiones se han de entender referidas a 2009.

 

La demanda de bienes y servicios.

 

 

Es de suponer que, en la primera de las dos tardes en las que se le ha explicado al presidente del gobierno esto de la economía,  no habrá faltado la lección sobre funcionamiento de la demanda de bienes y servicios. Y digo que se supone porque me ha entrado la sospecha de que el Sr. Sevilla se lo haya saltado por ser algo tan obvio, tan poco discutido y tan sencillo.

Para ser justos  debemos tener en cuenta que parece que todo el mundo olvida tal lección básica (cuesta encontrar analistas que se acuerden de esto). Sólo en este contexto se explica la propia existencia de las burbujas.

La curva de demanda relaciona el precio de un bien y la demanda de ese bien; se entiende la demanda, como la cantidad de bienes que los consumidores estarían dispuestas a consumir para cada precio.

¿Qué relación existe entre la demanda de un bien y el precio?  Pues, en términos generales, existe una relación inversa entre demanda y precio. La demanda disminuye cuando sube el precio; y cuando baja el precio, se incrementa la demanda.

La explicación a tal fenómeno es sencillísima; consumimos los bienes en función de la satisfacción que generan (o la utilidad que proporcionan). Este concepto es el que podemos definir como el valor del bien (que varía cada persona). La decisión de compra de cada persona depende pues de la comparación del valor que le proporciona el consumo de ese bien (utilidad) con el coste (precio). Si el valor es mayor que el precio adquirirá el bien; en caso de que el precio sea mayor que el valor simplemente no consumirá el bien.

Cuando el precio de un bien sube algunas de las personas que demandarían el bien dejan de demandarlo; por esto cae la demanda.

Esto es con carácter general, ya que existen unos bienes denominados Giffen (en honor a Robert Giffen) que tienen una relación positiva entre demanda y precio. Para este caso, si sube el precio se incrementa la demanda del bien. El único caso documentado lo encontramos en la Irlanda del siglo XIX en el contexto de una muy mala cosecha de patatas. La alimentación irlandesa de la época se basaba casi por completo en el consumo de carne y patata. La caída de las cosechas de patatas, provocó un incremento espectacular de su precio; esto provocó que el coste de alimentación se incrementase de tal forma que las personas no podían acceder a la carne y, por tanto, se sustituyese por las patatas. De esta forma, la subida del precio de las patatas acabó provocando la subida de la demanda de dicho bien.

Salvo esta excepción es obvio que la cantidad demanda de cada bien es menor con precios superiores. Por eso la curva de demanda siempre es negativa; partiendo de que siempre (o casi siempre) que sube el precio baja la cantidad demandada. La discusión se limita únicamente a analizar la sensibilidad o la elasticidad; es decir: las subidas de precios reducen la demanda de un bien pero es evidente que, en función del tipo de bien, la reducción de la demanda será mayor en unos bienes que en otros. Por ejemplo, una subida del precio de las gasolinas provocará caídas en la demanda de gasolinas, pero mucho menor que una subida de precios en bienes como la electrónica de consumo.

Supongo que no admitirá discusiones afirmar que no podemos entender cualquier análisis de cualquier mercado sin profundizar en el conocimiento de cómo funciona la demanda. Pero, incluso sin profundizar más, encontramos la primera gran incoherencia para la existencia de las burbujas. Teniendo en cuenta este esquema (la evolución de la cantidad demandada de bienes y servicios es inversa a la de su precio) la existencia de burbujas es completamente imposible, ya que en el entorno de una burbuja coexisten incrementos de precios con incrementos de la demanda.

Debemos preguntarnos si se ha cumplido la ley de oferta y demanda en mercados como petróleo, materias primas o  vivienda. En estos mercados parece claro que la demanda de pisos y la demanda de barriles de petróleo subía cuando subía el precio, También parece obvio que la razón fundamental para que no se compren pisos es que su precio baja.  Esto contradice frontalmente la ley de oferta y demanda. Los analistas siempre encuentran motivos basados en la oferta y demanda real (por ejemplo: la inmigración en el caso de la vivienda o la demanda de China para los commodities).

Analizar quien nos explica las variaciones de esos precios y quien hace las previsiones nos lleva a una conclusión que puede parecer una perogrullada: Estos bienes, además de ser bienes que se destinaban a cumplir una determinada necesidad, se han convertido en bienes financieros; bienes destinados a canalizar unas inversiones de un sistema financiero que escapó de una burbuja punto.com, (en la que no estaba claro el objeto de la inversión) hacia productos que satisfacen necesidades muy básicas: vivienda, alimentos, energía y materias primas.

Los bienes financieros no se comportan de la misma forma que los bienes destinados a satisfacer necesidades; la primera regla cuando nos planteamos una inversión en un bien financiero es que lo compraremos cuando esperamos que suba de precio. Y por tanto cuanto mayor sea la subida de precio mayor será la cantidad demandada del bien en cuestión. Si nos damos cuenta el esquema de funcionamiento es exactamente el inverso al de la demanda de bienes para su consumo. Y es en este punto donde realmente encontramos la primera explicación a la aparición de las burbujas financieras.

Las valoraciones de esos bienes han sido realizadas desde de un sector financiero que ve estos bienes de otra forma (como un elemento de inversión financiera). Por tanto se valora con reglas y objetivos ajenos a la pura ley de oferta y demanda;  al final, entre los informes (erróneos)  y el dinero que ha entrado a espuertas para cada uno de los productos señalados, se ha logrado inflar tanto el precio que simple y llanamente cuando se ha querido mirar y buscar el cliente final para el producto (ese que iba a pagar todos los márgenes que nos hemos encontrado por el camino) resulta que no estaba y todo se ha derrumbado; y ya sabemos que cuando cae el precio, y con volumen alto: ¡la demanda de cualquier producto financiero cae!.

En la constitución, en el ideario de todos los países y en el desarrollo de todos los modelos económicos de libre mercado, está impreso en negrita que los poderes públicos han de evitar la especulación en bienes de primera necesidad para los ciudadanos; eso es por algo. La razón no es para fastidiar a un sector financiero quemado de sellos y compañías tecnológicas que ni tan siquiera existían. Es por no tener de rehén a la sociedad entera.

 

  1. #1
    19/08/15 22:44

    Utilidad. Das en el clavo. No podría decirlo mejor.

    Pero los criminales pretenden que creas que su "trabajo" es "útil" porque es útil para un jefe criminal.

    Sabemos que la Utilidad de un proyecto requiere NECESARIAMENTE que la tasa de rentabilidad neta del proyecto sea superior a la tasa neta del préstamo porque si no el proyecto es deficitario sólo con el préstamo. Pero el banquero pretende hacernos creer que al prestar dinero para consumo (tasa de rentabilidad cero) se crea utilidad para el deudor.

    Entonces convierten un contrato con cláusulas leoninas en un "producto"...

    Y así cada parásito de la sociedad trata de hacer ver que su parasitismo es necesario en la sociedad.

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