El marido de mi prima estaba de viaje de negocios en Japón. Gracias a Dios no le ha pasado nada, ni a él ni a sus acompañantes, nos ha comentado que los edificios en Tokio parecían de goma y que tenían miedo porque se estaba comentando que una central nuclear había sufrido daños estructurales. Parece que la catástrofe puede aumentar más aún que las terribles consecuencias que ahora mismo conocemos.
A veces estamos preocupadísimos por la mísera cotización de una acción y no nos damos cuenta de que en cualquier momento puede surgir un verdadero problema. Mi solidaridad a las familias y oración por los fallecidos.
Si un amigo es de verdad, su amistad perdura en el tiempo y con la distancia.