Telefónica sigue en plena transformación y la verdad es que se nota movimiento en el mercado. Este 2026 las acciones acumulan una subida de más del 10% y han tocado máximos anuales tras el anuncio de la venta de su filial en México por unos 390-450 millones de dólares. Es un paso más en la estrategia de salida de Hispanoamérica para concentrarse en los mercados clave: España, Brasil, Alemania y Reino Unido. Parece que la dirección, con Marc Murtra al frente, quiere simplificar el grupo y reducir exposición a zonas menos rentables.
Por un lado, es positivo ver cómo están ejecutando desinversiones y avanzando en el plan estratégico. La compañía apuesta fuerte por redes de fibra y 5G, hiperpersonalización con IA y, curiosamente, por ampliar su oferta en defensa y ciberseguridad, donde ya tiene acuerdos relevantes. En España y Brasil han mostrado cierta resiliencia en ingresos orgánicos, y la idea de ser más ágil y digital suena lógica en un sector tan competitivo. Además, siguen manteniendo el dividendo (aunque reducido) y hay expectativas de menor apalancamiento.
Sin embargo, no todo son buenas noticias. El recorte del dividendo para 2026 (a la mitad, hasta 0,15 euros por acción) dolió bastante en su momento y refleja la necesidad de reforzar el balance y financiar la transformación. Las salidas de Latinoamérica vienen con minusvalías importantes y algunos mercados core como Alemania o Reino Unido han tenido comportamientos flojos. La competencia sigue feroz y la presión sobre los precios y ARPU no desaparece.
En resumen, Telefónica parece estar en una fase de reconfiguración profunda: más enfocada, menos apalancada y con apuestas en áreas de futuro como defensa y digital. Para los que creen en la recuperación del sector telco europeo puede tener sentido, pero hay que ser pacientes porque los resultados no van a ser espectaculares a corto plazo. Veremos qué cuentan en los resultados del primer trimestre que salen pronto.