Comentaba el otro día con el representante de una gestora de fondos internacional que, al paso que van las cosas, la única forma de obtener “rentas” va a ser cambiar la palabra “cupón” – que normalmente se asocia a la renta fija – por “dividendo” – que normalmente se asocia a la renta variable.
En Noviembre publiqué un libro -“¿Y yo, que hago con mis ahorros?” (Deusto) – uno de cuyos objetivos era ayudar al inversor conservador a obtener una rentabilidad superior a la que ofrecen actualmente los depósitos bancarios (otro era evitar que le den “gato por liebre” al comprar productos financieros)
Imaginemos que en un mercado entra a comprar lo que entre “brókers” se denomina una “mano fuerte”. Imaginemos que, además, anuncia lo que va a comprar (eso ya es mucho menos habitual). E imaginemos finalmente que esa mano fuerte es la más fuerte que puede haber – un banco central – y que, además, no sólo te dice lo que va a comprar, sino que también te dice lo que NO va a compra
Llevo meses escuchando lo de que “no hay valor en la renta fija europea”. Estamos ante un ejemplo claro de cómo el mercado se mueve por sus propias reglas: no habrá valor, pero se sigue y se va a seguir ganando dinero si se elige bien donde se invierte. Ahí van algunos de los argumentos que se utilizan en relación con este asunto y que creo puede ser de gran ayuda matizar o explicar.