La inestabilidad (o ahora llamada flexibilidad) en el empleo y(o) sueldos.

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Hace unos meses traté de explicar en un post que la estabilidad de los ingresos y en el empleo es importante para mantener el sistema económico en circulación por el lado de la demanda. Es fácil entender que la confianza y tener unos ingresos con un mínimo de estabilidad es condición necesaria para que los trabajadores consumamos los productos que las empresas hacen.

Desde el punto de vista macroeconómico, nos encontramos con unas críticas a un modelo en el que se ha permitido de todo, de forma que la flexibilidad ha sido tal que a la mínima todo se derrumba, pero en lugar de solucionar esto, nos encontramos con que ahora se pide más flexibilidad aún, (sin caer en lo obvio, que es la flexibilidad exagerará las subidas y las caídas, ya de por si exageradas). Por tanto, si se quiere un modelo de empleo más estable, debe restringirse la enorme flexibilidad que supone el empleo.

Desde el lado de la productividad, la realidad es que tampoco la flexibilidad en el factor trabajo va a ayudar a la inversión en bienes de equipo o i+d debido a que facilitando la flexibilidad en ese factor, lo que se va a conseguir es que nadie invierta en el factor sustitutivo. Un caso extremo es el modelo austriaco, en el que el coste de tomar la decisión de despedir pasa a ser cero.

Por otro lado tenemos el lado de la justicia acerca de los riesgos; es fácil entender que cada persona tiene que elegir. O busca estabilidad o busca conseguir unos beneficios a costa de asumir un riesgo. Lo que no tiene sentido ninguno es que las empresas se queden los beneficios y lo primero que hacen cuando las previsiones no se cumplan sea pedir que los trabajadores asuman los riesgos. De esta forma cuando las empresas generan beneficios, estos han de ser para accionistas y empresarios, pero cuando las empresas generan perdidas, estas han de ser para los mismos y aquellas personas que buscan estabilidad a cambio de renunciar a unos ingresos mayores, pues no tiene sentido que pierdan estos.

Con todo esto, hay un punto que aún no se ha tratado y que salta cuando se habla de la posibilidad de despido o de la inestabilidad en los ingresos a los funcionarios, (ligados a lo que sea). Cuando se ha planteado esto, todo el mundo entiende que existe una gran verdad y que la independencia de los funcionarios tiene una importancia vital en el entorno económico en el sentido de que es un bastión, (cada vez más tocado), para frenar a los políticos y a los gestores de la empresa privada.

Imaginemos que un inspector de hacienda, tiene que inspeccionar a un banco o a una gran empresa, sabiendo como sabemos todos, el poder que tienen determinados grupos. ¿Podrá inspeccionar bien?.   ¿Podrá un funcionario negar todo tipo de chanchullos a los políticos si puede ser despedido o puede cobrar menos sin un procedimiento rígido?. ¿Podrá un guardia civil negarse a cumplir las órdenes más absurdas para que el organismo recaude en lugar de controlar el tráfico y ayudar en carretera?. ¿Podrá un médico ordenar determinados procedimientos que supongan un coste elevado para el sistema de salud?.

El hecho de que el trabajo y(o) el sueldo de los funcionarios dependa de lo que los políticos digan, implica inmediatamente que estos no tendrán ni un solo tipo de freno, y ni tan siquiera existirán las críticas, a las que distintos tipos de funcionarios nos tienen acostumbradas.

Y esto es así de básico. El problema está en que la productividad de un trabajador se mira en unos objetivos que interesen a los gestores de turno. Estos objetivos que interesen a estos gestores, pueden no coincidir con los objetivos sociales de forma que al final, estas propuestas lo que buscan es someter a los pocos que aún pueden decir no a toda esta inmensa tontería.

Pero, si bien está claro que todo el mundo intuye o puede temer de alguna forma el hecho de que desaparezca la independencia de los funcionarios respecto a los políticos, (eso es exactamente la propuesta), no está tan claro este mismo razonamiento en las empresas privadas.

Por ejemplo, y para que todos nos entendamos, ¿Puede un médico de la seguridad privada ir en contra de los criterios de una aseguradora para prestar el servicio que efectivamente contrató una persona, pero que no cumple requisitos de rentabilidad?. ¿Puede un director de sucursal bancaria o empleado negarse a vender determinados activos que no pueden ser calificados como basura financiera?. ¿Puede negarse un periodista a publicar una información que no conviene a algún anunciante?. ¿Puede un mecánico de una compañía aérea dejar un avión en tierra por una avería que a priori no es muy importante?.

Podemos seguir exponiendo numerosos casos y casuísticas, y lo que está claro es que si bien es cierto que existe un papel de freno para los funcionarios que consiste en frenar las ocurrencias y tratar de velar por el bien común; pero tan cierto es esto, como que cualquier persona (aunque en distintos grados), tiene una responsabilidad y tiene gestores que son tan malos o más (en algunos casos), que los propios políticos y que desde luego tienen tanta o más responsabilidad que muchos funcionarios.

Da igual que un inspector de hacienda vaya a una empresa que tenga capacidad de presión, o que vaya un empleado de una auditoría a la misma empresa. Si ambos saben que su sueldo y su puesto de trabajo dependen de la satisfacción de sus jefes, y esta a su vez depende de la satisfacción de la investigada o auditada, la realidad es que la empresa podrá defraudar a su gusto y la auditoría simplemente no sirve de nada.

¿Lo pongo en un ejemplo?. Pues es sencillo; yo en este blog puedo ser sincero, (y equivocarme como todo el mundo, pero siendo sincero), por una sencilla razón; no dependo de lo que me diga o me limite un jefe. ¿Puede decir lo mismo un periodista?. Yo puedo escribir para un periódico y como no vivo de esto y no lo voy a hacer; me puedo poner muy digno. Pero claro; ¿Y si soy un becario en un periódico o incluso periodista indefinido teniendo en cuenta que me pueden despedir o pagar lo que les de la gana?. ¿Destaparé muchos escándalos, miraré las cuentas y criticaré?. Simplemente tendría que dedicarme a lo mismo que se dedica ahora la mayoría que es a escribir los publirreportajes dictados.

En este ejemplo, yo me puedo poner muy digno y de la misma forma, también diría que no colocaría fondos inmobiliarios a punto de caer, participaciones preferentes ruinosas u obligaciones difícilmente justificables. Pero la realidad es que yo me puedo permitir algo que es un lujo actualmente; lujo que es una necesidad para la sociedad.

El camino no es abaratar o flexibilizar la función del funcionario. La función es corregir la tremenda dependencia de los criterios de gestores, (incluso contrarios a la ley y sentido común), que existen en muchos casos de las empresas privadas, para que de esta forma, los empleados puedan ejercer una función de control dentro de las empresas.

Y por supuesto, si esto significa que los riesgos vuelven a estar en las empresas, pues miel sobre hojuelas, porque de esto se trataba, ¿no?.

  1. en respuesta a Picopaco
    #35
    02/12/10 03:36

    La capacidad e idoneidad de un funcionario se platea cada vez que pretende ascender. Un funcionario que entre con el nivel básico de auxiliar administrativo (C2) entra con un nivel 14. Cada vez que quiera ascender va a tener que competir con el resto de funcionarios. Ente los méritos que se tienen en cuenta están la antigüedad, el trabajo desarrollado, los cursos recibidos o impartidos, entre otros méritos. Un funcionario que se quede de brazos cruzados va a ver como todos le sobrepasan.
    Si luego quiere pasar a C1, tiene que pasar una nueva oposición y volver a la competición. Si quiere continuar, puede promocionarse a A2, con una nueva oposición, y nuevamente volver a competir por los ascensos. Como ves, quien no se preocupa tras aprobar la oposición no llega lejos. Otros con interes han entrando en el nivel mínimo y han llegado muy alto, con esfuerzo y dedicación. Luego está el primo del político, pero esa es otra historia, juegan en otra liga.

    Aquí puedes ver que hay oferta formativa para funcionarios: http://www.inap.map.es/ES/Formacion/

    y hay competición por conseguir plazas en esos cursos. Mi mujer suele pedirse unos 20 cursos al año. Con suerte le dan 3.

    La cuestión que planteas supondría cargarse de hecho la seguridad en el puesto de un funcionario. Si al un político le das la oportunidad, verá la forma de aprovecharla en su beneficio, y los que irían a la calle no creo que fuesen los peores funcionarios, mas bien los menos maleables, justo los que mas nos debería interesar que se queden. A los malos, sencillamente, aplicarles el régimen disciplinario, que para eso está.

    Por otra parte, en todo en la vida influye la suerte. Y tuve que hacer mi licenciatura de 5 años y ahora la convierten en 4. ¿Quién me paga ese año perdido? Los pensionistas de ahora disfrutan de unas condiciones de jubilación que, cuando nosotros nos jubilemos, las añoraremos. ¿Quién cuidará a los niños del baby-boom en su ancianidad?

    Por poner ejemplos concretos, se pueden poner de todos. La semana pasada un taxista me pretendía dar una vuelta por Madrid, me vería cara de forastero, le tuve que preguntar por donde pretendía ir, cuando se dio cuenta que conocía el camino, corrigió el rumbo. ¿llego entonces a la conclusión de que todos los taxistas son unos ladrones?

    ¿los funcionarios lo deberían pasar tan mal como el contribuyente que mas mal lo pase? o ¿deberían los funcionarios haberlo pasado, en la década prodigiosa, tan bien como el que mejor lo ha pasado?
    Pues te diré que tengo noticias de auxiliares administrativos de la administración del estado que se ven en la necesidad de ir a comedores sociales.

    ¿Tienes idea de lo que cobra un jefe de área de la Administración del Estado? El que llega a 3.000€ líquidos se da con un canto en los dientes. Un jefe de área es jefe de jefes de servicio. Pues en la década prodigiosa, un paleta de 20-añero era capaz de sacar un sueldo mayor que el de un jefe de área. ¿Ahora, ese jefe de área debería cobrar los 800 euros que se saca el paleta? Parece lógico que quienes nunca se benefician de los años buenos tampoco se les exija demasiado en los malos. Hacerlo de otra forma podría suponer cargarse el sistema. ¿o debemos volver a aquellos años de “pasa mas hambre que maestro de escuela”?

    Tienes razón en el talento desaprovechado. La Administración hace al funcionario lo que es. Cuando no se prima la excelencia, sino al contrario, cuando se siegan las cabezas que destacan, los que podrían destacar aprenden rápido la lección y encogen la cabeza, no sea que se la sieguen.

    Un conflicto curioso del que tengo noticia: a unos inspectores de ámbito nacional no les cuentan las horas en exceso que hacen por encima de las 8 horas al día (y llegan a hacer bastantes más), aunque esté comprobado mediante los billetes de tren o de avión la salida y regreso a Madrid. ¿No están así desincentivando las inspecciones? y con ello ¿no están así propiciando la vulneración de la ley que tienen encomendado vigilar?

    Lo del vivir bien del funcionario. En el organismo en que trabaja mi mujer hace tiempo que tienen una importante punta de trabajo, lo que hace que no sea atractivo pedir plaza en él. Esto ha originado que haya muchas vacantes sin cubrir. La acumulación de trabajo ha hecho que se lleguen a cubrir plazas mediante interinidades y en cierta población convocaron 6 plazas. Los que entraros llegaban con el tópico en la cabeza de que iban a pasar el tiempo. Al segundo día la jefa de la unidad se da cuenta y los llama uno a uno, para ponerles las pilas, diciéndoles que tienen que trabajar como los demás, que para pasar el tiempo está el Retiro. Se ponen a trabajar e intentan llevar el ritmo de los demás. A la semana los 6 renunciaron: no estaban dispuestos a trabajar así para ese sueldo. La Administración no es lo que ellos pensaban. Han realizado posteriores contrataciones de interinos, y les ha vuelto a ocurrir lo mismo en otras ocasiones. Alguna plaza la llegado a cubrir hasta en 8 ocasiones antes de encontrar a alguien que tuviese la necesidad suficiente para no renunciar.

    Mi mujer sigue buscando un sitio donde se viva bien, para pedir destino allí, sin suerte hasta ahora.

  2. en respuesta a Picopaco
    #34
    02/12/10 02:28

    Si el sistema no le parece justo a unos pocos puede decirse que es aproximadamente justo, pero si el sistema solo le parece justo a unos pocos (los agraciados) se puede discutir que sea justo.

    De lo que me cuenta mi mujer, lo normal es que pillen quienes están mas cerca de los decisores, tengas mas o menos mérito, y quienes están lejos no pillan nada, por muchos méricos que tengan. Esto hace que la gente esté mas preocupada por ganar visibilidad ante el decisor que por trabajar. Afortunadamente, ella está cerca de los decisores, por lo que el sistema le beneficia, pero no deja de verlo injusto.

    Ya se sabe, las medallas raramente suelen ser para quienes se baten el cobre en la trinchera.

  3. en respuesta a Picopaco
    #33
    30/11/10 06:57

    Vamos aprendiendo. La democracia es así de simple.
    Por eso es tan importante la participación ciudadana, porque si el ciudadano no participa, otros serán los que stablezcan los costos políticos para su beneficio.

  4. en respuesta a Comstar
    #32
    30/11/10 05:21

    Entonces deberíamos cambiar las cosas para que lo que menos costos políticos tenga para ellos, sea lo mejor para nosotros. En eso consiste cualquier juego de recompensas.

    ¡Ay si me dejaran un par de días la ley electoral y la constitución! Les iba a dar un repasito...

    De hecho, la mayor parte de nuestros males locales en España se deriva de esos dos documentos hechos con buena intención y muy poca visión de futuro.

  5. en respuesta a Feinmann
    #31
    30/11/10 05:17

    Pues parece una flexibilidad suficiente, pero no sé si eficiente. ¿Por qué cualquiera debe irse a la calle antes que un funcionario de carrera? ¿Sólo, por ejemplo, porque el funcionario aprobó una oposición hace 20 años, cuando se crearon miles de plazas, mientras que algunos interinos más jóvenes, si hubiera el mismo número de plazas que entonces, sacarían mucho mejor número? ¿Por qué no se revisa nunca más la capacidad o idoneidad del funcionario de carrera, ni se le puede comparar con alquien que no haya aprobado una oposición? Un caso flagrante es el de muchos médicos; para un médico un factor determinante para su calidad en el trabajo es el carácter y el trato con el paciente. Como a nadie le pedían eso hace años, resulta que hay médicos que no hacen nada ilegal, pero deberían ser destituidos de su función.

    Yo no tengo nada en contra de que nadie sea funcionario y trabaje para nosotros. Lo que no me parece normal es que alguien apruebe un examen (y los ha habido con muchas trampas y arbitrariedades en el pasado), y no tenga que preocuparse de nada el resto de su vida, independientemente de que a su alrededor muchos de los que les pagan y para los que trabajan las estén pasando canutas. No creo que esa sea la mejor forma de organizarse, ni motivar la excelencia, ni la innovación, ni nada de nada. No hay más que verlo, todo ese amplísimo porcentaje de jóvenes cuya mayor aspiración es ser funcionario (¡toma aspiraciones que tienen nuestros jóvenes!) no es precisamente para poder aportar a la sociedad ninguna de esas cosas, sino para ¡vivir bien! (que no creo que vayan a vivir tan bien, pero eso es otro tema)

    De hecho, precisamente porque muchas oposiciones son muy duras y tienen mucha competencia, el conjunto de los empleados públicos en España es (generalizando), una gran masa de talento muy desaprovechada, y prácticamente dormida (muy anestesiada por las falsas seguridades).

  6. en respuesta a Feinmann
    #30
    30/11/10 04:59

    ¡Ey, que yo no he dicho que los bonus tengan que ser totalmente arbitrarios y desconocidos! Faltaría más, eso sería un cachondeo. Lo que digo es que es bueno que los haya, y que estén dirigidos a mejorar la eficacia y la eficiencia, aun a costa de que a alguien no le puedan parecer justos (seguro que sería discutible si es justo que alguien eche más horas de las estipuladas y cobre más bonus, pero en principio eso mejoraría los resultados). Y que será mejor tener algún sistema con posibles arbitrariedades o injusticias (no buscadas ni deseables) que pretenda mejorar los resultados, que no llegar a implantarlo porque se esté discutiendo indefinidamente si en el caso particular del caso más particular se daría una injusticia o arbitrariedad. Como tú mismo dices, implantando un buen sistema de productividad se consiguen mejoras importantes.

  7. en respuesta a Picopaco
    #29
    30/11/10 04:36

    Los políticos aplican la ley, pero lo que dicta sus acciones no es la ley, sino la política. Ellos reaccionan frente a costos políticos. Los costos políticos disuaden, porque el político busca la opción que tenga menores costos políticos.

    Este post mío habla en detalle de ello:

    ¿De dónde viene la corrupción?
    https://www.rankia.com/blog/comstar/546526-donde-viene-corrupcion

  8. en respuesta a Feinmann
    #28
    30/11/10 04:27

    Aunque un rescate a los bancos es muy perjudicial, tiene el valioso poder de acelerar la caída de la economía, creando una situación para los políticos cada vez más difícil de manejar, de modo que si los españoles no se mueven antes del rescate para presionar a los políticos, lo harán después. Es decir, sólo hay un camino, y depende de los ciudadanos hacer el ajuste doloroso pronto, o prolongarlo y posponerlo y hacerlo más profundo y doloroso.

  9. en respuesta a Picopaco
    #27
    30/11/10 03:20

    Lo de las leyes. Cada vez que mi mujer habla de leyes, es que se pone negra. Algo de lo que se suele quejar muchisimo es de lo que llaman “técnica legislativa” en la que una ley deroga “lo que se oponga de las anteriores” ¡y hecha tu cuentas de que es lo que se opone y lo que no! Esto ha producido un buen negocio de empresas que se dedican a hacer compendios legales. O peor aun, leyes que se ponen a hablar de todo menos de lo que tienen que hablar. Ejemplo, la ley de economía sostenible, que de lo que menos habla es de eso, y la aprovechas para cambiar otras 20 leyes que no tienen nada que ver con el título de la ley.

    De lo que dices de ajustar número de funcionarios.
    - El funcionario eventual, que son los que más cobran, puede ser despedido en cuanto el político de turno quiera. Pero es donde colocan a sus correligionarios, primos, esposas, hermanos, etc. La cosa se pone dura.
    - Teniendo en cuenta el número de interinos que hay, que llega a ser de hasta un 40% en los ayuntamientos, sería bastante fácil una reducción. Los pueden echar con solo amortizar plazas.
    - Aparte están las entidades públicas empresariales, que si no fuesen por el chollo que son para los políticos, sencillamente se disuelve la sociedad y se despide al personal.
    - Además están toda la enormidad de empresas que están realizando trabajos para la Administración, que los propios funcionarios podria hacer (pero si no hay concurso, no hay comisiones, difícil de quitar, entonces).

    ¿te parece bastante flexibilidad?

    Mi hermana es profesora de educación secundaria. Normalmente tenía unos 20 a 25 alumnos. Este año han amortizado plazas de profesorado, que antes se cubrian por interinos, y ahora tiene más de 30. Hay cosas que pasan, pero ya sabes que lo que no sale en la tele no existe.

  10. en respuesta a Picopaco
    #26
    30/11/10 02:54

    Si las instrucciones de un político son legales, no es cuestión, ya que el funcionario está sometido a la ley. Es en el momento en el que le solicita algo ilegal cuando aparece la ventaja del funcionario, cuando sabe que puede decir que no y no por ello le podrán echar.

    El horizonte temporal de un político es una legislatura. Puede crear un problema y que sea el siguiente político quien se lo tenga que comer. Si no es algo suficientemente gordo para que termine en los tribunales y sentenciado, puede estar tranquilo.
    Pero el funcionario tiene el horizonte de su jubilación, y aunque no sea enjuiciado, puede ser expedientado y puesto de patitas en la calle. Te repito, que parece que no te llega, que al funcionario se le puede echar, yo diría incluso que con más facilidad que al político. No hay mas que ver los casos de corrupción de políticos, y ¡ahí están tan ricamente!

    Como ves, no es que unos sean mejores que otros, es que juegan con reglas distintas.

    Respecto de los bonos de productividad, si pretendes que tengan un carácter modulador del comportamiento del personal, el elemento de justicia es fundamental. Si el personal no sabe que quien mas contribuya consigue más, y quien menos contribuya consigue menos, no tendrán reglas de comportamiento y lo verán como un premio aleatorio. Y si no saben las métricas por las que serán medidos, sino que son unos números mágicos que surgen a final de año de la chistera del prestidigitador, pues intentaran camelarse al prestidigitador, pero no harán, ni podrán hacer nada mas para que la cosa cambie. Ahora, si tu crees que por arte de magia la existencia de unos bonus arbitrarios va a contribuir en algo a la mejora, creo que estás en un error. No creo que nadie haga nada por adquirir unos números de una rifa que de todas formas le serán regalados.

    El político si tiene el poder: el de hacer las normas. ¿te parece poco poder? Pero suelen meter elementos discrecionales que finalmente terminan siendo arbitrarios. Si esa discrecionalidad al menos la aplicasen con publicidad, se podría ver y evaluar su aplicación, pero como el motivo es desconocido, estamos ante una aplicación opaca de la normativa, indistinguible de la arbitrariedad. Con la diferencia que no es su dinero el que regalan, sino el de todos.

    De lo que me cuenta mi mujer, solo conoce un sitio donde haya montado un buen sistema de productividad en la Administración del Estado: la Seguridad Social.
    A primeros de año se fijan los objetivos para todas las provincias. Semestralmente se hace un rankins y de la productividad asignada, los que la superen, según queden en el raking, pueden cobrar entre el 100% y el 200% de la productividad asignada. Quienes no llegan, cobran menos del 100%, pudiendo llegar hasta el 50% los que menos.
    Los objetivos se fijan según tiempo de tramitación de expedientes (y mas cosas) y dotación de personal, de forma que se considera la infradotación para corregir los objetivos.
    Esto ha hecho que mejoren mucho los tiempos de tramitación, consiguiendo tramitar una viudedad en menos de una semana.
    Llega incluso a haber piques entre provincias por estar mejor colocados en el ranking.

  11. en respuesta a Feinmann
    #25
    30/11/10 02:22

    Totalmente de acuerdo en que los funcionarios se supone que están aplicando la ley, y que la gran mayoría hacen su mejor esfuerzo (aunque cada excepción...). Y más de acuerdo aún en que las leyes que tenemos son una auténtica desgracia, que encarecen muchísimo cualquier tipo de proceso o gestión (y ahí va por delante mi admiración a muchos funcionarios que se conocen leyes absolutamente infumables, inundadas de rarísimos casos particulares, de pe a pa)

    Pero ¿qué pasaría si cambiamos las leyes para que hagan falta muchos menos funcionarios porque vemos que no es sostenible? (ejemplos sencillos serían automatizar un gran archivo, aumentar el número de alumnos por clase, incrementar el uso de ventanillas virtuales, o incluso, en casos de precariedad salvaje, dejar de prestar servicios habituales) ¿Qué hacemos con los que "sobran"? ¿Les pagamos el sueldo para siempre, hasta que demos suspensión de pagos? ¿Mantenemos a un montón de gente de brazos cruzados, mientras los que pagan esos sueldos se van desangrando? Si no hay un mecanismo para adelgazar, lo único que se puede hacer es engordar, (como puedes ver en las cifras del gasto en personal del comentario de ayer). Y la obesidad provoca muchísimas enfermedades, muchas mortales.

    Ahora, como "jefe" y pagador del cuerpo de políticos y funcionarios (no como parte interesada) ¿crees de veras que no debe haber ningún mecanismo para adelgazar la administración?.

  12. en respuesta a Comstar
    #24
    30/11/10 02:17

    Efectivamente, la cuestión didactica es fundamental: hasta ahora hemos enseñado a nuestros políticos que pueden hacer lo que quieran, sin tener consecuencias.

    Es fundamental que sus malas acciones tengan consecuencias negativas para ellos.

  13. en respuesta a Picopaco
    #23
    30/11/10 02:12

    Pues te diré lo que me cuenta mi mujer, que está realmente bien informada de estas cosas: en donde ella está (administación del estado), cada vez son menos y el sueldo es cada vez menos, pues normalmente es siempre el IPC estimado que suele ser sistemáticamente menor que el real, y no tienen clausula de revisión. Ota cuestión es el de los funcionaros eventuales, que son funcionarios sin oposición, libremente nombrados por el alto cargo de turno, y libremente cesados. Esos son los famosos asesores y personal de confianza de los ministros, secretarios de estado, etc. Esos si que han aumentado, y esos si que tienen buenos sueldos.
    Y ya se sabe, si tu y yo cobramos mil euros cada uno, y de pronto a mi me suben a 3000, las matematicas dicen que de media hemos doblado, aunque tu sigas ganando lo mismo.

  14. en respuesta a Feinmann
    #22
    30/11/10 02:03

    Al preguntar si el funcionario está más obligado por la ley o por el deseo de los políticos, estás dando por sentado que los deseos de los políticos son ilegales. Si ese es el caso, a la cárcel con ellos.

    No me fío más de un político que de un funcionario, ni viceversa. Creo que ambos tienen posibilidades de hacer las cosas mal o hacerlas bien. Pero al político, podemos echarlo entre todos si no nos gusta. Al funcionario, no. Es verdad que al funcionario podemos echarlo si es un capullo declarado. Pero si es simplemente vaguete, si es obstaculizador en un puesto clave, si lo que él sabía hacer ya no tiene utilidad, o si no es capaz de reciclarse, no podemos echarlo. No hace falta ser un ilegal absoluto que incumpla sus contratos para no ser útil. Al funcionario cumplidor y poco útil, no podemos echarlo. Al político honrado y poco útil, sí. Al funcionario inflitrado convenientemente por los políticos en algún momento de la historia para hacer política desde su puesto, tampoco. Sinceramente, no tengo muy claro que una cosa sea mejor que la otra para los que pagamos sus sueldos.

    En cualquier caso, los bonos de productividad nunca han sido un elemento para hacer justicia, sino para hacer que las cosas funcionen de la forma más eficaz y eficiente. Por eso, aun en el caso de que los criterios estén clarificados de antemano, siempre han tenido un elemento de arbitrariedad. Pero si esa arbitrariedad redunda en beneficio del servicio habrá cumplido su función. El objetivo no es ser justo (aunque muchas veces sirva para hacer justicia a los que más y mejor trabajan) sino mejorar el rendimiento global. Entiendo que a los funcionarios eso no les guste (al empleado casi nunca le gusta la visión de su jefe), pero a la hora de definir los parámetros a utilizar, como "jefe" de esta empresa, creo que lo que debe primar es el efecto sobre la eficacia y eficiencia del servicio, antes que la justicia del reparto (que no digo yo que tenga que ser injusto, sino que no debe ser el parámetro principal).

    Ten en cuenta que lo que planteas es también muy peligroso: montar las cosas de forma que el político (a quien le hemos dado el poder) realmente no tenga tal poder. Eso está influido por la lacra de políticos pésimos que vivimos últimamente, pero si surgiera un político excelente, ¡igual resulta que no puede conseguir sus honrados objetivos porque carece de poder! ... o porque va contra los intereses particulares del grupo que trabaja a sus órdenes. Antes que crear otro nuevo grupo difícil de controlar, prefiero controlar mejora a los que ya tenemos.

  15. en respuesta a Fercanarias
    #21
    30/11/10 01:50

    Imaginate como debe verlo un funcionario que pongan a alguien haciendo lo que antes hacia él, ¡y le paguen el doble!. Imagino que algo así como una patada en el bajo vientre.

    Por otra parte, los políticos las critican cuando están en la oposición, para hacer lo mismo cuando están en el poder. Por eso no van a desaparecer.

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