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Por lo general, es mucho más sencillo analizar en el largo plazo que en el corto plazo. Para el largo plazo tan sólo hay que analizar los efectos a largo plazo y comprobar la sostenibilidad o no de los distintos escenarios. Coloqué el otro día los post que puse en el pasado para concluir hace mucho tiempo que el camino que llevaba Grecia llevaba a la salida del euro, controles de capital, corralito, salida del euro y, posteriormente, hiperinflación. 

No se trata de que sea una buena opción (que evidentemente no lo es); ni tan siquiera de que sea la menos mala; se trata de que es  la única posible en la situación de Grecia y otros muchos países (sí, España también, por supuesto) en estas condiciones de la Unión Europea. Había que elegir entre una Europa de las naciones o una Europa de los ciudadanos y se eligió mal y aquí estamos. Posteriormente se fueron tomando toda una serie de decisiones dando patadas para adelante en un camino que es fácil de ver.

En el corto plazo las conclusiones son distintas. Es decir; es fácil ver que Grecia está fuera del euro (y que el euro no tiene futuro); pero ¿los acontecimientos tendrán lugar esta semana?. La diferencia está en el concepto “patada para adelante”. En todo momento son posibles soluciones que trasladen el problema para el futuro, agravando sus consecuencias,  hasta que llegue el momento en que el problema ha llegado a tal punto que es insostenible.

En todo caso, me gustaría reiterar lo que llevo diciendo. Desde el momento en que Samaras se negó a firmar el acuerdo que se le propone ahora a Syriza, convocó elecciones y nadie protestó (lo cual es un elemento diferenciador respecto a las actitudes que se estilan frente a lo de consultar al “populacho”), ya imaginaba que Grecia no iba a ceder porque, directamente, le iban a proponer lo inaceptable. Es decir, Ahora interesa que Grecia salga, por mucho vértigo que dé la situación.

El viernes por la noche Tsipras propuso el referéndum y yo he manifestado desde el primer momento que dudaba de que se fuese a realizar. Parecía bastante claro que se había activado el desenlace de toda esta historia.

Ahora tenemos convocado dicho referéndum en el que Grecia va a preguntar a los ciudadanos si se acepta la oferta de la troika (o como la llamen) o no. Todo el mundo parece olvidar que esta oferta se refiere a las condiciones para desbloquear el último tramo del segundo rescate. Cuando hablamos de que el 1 de julio de 2015 Grecia ya no estará en el programa de rescate, nos dicen que ya no podrá conseguir liquidez. En realidad el 1 de julio de 2015 Grecia podrá obtener la misma liquidez que la semana pasada; ¡ninguna!

La diferencia entre el 1 de julio y la semana pasada es que Grecia ya no tendrá derecho al desembolso pendiente del segundo rescate. Por lo tanto, la prórroga solicitada el sábado era clave en este punto. No tiene demasiado sentido que se pregunte si se aceptan las condiciones para cobrar el último tramo del segundo rescate, cuando el 5 de julio ya no podrían aceptar nada.

Desde luego, siempre se puede negociar el tercer rescate; de hecho, esto sería el paso siguiente en caso de que se hubiese firmado el otro día el acuerdo. Pero claro, esto significaría nuevas condiciones y volveríamos a estar en las mismas.

Por tanto, propongo que ahora analicemos los distintos escenarios que se nos pueden presentar a partir de hoy.

Comencemos por escenarios en el caso de que el referéndum no se celebrase:

En primer lugar, puede ocurrir que hoy por a la noche o por la mañana se llegue a un acuerdo, se desconvoque el referéndum y se firme. No habrá referéndum y pasaríamos a un escenario que explicaré después porque es similar a otro.

En segundo lugar, puede ocurrir que cualquier día de esta semana se desencadenen los acontecimientos, con la salida del euro de Grecia. Puede ser que el BCE corte la liquidez definitivamente o que las instituciones manifiesten que la oferta presentada se refería a un escenario que no se va a producir: el segundo rescate. Está claro que en este caso no habrá referéndum porque no tiene sentido. De hecho, es la opción más probable.

Pero puede ocurrir que el referéndum se celebre; y aquí se nos abren 4 posibilidades, en función de la combinación de dos preguntas: ¿gana el sí o el no?; la segunda pregunta dependería de la primera respuesta y sería más problemática porque a priori solo se puede contestar en el desenlace ¿se mantiene la oferta de la UE o no? Aunque se afirme que no se mantiene la oferta, todo el mundo asumirá que si Grecia dice "sí" se podría volver a negociar, aunque sea un error.

Evidentemente, si el resultado del referéndum es “no” parece bastante claro que Grecia sale de inmediato del euro, sea cual sea la actitud de la Unión Europea.

Queda un pequeño margen para mantenerse en el euro si la respuesta al referéndum es “sí” al acuerdo. Supondría el fin de Syriza y, aunque firmar la oferta que se discute ahora ya no tendría sentido, se podría seguir mareando la perdiz, con otro gobierno, para negociar el tercer rescate con otras condiciones. Parece increíble que alguien estuviese dispuesto a firmar, pero es posible.  En todo caso, si la Unión Europea da por finalizado el juego daría exactamente igual.

En este escenario tendríamos, por lo tanto, que abrir una nueva etapa en la que se trataría de cerrar un acuerdo con unas condiciones mayores (las que corresponderían al tercer rescate y las que corresponderían a las del segundo, que quedaron sin cumplir y que son las que se votan en referéndum). ¿Acabaría la incertidumbre en este caso?

Resulta que si tanto los Griegos dicen "sí" en el referéndum y Europa acepta, como en el caso de que el gobierno de Syriza y la Unión Europea lleguen a un acuerdo hoy, desconvocando el referéndum (la opción que me quedaba antes pendiente) estaríamos en el caso de otra patada para adelante. Es evidente que habría que comenzar inmediatamente las negociaciones de un tercer rescate con un gobierno completamente desconocido (es más que evidente que Syriza no podría seguir) en un entorno en el que las incertidumbres se incrementan de manera exponencial.

Nos queda una última posibilidad (que vengo temiendo en casi todos los post): en todo este proceso he hablado de “bajo estas circunstancias”. Es obvio que si las circunstancias cambian el análisis ha de cambiar. En este sentido el único cambio posible es literalmente cargarse la democracia en Grecia. Nadie que responda ante los ciudadanos en una democracia podría aceptar la patada para adelante. Ahora bien, tumbar el gobierno e introducir otra cosa, bien por la vía militar o bien mediante una tecnocracia puede alterar los resultados. En caso de que sea una tecnocracia puede mantener un tiempo breve a Grecia en el euro, pero el deterioro social y económico de las nuevas medidas difícilmente la harían sostenible. Además, el parlamento griego difícilmente aceptaría que otros tomasen el poder para tomar las medidas que ya no podría tomar Syriza ni ningún otro gobierno elegido por los griegos a través de las urnas.

A partir de aquí, sólo queda un escenario que prefiero no analizar. 

  1. #1
    01/07/15 01:11

    De economía sabes, de momento de política no y de historia tampoco.
    En primer lugar, los referéndum se convocan para ganarlos, Franco los convocaba y era un dictador. Todo depende de la redacción de la pregunta y de la propaganda. Y quien controla el Estado es Tsipras y por tanto, con las subvenciones y la publicidad controla la respuesta. Dicho de otra manera, el referéndum no es un instrumento que indique que hay democracia. Como no sabes que es la democracia, pues tú no eres capaz de entenderlo.
    En este país de ignorantes se cree que las primarias son democracia, pero no lo son. Se cree que las listas abiertas son democracia y no lo son.
    No hay democracia en Grecia, sino una oligarquía, pero tú eres incapaz de entenderlo.
    Si Tsipras fuera algo honrado dimitiría, convocaría nuevas elecciones y a un nuevo gobierno griego le tocaría renegociar con la UE. Es Tsipras quien decide sacrificar a Grecia no la UE. Es Tsipras quien dinamita las negociaciones porqué es incapaz de asumir que no puede doblegar a la UE. Como Pablo Iglesias y Primo de Rivera y Ramiro Ledesma quiere tomar el cielo por asalto, tomar y mantener el poder al coste que sea y si para ello debe sacrificar al pueblo griego; el pueblo griego será sacrificado.
    Los conservadores como vosotros los enemigos de la libertad política, los partidócratas, los totalitarios, no entendéis nada porqué observais la realidad bajo vuestros prejuicios ideológicos.
    De hecho, no entendéis lo que he escrito en este post. Pero quiero que quede constancia en este texto que no todos somos partidócratas. Algunos luchamos contra vosotros para conseguir que algún día llegue a España la libertad política y con ella la democracia.

    La libertad política es aquella que permite a los gobernados elegir y deponer a sus gobernantes. Es fácil caer en el error de considerar la libertad política como una consecuencia natural de las libertades civiles (como la libertad de expresión, de asociación, etc.) e identificarla con el derecho al voto. Nada más lejos de la realidad. La libertad política presupone la existencia de libertades civiles, pero no a la inversa: la existencia de libertades civiles no garantiza la libertad política. Para asegurar la existencia y permanencia de la libertad política en una verdadera democracia, los mecanismos necesarios deben estar incorporados a las reglas recogidas en la constitución (separación de poderes y representatividad)

    La separación de poderes como garantía del sistema democrático ya fue planteada por Locke y Montesquieu. Se trata del problema constitucional más clásico. Consiste en asegurar la separación entre el poder legislativo y el ejecutivo, y mantener la independencia respecto a ambos del poder judicial. De este modo, se confía la vigilancia de los tres poderes entre ellos mismos. Cada uno vigilará y controlará los excesos de los otros para impedir, por propia ambición, que alguno de ellos predomine sobre los demás. Ésta es la base del sistema presidencialista de gobierno. La independencia del poder judicial se consigue por la elección de los órganos pertinentes por y entre los jueces. La independencia de los poderes ejecutivo y legislativo se consigue por medio de elecciones separadas para ambos, sin la utilización de listas de partido (abiertas o cerradas) y con candidaturas uninominales por distritos.

    Con la representatividad se trata de reproducir a la sociedad civil en el parlamento por medio de los representantes que ésta elige. Su ausencia impide a los electores controlar a sus representantes políticos. Cuando no existe representación, como en el Estado de Partidos, los electores desconocen a sus representantes, y por tanto no pueden exigirles responsabilidades. Si no hay representación política de los electores por medio de sus diputados personales, tampoco existe control político del poder, y por consiguiente, no hay libertad política. La representatividad se consigue por medio de sistemas de gobierno y electorales que garanticen la relación: una persona, un voto. Por tanto, ni el sistema parlamentario ni las leyes electorales proporcionales (como las basadas en la regla de Hondt) son representativos. Sólo el sistema presidencialista y leyes electorales basadas en candidaturas uninominales por distritos garantizan la representatividad de la sociedad civil.

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