De golpes de estado, elecciones y otras cositas de la democracia new age.

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En Galicia y en el País Vasco estamos convocados a elecciones el 21 de octubre de este año. Y resulta que otra vez nos tenemos que plantear a quién votar. El caso de Galicia, es un poco curioso, ya que a pesar de que se había negado el adelanto electoral por activa y por pasiva, al final nos lo hemos encontrado con toda una serie de explicaciones por parte del partido popular, que son cuando menos curioso.

El primer argumento es que no se trata de un adelanto electoral, ya que la legislatura acababa en primavera de 2013, lo que nos llevaría a considerar que octubre no es un adelanto electoral. Lo curioso es que este argumento parece que difiere ligeramente de lo que se decía el año pasado por estas fechas, cuando según el partido popular sí que existía un adelanto electoral de las nacionales, porque la legislatura de Zapatero acababa en marzo de 2012 pero fue anticipada a noviembre.

El segundo argumento es que de esta forma se ahorra, al coincidir con las elecciones Vascas. Lo curioso es que no se sabe muy bien en qué. O es que ¿vamos a aprovechar las papeletas?, ¿se van a reducir los presupuestos de algo por la coincidencia?. ¿los miembros de las mesas cobran menos?....

Y a falta de dos, nos ponen un tercer argumento que es el de la elaboración de los presupuestos. Según Feijoo el adelanto electoral permitirá que el nuevo gobierno comience con sus presupuestos. Este argumento no deja de ser curioso, ya que otra de las críticas que escuchábamos hace un año era precisamente que la convocatoria de elecciones iba a dejar el país sin presupuesto hasta bien avanzado 2012. Es decir, el argumento del presupuesto no es demasiado consistente, ya que el adelanto electoral lo que provoca es que no se puedan elaborar y aprobar los presupuestos hasta bien entrado 2013, (como este año hemos podido comprobar).

Dado que los tres argumentos, tienen escasa o nula consistencia, habría que saber los motivos de tal adelanto, y en realidad es tan sencillo adivinarlo que no se suele discutir. En el adelanto electoral está muy presente un rescate que se está intentando retrasar hasta esta fecha y unas medidas económicas que se saben impopulares. En definitiva, lo que está ocurriendo es que se adelantan unas elecciones para que la sociedad vote antes de unas medidas que no quiera, y para que de esta forma las elecciones no molesten y evitar que pasase lo que también ha ocurrido este año, donde todas las medidas “que no se iban a tomar” se retrasaron hasta las elecciones andaluzas.

Lo peor de todo, es que hemos llegado a una situación en la que nos encontramos con una situación en la que se mentirá o se ocultarán las intenciones del gobierno de una forma descarada, para a partir del día de las elecciones, tomar unas medidas que supondrían un grave problema electoral para el Partido Popular. No se entienda mal, me importa tres rábanos el Partido Popular, pero no el hecho de que se asuma como normal el hecho de que nos mientan, nos engañen y que se tomen unas decisiones a conciencia de que no son las que los ciudadanos quieren, (si creyesen que es lo que queremos, ¿para qué ocultarlas?.), es de una perversión extrema.

En el camino la situación, tanto política, como social, como económica sigue deteriorándose, de tal forma que cada día que pasa, crece la indignación, (en muchas ocasiones oculta, casi siempre desorganizada y desde luego siempre ignorada), contra unas medidas que están destrozando todos los conceptos básicos de la democracia, de la información y de un sistema económico. Y sobre todo en un entorno en el que ya todo el mundo comienza a entender que los intereses de los ciudadanos, son lo último que importan y que realmente, (por lo menos en mi caso y en todos mis conocidos), no tenemos ninguna opción clara para tratar de cambiar las cosas o intentar hacer cualquier cosa con un mínimo de posibilidad de éxito para tratar de cambiar el rumbo de los acontecimientos.

En este sentido para septiembre hay planteadas dos iniciativas, que pasan por marchas a Madrid. Por un lado tenemos la marcha de los sindicatos, que está teniendo un mínimo de publicidad, (desde luego no demasiada), que se va a realizar el 15 de septiembre y por otro lado tenemos la iniciativa para tomar el congreso el 25-S, que ha sido casi completamente ignorada por los medios y políticos. Lo irónico de este caso es que el único comentario que se ha producido al respecto ha sido la calificación de “golpe de estado”, sorprende tanto la coincidencia en la definición, como la hipocresía de tal definición de una respuesta que se plantea para tratar de recuperar la soberanía popular.  Esto no es un golpe de estado, ni se le parece, ya que por lo menos por las noticias que tengo yo, la realidad es que no hay un grupo de personas que traten de conseguir el poder en contra de los deseos del pueblo.

Si alguien está intentando o realizando golpes de estado son los partidos políticos que han asumido completamente normal, un esquema de funcionamiento de unas instituciones que en puro sentido orwelliano tienen que llevar siempre el apellido democráticas para tratar de convencer de una fabula que ya nadie se cree. Si alguien está intentando un golpe de estado es aquel que se apunta a las manifestaciones que le conviene cuando no está en el poder, (normalmente por temas con marcado carácter ideológico), pero que demoniza las demás.

Y por lo que respecta a nosotros, ya puede ir aclarándose un poco todo el mundo. Por un lado se achaca que no nos movilicemos, participemos y exijamos, y por otro lado resulta que se rechazan las movilizaciones por inoportunas, por los mercados y porque no hay otra opción. Yo lo tengo claro, las movilizaciones son necesarias, aunque difíciles, lentas y manifiestamente imperfectas y tan sólo me queda definir el detalle de violentas sí o violentas no.

Evidentemente la violencia es algo más que un matiz, y tiene un doble cariz. En mi opinión (y creo que en la de la inmensa mayoría), la violencia es claramente contraproducente incluso desde el punto de vista táctico. Aparte de quitar razones y no llevar a ningún lado, la violencia significa entrar en un juego en el que el poder actual tiene toda la ventaja. Creo que así lo entiende la inmensa mayoría de la sociedad y por esto precisamente se está calificando de violentas las actuaciones, (mediante insinuaciones, enfoques y rumores sobre que al congreso se va a llevar gasolina). ¡Nada hay mejor para evitar el apoyo popular que la insinuación de que va a existir violencia!, lo cual sólo tiene sentido en la creencia de que la inmensa mayoría de la sociedad está de acuerdo con las movilizaciones pero no con la violencia.

Por supuesto, como toda insinuación, parte de una realidad incontestable. Los violentos existen, existirán, y lo peor del caso es que cada vez serán más, porque la desesperación y la falta de “cosas que perder” empujan a que las decisiones sean las que sean y desde luego no ayuda a comportamientos inteligentes. Pero, por mucho que se trate de enfocar sobre aquellos puntos o aspectos que más llamen la atención, (los acontecimientos violentos son muy llamativos y además recibirán todos los focos), lo que nunca se debe perder de vista es que la inmensa mayoría de la sociedad, lo que quiere es resolver lo que entiende un problema y de una determinada forma.

Por lo tanto yo animo a todo el mundo a expresarse, movilizarse y defendernos de un ataque sin precedentes, a luchar por nuestra soberanía y entendiendo que luchar es movilizarse, o luchar es escribir estos post, o repartir panfletos, o tantas cosas que están haciendo tanta gente. Y si alguien tiene la tentación de sacar gasolina o guillotinas, pues ¡a explicar que las ganas y la desesperación nos hacen tomar decisiones completamente idiotas y que jamás se podrán acabar con los abusos sustituyéndolos por otros!.

Recordemos que al igual que las guerras son el fracaso de la diplomacia, situaciones violentas serán el resultado de un fracaso de todos, de los políticos y de mucha gente.

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