Hace unos días estaba en un chat room con mi profesor de trading diario cuando la conversación dio un giro hacia un tema que considero mucho más importante que cualquier estrategia de inversión: la educación financiera.
Mientras hablábamos, contó algo que me llamó mucho la atención. Hace años, en Estados Unidos, era habitual que en muchos campus universitarios hubiera stands ofreciendo tarjetas de crédito a jóvenes de apenas 18 años. Hoy las reglas han cambiado bastante, pero la reflexión seguía siendo válida.
Nos entregaban acceso al crédito antes de enseñarnos a administrar el dinero.
Y creo que ese problema no es exclusivo de Estados Unidos.
Tampoco de Venezuela.
Ni de España.
Es mucho más amplio.
Nos enseñan a trabajar, pero no a administrar el resultado de nuestro trabajo
Piénsalo un momento.
Pasamos más de una década en la escuela.
Después llegan la universidad o la formación profesional.
Aprendemos matemáticas, historia, literatura, ciencias...
Pero muy pocos recibimos educación sobre preguntas tan básicas como estas:
- ¿Cuál es la diferencia entre un crédito de consumo y un crédito productivo?
- ¿Qué ocurre cuando pagas únicamente el mínimo de la tarjeta de crédito?
- ¿Qué es realmente invertir?
- ¿Cómo se hace un presupuesto?
- ¿Por qué es importante que sobre dinero al final del mes?
- ¿Qué tipos de ahorro existen?
- ¿Cómo afectan los tipos de interés a nuestra vida?
- ¿Qué es la inflación y cómo reduce nuestro poder adquisitivo?
- ¿Qué diferencia existe entre un activo financiero y un activo real?
La realidad es que muchos llegamos a la vida adulta sin haber respondido nunca estas preguntas.
Y entonces ocurre algo curioso.
Nuestra fuente de información termina siendo el gurú financiero que mejor vende su discurso o el influencer del momento.
No porque necesariamente tengan malas intenciones.
Sino porque nosotros todavía no hemos desarrollado el criterio suficiente para distinguir unas ideas de otras.
Sin criterio es más fácil que otros decidan por nosotros
Cuando desconocemos cómo funciona el dinero, también nos cuesta entender muchas de las decisiones que afectan nuestra vida cotidiana.
Escuchamos hablar de inflación, déficit, tipos de interés, deuda pública o ciclos económicos como si fueran asuntos reservados para economistas.
Pero esas decisiones terminan afectando el precio de nuestra vivienda, de nuestra comida, del crédito que pagamos o de nuestra capacidad para ahorrar.
Y aquí aparece algo que considero importante.
No se trata de convertirnos todos en expertos en macroeconomía.
Se trata de comprender lo suficiente para tomar mejores decisiones sobre nuestra propia vida.
Porque cuando no entendemos cómo funciona el dinero, otros terminan decidiendo por nosotros.
El principio que cambió mi forma de ver el dinero
Entre todas las ideas que he aprendido durante estos años hay una que considero el inicio de la madurez financiera.
Págate a ti primero.
La primera vez que escuché este principio pensé que sonaba demasiado simple.
Pero precisamente ahí está su poder.
Antes de pagar todas las facturas.
Antes de gastar en otras cosas.
Antes de que el dinero desaparezca.
Reserva una parte para ti.
Ese dinero representa una parte de tu trabajo.
De tu tiempo.
De tu esfuerzo.
Y merece tener un destino diferente.
No significa dejar de cumplir con tus responsabilidades.
Significa reconocer que también tienes una responsabilidad contigo mismo.
¿Qué significa realmente pagarte primero?
Muchas personas interpretan este principio como ahorrar lo que sobra.
Yo creo que funciona al revés.
Primero decides cuánto vas a reservar.
Y después organizas el resto.
Ese dinero puede tener distintos destinos:
- construir un fondo de emergencia;
- ahorrar para una vivienda;
- invertir para el futuro;
- prepararte para la jubilación;
- crear un margen de maniobra cuando la vida cambie.
Porque eso es precisamente lo que estás construyendo:
margen.
Y pocas cosas dan más tranquilidad financiera que tener margen para decidir.
La verdadera independencia empieza aquí
Durante muchos años pensé que la independencia financiera era una cifra.
Hoy creo que también es una capacidad.
La capacidad de decir:
"Este trabajo ya no representa mis valores."
"Necesito cambiar de rumbo."
"Quiero dedicar tiempo a mi familia."
"Necesito pensar antes de tomar la siguiente decisión."
Todo eso resulta mucho más difícil cuando vivimos completamente al límite.
Cuando todo lo que entra sale inmediatamente para pagar facturas.
Si cada euro que ganas ya tiene dueño antes de llegar a tu cuenta, es probable que todavía no estés trabajando realmente para ti.
Estás sosteniendo obligaciones.
Y por eso creo que pagarte primero no es únicamente una estrategia de ahorro.
Es un acto de libertad.
Tu margen también es tu libertad
Una de las cosas que más he repetido en esta serie de artículos es que la libertad no aparece de un día para otro.
Se construye.
Y muchas veces empieza con algo aparentemente pequeño.
Conseguir que al final del mes exista un excedente.
Protegerlo.
Administrarlo.
Y dejar que, poco a poco, empiece a trabajar contigo y no solamente para pagar las obligaciones del presente.
Porque ese margen te da tiempo.
Te da opciones.
Te da tranquilidad.
Y, sobre todo, te acerca a una vida donde el dinero deja de controlar todas tus decisiones.
Una pregunta para terminar
Hoy quiero dejarte una pregunta muy sencilla.
Cuando recibes tu ingreso mensual...
¿Eres el primero en recibir una parte de ese dinero o eres siempre el último?
Quizá ahí comience una de las decisiones financieras más importantes de toda tu vida.
Porque pagarte primero no significa quitarle dinero a los demás.
Significa empezar, por fin, a construir una parte de tu futuro con el resultado de tu propio trabajo.