Del trigo a los fertilizantes: ¿cómo se invierte realmente en agricultura?
Blog Sergio Valverde
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Del trigo a los fertilizantes: ¿cómo se invierte realmente en agricultura?
Los precios mundiales de los alimentos han vuelto al primer plano.El índice de precios de los alimentos de la FAO alcanzó en julio los 131,1 puntos, su nivel más alto desde enero de 2023. Los cereales subieron un 3,4% durante el mes, el trigo un 5,8%, el azúcar un 5,6% y los aceites vegetales un...
Los precios mundiales de los alimentos han vuelto al primer plano.
El índice de precios de los alimentos de la FAO alcanzó en julio los 131,1 puntos, su nivel más alto desde enero de 2023. Los cereales subieron un 3,4% durante el mes, el trigo un 5,8%, el azúcar un 5,6% y los aceites vegetales un 2%.
Las causas combinan problemas meteorológicos, riesgos sobre determinadas cosechas, interrupciones relacionadas con el mar Negro y costes vinculados a la energía y los fertilizantes.
Sin embargo, hay un dato que ayuda a poner las cifras en perspectiva: pese a encontrarse en máximos de más de tres años, el índice general continúa un 18,2% por debajo del máximo de marzo de 2022.
Por eso, utilizar esta subida como argumento para invertir ahora en agricultura sería demasiado sencillo.
La cuestión que me parece realmente interesante es otra:
¿Puede existir una tesis de inversión agrícola a largo plazo independientemente de lo que haga el precio del trigo durante los próximos meses?
Para responder hay que empezar aclarando algo que muchas veces pasamos por alto.
Agricultura no es una única inversión
Si pensamos en invertir en agricultura, probablemente lo primero que nos venga a la cabeza sean materias primas como trigo, maíz, soja, azúcar o café.
Pero el alimento que finalmente compramos es el último eslabón de una cadena económica mucho más amplia.
Para producirlo necesitamos tierra y agua, semillas, fertilizantes, energía, maquinaria, tecnología, almacenamiento, transporte, transformación y distribución.
Por tanto, cuando hablamos de una posible tesis agrícola podemos estar hablando de inversiones completamente diferentes:
materias primas agrícolas;
productores;
semillas y protección de cultivos;
fertilizantes;
fabricantes de maquinaria;
agricultura de precisión y tecnología;
almacenamiento e infraestructuras;
transformación y distribución alimentaria.
Y esto cambia por completo el análisis.
Una empresa de maquinaria agrícola puede beneficiarse de un determinado ciclo de inversión sin necesidad de que el trigo continúe subiendo.
Un fabricante de fertilizantes dependerá de variables diferentes.
Un productor agrícola estará expuesto a sus cosechas, costes y precios de venta.
Y una inversión directamente vinculada a una materia prima tendrá otra dinámica completamente distinta.
Por eso, antes de preguntarnos si creemos en la agricultura como inversión, deberíamos plantearnos algo más concreto:
¿En qué parte de la cadena queremos invertir?
¿Existe realmente una tesis de largo plazo?
La subida actual de los alimentos no es suficiente para responder afirmativamente.
Una tesis de inversión de diez o quince años no puede construirse sobre lo ocurrido durante un mes.
Los argumentos estructurales son otros.
La alimentación responde a una necesidad básica y permanente, mientras que su producción depende de una combinación compleja de tierra, agua, energía, fertilizantes, tecnología y condiciones climáticas.
Además, el comercio agrícola tiene una dimensión geopolítica considerable. Los acontecimientos del mar Negro son un ejemplo de cómo una alteración localizada en determinadas regiones productoras puede terminar repercutiendo sobre los precios internacionales.
Todo ello puede crear oportunidades para diferentes compañías de la cadena agrícola.
Pero también genera riesgos.
Que necesitemos producir alimentos durante las próximas décadas no significa que todas las empresas agrícolas vayan a ser buenas inversiones.
Es la misma diferencia que existe entre afirmar que la inteligencia artificial tiene un enorme futuro y concluir que cualquier empresa relacionada con IA merece estar en nuestra cartera.
Una buena megatendencia puede esconder malas inversiones.
Que los alimentos suban no significa que todas las empresas agrícolas ganen
Este matiz es especialmente importante.
Podemos pensar intuitivamente que una subida de los precios agrícolas beneficia a cualquier compañía relacionada con el sector, cuando la realidad puede ser bastante más compleja.
El mismo movimiento puede producir efectos diferentes dependiendo de dónde esté situada una empresa dentro de la cadena.
Para una compañía, una determinada materia prima puede representar mayores ingresos. Para otra puede convertirse en un coste.
También intervienen energía, salarios, transporte, deuda, capacidad productiva, márgenes y posibilidad de trasladar los incrementos de costes al siguiente eslabón.
Por eso hay que diferenciar entre la tesis macroeconómica y la inversión concreta.
Podemos acertar pensando que producir alimentos será cada vez más estratégico y equivocarnos seleccionando la compañía, fondo o segmento mediante el que queremos participar.
Agricultura, oro, uranio y tierras raras
Hay otra cuestión que considero interesante al construir una cartera.
Habitualmente agrupamos oro, uranio, metales estratégicos o agricultura dentro del enorme cajón de las materias primas.
Sin embargo, las razones para invertir en cada uno pueden ser muy diferentes.
El oro y otros metales preciosos pueden analizarse por su posible papel como reserva de valor y diversificador frente a determinados escenarios monetarios y geopolíticos.
El uranio responde fundamentalmente a una tesis energética, ligada al desarrollo nuclear y a la evolución de su oferta y demanda.
Las tierras raras y otros metales estratégicos están vinculados con tecnología, electrificación, industria y seguridad de las cadenas de suministro.
La agricultura parte de una necesidad básica y permanente, pero condicionada por tierra, agua, energía, fertilizantes, clima, tecnología y geopolítica.
Por eso no considero especialmente útil plantear una decisión de inversión partiendo simplemente de la idea de que "me gustan las materias primas".
Sería agrupar bajo una misma etiqueta activos cuyos motores económicos pueden ser muy diferentes.
Lo importante es preguntarnos qué tesis estamos comprando y qué función queremos que desempeñe dentro de la cartera.
Para un empresario hay una variable adicional
En el caso de un empresario, además, la cartera financiera no debería analizarse de forma aislada.
Su principal inversión probablemente ya existe antes de comprar el primer fondo: su propio negocio.
El negocio puede ser simultáneamente su principal fuente de ingresos, una parte importante de su patrimonio y el activo que espera monetizar algún día para financiar parte de su jubilación.
Esto hace especialmente importante analizar qué riesgos estamos añadiendo al patrimonio cuando construimos la cartera financiera.
Un empresario cuyo negocio esté muy relacionado con un determinado ciclo económico puede necesitar una cartera diferente de otro cuyo patrimonio y fuente de ingresos tengan características completamente distintas.
Incluso dos personas con exactamente los mismos 100.000 euros invertidos pueden necesitar estrategias diferentes si el resto de su patrimonio no se parece en nada.
Por eso diversificar no consiste simplemente en aumentar el número de fondos.
¿Qué debería preguntarse un inversor antes de incorporar agricultura?
Supongamos que después de estudiar la cuestión consideramos que existen argumentos suficientes para querer mantener exposición agrícola durante los próximos diez o quince años.
Todavía no hemos terminado el trabajo.
Deberíamos responder, al menos, a varias preguntas:
¿Qué tesis concreta estoy comprando?
¿Quiero exposición a materias primas o a empresas?
Si son empresas, ¿en qué parte de la cadena quiero invertir?
¿Qué riesgos determinan sus resultados?
¿Qué porcentaje de mi cartera quiero destinar?
¿Qué relación tiene esta inversión con las demás posiciones que ya tengo?
¿Estoy preparado para mantenerla si atraviesa varios años de malos resultados?
Esta última pregunta es particularmente importante.
Hablar de largo plazo cuando una inversión está funcionando bien resulta sencillo.
Mantener una tesis cuando el mercado lleva tres años contradiciéndonos es bastante más difícil.
No se trata de acertar el próximo precio del trigo
La noticia actual de los alimentos puede servir para volver a poner la agricultura sobre la mesa.
Pero no debería ser el motivo para invertir.
Dentro de seis meses el trigo podría estar más caro o más barato. El índice de la FAO podría continuar subiendo o retroceder nuevamente.
Una tesis estructural no debería depender de acertar ese movimiento.
Lo verdaderamente interesante es analizar si detrás de la necesidad mundial de producir alimentos existen determinados negocios, recursos o tecnologías a los que queramos estar expuestos durante muchos años.
Después tendremos que decidir mediante qué inversión hacerlo y qué peso concederle.
Y esta forma de pensar no sirve únicamente para la agricultura.
Sirve para cualquier inversión temática.
Primero entendemos la tesis. Después elegimos el vehículo. Finalmente decidimos qué papel y qué peso tendrá dentro de la cartera.
Porque invertir a largo plazo no consiste en descubrir qué va a subir el próximo año.
Consiste en saber qué tenemos, por qué lo tenemos y qué esperamos que aporte al conjunto de nuestro patrimonio.
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