Renglones torcidos

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El Ministro estaba preocupado. Salía de la reunión con multitud de datos en la cabeza, y practicamente todos malos. La inflación estaba desbocada, la productividad se hundía, el paro asomaba las orejas, el ahorro, ay el ahorro, era mejor no mentar la tasa del mismo. Pero quizás una de las cifras más preocupantes era el de la Balanza de Pagos, especialmente la referida a la Balanza Comercial. Los números eran demoledores. El país tenía el dudoso honor de situarse a la cabeza , a nivel mundial, de los países con mayor déficit de la la balanza comercial en relación con su PIB. Y la oposición sacudiendo.

Las medidas a su alcance eran escasas, dolorosas, y con un impacto en el medio y largo plazo. Y como todos sabemos, el largo plazo no es un horizonte que un político contemple. Un hombre de Estado si, un político no. Sabia que, la depreciación de la divisa por los mercado sería inevitable, y que colocaría al país ante su cruda realidad. Pero los mercados todavía apostaban por una recuperación económica, que el con los datos en la mano veía imposible. Los fuertes tipos de interés y esa apariencia de estabilidad económica, atraían golosos capitales del exterior que ayudaban a sostener la divisa.

Tampoco el proteccionismo era una opción. Aún siendo consciente de lo negativo del mismo, no le hubiese importado recurrir a él, coyunturlemente, con el ánimo de sostener el mercado mientras consensuaba soluciones. Estaba la adhesión a los acuerdos de libre comercio a nivel mundial suscritos sectorialmente, que limitaban las políticas arancelarias. Y además estaría la triste imagen de un país que debe blindarse ante la competencia exterior. Los medios y la oposición le harían trizas.

Cuando llegó al despacho se encontró con una llamada del Presidente, que era consciente de la situación. Tan consciente que le puso en un atolladero. Necesitaba, en un plazo corto, en menos de seis meses ofrecer algún cambio radical a la opinión pública. Un cambio que demostrase a la opinión pública que, los augurios de la oposición eran falsos. El encargo era claro. Y el coste de fracasar también. Su puesto.

En esas andaba el Ministro cuando el Secretario de Hacienda solicitó ser recibido. Le hizo pasar y vio la sonrisa dibujada en su rostro. Alguien era portador de buenas noticias.

- Sr. Ministro, parece solucionado. Acabo de venir de la mesa de negociaciones con los sindicatos del personal adscrito al Servicio Aduanero. Aunque ha sido duro, he encontrado una posición constructiva de su parte. El marco de negociación que habíamos fijado no ha sido rebasado, incluso nos hemos quedado muy por debajo de nuestras peores expectativas. El acuerdo esta hecho, flecos incluidos. Hemos desactivado la amenaza de una huelga en nuestras Aduanas. Únicamente esperan una llamada de su parte, confirmando los puntos acordados, por mera cortesía y para fijar una fecha formal de firma.

El Ministro miro a los ojos al Secretario durante un momento. Un momento eterno, al menos para éste. Acto seguido, sin dirigirse a él, impasible, pidió que le pusiesen en contacto con líder sindical de la mesa negociadora, a quien conocía bien de sus tiempos universitarios y de mil un peleas políticas.

- Buenos días Máximo, soy Alfredo. Voy a a ir al grano. Acabo de hablar con el Secretario de Hacienda. Y te lo digo a la cara. Me parece inaceptable. Esta desautorizado. ¿Quién os habéis creído que sois? Voy a acabar con vuestros privilegios, casta burocrática. La opinión pública sabrá de vosotros. Ya hablaremos.

Una vez colgó el teléfono, dirigió una sonrisa picara al Secretario de Hacienda. O a lo quedaba de él después de que el riego sanguíneo se hubiese detenido, como demostraba su lividez cadavérica.

EPÍLOGO

Seis meses después, y tras una huelga salvaje de los aduaneros, la balanza comercial daba muestras de una clara mejora. Ciertamente hubo que disculparse con los socios comerciales extranjeros que se quejaban amargamente de como sus mercancías se quedaban bloqueadas en las fronteras. Pero el sector interior lo agradecía, libre de la brutal competencia. Ciertamente, los desequilibrios latentes continuaban, incluso se había acentuado la inflación al disminuir la competencia, pero el Ministro tenia al menos una buen dato de paro y de balanza comercial.

Este round lo había ganado. A ver como salía del siguiente, pensaba mientras firmaba con Máximo el acuerdo que ponía fin a la Huelga.
  1. #2
    17/04/08 20:34

    Se te entiende todo. Y que decir de los medios, nada inocentes..

  2. #1
    16/04/08 20:04

    Después de casi dos meses ignorados por los medios de comunicación, los huelguistas comienzan a acumular minutos en los medios de comunicación, al mismo tiempo que se observa como se acumulan montañas de papeles en los juzgados.

    Casualmente otra serie de espeluznantes acontecimientos paralelos ponen al descubierto las vergüenzas del gobierno cesante y de sus prececesores y comienza a cundir el pánico. Si se pone de moda hurgar y sacar a la luz la interminable colección de desaguisados justicieros, puede que más de uno lo pase bastante mal.

    De repente un conflicto ignorado alcanza una rápida solución.

    Los negociantes traidores salen escoltados por la policía.

    La sesión de investidura trancurre sin el menor incidente. Todo es felicidad.

    Y el OXUPA DEL ÁTICO recibe su premio. Al fin podrá disfrutar de su modesta reforma. La de reformas como ésta que podrá hacer en los próximos cuatro años.

    La historia siempre se repite.

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