Hay vida más allá de la financiación bancaria...

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A pesar de que la desconfianza de los bancos a la hora de prestar dinero ha disminuido en los
últimos meses, como prueba la relajación del Euribor a seis meses, que ha caído desde su
máximo de 5,448% el 9 de octubre de 2008 hasta el 1,22% actual, todavía existen muchas
limitaciones para las compañías a la hora de acceder a la financiación bancaria, especialmente
las PYME, que representan la mayor parte del tejido industrial español. Esto limita
considerablemente las posibilidades de crecimiento de las empresas nacionales, y las
inversiones necesarias para mejorar la productividad en los próximos años, una de las
necesidades más acuciantes de nuestro país.

Sin embargo, existen otras formas de financiación alternativas que, en función de la etapa de
crecimiento en la que se encuentre la compañía y con independencia de los instrumentos que
ayuden a financiar el día a día de la empresa (leasing, factoring,..), pueden utilizarse. Éstas
quedan resumidas en el siguiente gráfico:


Una de las formas más comunes de financiar la actividad de una compañía que acaba de
empezar, comenzando a llevar a cabo las primeras acciones de comercialización, es a través
de lo que se conoce como 3F’s (“friends, family and fools”). Estas personas aportan fondos de
una manera poco profesional, al estar movidos por circunstancias personales, teniendo por
objetivo obtener la inversión que han realizado pero sin grandes plusvalías.

Adicionalmente, durante los últimos años han aparecido una serie de alternativas de
financiación, muy desarrolladas en los países anglosajones pero que todavía tienen poco
desarrollo en España. La primera de ellas son las redes de business angels, inversores
individuales que aportan capital, así como conocimientos técnicos y red de contactos
personales, y que suelen interesarse por aquellos proyectos en los que tienen experiencia.
Este grupo de inversores se convierte en socio de la compañía, aunque con una participación
minoritaria, sin capacidad de decisión. La segunda alternativa son los fondos de capital riesgo,
que suelen entrar en el capital de la compañía con una participación también minoritaria y un
horizonte temporal entre cinco y diez años, transcurrido el cual pretenden vender sus
participaciones obteniendo una plusvalía importante. El tipo de proyectos en los que invierten
tiene mayores necesidades de capital que los proyectos de los business angels. La tercera vía
son los préstamos participativos, que son una figura híbrida entre los recursos propios y
ajenos. Por una parte, son considerados como fondos propios, con lo que en caso de que la
compañía vaya mal, atrasan el momento de reconocimiento de la quiebra. Pero a la vez tienen
la consideración de deuda subordinada, con lo que en caso de liquidación cobran detrás de los
acreedores comunes.

Al margen de las fórmulas anteriores que se pueden englobar dentro de una categoría global:
financiación en capital, las compañías pueden recibir ayudas públicas por parte de la
Administración. Sin embargo, el hecho de que su otorgamiento sea completamente
discrecional, estén sujetas a la existencia de presupuesto suficiente por parte de la
Administración y que se cobren mucho después de ser otorgadas, las convierte en poco
apropiables para financiar un proyecto, siendo su uso completamente residual.

Por último, existe la opción de acudir a financiación a través de deuda, con los costes
financieros que esto implica pero sin dar entrada en el capital a ningún accionista adicional. En
este caso, es muy importante tener claro qué es lo que se va a financiar y durante cuanto
tiempo. Dentro de este tipo de financiación se encuentran los créditos, los préstamos y los
microcréditos (que satisfacen necesidades de colectivos sin recursos).

Una vez que las empresas ya se han establecido en el mercado, cumplen con unos ciertos
requisitos de capital, y pretenden entrar en fase de crecimiento, tienen como opción para
financiar su expansión salir a cotizar a bolsa. Esto, además de financiación, les reporta una
serie de ventajas como publicidad, transparencia, acceso de forma fácil a la comunidad de
inversores,.. Pero no cualquier compañía puede hacerlo, debiendo cumplir con una serie de
requisitos que resumimos en los siguientes puntos:

• Capital mínimo: 1.202.025 €
• Obtención de beneficios en los dos últimos ejercicios o, en tres no consecutivos de los
últimos cinco años, suficientes para poder repartir un dividendo de al menos un 6%
del capital desembolsado, lo que no significa que los haya tenido que pagar.
• Accionariado: deben existir 100 accionistas mínimos con una participación individual
no superior al 25%.

Teniendo en cuenta la situación actual de los mercados y los complicados momentos
económicos que vivimos, el número de salidas a bolsa a nivel global ha disminuido
considerablemente desde finales de 2007. Así, en el caso de España, frente a las más de ocho
compañías que salieron al mercado en 2007 (Clínica Baviera, Realia, Solaria, Criteria..) sólo
una lo hizo al año siguiente (Caja de Ahorros del Mediterráneo) que salió en el tercer trimestre, no habiéndose producido ninguna otra OPV desde entonces.

Para flexibilizar el acceso al mercado bursátil, extendiéndolo a compañías de pequeña
capitalización y en fase de crecimiento, se ha creado recientemente el Mercado Alternativo
Bursátil (MAB) con una regulación a medida y unos costes muy inferiores a los del mercado
tradicional.

Como conclusión, a pesar de que el sistema bancario continúe bastante cerrado, existen más
alternativas a la hora de conseguir el capital necesario para crecer. El dinero no ha
desaparecido del mercado, hay muchos inversores privados dispuestos a colocar su exceso de
liquidez, tan sólo hay que invertir algo de tiempo en barajar las alternativas y estar muy
seguros de que el proyecto empresarial es técnica y económicamente viable.

Fuente: Departamento de análisis de Self Bank
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