Banco Sabadell ha presentado esta semana sus resultados del primer trimestre de 2026 y la verdad es que han sido mixtos, como muchos esperaban. La entidad ha obtenido un beneficio neto atribuido de 347 millones de euros, un 29,1% menos interanual, afectado por la caída del margen de intereses (-3,5%), menores comisiones y costes no recurrentes como el plan de prejubilaciones (55 millones brutos). Sin estos impactos, el RoTE recurrente se sitúa en un sólido 14,1% y el CET1 fully-loaded en 13,2%, mostrando una buena generación de capital.
Por el lado positivo, ya han cerrado la venta de TSB y van a repartir un dividendo extraordinario de 0,50 euros por acción el 29 de mayo, lo que supone un yield muy atractivo. La actividad comercial sigue creciendo (crédito +5,6% y recursos de clientes +5,9%) y esperan que los ingresos del negocio bancario toquen suelo en este trimestre y mejoren progresivamente durante el año. Con la simplificación del balance tras la salida de Reino Unido, el foco 100% en España y el nuevo CEO Marc Armengol, parece que entran en una etapa más limpia y predecible.
En negativo, la reacción en bolsa ha sido tibia y los analistas han calificado los números de algo decepcionantes por la presión en márgenes y el aumento de costes. El entorno de tipos más bajos sigue pesando y la competencia en hipotecas y depósitos es intensa en España. Además, la acción cotiza alrededor de los 3,40 euros tras rebotar ligeramente, pero acumula cierta volatilidad tras el fin de la opa de BBVA y la reestructuración.
En resumen, Sabadell se presenta ahora como un banco más enfocado, con balance reforzado y una política de retribución al accionista muy generosa entre dividendo ordinario, extraordinario y recompras. Es una historia interesante para quienes buscan valor en la banca española media con buena rentabilidad y potencial de recuperación en ingresos, aunque hay que vigilar la evolución de los márgenes y la ejecución del nuevo equipo directivo en los próximos trimestres.