Las empresas de mediación tienen por carta de naturaleza la gestión del conflicto. El siniestro es, en sí mismo, un conflicto y estamos entrenados para resolverlo.

Sin conflicto, sin amenazas contra la supervivencia de las empresas o de la calidad de vida de las familias no tendríamos razón de ser. Así que este es un momento especialmente relevante para que nuestra profesión tenga utilidad.

A muchos les cuesta diferenciar entre apretarse el cinturón y bajarse los pantalones. Son situaciones muy distintas en su resultado final. Pero el consumidor suele confundirse con facilidad ante el embrollo que supone la distribución de seguros. Las salvajes políticas de captación de las aseguradoras donde lo que importa es aportar pólizas, producción, sin atender a la calidad de las mismas (total el cliente paga los errores) ha degradado la imagen de los agentes. Por otra parte la codicia y malas prácticas de ciertos buitres han sembrado un mar de dudas respecto de la honestidad de los corredores. En estas condiciones debemos operar.

Echemos un vistazo al cliente. Al fin y al cabo es nuestro objeto de culto.

Evidentemente las empresas concursadas o, simplemente, cerradas por cese de actividad, causarán baja en nuestras carteras. Por muerte natural.

Otros, asfixiados, buscarán el Todo a Cien del seguro y nos abandonarán porque en otro lado ahorran unos euros. No les interesa el profesional, solo el coste ¿Eran clientes o pólizas? A reflexionar.

Por el contrario, aquellos que en estos momentos busquen realmente asesores de riesgos que puedan ayudarles a garantizar la continuidad de negocio, especialmente en unos tiempos en que no habrá liquidez para recurrir al fondo de autoseguro encontrarán en los profesionales independientes el mejor aliado. Probablemente estos si van a ser clientes y a largo plazo.

Así que, pensando en positivo, creo que los mediadores saneados, independientes, preparados, con estructura e inversión en sus empresas y con visión a largo, saldrán reforzados.

La señora que vendía seguros para matar el rato o el cartero que los colocaba a los amigos por la tarde están fritos:
ante la falta de valor añadido, la opción lógica es lo más barato.

No tengo mejores palabras para describir a qué se enfrenta el cliente que solo piensa en precio que esta perla que dejó para la posteridad un asegurador: "Nos dirigimos a un cliente que valora el precio por encima de todo, que lo antepone al asesoramiento personalizado y al servicio"José Luis Bernal- Director de Zurich Connect en declaraciones a PRSEGUROS.

La radical diferencia de calidad existente entre ciertos canales y los mediadores comprometidos con la profesión es suficiente para que el cliente no tenga dudas acerca de lo que le conviene. El problema fundamental es el de siempre ¿cómo conseguir que el cliente discrimine el perro pastor del lobo depredador? Se parecen.
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