FERNANDO ESTEVE MORA
Hace un par de semanas ví en el programa "Lo de Évole" la entrevista que Jordi Évole le hizo a Manu Sánchez. Fue muy instructivo y emotivo ver cómo el joven humorista, con la inestimable soporte de su mujer y sus amigos, y sirviéndose del humor negro hacía frente mal que bien, como buenamente podía, al desastre que en forma de cáncer le ha caído encima en los últimos años. Nunca había pensado que el humor negro pudiese superar a la filosofía estoica a la hora de afrontar una tragedia personal de este estilo, pero sí. Y una vez más me acordé de los versos de Homero en la Odisea, aquellos que dicen que los siempre envidiosos dioses de la felicidad ajena "traman y cumplen la perdición de los mortales/ para que los venideros tengan qué contar".
Aunque bien se que para nada le sirve, quiero dejar aquí constancia de mis mejores deseos para Manu así como mis felicitaciones por su trabajo, por los buenos ratos que sus ocurrencias y gracias me han hecho pasar. Dicho esto, no puedo dejar pasar por alto algo que dijo, algo que justifica el que aparezca en este blog.
El caso es que Manu Sánchez es un hombre de izquierdas, un zurdo, como nos llamaría Javier Milei, lo que le llevó a tener que "justificarse" en un momento de la entrevista por el hecho de que vive en un chalet y tiene un barco. Concretamente, esta es una transcripción de lo que dijo: "Te voy a hacer una confesión. Tengo un yate. 43 pies, casi 15 metros de eslora. En Puerto Banús. Con dos cojones. Ahí es donde me doy cuenta de que yo creo en un socialismo de yate y chalet y lo digo de verdad, lo del socialismo de tierra y pan, como que no Me gustaría ser capaz de que aspirásemos a eso. Me encantaría que tener yate y chalet sea un derecho universal. Nos están convenciendo de que nuestras metas sean cada vez más cortitas lo digo de verdad...Esto de que por ser de izquierdas no comamos marisco, ¿pero por qué a los de derechas les preocupa tanto nuestro ácido úrico? Es que yo creo que todos deberíamos poder comer gambas. Es que la derecha se piensa que las gambas son solo de ellos. ¡Me encanta que nuestros sindicalistas coman gambas!" .
Me llamó mucho la atención esta "concreción" o ejemplificación particular de a lo que debe aspirar una sociedad socialista para Manu Sánchez, y no porque fuera un expresión de hipocresía como la derecha la ha calificado, sino porque al definir su objetivo como un "socialismo de yate y chalet", un estilo de socialismo nada "cutre", nada "soviético" o pobretón, donde poseer o quizás meramente disfrutar (eso no está claro) de ambas cosas fuese una suerte de derecho universal , o sea, un derecho universal a la riqueza, entraba de lleno en un asunto en el que la izquierda nunca se ha sentido muy cómoda, siguiendo por cierto así al pie de la letra la norma que se imponía el propio Marx de que no hacer "recetas para los pucheros del futuro" como medio de mantener una aproximación científica y no meramente utópica o deseante a sus estudios y análisis del sistema capitalista y de su superación por un sistema socialista primero y, luego, más adelante, por un sistema comunista. Y ciertamente no abundan las declaraciones acerca de cómo sería la economía y el modo de vida en una sociedad auténticamente socialista, es decir, en una sociedad en la que el capitalismo hubiese dejado de ser el modo de producción dominante.
Y, aunque parece hoy manifiestamente absurdo dedicarse a este asunto dada la contundente derrota del socialismo real frente al capitalismo real que sucedió a finales del siglo pasado , es decir, el ponerse a especular con la cuestión del "estilo de la vida" en una sociedad socialista, dedicaré esta entrada a este tema, hoy en día -repito- tan alejado del interés del público en la medida que hoy son una ínfima minoría quienes defienden la sustitución del capitalismo más o menos "civilizado" en forma de estados del bienestar por cualquier tipo de socialismo.
De salida lo que está claro es que "un socialismo de yate y chalet" es algo total y completamente absurdo, una imposibilidad lógica y práctica, e incluso cabe cuestionar que fuese posible siquiera un "socialismo de gambas para todos". Vayamos de nuevo a Marx. En uno de sus escritos "juveniles" en colaboración con Engels, La Ideología Alemana, de 1845-6 (o sea de cuando Marx tenía 22 o 23 años) habían escrito al respecto de la superación de la división del trabajo en una sociedad ya no sólo socialista sino comunista que sería una sociedad "...donde yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico", una sociedad que curiosamente sería muy parecida a lo que hoy sabemos que era la vida de las sociedades de cazadores-recolectores del Paleolítico.
Pues bien, obviamente, esas sociedades tribales eran sociedades pobres pero "pobres" en relación o respecto a "nuestros" criterios de lo que es la riqueza y la pobreza. Los antropólogos económicos, siguiendo aquí la seminal obra de Marsahll Sahlins, Economía de la Edad de Piedra de 1972 (1) señalan que esas sociedades prehistóricas eran sociedades opulentas pero no de abundancia, eran sociedades opulentas y a la vez frugales en la medida que podían satisfacer con creces y dedicando a ello poco tiempo sus autolimitadas necesidades individuales y colectivas. Y es que, como pone en claro el título del hermoso libro Opulencia sin abundancia ("Affluence without abundance") que el antropólogo James Suzman ha dedicado a los Joi-san, identificar opulencia con abundancia como desde siempre parece haber hecho la civilización occidental, lo que ha dado origen al capitalismo, no siempre sin embargo, en todo tiempo y lugar, fue compartido por todas las sociedades humanas. Quizás las sociedades nómadas de cazadores-recolectores del Paleolítico fueron ese tipo de sociedades opulentas frugales y Habrían sido las sociedades que habrían definido esas míticas Edades de Oro de la humanidad que se repiten en las mitologías de tantas sociedades históricas, el auténtico y perdido paraíso terrenal para algunos (léase, a este respecto, La Caída del también antropólogo Steve Taylor)
Hace un par de semanas ví en el programa "Lo de Évole" la entrevista que Jordi Évole le hizo a Manu Sánchez. Fue muy instructivo y emotivo ver cómo el joven humorista, con la inestimable soporte de su mujer y sus amigos, y sirviéndose del humor negro hacía frente mal que bien, como buenamente podía, al desastre que en forma de cáncer le ha caído encima en los últimos años. Nunca había pensado que el humor negro pudiese superar a la filosofía estoica a la hora de afrontar una tragedia personal de este estilo, pero sí. Y una vez más me acordé de los versos de Homero en la Odisea, aquellos que dicen que los siempre envidiosos dioses de la felicidad ajena "traman y cumplen la perdición de los mortales/ para que los venideros tengan qué contar".
Aunque bien se que para nada le sirve, quiero dejar aquí constancia de mis mejores deseos para Manu así como mis felicitaciones por su trabajo, por los buenos ratos que sus ocurrencias y gracias me han hecho pasar. Dicho esto, no puedo dejar pasar por alto algo que dijo, algo que justifica el que aparezca en este blog.
El caso es que Manu Sánchez es un hombre de izquierdas, un zurdo, como nos llamaría Javier Milei, lo que le llevó a tener que "justificarse" en un momento de la entrevista por el hecho de que vive en un chalet y tiene un barco. Concretamente, esta es una transcripción de lo que dijo: "Te voy a hacer una confesión. Tengo un yate. 43 pies, casi 15 metros de eslora. En Puerto Banús. Con dos cojones. Ahí es donde me doy cuenta de que yo creo en un socialismo de yate y chalet y lo digo de verdad, lo del socialismo de tierra y pan, como que no Me gustaría ser capaz de que aspirásemos a eso. Me encantaría que tener yate y chalet sea un derecho universal. Nos están convenciendo de que nuestras metas sean cada vez más cortitas lo digo de verdad...Esto de que por ser de izquierdas no comamos marisco, ¿pero por qué a los de derechas les preocupa tanto nuestro ácido úrico? Es que yo creo que todos deberíamos poder comer gambas. Es que la derecha se piensa que las gambas son solo de ellos. ¡Me encanta que nuestros sindicalistas coman gambas!" .
Me llamó mucho la atención esta "concreción" o ejemplificación particular de a lo que debe aspirar una sociedad socialista para Manu Sánchez, y no porque fuera un expresión de hipocresía como la derecha la ha calificado, sino porque al definir su objetivo como un "socialismo de yate y chalet", un estilo de socialismo nada "cutre", nada "soviético" o pobretón, donde poseer o quizás meramente disfrutar (eso no está claro) de ambas cosas fuese una suerte de derecho universal , o sea, un derecho universal a la riqueza, entraba de lleno en un asunto en el que la izquierda nunca se ha sentido muy cómoda, siguiendo por cierto así al pie de la letra la norma que se imponía el propio Marx de que no hacer "recetas para los pucheros del futuro" como medio de mantener una aproximación científica y no meramente utópica o deseante a sus estudios y análisis del sistema capitalista y de su superación por un sistema socialista primero y, luego, más adelante, por un sistema comunista. Y ciertamente no abundan las declaraciones acerca de cómo sería la economía y el modo de vida en una sociedad auténticamente socialista, es decir, en una sociedad en la que el capitalismo hubiese dejado de ser el modo de producción dominante.
Y, aunque parece hoy manifiestamente absurdo dedicarse a este asunto dada la contundente derrota del socialismo real frente al capitalismo real que sucedió a finales del siglo pasado , es decir, el ponerse a especular con la cuestión del "estilo de la vida" en una sociedad socialista, dedicaré esta entrada a este tema, hoy en día -repito- tan alejado del interés del público en la medida que hoy son una ínfima minoría quienes defienden la sustitución del capitalismo más o menos "civilizado" en forma de estados del bienestar por cualquier tipo de socialismo.
De salida lo que está claro es que "un socialismo de yate y chalet" es algo total y completamente absurdo, una imposibilidad lógica y práctica, e incluso cabe cuestionar que fuese posible siquiera un "socialismo de gambas para todos". Vayamos de nuevo a Marx. En uno de sus escritos "juveniles" en colaboración con Engels, La Ideología Alemana, de 1845-6 (o sea de cuando Marx tenía 22 o 23 años) habían escrito al respecto de la superación de la división del trabajo en una sociedad ya no sólo socialista sino comunista que sería una sociedad "...donde yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico", una sociedad que curiosamente sería muy parecida a lo que hoy sabemos que era la vida de las sociedades de cazadores-recolectores del Paleolítico.
Pues bien, obviamente, esas sociedades tribales eran sociedades pobres pero "pobres" en relación o respecto a "nuestros" criterios de lo que es la riqueza y la pobreza. Los antropólogos económicos, siguiendo aquí la seminal obra de Marsahll Sahlins, Economía de la Edad de Piedra de 1972 (1) señalan que esas sociedades prehistóricas eran sociedades opulentas pero no de abundancia, eran sociedades opulentas y a la vez frugales en la medida que podían satisfacer con creces y dedicando a ello poco tiempo sus autolimitadas necesidades individuales y colectivas. Y es que, como pone en claro el título del hermoso libro Opulencia sin abundancia ("Affluence without abundance") que el antropólogo James Suzman ha dedicado a los Joi-san, identificar opulencia con abundancia como desde siempre parece haber hecho la civilización occidental, lo que ha dado origen al capitalismo, no siempre sin embargo, en todo tiempo y lugar, fue compartido por todas las sociedades humanas. Quizás las sociedades nómadas de cazadores-recolectores del Paleolítico fueron ese tipo de sociedades opulentas frugales y Habrían sido las sociedades que habrían definido esas míticas Edades de Oro de la humanidad que se repiten en las mitologías de tantas sociedades históricas, el auténtico y perdido paraíso terrenal para algunos (léase, a este respecto, La Caída del también antropólogo Steve Taylor)
Quizás la más estudiada de estas sociedades opulentas originales (Marshall Sahlins) ha sido la de los llamados vulgarmente bosquimanos del desierto del Kalahari, las de los pueblos san (!Kung-sa, Joi-san,...) hoy ya culturalmente desaparecidas tras su choque catastrófico con la "civilización" occidental que se produjo desde finales de los años 60 del siglo pasado. Los antropólogos, comenzando por Richard B.Lee y la familia Marshall pudieron sin embargo estudiar sus sociedades aún relativamente "vírgenes" en loa años 50 y 60. Estas investigaciones revelaron cómo sus gentes lograban llevar unas satisfactorias vidas en un entorno tan duro y limitado como lo era el desierto gracias a su cultura económica definida por una clara despreocupación y control de todo lo referente a la propiedad privada, típica por cierto de muchos pueblos nómadas, así como de su "feroz igualitarismo" (Richard B.Lee).
Las comunidades san no tenían un liderazgo formalizado ni jerarquías definidas y establecidas, hombres y mujeres gozaban del mismo poder en la toma de decisiones, los niños jugaban a juegos básicamente no competitivos en grupos de edades y géneros mezclado y los viejos, aún siendo tratados con afecto, no gozan de un estatus especial ni de privilegios diferenciales. Tenían reglas de distribución económica sorprendentes a ojos de de cualquier economista occidental, como, por ejemplo, el que "llegado el momento de distribuir una gran presa , no es su cazador quien lo hace, sino que ese papel corresponde a la persona que le proporcionó la flecha que acabó con la vida del antílope o, en otras palabras, el veneno que produjo ese efecto", pero frente a lo que pudiera parecer esa persona no era alguien similar a uno de nuestros capitalistas que aportando capital a los procesos de producción adquieren también el derecho a decidir la distribución de la renta o producto generado, y es que las flechas no son capital dado que en el mundo bosquimano "cualquiera puede tener una o unas flechas (aunque sólo los cazadores las utilizan) , por lo que un anciano, una mujer o incluso un niño con nula posibilidad de ser cazadores, dado que pueden ser quienes den sus flechas a un cazador pueden convertirse así en los distribuidores de tan importante alimento como es la carne. Esta costumbre enfatiza la importancia de la caza así como manifiesta y pone en práctica esel igualitarismo definidor de sus sociedades" (Elizabeth Marshall Thomas, (2)) . Y ni qué decir tiene, los cazadores san durante el día pueden dedicarse a la filosofía por las tardes y a la danza por las noches, como soñaban Marx y Engels lo harían las gentes en las sociedades comunistas. Las investigaciones sobre los san mostraron también que era su "fiero igualitarismo" lo que subyacía a su opulencia, porque "era su igualitarismo lo que aseguraba que nadie se preocupara de acumular riquezas a la vez que simultáneamente posibilitaba el que los limitados recursos a su disposición fluyeran orgánicamente a través de las comunidades ayudandoa a asegurar que, incluso en los episódicos tiempos de escasez, todos el mundo tuviese más o menos lo suficiente para vivir" (James Suzman), porque no hay que olvidar que los bosquimanos entonces eran pobres, y de vez en cuando sufrían en sus carnes hambre y frío cuando su limitante entorno ecológico así lo imponía. Eran entonces pobres y a la vez opulentos, hoy ya sólo son míseros (3).
Las comunidades san no tenían un liderazgo formalizado ni jerarquías definidas y establecidas, hombres y mujeres gozaban del mismo poder en la toma de decisiones, los niños jugaban a juegos básicamente no competitivos en grupos de edades y géneros mezclado y los viejos, aún siendo tratados con afecto, no gozan de un estatus especial ni de privilegios diferenciales. Tenían reglas de distribución económica sorprendentes a ojos de de cualquier economista occidental, como, por ejemplo, el que "llegado el momento de distribuir una gran presa , no es su cazador quien lo hace, sino que ese papel corresponde a la persona que le proporcionó la flecha que acabó con la vida del antílope o, en otras palabras, el veneno que produjo ese efecto", pero frente a lo que pudiera parecer esa persona no era alguien similar a uno de nuestros capitalistas que aportando capital a los procesos de producción adquieren también el derecho a decidir la distribución de la renta o producto generado, y es que las flechas no son capital dado que en el mundo bosquimano "cualquiera puede tener una o unas flechas (aunque sólo los cazadores las utilizan) , por lo que un anciano, una mujer o incluso un niño con nula posibilidad de ser cazadores, dado que pueden ser quienes den sus flechas a un cazador pueden convertirse así en los distribuidores de tan importante alimento como es la carne. Esta costumbre enfatiza la importancia de la caza así como manifiesta y pone en práctica esel igualitarismo definidor de sus sociedades" (Elizabeth Marshall Thomas, (2)) . Y ni qué decir tiene, los cazadores san durante el día pueden dedicarse a la filosofía por las tardes y a la danza por las noches, como soñaban Marx y Engels lo harían las gentes en las sociedades comunistas. Las investigaciones sobre los san mostraron también que era su "fiero igualitarismo" lo que subyacía a su opulencia, porque "era su igualitarismo lo que aseguraba que nadie se preocupara de acumular riquezas a la vez que simultáneamente posibilitaba el que los limitados recursos a su disposición fluyeran orgánicamente a través de las comunidades ayudandoa a asegurar que, incluso en los episódicos tiempos de escasez, todos el mundo tuviese más o menos lo suficiente para vivir" (James Suzman), porque no hay que olvidar que los bosquimanos entonces eran pobres, y de vez en cuando sufrían en sus carnes hambre y frío cuando su limitante entorno ecológico así lo imponía. Eran entonces pobres y a la vez opulentos, hoy ya sólo son míseros (3).
Pues bien, tengo para mí que el modelo de socialismo que quizás Marx hubiera podido tener en su mente era de este tipo, no un "socialismo de chalet y yate", un socialismo de la abundancia sino un socialismo de opulencia sin abundancia, un socialismo de opulencia frugal, aunque obviamente muy que muy por encima, económicamente hablando, de los niveles de frugalidad de los bosquimanos, correspondiendo al propio de una economía que vendría una vez el capitalismo hubiera dado ya de sí todo lo que hubiera sido capaz en lo que respecta al desarrollo de las fuerzas productivas. Es decir, un socialismo frugal pero de una frugalidad nueva asentada en las bases que la automatización y la IA están ahora mismo sentando y que el mismo Marx ya predijo o anunció en ese sorprendente texto, el Fragmento sobre las Máquinas, que se encuentra en los borradores que se hacía previos a la escritura de El Capital, los conocidos como Grundisse de los años 1857-8.Y es que, aunque Marx no diera indicaciones precisas de por dónde iría la vida en una sociedad socialista /comunista, resulta claro que no podría ser un "socialismo de chalet y yate" como imagina Manu Sánchez .
Más bien, lo opuesto. Y es que el sueño, o mejor pesadilla, de, para todos, yates, chalets, gambas...y ¿por que no? también submarinos y naves espaciales y demás parafernalia que la industria pueda producir y que los "medios de formación de masas" (Agustín García Calvo) nos hagan a todos desear, nunca podría ser el objetivo de un socialismo. Sería éste más bien el objetivo del capitalismo nunca del socialismo. En efecto, un "capitalismo de yate y chalet" sí es lo que venden los defensores del capitalismo y son ellos quienes defienden el derecho universal a ser propietario de un yate y de un chalet. Y es que, como dice textualmente la primera línea de El Capital, "la riqueza de las sociedades en las cuales reina el modo de producción capitalista se presenta como una inmensa acumulación de mercancías", la riqueza como abundancia es característica del capitalismo, pero cabe pensar que pueden existir otras formas de definir la riqueza, formas no capitalistas, como los bosquimanos muestran o mejor, mostraban antes de que su cultura desapareciese ante nuestros ojos.
Que una sociedad en que realizar un supuesto derecho universal a "yate y chalet" sería una pesadilla estética debería estar tan claro que no merece la pena ni comentarlo (¡Dios!¡Qué visión tan infernal es la de una tierra llena de chalets y unos mares repletos de yates y unas costas infestadas de puertos deportivos!; que, además, es ecológicamente inviable, pues lo mismo.
Y para acabar, el que un hombre de izquierdas, como lo es Manu Sánchez, proclame y manifieste toda su bonhomía y su generosidad al desear no sólo para sí sino para todos el que se cumpla el derecho a chalet, yate y gambas señala, por otro lado, la mayor dificultad que la ideología socialista tiene en la actualidad cual es la de concebir otro tipo de riqueza e igualdad que no sean las definidas en una sociedad capitalista, porque -reconozcámoslo- todos estamos contagiados por ese mismo virus intelectual que asocia el bien vivir, la riqueza o la opulencia con la abundancia de bienes de consumo, de propiedades. Somos todos tan naturalmente definidos por esa noción que nos parece lo más natural del mundo el querer siempre, tan natural nos parece que nos parece instintiva, definidora de la naturaleza humana a tal extremo que, para muchos, el capitalismo es el sistema económico más congruente con nuestra naturaleza. Tema este complicado al que habrá que dedicarle otra entrada.
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(1) Ese era el título de su libro, pero el que los editores eligieron para la versión francesa era mucho más ilustrativo: Edad de Piedra, Edad de la Abundancia.
(2) En su libro The Old Way. A story of the First People)
(3) Aludo aquí a la diferencia entre pobreza y miseria que, como ha enseñado Majid Rahnema en su libro Quand la misère chasse la pauvreté, no es una cuestión meramente cuantitativa sino cualitativa. La pobreza es característica de las sociedades tradicionales y refleja la capacidad de subsistir colectivamente dentro de los límites marcados por un entorno ecológico y una cultura dadas. La miseria es el resultado del desarrollo económico, que, al romper esas limitaciones ecológicas, culturales y sociales, posibilita la aparición de la riqueza desmedida en unos que se corresponde con la miseria descarnada de otros, de los más. Es esta la mayor de las "paradojas del progreso" que a la vez que saca a una minoría de la pobreza, hunde en la miseria a la mayoría