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la IA, el problema de la absorción de la productividad y los "trabajos de mierda"

                                         FERNANDO ESTEVE MORA

Andan los economistas muy "liados" últimamente con esto de la Inteligencia Artificial, la IA. Muy liados, sí, pero también muy encantados y muy pagados de sí mismos por lo que ese lío les está permitiendo hacer, que es desliarlo, o sea, explicarles a las gentes normales y corrientes que tan preocupadas están por la continuidad de sus empleos cuando en nada de tiempo se difunda el uso de la IA se difunda por las fábricas, oficinas y demás curros, de que poco o nada hay de qué preocuparse sino todo lo contrario, que lo que va a pasar ya pasó, que no es nada nuevo, sino más de lo mismo, que ya otras veces en la historia los mercados de trabajo han tenido que enfrentarse a los shocks causados por  grandes innovaciones disruptivas (el molino de agua y de viento, la máquina de vapor, la energía eléctrica y sus muchas aplicaciones, por no hablar de las más recientes revoluciones  química y de  la información y las comunicaciones) pero en todos los casos hasta ahora, al final, no sólo no ha decrecido el empleo sino que se han creado nuevos empleos (lo que se conoce como efecto "reinstalment" o efecto reinstalación) que han compensado con creces los empleos que eliminaron todas esas revoluciones técnicas (lo que se conoce como efecto desplazamiento) .

Cierto que como siempre ha sucedido, en el corto o medio plazo, la adopción de los cambios asociados a la implantación de la IA en los procesos de producción, venta y distribución de bienes y servicios impondrá inevitables  ajustes y costes a los que tienen que adaptarse a ello, que habría que tratar de suavizar, pero a la larga todo será para mejor. Sin duda.  Dicho en jerga, los cambios técnicos como la IA son ejemplos de lo que se conoce en Economía a partir de Schumpeter (aunque la idea original es de Marx) como procesos destrucción creativa, destrucción de los viejos procesos y productos y creación de otros nuevos.

Es ése el discurso digamos que oficial dentro de la sedicente "Academia" de los economistas. Un discurso tranquilizador a pesar de que todo lo que se va sabiendo  de la IA y sus potencialidades se lo está poniendo difícil, pues más bien es inquietante, muy inquietante. No hay día que uno no se entere de algo antes casi inimaginable,  "creado" con una IA, y no por sesudos técnicos o expertos, sino hecho "caseramente" por unos cualquiera.Yo mismo he sentido esa inquietud "en mis carnes" de modo agudo al constatar lo bien que una IA normalita, o sea, de las gratuitas como ChatGPT o Deepseek o Perplexity es capaz de hacer en unos segundos lo que a mí me llevó años de preparación hacer como organizar y estructurar unos temas docentes a nivel universitario; y por no hablar de  cómo la IA ha dado al traste con toda una constelación pedagógica basada en "mandar" deberes o trabajos a los alumnos. Cualquier profesor sabe hoy que cualquier "trabajo" que se manda a unos estudiantes se lo va a hacer -como es por cierto perfectamente normal y predecible-  una IA. La consecuencia es que , paradójicamente, uno como profesor se ve obligado a la hora de la evaluación a volver a los más antiguos y superados y denostados métodos: el examen presencial "de toda la vida". Y sí, ya se que -como es habitual- andan los pedagogos, los más ilusos de todos los profesionales que he conocido nunca, diciendo por ahí una más de sus habituales simplezas acerca de cómo  la IA permitirá potenciar hasta el infinito y más allá la efectividad de la docencia. ¡Señor! ¡Cuándo entenderán los pedagogos que aprender algo es un proceso muy costoso por lo  que la mayor parte de estudiantes lógicamente, y como predice la Economía, trata en principio de escabullirse buscando cualesquiera medios de reducir esos costes!

Lo dicho: la IA les está poniendo las cosas difíciles al tranquilizador discurso de  los economistas ortodoxos. Y es que  la IA es una de esas innovaciones especiales, ya que es, por un lado, lo que se conoce como una Tecnología de Propósito General (GPT),  que a diferencia de aquellas innovaciones que ahorran mano de obra  que aumentan temporalmente la productividad a medida que se extiende su uso, pero cuyo efecto sobre la tasa de crecimiento en el largo plazo de la productividad es bajo o nulo, las GPT son innovaciones que tienen unos efectos duraderos en la productividad. Y, por otro lado, la IA es también lo que se conoce como una Invención de Métodos de Innovación (IMI) . Las IMI aumentan la eficiencia del proceso de investigación y desarrollo, generando nuevas ideas de forma más rápida y económica y por ello posibilitan el aumento en la tasa de crecimiento de la productividad. La implicación es que la adopción generalizada de la IA en todos los procesos de producción, intermediación y consumo se traducirá en un aumento no sólo de la productividad sino también de su tasa de crecimiento (1), y eso significa que lo que los postkeynesianos definen como el problema de la absorción de la productividad, es decir,  de cómo conseguir que la demanda crezca de modo que el crecimiento en la productividad y en su tasa de variación asociada a la IA no se traduzca en una caída en los niveles de empleo  se va correspondientemente a hacer continuo y agobiante.

En efecto. Si nos vamos al pasado histórico se observa que siempre, cuando se producía una "revolución" técnica, había al menos un sector económico al que las innovaciones técnicas le venían muy bien y se expandía incorporando así a los desplazados por esas innovaciones  en los otros sectores. Pasó así en  la Revolución Industrial llamada así porque fue la Industria (el sector secundario) la que se expandió, expansión que pudo producirse gracias no solamente a los efectos de los avances científicos, técnicos y organizativos en ella sino también en el sector primario de las economías. El incremento de la productividad en el campo  abarató el coste de los alimentos a la vez que las nuevas empleos generados en las fábricas y talleres de las ciudades, en la industria, acogió a los trabajadores desplazados del campo. De igual manera, la mecanización y automatización en los sectores industriales que se ha producido y se sigue produciendo desde hace unos 50 años si no más (lo que a veces se llama Segunda -o Tercera- Revolución Industrial) no ha tenido efectos negativos sobre el empleo total porque se produjo a la vez una "revolución" en el sector servicios (el sector terciario) en el que el empleo creció a expensas del sector secundario industrial (recuerdo que algunos definieron este proceso como el "advenimiento de la sociedad postindustrial"  ya en la década de los 70 del pasado siglo).

Hoy las economías avanzadas ya son todas economías de servicios. Y ahora viene la IA, que aparece como un paso de gigante de lo que se ha venido en llamar la revolución de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación se prevé que va a afectar de lleno al sector terciario y de servicios...pero, siguiendo la misma lógica histórica que acabo de esbozar, la pregunta es la de que qué sector o sectores hay ahí para "dar"  empleo a los trabajadores a los que desplace la adopción generalizada de la IA en los demás sectores económicos y fundamentalmente en el sector servicios. Pues bien, no parece que haya ningún sector "cuaternario"  que pueda hacer  hoy  el papel de oferente de nuevos puestos de trabajo como hicieron el sector secundario y terciario en anteriores revoluciones científico-técnicas. Es decir que, esta vez, que puede ser diferente de modo que los efectos "reinstalment" no compensen los efectos desplazamiento causados por la adopción generalizada de la IA.

Para los economistas ortodoxos (neoclásicos y austríacos), sin embargo y como era de esperar, no habrá problema, o mejor, no lo habrá a menos que -como siempre-  los gobiernos quieran que lo haya, pues el "problema de la absorción de la productividad" es un pseudoproblema que lo es porque no se le deja hacer a los mercados. Pues en el mercado laboral, si se le deja al mercado actuar libremente , se dará  lo mismo que Jevons predijo en el siglo XIX que podría pasar en los mercados de le energía.

Se  conoce como "efecto Jevons"( https://www.rankia.com/blog/oikonomia/4362578-patinetes-electricos-efecto-jevons ) a lo que puede ocurrir cuando se da " un avance técnico en un sector productivo que disminuye la cantidad que se necesita usar de algún factor de producción (por ejemplo, de carbón, de derivados del petróleo, de electricidad) por unidad de producto final, pero que puede, sin embargo, traducirse -paradójicamente- en un uso mucho mayor de ese factor. O sea, que la mayor eficiencia técnica en el uso de un factor no se traduce en una disminución en su utilización, en su demanda,  sino en todo lo contrario, en su mayor uso. Ello sucede cuando la mayor eficacia en el uso de ese factor de producción en la producción de un determinado bien por un avance técnico se traduce en una disminución del precio de ese bien o producto final, lo que lleva a un aumento tal en la cantidad que se demanda del mismo que, al final, sucede que ello requiere usar  mucha mayor cantidad del factor de producción cuya eficiencia ha aumentado. O sea, que un avance tecnológico que suponga una mayor eficiencia energética eléctrica, por ejemplo, no garantiza ni mucho menos el ahorro energético, o sea,  que se use menos energía eléctrica, pues el mecanismo del mercado puede llevar a todo lo contrario abaratando los precios en los bienes en que la electricidad se usa como factor de producción" . Basta sustituir en este párrafo energía por empleo y se tiene el "fundamento" de la esperanza de la economía ortodoxa en los efectos benéficos de la IA sobre el empleo.

Ni qué decir tiene que confiar en que el efecto Jevons, que no olvidemos que es una posibilidad no una certeza, pueda ser tan potente como para compensar los efectos negativos sobre el empleo asociados a los enormes crecimientos previstos en la productividad asociados a la revolución de la IA en todos los sectores económicos es una actitud de un optimismo económico equivalente a creer en la mano invisible de las hadas y esperar el milagro de la multiplicación de los empleos semejante al milagro evangélico de la multiplicación de los panes y los peces. Por ello no es nada extraño que, desde el pesimismo congénito de la economía keynesiana heterodoxa en la que se prevé lo peor, se plantee la necesidad de ir implementando políticas (renta mínima garantizada, reparto de trabajo, empleo público,...) para prepararse para afrontar el paro masivo que gracias a la IA nos espera. 

Pero para mí, lo que más me sorprende es que ni los economistas ortodoxos ni los heterodoxos  se planteen otra salida o respuesta al problema asociada a una realidad  que para los economistas clásicos (Smith, Malthus, Ricardo y Marx) y para  muchos antropólogos y sociólogos es obvio, y es que  la creación de empleo no está ligada exclusivamente con (a) la utilidad del trabajo realizado y (b) con la generación de beneficios.

Lo que vengo a decir es que ya existe un "cuarto" sector económico capaz de expansión casi ilimitada y, por tanto, capaz de ofrecer una plétora de nuevos empleos para acoger a los que desplace la IA. Es un sector no invisible pero sí algo oculto en la medida que es transversal y se infiltra en el resto de sectores, su porosidad, la ausencia de una definición clara y acotada de las tareas que acoge, hacen que sea  bastante desconocido por los economistas  de modo que no tiene denominación de uso general y aceptado. Por ello, en atención a su indefinición,  llamaré a este "cuarto" sector económico el  sector X (2).

El sector X acoge a todos los empleos que entran en dos grandes categorías:
I) los Trabajos de Mierda. Así denominados por quien empezó a estudiarlos, el malogrado antropólogo David Graeber, en su obra Trabajos de Mierda. Una teoría de 2018.
II) parte de los Trabajos Improductivos de los economistas clásicos.

Empecemos por los primeros, los trabajos de mierda ("bullshit jobs") "un trabajo de mierda es empleo tan carente de sentido, tan innecesario o tan pernicioso que ni siquiera el propio trabajador es capaz de justificar su existencia, a pesar de que, como parte de las condiciones (requeridas para obtener el) empleo, dicho trabajador se siente obligado a fingir que no es así" (Graeber, 2018, pag. 37. He modificado algo la traducción para hacerle más comprensible y adecuada a la versión original inglesa). Los trabajos de mierda son por tanto inútiles e innecesarios desde dos puntos de vista: desde el punto de vista general o social,  y desde el punto de vista subjetivo de quien los realiza. Graeber clasifica los trabajos de mierda en cuatro grandes subgrupos:
1.- "Lacayos" (flunkies): empleos que sirven exclusiva o principalmente para que que otra persona, ya sea física (un jefe, un jefecillo) o jurídica (una empresa, una ONG,...) se sienta o parezca importante. Secretarios, ascensoristas, botones, auxiliares, mayordomos, consejeros, servidores, burócratas y oficinistas,...
2.- "Esbirros" (goons): empleos dedicados a manipular,  perjudicar o engañar a otros en nombre de su empleador, por ejemplo, grupos de presión, abogados corporativos, especialistas en relaciones públicas o community managers, publicistas, vendedores telefónicos, .... Son empleos que sólo existen porque "otros" (rivales, competidores) los tienen.
3.- "Parcheadores" (duct-tapers) : Empleos que sólo existen porque en las empresas o instituciones que los tienen hay errores o defectos de diseño o de "performance", fallos que no debieran existir o darse. Son los empleos asociados al mundo de la chapuza, trabajos para remendar las chapuzas que a su vez crean nuevas chapuzas. Es  a lo que en este blog se ha estudiado como la kakonomía (https://www.rankia.com/blog/oikonomia/768565-kakonomia-economia-chapuzas)
4.- "Marca-casillas" (box-tickers) : son los trabajadores cuyo empleo consiste única o principalmente para permitir que una empresa o una organización pueda afirmar que está haciendo algo que de hecho no hace" (pag. 81). Son los que todo el mundo teme: los que crean y revisan formularios absurdos o innecesarios que los demás hemos de rellenar.
5.- "Supervisores" (taskmasters): aquellos que gestionan el trabajo ya sea útil o de mierda  -o lo crean adicionalmente- para quienes no lo necesitan ni requieren, por ejemplo, los mandos intermedios o los profesionales de dirección.

En cuanto al segundo tipo de empleos que se incluyen en el sector X, los trabajos improductivos, hay que señalar que su consideración y análisis es ya antiguo y es uno de los elementos característicos de la Economía Política Clásica. Para los economistas clásicos, los trabajos improductivos eran trabajos necesarios, útiles social y privadamente, pero que no eran directamente productivos o generadores de ingresos y beneficios para las empresas. Es decir, eran empleos que no generaban valor añadido pues, aunque útiles,  no eran un trabajo socialmente necesario para la producción, distribución y venta de los bienes y servicios de las empresas. Trabajadores de la seguridad, interioristas, diseñadores y artistas, jardineros de las empresas, publicistas, políticos, reyes, etc. son todos trabajadores muy posiblemente útiles y necesarios o para la sociedad o para las instituciones en donde trabajan, pero improductivos para la cuenta de resultados de las empresas. 
 
Ahora bien, para lo que aquí interesa resulta claro que habría que cualificar een alguna medida el concepto de trabajo improductivo de los economistas clásicos atendiendo a una sencilla consideración, cual es que, para los clásicos, todos los trabajadores del sector público serían improductivos pues no generan directamente beneficios. Sin embargo, no tiene sentido pensar que un médico o un profesor es productivo si trabaja en el sector privado e improductivo si lo hace en el sector público. Y lo mismo pasaría con bomberos, En consecuencia no todos los trabajadores "clásicamente" improductivos formarían parte del sector X. Dicho de otra manera, los trabajadores del sector público que hacen tareas o cumplen funciones semejantes a los trabajadores productivos del sector privado habrían también de ser considerados fuera del sector X.

Aún con esta salvedad, está claro que hay una abundancia de empleos, tanto en el sector público como en el privado, que pueden considerarse como empleos del sector X. Por supuesto, la economía ortodoxa rechaza de plano la existencia de este sector. Para la ortodoxia económica todo empleo que surge de un intercambio voluntario en un mercado laboral es útil y productivo, porque -y así se lo plantean los economistas ortodoxos- ¿cómo va a ser un empleo un  trabajo de mierda si quien acepta hacerlo lo hace voluntariamente?, y, en segundo lugar,  ¿cómo va a ser improductivo un trabajador si la empresa o la organización que lo emplea lo que busca es maximizar beneficios o ajustarse a un presupuesto? No, para ellos, no pueden existir ni trabajos improductivos ni trabajos de mierda: todo trabajo que se remunera con un sueldo o un salario es productivo y valioso.

El mero hecho de plantearse estas preguntas es un indicador evidente del alejamiento de la economía ortodoxa de la realidad. Nada parecen saber de la asimetría en los mercados de trabajo que lleva a los buscadores de empleo, y más en situaciones de desempleo, a aceptar cualquier empleo dada la inexistencia de alternativas y la presión de buscarse la vida. Y tampoco parecen saber que la maximización de beneficios es el comportamiento exigido a las empresas pero sólo en los mercados perfectamente competitivos, mercados irreales fuera de las pizarras de las aulas docentes, de modo que la minimización de costes (la otra "cara" de la maximización de beneficios) no es un objetivo a perseguir . Dicho con otras palabras, en las empresas y organismos de la realidad económica y social los gastos de personal están por lo general siempre por encima de los costes laborales de producción, es decir de los gastos que necesariamente son los imprescindibles y necesarios para que se hagan eficientemente los procesod de producción, venta y distribución de los bienes y servicios.

Y para acabar y cerrar la argumentación se tiene que nada impide que las empresas y organismos del sector público generen empleos del sector X para asimilar o acoger a los desplazados por la adopción generalizada de la IA. Al igual que en el mundo del Antiguo Régimen era lo habitual que los grandes señores mantuviesen a su servicio una corte de siervos, bufones, artistas, guardianes y demás  la IA posibilitaría el surgimiento de un "Nuevo" Antiguo Régimen  donde  los propietarios de las empresas y sus gerentes, se comportasen  
como unos "nuevos" señores feudales. Este es sin duda el futuro sociopolítico  a consecuencia de los cambios tecnológicos que David Graeber anticipaba en su libro a menos, claro está, que la lucha política consiguiese revertir la tendencia a usar la vía de escape del sector X para resolver el problema de la absorción de la productividad.

Pero..eso es otra historia.

NOTAS
(1) Todavía no se ve demasiado bien, o sea, en las cifras de que se dispone sobre la productividad un impacto de la IA. Eso es normal. Incluso es esperable que su efecto siga la forma de una J, es decir que al principio la productividad no solo no crezca sino que incluso caiga debido a las dificultades y disfunciones asociadas a la incorporación de la IA en los procesos económicos, para luego, en una segunda fase, observar el impacto acelerado. Algo así ya sucedió, por ejemplo, con la máquina d vapor o la energía eléctrica.

(2) Elijo a sabiendas esta denominación para señalar la conexión entre la noción de un sector X con la hipótesis de la "ineficiencia-X" desarrollada por Harvey Leibenstein en y expuesta en un libro de 1976 intitulado Beyond economic man: A new foundation for microeconomics, que lamentablemente fue displicentemente pasado por alto por los economistas. Por eficiencia-X Leibenstein se refería a "la divergencia del comportamiento observado de una empresa en la práctica debido a la falta de presiones por parte de la competencia respecto al comportamiento eficiente asumido por la teoría económica".

 
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