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Blog Oikonomía: Economía de "andar por casa"
Blog de Fernando Esteve y José Manuel Rodríguez, profesores de Teoría Económica de la UAM.

La economía de la eutanasia

Quizás la descarnada perspectiva economicista sobre el controvertido y debatido estos días asunto de la eutanasia pueda sin embargo ofrecer, por muy espantosa que pueda ser para muchos, alguna idea, algún enfoque novedoso que por su inhumanidad pueda paradójicamente ayudar a tomar una actitud más "humana" en tan delicado y controvertido asunto.

 

Veamos. Para la Economía un ser humano es, sencillamente, el propietario o titular de un  "activo", al que se conoce -como no podía ser de otra manera- como "capital humano"(que está compuesto, como es obvio, por su cuerpo y su "alma"),  y  del que, como de cualquier otro activo del que sea propietario, espera obtener una rentabilidad o rendimiento. Y cuanto mayor sea ese rendimiento , o sea, cuanto más "disfrute" de ese activo, pues mejor.O sea, le va a su muy "personal" empresa o negocio.

 

El rendimiento o beneficio que un individuo extrae del stock de su capital humano es de dos tipos. Uno directo, al que se conoce como utilidad, placer o bienestar. Este rendimiento directo es de carácter subjetivo o privado o particular, y por tanto difícil de apreciar "desde fuera". El otro, indirecto, es de  carácter objetivo y suele venir en forma de dinero, asociado a la remuneración que una persona obtiene cuando alquila su fuerza de trabajo en el mercado a cambio de un salario. Este rendimiento del capital humano es indirecto en la medida que le sirve a su propietario para comprar bienes y servicios que sí le reportan un rendimiento directo, o sea, placer. Por supuesto, los rendimientos -directos o indirectos- que un individuo deriva de su capital humano dependen muy claramente de que lo ponga "a trabajar" con el capital humano de otros u otros individuos, con las habituales limitaciones que impone la conocida ley de los rendimientos decrecientes. Por ejemplo, el sexo solitario suele producir una utilidad inferior al practicado en pareja o en grupo. Y de igual manera, y como bien acentuó Adam Smith, el trabajo aislado (la autoproducción) es menos productivo que el realizado cooperativamente (el trabajo social) que se beneficia de la eficiencia de la división del trabajo. 

 

La cantidad de capital humano que un individuo tiene en un momento dado depende de factores biológicos (su dotación genética) y también económicos y culturales y sociales (que determinan cuánto ka invertido previamente en ese capital humano, ya sea físico o mental, a través de su formación educativa). Los ricos, obviamente, suelen tener más capital humano acumulado que las ricas y que los y las los pobres pues han tenido muchas más posibilidades de cuidarse y formarse. desigualdad básica de la que se derivan las demás.También, obviamente, en la cantidad de capital humano de que dispone un individuo influyen circunstancias aleatorias, por ejemplo, un accidente de tráfico o una enfermedad incapacitante  disminuyen de modo radical la cantidad de capital que tiene un individuo.

 

Y en la cantidad de capital humano de la que dispone un individuo cualquiera influye, obviamente y de modo determinante, la ley de la entropía: el paso del tiempo. La edad. Como pasa con cualquier otro capital físico, también el capital humano tiene una vida útil, y está sometido a procesos de depreciación física conforme pasan los días. El capital humano tiene, por decirlo sencillamente, una fecha de caducidad, más o menos establecida.  Por lo que conforme esa fecha de caducidad se acerca, la cantidad de capital humano de que dispone un individuo o que le queda cada vez es más pequeña. Por supuesto que la longitud de esa vida útil está -dentro de ciertos límites- en función del cuidado con el que trata a su propio capital humano su propietario, y también -claro está- de la pericia y conocimientos de los técnicos y "mecánicos", o sea, médicos y terapeutas de todo tipo,  que se dedican a las operaciones de mantenimiento. pero todos sabemos que eso son "paños calientes". Que al final la enfermedad y la muerte deteriorarán totalmente nuestro capital humano. 

 

No son los médicos, desde esta perspectiva, otra cosa pues que los mecánicos de esos vehículos que son nuestros cuerpos (incluidos nuestros cerebros)  por los que transitamos en este mundo. No es por ello nada extraño el tan relevante status del que han gozado y gozan los médicos en todas las sociedades humanas, y también es comprensible que en todas ellas los ciudadanos no pongan ninguna pega a que se dediquen recursos al avance de los conocimientos en esta suerte de mecánica personal. Trabajando como trabajo en la universidad, estoy seguro de que los contribuyentes españoles montarían en una más que legítima cólera si supiesen en que estupideces se gastan buena parte de los escasos fondos públicos para investigación (por ejemplo, para subvencionar el onanismo mental de los economistas académicos) en vez de dedicarlos para estudiar enfermedades como el cancer o las enfermedades neurodegenerativas que destrozan sus "vehículos" corporales con el paso de los años. 

 

Pero, por seguir, cabe decir que la cantidad de capital humano de que dispone un individuo crece hasta los 20-30 años, y luego va decayendo inexorablemente en lo que todos conocemos en nuestras propias carnes como proceso de envejecimiento, que concluye con la muerte. A diferencia de lo que sucede con otros activos, por ejemplo de sus coches o sus casas, todavía los individuos -salvo en la ciencia ficción- no pueden comprarse otros cuerpos y mentes en sustitución de los ya desgastados. 

 

Pero una cosa es la cantidad de capital humano que en cada momento tiene un individuo y otra cosa es su VALOR. El valor del capital humano del que es titular un individuo se define exactamente igual a como se define el de valor de cualquier otros item de capital del que es propietario: su coche, su casa, etc., como el valor monetario actualizado de la corriente de rendimientos directos e indirectos esperados que el individuo espera derivar en el futuro, o sea, mientras tenga o le quede algo de capital. Ese valor depende, pues, de tres factores: Uno, de la cantidad de capital que tenga. El valor del capital de un anciano es menor por lo general -aunque no siempre- que el de un joven de 25 años aunque sólo sea por su diferente esperanza de vida. Dos, la tasa de descuento intertemporal o tasa de preferencia subjetiva del individuo. Y, Tres, los rendimientos esperados netos que el individuo confía en extraer de su capital humano en los días y años futuros.

 

La implicación es que el valor de la cantidad de capital humano de que dispone o de que es titular un individuo puede ser muy pequeño si:

1) la cantidad de su capital humano es muy pequeña porque está muy deteriorado por enfermedad, accidente  o porque ya es muy viejo;

2) su tasa de descuento intertemporal subjetiva es muy elevada, es decir si para él el futuro le cuenta o le interesa muy poco. A este respecto, es curioso pero parece que esa tasa de descuento o de preferencia temporal cambia a lo largo del curso de la vida, de modo que conforme se envejece va disminuyendo. Así, es relativamente habitual  que los jóvenes, que "tienen toda la vida por delante", se comporten sin embargo con una inconsciencia en situaciones de riesgo que parecen sugerir que su tasa de descuento intertemporal o su tasa de preferencia temporal es elevadísima lo que les lleva a no importarles nada las negativas consecuencias futuras de sus acciones hoy. (vLéase a este respecto, esta vieja entrada en este blog: https://www.rankia.com/blog/oikonomia/428867-paradoja-tiempo-distinta-preferencia-temporal-jovenes-viejos )

 3) porque los rendimientos esperados de su capital son muy bajos o incluso negativos. Por ello, obsérvese que no puede darse por hecho el que  siempre ocurra que valor del capital humano de los viejos sea inferior al de los jóvenes pues puede darse el caso de que el valor del capital humano de un anciano sea, sin embargo, superior al de una persona joven si, aunque su cantidad humano sea obviamente más pequeña, la rentabilidad que del mismo deriva es muy superior por estar mejor formado y extraer más de la menor vida que tiene por delante.

 

(Obsérvese que aquí también se produce esa situación tan "injusta" que se da cuando, tras un siniestro total nuestra compañía de seguros valora por mucho menos de lo que nosotros lo hacemos nuestro viejo coche. La compañía lo valora atendiendo al "valor objetivo de mercado" de un coche de similares circunstancias al nuestro (o sea, igual de viejo y baquetedado) sin tener en cuenta por tanto que, para nosotros, o sea, subjetivamente, todavía nos era muy útil. Es decir, que tenía una rentabilidad subjetiva que no aparece en el calculo actuarial. Es por ello, que los seguros de vida quedan muy eljos del valor de la vida para los individuos) 

 

El rendimiento del capital humano puede ser negativo. Y es entonces cuando el titular o propietario de esa "empresa" ha de plantearse, como la cosa más natural del mundo, si cerrar la empresa. En efecto, ya sea por una crisis existencial (por ejemplo, una crisis amorosa devastadora ) ya sea por una crisis económica (que acaba con el valor de mercado de las habilidades y capacidades de un individuo), puede ocurrir que un individuo prevea que la vida ya no tiene nada sino costes o sufrimientos que ofrecerle en en el futuro, es decir, que  el valor de su capital humano cae en consecuencia a cifras negativas. Si el individuo tiene la expectativa racional de que así va a ser siempre en el futuro, es decir si prevé que los rendimientos netos de su capital humano van a ser siempre muy negativos en el futuro, entonces la decisión lógica y racional y eficiente es  poner fin a sus vida, Suicidarse, "cerrar su particular "empresa" personal, es, pues,  la mejor "política" económica para un individuo cuando  las pérdidas esperadas de seguir vivo son tales que el valor de su capital humano se hace negativo, que es la manera económica de decir que la vida deja de ser un proyecto que merezca la pena llevarse adelante.

 

Repito que así actuar eso sin la menor duda lo económicamente correcto en esas situaciones. Desde una perspectiva económica, el suicidio es la decisión enteramente racional que un individuo debiera acometer cuando el valor de su capital humano fuese negativo sin visos de que ningún cambio pueda "reflotar" su empresa. En nuestro país creo que hay entre 3000 y 4000 suicidios anuales. Relativamente pocos si los comparamos con la abundancia de quiebras o "suicidios" empresariales que hay. Que no haya más suicidios "personales" creo que se debe no a que los individuos no sean racionales, sino a que las pérdidas o plusvalías negativas de su capital humano que los individuos experimentan en un periodo son pasajeras y responden a situaciones de crisis que ya sean económicas o personales y sentimentales,  son temporales o cíclicas, de modo que pueden confiar en que el futuro traiga los cambios necesarios para que el valor de su capital humano vuelva a tener una rentabilidad positiva. Es habitual que también influya en la decisión de no suicidarse los efectos externos negativos que ello suponga en el valor del capital humano de los individuos cercanos al suicida.

 

Hay, sin embargo, un caso en que los individuos no pueden comportarse racionalmente aunque lo quieran hacer y sea racional que lo hagan. Es el caso en que los individuos no pueden racionalmente suicidarse porque el stock o cantidad de capital humano que les queda ni siquiera les da la capacidad para llevar adelante su decisión. Y así, de este modo entramos finalmente por fin en el tema de este post, aunque poco hay que decir que no sea extraer las lógicas conclusiones de este enfoque aplicadas al asunto de la eutanasia. 

 

Voy a plantear un ejemplo y voy luego a razonar por analogía.  Supongamos que vemos un coche en la calle abandonado. Lleva semanas aparcado en un estado lamentable, ocupando un sitio muy valioso porque en esa calle hay escasez de plazas de aparcamiento y no hace sino acumular basuras y suciedad, que requieren que los servicios de limpieza del ayuntamiento se tengan que pasar por allí con cierta asiduidad para evitar problemas de higiene pública. La policía indaga por su propietario para que se haga cargo de él, y supongamos en una primera aproximación, que no da con él, que está está ilocalizable, quizás haya muerto o quizás  ya no viva en el país. Puesto que el coche no es de nadie, nadie vería raro que el ayuntamiento tras un periodo prudencial procediera a retirar el vehículo de la calle y llevarlo al desguace. Normal, ¿no?

 

Pues bien, ¿no debiera ser igual de normal que se hiciese lo mismo con todos los devastados cuerpos que una vez fueron de seres humanos, de personas, pero que hoy ya no son de nadie pues sus propietarios ya no responden puesto que están ilocalizables? Si alguno de mis improbables lectores -como decía Borges- ha tenido que sufrir de cerca el increíble destrozo que supone en un ser humano  la enfermedad de los cuerpos de Lewy o el Alzheimer avanzado sabe que se trata de enfermedades "diferentes" puesto que que acaban no sólo con el capital humano de su titular o propietario, sino con el propio propietario: con el YO. A diferencia de otras enfermedades en las que sigue habiendo un yo que sufre el deterioro de su capital humano, con este tipo de males ya no hay un yo que las padezca. Tras ellas, no queda nada, las "personas" son como vehículos devastados u abandonados por sus propietarios, que ya nadie sabe dónde están. LLamémoslo eutanasia o llamémoslo servicio municipal  recogida de cuerpos abandonados por sus dueños es lo mismo. Es lo económicamente correcto. Lo demás, o sea, el mantener con "vida" esos "cuerpos", esos "capitales humanos" cuyo valor es negativo total y absolutamente es un absurdo económico, un derroche equivalente al de "tirar" el dinero comprando neumáticos nuevos a un coche sin motor, pero  también moral, pues los recursos necesarios para mantener en esa ficción de vida a esos "muñecos" tienen un elevado coste de oportunidad, un valor asociado a su uso para incrementar el valor del capital humano de otros seres humanos  con capacidad de vida y disfrute plena (hay que recordar a este respecto que, según se dice, el 70% del gasto sanitario se dedica a tratamiento de enfermos en sus últimos seis meses de vida).

 

Y sí. Ya sé que puede darse el caso de que haya familiares del desaparecido propietario del coche abandonado en la vía pública que les duela mucho que el Ayuntamiento se lo lleve. Bien. No hay problema. Cada uno hace con su dinero lo que quiere en una sociedad de mercado. Así que nada impide que ellos mismos recojan el trasto y lo metan en un garage particular. Pero lo que no tienen derecho es que el resto de los ciudadanos tenga que arrostrar con esos gastos. También, obviamente, se puede contratar un seguro privado para cubrirse ante esa eventualidad.

 

Y, por supuesto, lo que no tiene el menor sentido es que sean los "mecánicos", o sea, los médicos los que decidan nada respecto a lo que hacer con un "coche" que ya está para el desguace. Desde la perspectiva económica, todos aquellos médicos que se enfrentan a la eutanasia enarbolando como alternativa los llamados "cuidados paliativos", son equivalentes a los mecánicos que por seguir esquilmando a sus "clientes" o "pacientes", siguen aconsejando a sus propietarios que sigan manteniendo un coche que para nada les sirve, sino todo lo contrario. Un mecánico que así se comportara con el propietario de un coche sería considerado como un estafador. No quiero seguir la analogía a ese extremo y más teniendo en cuenta que los médicos en la sanidad pública no cobran por el mantenimiento en "pseudo-vida" de sus pacientes ya deshauciados. Pero como economista no puedo de dejar de pensar que al menos-  los "médicos de la privada" que se oponen "radicalmente" a la eutanasia activa arguyendo unas pretendidas por razones morales y defienden -como alternativa- una estrategia de "cuidados paliativos" amparándose en la sinrazón religiosa de que la "vida la da y la quita Dios",  están realmente engañando a sus pacientes y sus familiares por dinero, pues para el colmillo retorcido de un economista su comportamiento es el esperable de unos estafadores maximizadores de  beneficios privados que se aprovechan del fallo del mercado conocido como "riesgo moral".

 

Distinto es, obviamente, el caso en que el valor del capital humano de un individuo es negativo porque le queda poco capital (poco tiempo por delante) y porque el rendimiento que espera del mismo es con certeza negativo de una forma "casi" objetiva. Es decir, que lo "normal" es que  la mayoría de otros propietarios de capital humano (o sea, la "sociedad") considerara que el "capital humano" de  ese concreto "empresario" (o ser humano)  realmente ya no tiene ningún valor, que esa concreta "empresa humana"  estaría por tanto desvalorizada o quebrada sin posibilidad alguna de recuperación, de modo que esa mayoría entendiese perfectamente apropiado que su titular la cerra se si así lo quisiese. O sea, siguiendo con la metáfora automovilística, que diese de baja con todas las de la ley su viejo vehículo y lo llevase al  desguace.  Pues bien, si este "empresario" o propietario de un capital humano en quiebra técnica, por razones técnicas,  carece de la capacidad de deshacerse del mismo, o sea, ya no sabe conducir para acercarse al desguace o el coche ya ni funciona, ¿qué más normal entonces es que desde el sector público se le ayude a desprenderse de su capital ya para él enteramente desechable, y que se le suministre la grúa para llevarse el vehículo que no funciona? El que haya individuos que, por "moralidad masoquista" o por padecer una suerte de "síndrome de Diógenes" vital que les lleva a acumular días por el mero acumularlos aunque la "vida"  que se viva en ellos sea una auténtica basura,  no ha de tenerse en cuenta pues en una sociedad libre ningún derecho tienen a imponer sus extraviadas -por anormales estadísticamente hablando- preferencias sobre los demás. De igual manera que ninguna sociedad obliga, sino todo lo contrario, a conducir el mismo vehículo hasta que, de puro viejo, se cae a trozos o se queda parado en mitad de una carretera.

 

Quiero acabar este post con la opinión, que bien viene aquí al caso, de un auténtico sabio, el doctor Galo Leoz, quien entrevistado en 1989, un año antes de su muerte,  cuando ya tenía 110 años,  con toda la lucidez, sarcasmo y encarnadura y hondura de un auténtico ser humano, decía en una entrevista que se le hizo en el diario El País::  

 

Al preguntarle cómo ve la vida a su edad, contesta: "Muy aburrida". Y añade: "Una de las mejores cosas es morirse a tiempo. Me molesta cuando la gente te desea,'¡que viva muchos años!'. Yo digo, '¿y usted quién es para desear que viva muchos años?'. ¡Déjeme que me muera a tiempol Pienso que el sistema de vivir debería estar registrado en el municipio. El alcalde, a cada ciudadano, le debería pasar aviso: 'Le recordamos a usted que tiene que morir mañana a las ocho de la tarde; que no se le olvide, porque pasaremos a recogerle'. Eso sería lo mejor. Mi lugar en el tiempo y en el espacio pasó de largo y me dejó olvidado".

 

¡Ojalá los dioses nos permitan saber o,  si ya no tenemos siquiera esa capacidad,  dejar que otros sepan por nosotros cuándo nuestro tiempo y nuestro espacio han pasado  de largo, y nos ayuden a  dejar este mundo sin hacer ruido, sin cargar  absurda y costosamente con esa nuestra no-vida la preciosa vida de otros! 

  1. #1

    Pvila314

    Desde un punto de vista económico, la mayoría tendríamos que morirnos una vez alcanzada la jubilación, o incluso antes. Desde un punto de vista económico, deberíamos sacrificar a [email protected] [email protected] con síndrome de Down, como antaño. Desde un punto de vista económico se sacrificaron un montón de niñas chinas. Desde un punto de vista económico, la sanidad no debería atender a los ancianos.
    El tema de la eutanasia es muy serio, y estaría bien abordarlo con valentía, pero creo que poco tiene que ver con la economía.

  2. #2

    Enverto

    Capital humano y obsolescencia programada, quien lo define, Buffet es capital humano obsoleto?
    Hay individuos que no estarán obsoletos nunca, otros la llevan programada desde el nacimiento
    Difícil papeleta para quien tenga que decidir, empezamos por los individuos obsoletos ya a los 15 años, seguimos por aquellos que son capaces de cobrar del estado sin dar un palo al agua toda su vida?
    En términos económicos es difícil
    En términos humanos peor, quien lo decide, el estado o quizás los herederos, estos tienen mucho que decir al respecto
    Mejor dejar las cosas como están

  3. #3

    Josehga

    Estas cosas hay que plantearlas, como sociedad, con valentía. En pocas décadas buena parte de la población española estará jubilada, y una parte importante de ellos con nula calidad de vida, muchos difícilmente podrían considerarse personas por una demencia avanzada que apenas les permite mantener las funciones vitales esenciales. Estas personas consumen una enormidad de recursos, esos recursos necesariamente se detraen del resto de la población que tiene una vida por delante, y que en muchos casos la vida que le queda dependerá de esos recursos, (educación, sanidad). La sociedad tiene que decidir si dedicar una cantidad enorme y creciente de recursos a gente en estado vegetativo, y no dedicarla a gente más joven, es lo más correcto, yo creo que no.

  4. #4

    Madoz

    Me alegro que en Rankia se hable del capital humano, de la humanidad y del humanismo, aunque sea todo desde la perspectiva economica, que nos guste o no es de lo que trata este foro.

    Un saludo


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