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Nota previa: Este post trata de que los sueldos son algo más que una parte del coste de las empresas.

 

Este post es una reedición de otro publicado con el mismo nombre el 25 de agosto de 2009. Se han corregido algunos fallos de redacción.

Los datos, el análisis y las conclusiones se han de entender referidas a 2009. Hoy sigue plenamente vigente.

 

 

 

Los sueldos.

 

Todo lo relacionado con el mercado laboral es un ejemplo perfecto del funcionamiento de la visión de las autoridades, expertos y presuntos economistas a lo largo de esta crisis.

Los sueldos para una empresa o para una administración pública determinada son simple y llanamente una partida de gastos en su balance (ni tan siquiera son una inversión) y, en consecuencia, aplicando la lógica empresarial encontramos un único objetivo: reducirlos. Esto es debido a que el único efecto que se quiere mirar sería una mejora de los beneficios o reducción de las pérdidas. Parece pues, una medida perfecta tanto para sortear la crisis como para favorecer el crecimiento de las empresas.

Pero el problema es cuando ampliamos el punto de vista y, saliendo del enfoque empresarial, asaltamos el enfoque de la economía. El gran salto procede de que los sueldos en una economía son una variable ajena para una empresa (por muy grande que sea; de hecho se observa mejor en una gran empresa), ya que, es una decisión que en gran parte viene derivada del entorno. Por tanto, a la hora de pasar del enfoque empresarial al económico, los sueldos ya son realmente una variable en lugar de un dato y adquieren en el sistema económico unas funciones que no tienen demasiado sentido en el ámbito de un análisis dentro de una empresa.

Los sueldos en una economía son, por tanto, algo más que un dato determinante para la estructura de costes de una empresa.

En primer lugar, los sueldos son los ingresos de la mayor parte de los ciudadanos de esa economía.

Es fácil comprender que cualquier empresa paga los sueldos a sus empleados y vende sus productos en los distintos mercados. Es lógico pues entender que, cuando una empresa baja los sueldos a sus trabajadores, no afecte a su demanda debido a que sus clientes no pierden ingresos. Pero cuando el proceso se generaliza, nos encontramos con la paradoja de que, si la mayoría de las empresas optan por la solución de bajar los sueldos, el resultado es que la mayoría de las empresas sí se encuentran con que los ingresos de sus clientes se reducen. De esta forma, imaginando un sencillo mundo donde existen dos empresas (A y B), de forma que la empresa A vende sus productos a los trabajadores de la empresa B y viceversa, nos encontramos que si la empresa A baja los sueldos, se beneficia inmediatamente y la empresa B es la que asumiría los costes de dicha acción, ya que, si quiere mantener las ventas, tendrá que vender a un precio inferior para compensar la caída de los ingresos de sus clientes. Si la empresa B toma exactamente la misma medida, al final las dos empresas habrán empeorado.

Por tanto, cuando se habla de contener o de bajar el salario en un país determinado, realmente se habla de bajar los ingresos a los clientes del país.

Con frecuencia se salva lo anterior con el argumento de las exportaciones y la necesidad de competir en el exterior, sin mencionar muchos matices que invalidarán por completo dicho argumento. Por ejemplo, nadie mencionará que en las economías más internacionalizadas es muy difícil entender aportaciones al PIB del sector exterior de dos dígitos y, en ningún caso alcanzarían el 20%. Nadie mencionaría tampoco que, si el proceso es global y las reducciones de los ingresos de los clientes se producen a nivel mundial, la situación tampoco mejoraría a ese nivel mundial.

Tampoco conviene olvidar el detalle de que realmente la economía es un sistema organizado mediante el que los ciudadanos creamos instrumentos y relaciones con el fin último de organizar recursos limitados para obtener productos para el consumo. El mero hecho de planear producir para otros implica que hemos olvidado el fin último de la organización económica. Y pido que no se malinterprete esta frase: Si producimos para otros, es con el objetivo de poder consumir con los recursos obtenidos los productos que producimos para que otros consuman?

Además de ser los ingresos de los clientes, los sueldos son una variable clave que determina la productividad. Muchas son las voces que apuntan a que los sueldos han de estar vinculados a la productividad, siendo este otro de los enfoques tomados desde un punto de vista claramente empresarial.

La relación entre los sueldos de una economía y su productividad están suficientemente estudiados en el ámbito económico, siendo además uno de los puntos menos controvertidos en dicha ciencia. Absolutamente a nadie se le ha ocurrido rebatir las conclusiones que las teorías económicas o el sentido común nos marcan. Estas conclusiones se refieren a que los sueldos determinan la productividad, pero la relación inversa no se cumple.

Para ilustrar este proceso debemos tener en cuenta cómo se toman las decisiones de inversión de las empresas. Para tomar una decisión sobre cualquier inversión una empresa siempre debe mirar primero el mercado. Deberá determinar si existe una necesidad a cubrir en el mercado y si existen clientes con capacidad de realizar desembolsos por dichos bienes o servicios.

Mucho se ha hablado de que en España tenemos un modelo basado en la producción de productos de bajo valor añadido. No es difícil entender esto en relación a los ingresos de la economía. Es fácil determinar que si la mayoría de los ciudadanos de una economía tienen escasos recursos económicos (lo que viene a ser sueldos bajos) dichos ciudadanos no buscarán productos de gran valor añadido sino que buscarán productos con precios baratos. Por tanto, para generar productos con alto valor añadido, necesitamos que las empresas decidan que les compensa elaborar dichos productos y esto sólo pasará si los clientes de las empresas están en condiciones de pagar y valorar dichos bienes o servicios.

Por tanto, los sueldos bajos implican necesariamente que la producción de una economía se centre en bienes de bajo valor, ya que la mayoría de las empresas han de dedicarse a estos bienes.

Otro aspecto que determina la demanda es la estabilidad de los ingresos, de tal forma que la posibilidad de que una persona se pueda encontrar desempleada es determinante para la toma de una decisión de compra. La pregunta clara es ¿pagarán las personas un valor añadido en un entorno en el que saben que pueden perder el empleo con facilidad? El hecho de que una economía tenga el índice de temporalidad muy elevado y despido libre, unido al hecho de que además existan numerosas presiones para reducir el coste del despido, implica necesariamente que los consumidores demandemos productos de bajo coste, de forma que relativamente poca gente se encuentre en posición de demandar productos de alto valor adquisitivo. En consecuencia, esto también determina lo que se va a producir y explica la existencia de un modelo productivo basado en poco valor añadido en España.

Por tanto, una vez determinado que es lo que producimos y que no, nos queda saber cómo se ha de producir. Dado que deberemos tener en cuenta que existen varias formas de producir bienes, el análisis de las empresas se limita a determinar cómo producir de la forma más barata determinados bienes (asumiendo como criterios constantes el resto de factores).

Cualquier empresa, cuando analiza como producir, pone encima de la mesa las alternativas de procesos de los que dispone. Básicamente se trata de combinar los recursos de capital (traducido en inversiones) y trabajo. Para cualquier caso existen varias alternativas productivas, de forma que la empresa tirará de la opción que para ella sea más rentable, tanto en términos de coste puro como de minimización del riesgo.

Pongamos un ejemplo en la agricultura:

Una empresa ha de labrar un campo y para ello puede optar por varias cosas: adquirir un tractor y pagar a un tractorista o contratar a 15 personas.

¿Cómo lo hará? Pues analizará el coste y  los riesgos de las dos opciones. De esta forma, si la combinación tractor y 1 empleado es más económica que la contratación de 15 personas, será la elegida. Es muy fácil determinar que la decisión de cómo se produce dependerá principalmente del coste de los distintos factores, de tal forma que cuánto más barato sea el coste de la mano de obra (sueldos) se usará dicho factor en mayor proporción, de tal forma que la inversión y la productividad serán menores.

Esto es lo que la ley de las productividades marginales nos marca, señalando que en una economía se organizarán los procesos en función del coste marginal de los factores. Se usarán los factores siempre y cuando la productividad de cada unidad monetaria invertida en ellos sea superior al factor alternativo. Dicho de otra forma, contrataremos trabajadores siempre que cada euro invertido en ellos nos aporte un importe mayor en valor del producto que cada euro invertido en bienes de equipo. Cuanto mayor sea el uso de un factor, su productividad se reducirá y, en consecuencia, se llega a una situación de equilibrio, en el que las productividades se igualan por los costes de dicho factor.

En resumen, la productividad es consecuencia directa de los sueldos o, dicho de otra forma, los sueldos determinan como producir, y finalmente la productividad.

Otro aspecto que suele pesar, a la hora de determinar cómo se produce, es el riesgo de cada una de las opciones. Por tanto, y volviendo al ejemplo del tractor y de las 15 personas, podemos plantearnos el riesgo de cada una de las opciones. Las empresas son conscientes de que la opción de incorporar el tractor implica un riesgo significativo, ya que una vez adquirido el tractor no existe la posibilidad de marcha atrás, de forma que tenemos un riesgo importante (si decidimos deshacer nuestra decisión tendríamos que vender el activo perdiendo una gran parte de su valor). En el caso de los trabajadores, el riesgo viene determinado por los costes de rescisión del contrato. En el caso de que el despido sea libre, el coste es la indemnización que corresponda (y en el caso de contratos temporales el coste será cero). Por tanto, es fácil determinar que el riesgo de las opciones se ve claramente afectado por el coste del despido, así como la facilidad de contratación temporal. Supongo que no será difícil entender que la libertad de despido (así como el coste en caso de que este sea libre), es un dato importante para determinar cómo producir, y por tanto la productividad.

Es fácil comprobar que si nos salimos de la visión de cada una de las empresas, la situación del mercado laboral, así como su valoración, es un elemento clave para explicar el modelo productivo, económico y por supuesto social en España y en cualquier otro lugar. Sin embargo, poco o nada se ha dicho al respecto y creo que ya es hora de abordar seriamente esta situación.

  1. #2
    02/08/15 20:58

    Si un país decide no aprovechar sus recursos, dejar que el agua del Ebro (y resto del Plan Hidrológico) se pierda, si un país se pone de uñas cuando se habla de extraer petróleo, si el mercado de un país se fragmenta como fruto de una organización administrativa antieconómica, si la política eléctrica de un país es descabellada, repasemos asunto EON, entrega de Unión Fenosa, etc, si un país prefiere pagar a otro en vez de construir su propio ATC, si un país decide renunciar a la educación y obtiene resultados pobres prueba internacional tras prueba, si el mayor logro de un ciudadano es convertirse en funcionario, si cuando los sueldos en el ámbito privado en los últimos siete años se han visto sensiblemente recortados y sin embargo hay que ver como se les quiere seguir exprimiendo para subir el sueldo a unos funcionarios en muchos casos innecesarios, entonces sus ciudadanos NO PODRÁN ASPIRAR A TENER PRODUCTOS DE ALTO VALOR AÑADIDO, salvo que piensen que van a poder seguir haciendo lo que como país hemos hecho en los últimos diez años, no pagarlos, y que el Estado pida la deuda necesaria para seguir inventándose funcionarios y subvenciones que permitan pagarlos, y que la bola de nieve ruede y crezca hasta el griego final

    Porque realmente no se ha pagado nada en los 25 últimos años. En los 90 porque se ganó una guerra en Irak y el petróleo estuvo a 10$, después porque se vivió de las privatizaciones de Endesa, Telefónica, Repsol, Argentaria, que comenzó Felipe González y continuó Aznar, y porque después de eso no se ha pagado nada. Y por tanto no veo razones para que el nivel de vida deba ser más alto que el que había en 1990, salvo por la proliferación del aparato burocrático derivado de la descentralización Autonómica, que realmente no me parece que sea una mejora, sino un coste añadido. No diré que no se puedan tener Autonomías, diré que si las queremos habrá que pagarlas y que habrá que sustituir el consumo de PRODUCTOS de ALTO VALOR AÑADIDO, y a lo mejor acabar comiéndose los mocos.
    Para muestra diré que hablando hace poco con unos amigos recordábamos que en el año 90 el IVA era del 12% antes de que F. González, no sé si para pagar Olimpiadas o Expos o qué lo subiera en dos veces hasta el 16%. Esa es una de las razones de que no se puedan consumir determinados productos.

  2. #1
    01/08/15 23:23

    Ya, todo muy bonito, pero añadamos una variable que desgraciadamente es algo mas que recurrente, la empresa esta quebrada, ¿por donde dirigimos el discurso?,

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