Un empresario puede acumular un patrimonio importante y, aun así, tener dificultades para afrontar una obligación fiscal. La clave está en distinguir cuánto vale lo que posee y cuánto dinero tiene realmente disponible.
- Patrimonio y liquidez no son lo mismo: una empresa puede tener un valor elevado sin que su propietario disponga de suficiente dinero para afrontar determinados pagos.
- Conseguir liquidez con urgencia tiene costes: solicitar financiación, repartir dividendos o vender participaciones puede generar intereses, impuestos y pérdidas económicas.
- La planificación patrimonial permite anticiparse: preparar reservas, diversificar inversiones y prever las obligaciones fiscales reduce la dependencia del negocio.
China: grandes fortunas que necesitan vender activos para pagar impuestos
El 16 de octubre de 2026, Reuters publicó una información sobre las dificultades que están afrontando algunas de las familias más ricas de China para atender sus obligaciones fiscales relacionadas con estructuras patrimoniales en el extranjero.
Las autoridades chinas aprobaron una normativa, en vigor desde el 24 de julio de 2026, que establece un gravamen del 20% sobre determinadas ganancias e ingresos vinculados a trusts y otras estructuras patrimoniales en el extranjero.
El plazo para regularizar determinadas obligaciones pendientes relacionadas con estas estructuras desde 2023 vence el 22 de octubre, según Reuters, y existe incertidumbre sobre el alcance de las correspondientes a ejercicios anteriores.
El plazo, unido a las dudas sobre su alcance y aplicación retroactiva, está obligando a algunas familias a buscar liquidez con urgencia.
Según Reuters, algunas de estas familias están vendiendo acciones para obtener liquidez, mientras que determinadas entidades financieras están concediendo préstamos respaldados por participaciones en sus propias empresas. La presión fiscal también está llevando a algunas grandes fortunas a reorganizar sus estructuras empresariales y patrimoniales.
El caso resulta interesante por una razón que trasciende las particularidades del sistema fiscal chino: el vencimiento de un impuesto tiene una fecha concreta, pero transformar un patrimonio en dinero disponible puede llevar meses o años.
Este problema no es exclusivo de las grandes fortunas. Un empresario español con buena parte de su patrimonio concentrado en su negocio puede encontrarse ante una dificultad parecida.
Un empresario con 820.000€ de patrimonio y solo 20.000€ disponibles
Imaginemos a un empresario que lleva veinte años desarrollando su actividad.
Ha conseguido que su negocio sea rentable, ha reinvertido una parte importante de los beneficios y el valor estimado de sus participaciones alcanza los 800.000€.
Además, mantiene 20.000€ en su cuenta bancaria personal.
Su situación patrimonial sería la siguiente:
Concepto |
Importe |
|---|---|
Valor estimado de sus participaciones empresariales |
800.000€ |
Dinero disponible en cuenta personal |
20.000€ |
Patrimonio bruto total |
820.000€ |
Liquidez inmediata |
20.000€ |
Aunque posee un patrimonio bruto de 820.000€, el 97,6% está concentrado en su negocio.
Ahora imaginemos que, después de una operación patrimonial, debe afrontar una obligación fiscal de 45.000€.
Tiene 20.000€ disponibles y necesita otros 25.000€.
Su problema no es necesariamente la falta de patrimonio, sino la falta de liquidez para cumplir una obligación con vencimiento.
¿Qué alternativas tiene para conseguir los 25.000€?
La primera posibilidad sería solicitar financiación. Sin embargo, el banco puede exigir garantías, aplicar intereses o establecer condiciones que comprometan su capacidad financiera futura.
Otra alternativa consistiría en repartir dividendos desde la empresa, siempre que existan beneficios distribuibles, liquidez suficiente y se cumplan los requisitos legales.
Aquí aparece una cuestión que suele pasar desapercibida: el importe que debe repartir la sociedad es superior al dinero neto que necesita recibir el empresario.
Los dividendos tributan en la base del ahorro del IRPF. En 2026, los primeros 6.000€ tributan al 19% y el tramo comprendido entre 6.000€ y 50.000€, al 21%.
Suponiendo que el empresario sea residente fiscal en España, no tenga otras rentas del ahorro durante ese ejercicio y no existan circunstancias adicionales que modifiquen el cálculo, el resultado aproximado sería el siguiente:
Concepto |
Importe |
|---|---|
Dividendo bruto necesario |
31.494€ |
IRPF sobre los primeros 6.000€ (19%) |
1.140€ |
IRPF sobre los 25.494€ restantes (21%) |
5.354€ |
Tributación personal estimada |
6.494€ |
Dividendo neto disponible |
25.000€ |
Por tanto, para disponer de 25.000€ netos después del IRPF, la sociedad tendría que distribuir aproximadamente 31.500€ brutos.
Este cálculo representa la tributación personal final estimada del dividendo, no necesariamente el efectivo que recibirá el socio en el momento del reparto, cuando se aplica la retención correspondiente.
Además, si el dividendo procede de beneficios que ya han tributado en el Impuesto sobre Sociedades, debemos tener en cuenta que existe una tributación previa en la empresa y otra posterior en el socio.
También hay que comprobar que la distribución no comprometa la tesorería necesaria para pagar proveedores, trabajadores, impuestos o inversiones del negocio.
Una tercera posibilidad sería vender una parte de sus participaciones empresariales. Pero encontrar un comprador, valorar la empresa, negociar las condiciones y formalizar la transmisión no es un proceso inmediato.
Vender precipitadamente por necesidad de liquidez puede obligarle a aceptar un precio inferior al razonable. Y esa venta puede generar, a su vez, una nueva tributación si existe una ganancia patrimonial.
En cualquiera de estos escenarios, la falta de previsión termina condicionando decisiones que deberían adoptarse por motivos económicos y patrimoniales, no por urgencia.
El riesgo de tener casi todo el patrimonio dentro del negocio
Es habitual que un empresario concentre buena parte de sus recursos en la actividad que conoce y controla.
Durante años, los excedentes se destinan a comprar maquinaria, mejorar instalaciones, contratar trabajadores, financiar existencias o ampliar la actividad.
Desde el punto de vista empresarial, muchas de estas inversiones pueden estar justificadas.
El problema aparece cuando el crecimiento del negocio no va acompañado de una planificación de las finanzas personales de su propietario.
El empresario puede terminar con una empresa valiosa, pero con escasos recursos personales al margen de ella.
Esto supone tres riesgos principales.
Concentración patrimonial. Si el negocio atraviesa dificultades, una parte muy elevada del patrimonio familiar queda expuesta al mismo riesgo.
Falta de liquidez. Determinados gastos personales, obligaciones fiscales o necesidades familiares pueden exigir dinero que no está disponible sin recurrir a la empresa.
Dependencia futura. La jubilación, la transmisión del negocio o una reducción de la actividad pueden depender excesivamente de encontrar un comprador dispuesto a pagar el valor esperado.
El objetivo no debería ser retirar continuamente dinero del negocio ni impedir que siga creciendo, sino alcanzar un equilibrio entre las necesidades empresariales y la construcción de un patrimonio personal independiente.
Cómo planificar la liquidez del patrimonio personal
La planificación financiera del empresario debe contemplar tanto la evolución de su negocio como sus necesidades personales y familiares.
1. Diferenciar el patrimonio empresarial del personal
El primer paso consiste en conocer qué porcentaje del patrimonio depende de la empresa, cuánto está invertido en otros activos y qué cantidad puede convertirse en efectivo con rapidez.
El valor de las participaciones no debe confundirse con dinero disponible.
Tampoco conviene considerar que toda la tesorería de una empresa pertenece libremente a su propietario.
La sociedad tiene sus propias obligaciones y necesidades financieras. Que exista dinero en sus cuentas no significa que el empresario pueda utilizarlo para atender gastos personales sin consecuencias jurídicas, contables o fiscales.
2. Prever las obligaciones fiscales y sus fechas de pago
Uno de los mayores errores de planificación consiste en centrarse en el importe del impuesto sin prestar suficiente atención a cuándo habrá que pagarlo.
Por ejemplo, una ganancia patrimonial generada en 2026 que deba integrarse en el IRPF se declarará, con carácter general, durante la campaña de Renta de 2027, previsiblemente entre abril y junio.
Conforme al sistema habitual de fraccionamiento, y siempre que se cumplan sus requisitos, el contribuyente puede dividir el pago de su declaración en un 60% al presentarla y un 40% en noviembre, sin intereses ni recargos.
Para acogerse a este sistema es necesario presentar la declaración dentro de plazo y efectuar el primer ingreso conforme a las condiciones establecidas. Este fraccionamiento especial no resulta aplicable a las autoliquidaciones complementarias.
Esto significa que alguien puede vender un activo en 2026, recibir el dinero y no tener que ingresar el IRPF correspondiente hasta 2027.
Si durante ese intervalo ha reinvertido o gastado todo el dinero, puede encontrarse con una obligación fiscal perfectamente conocida, pero sin liquidez para atenderla.
En el caso de las herencias, el plazo general para presentar y liquidar el Impuesto sobre Sucesiones es de seis meses desde el fallecimiento, aunque los bienes heredados sean inmuebles o participaciones empresariales.
Existe la posibilidad de solicitar una prórroga conforme a los requisitos y plazos aplicables, pero eso no elimina la necesidad de planificar de dónde saldrá el dinero. Además, la prórroga puede llevar aparejados intereses de demora.
Por tanto, la planificación fiscal no consiste únicamente en calcular cuánto se pagará, sino también en preparar cómo y cuándo se pagará.
3. Construir una reserva de liquidez personal
El empresario necesita disponer de recursos personales que no dependan de retirar dinero del negocio en un momento concreto.
El importe dependerá de sus gastos familiares, ingresos, estabilidad empresarial, deudas y compromisos previstos.
No existe una reserva idéntica para todos los empresarios. Un profesional con ingresos estables, pocas obligaciones y patrimonio diversificado no tiene las mismas necesidades que el propietario de un negocio cíclico cuyo patrimonio depende casi por completo de la actividad.
El dinero destinado a obligaciones cercanas debería mantenerse en instrumentos adecuados a su plazo y necesidad de disponibilidad, evitando asumir riesgos innecesarios.
4. Diversificar progresivamente el patrimonio
Reinvertir en el negocio puede ser rentable, pero también concentra riesgos.
Destinar una parte de los recursos personales a otros activos puede ayudar a construir un patrimonio menos dependiente de la evolución de la empresa.
La distribución concreta entre liquidez, renta fija, renta variable, inmuebles u otros activos debe responder a los objetivos, horizonte temporal y tolerancia al riesgo de cada persona.
Diversificar tampoco significa que todos los activos sean igualmente líquidos. Un inmueble, por ejemplo, puede formar parte del patrimonio personal y seguir siendo difícil de convertir en efectivo rápidamente.
La diversificación debe analizarse tanto desde el riesgo de inversión como desde la disponibilidad del dinero.
5. Preparar la jubilación sin depender exclusivamente de vender la empresa
La venta del negocio puede formar parte del plan de jubilación, pero su valor y el momento en que podrá materializarse son inciertos.
Una planificación patrimonial permite estudiar cuánto dinero necesitará el empresario durante su jubilación y qué parte debería proceder de recursos acumulados fuera de la actividad.
También permite preparar una transición gradual entre los ingresos que genera el negocio y los que deberán proporcionar el ahorro, las inversiones y otras fuentes de renta.
Depender exclusivamente de encontrar un comprador para financiar la jubilación introduce un riesgo que puede reducirse mediante una planificación anticipada.
¿Cuándo conviene revisar la planificación patrimonial?
No es necesario esperar a tener una gran fortuna ni a estar próximo a la jubilación.
La revisión resulta especialmente útil cuando el negocio ya genera beneficios, el empresario empieza a acumular patrimonio o se aproxima una decisión importante, como la compra de un inmueble, una transmisión empresarial o la incorporación de familiares a la propiedad.
También resulta conveniente cuando existe una diferencia importante entre el valor del patrimonio y el dinero realmente disponible.
El caso de las familias chinas muestra las consecuencias de tener que reorganizar un patrimonio bajo la presión de un vencimiento fiscal.
Para un pequeño empresario español, la enseñanza es igualmente aplicable: el patrimonio debe planificarse no solo por su valor y rentabilidad, sino también por su capacidad para responder a las necesidades futuras.
Una empresa rentable puede ser la principal fuente de riqueza de su propietario. Pero construir seguridad financiera personal exige pensar más allá del balance del negocio.
Preguntas frecuentes
¿Se puede tener mucho patrimonio y poca liquidez?
Sí. Es habitual cuando la mayor parte del patrimonio está concentrada en participaciones empresariales, inmuebles u otros activos que no pueden venderse rápidamente sin asumir costes.
¿Cuánto debe repartir una empresa para que el socio reciba 25.000€ netos?
En el supuesto simplificado utilizado, aproximadamente 31.500€ brutos. El importe real dependerá de las demás rentas del ahorro y de las circunstancias fiscales del socio, además de los requisitos legales para repartir dividendos.
¿Es recomendable vender participaciones empresariales para pagar impuestos?
Depende de las circunstancias. Puede ser una alternativa, pero deben analizarse la valoración, las condiciones de venta, el tiempo disponible y las consecuencias fiscales de la transmisión.
¿Cuánto tiempo hay para pagar el Impuesto sobre Sucesiones?
El plazo general es de seis meses desde el fallecimiento. Puede solicitarse una prórroga conforme a los requisitos aplicables, pero conviene estudiar con antelación cómo se financiará el pago, especialmente cuando se heredan activos poco líquidos.
¿Qué debería incluir la planificación patrimonial de un empresario?
Un análisis conjunto del patrimonio empresarial y personal, previsiones de liquidez, obligaciones fiscales, protección familiar, diversificación de inversiones y planificación de la jubilación.
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye el asesoramiento fiscal personalizado. La normativa descrita corresponde a China y el ejemplo patrimonial utilizado es hipotético. Los cálculos fiscales son orientativos y se basan en los supuestos expresamente indicados.