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Huelva es, bajo mi punto de vista, la provincia más bella de Andalucía. Tiene un encanto difícil de explicar que no se limita sólo a sus playas interminables de una arena dorada, su sierra afable, la dehesa milenaria en equilibrio, su agricultura agradecida, sus excelentes chacinas o la luz clara, cálida e intensa, una luz tremendamente especial. Pero Huelva es también la provincia española que quizás ha sufrido más estragos medioambientales, sin duda la zona peor tratada por el ser humano de toda la Península Ibérica.

No se explica, por ejemplo, que una balsa de residuos a base de fosfoyesos de carácter radiactivo y con altas concentraciones en metales pesados dormite a 500 metros del casco urbano de la capital de la provincia. Es algo que no se permite en ningún país europeo decente, pero en Hispanistán se han hecho muchas barbaridades en nombre del progreso hace décadas, y en nombre de los puestos de trabajo y las empresas se siguen cometiendo hoy día, con la aquiescencia de todas las autoridades, especialmente las autonómicas, competentes en materia medioambiental.

Huelva desde el satélite. Google Earth.

Las balsas de fosfoyesos es sólo el ejemplo más hiriente de lo que es capaz de hacer la estupidez humana con un entorno privilegiado como era la Ría de Huelva, hogar de la renombrada gamba blanca de Huelva, ejemplo de ecosistema fluvio-marítimo con una alta biodiversidad, hoy destrozada además por nada menos dos polos químicos situados en las inmediaciones de la capital y los infames fosfoyesos, que tantos puestos de trabajo proporcionan pero que no terminan de ser eliminados del paisaje urbano.

Sí vale, lo hacemos en nombre del progreso, puestos de trabajo, riqueza (bueno, no tanta). Todos hemos oído ese discurso y sabemos que es pan para hoy y hambre y enfermedades para mañana si no se cuida el capital natural y la salud humana.

Pero los problemas ambientales de Huelva no son nuevos ni mucho menos ni se limitan a la capital. Comienzan con la explotación de las minas de la cabecera del Río Tinto. Minas legendarias y que han sido explotadas desde tiempos de los fenicios, más o menos cuando se fundó la ciudad más antigua de la Península Ibérica, Cádiz, hacia el 1.100 AEC. En la Biblia se menciona su importancia y se relaciona con una de las culturas más brillantes y misteriosas de la Península, los Tartessos. Los romanos explotaron las minas a conciencia, enriqueciendo al imperio de plata, oro, cobre y hierro onubense. Eso sí, la tecnología de la ápoca antigua no permitía que los problemas ambientales siempre asociados a la actividad minera fueran críticos.

Hasta que llegaron los ingleses. Es decir, hasta que llegó la revolución industrial a España con un ferrocarril que permitía llevar el mineral a los barcos que surcan el Oceáno Atlántico.

 

Aspecto del bello Río Tinto, que nace en la franja pirítica. Se pensaba que el río estaba muerto por su alta acidez y concentración de metales, pero pululan organismos microbianos muy interesantes. La ESA y la NASA utilizan la zona como campo de pruebas para expediciones. La zona de Río Tinto es lo más parecido al planeta Marte en La Tierra. Por supuesto, que haya vida microbiana especializada en el río no significa que los humanos puedan vivir de él.

 

Los ingleses desembarcaron en Huelva de la mano de la RioTinto Company Limited, aún hoy existente en el Rio Tinto Group (NYSE: RTP; LSE: RIO). Es curioso como una empresa inglesa expresamente creada para rentabilizar las minas de Huelva, hoy día ya australiana y con intereses en todo el mundo excepto en España, conserva su nombre primigenio. Y es que sus 32.000 empleados tienen todavía mucho que agradecer a Rio Tinto.

Los ingleses se emplearon a fondo. Cuando no estaban jugando a ese nuevo deporte que ha hecho estragos en Hispanistán denominado football, que dio pie al primer club deportivo de la Península, el Recreativo de Huelva, explotaban a conciencia la mina. Y lo hacían con un absoluto desprecio victoriano por el aire que ensuciaban. Lógico, ellos vivían lo suficientemente lejos de la zona minera como para sufrir las consecuencias de la combustión del mineral rico en pirita. Eso sí, es de justicia reconocer que trajeron muchas mejoras a un país atrasado e inculto. Hospitales, economatos, rentas para un Estado casi en quiebra. Fue un auténtico motor de progreso para toda España.


Con pantalones de franela, palas de cricket, raquetas de tenis, Times o Morning Post bajo el brazo y the five o'clock tea, una generación de británicos irrumpía en aquel polvoriento sur púrpura y desolado. Y, junto al retrato de Su Graciosa Majestad, Victoria, soberana de Gran Bretaña y de Irlanda y emperatriz de la India, nada más y nada menos que football: los primeros partidos del multimillonario fenómeno de masas se jugaron entonces en Riotinto. La comunidad británica, convencida de su lugar en el mundo, alzó su propio barrio, Bellavista, separado del resto del pueblo por un muro de piedra. Dos entradas, con garitas y guardas, vigilaban, filtraban o impedían el paso a quien no perteneciese al staff (personal). Hermosas construcciones victorianas rodeadas de jardines, cementerio protestante, capilla anglicana, selecto club (hasta hace sólo unos meses las mujeres no han podido acceder a la sala men only). Un nivel de vida que comparado con el de los nativos –así denominaron a los pobladores del lugar– no podía dejar de remover las conciencias y proclamar la evidencia de una desigualdad tan escandalosa como lacerante. Los ingleses injertan en el valle saturnal sus formas y costumbres: ondea la bandera británica y el cumpleaños de la reina Victoria (que da nombre a la barriada construida para sus operarios en la capital) se celebra alto como la Torre de Londres, sonoro como el Big Ben, juegos, competiciones, brindis, God save the Queen! Junto a ello, también, servicio médico, alfabetización, taller de maravillosos bordados, economato, cuidada administración, desarrollo técnico, industrial, comercial, empleo asegurado, el descubrimiento como sitio de veraneo de la virginal, edénica entonces, playa de Punta Umbría –por supuesto, únicamente para altos cargos– y espléndidas obras como el ferrocarril que une la cuenca minera con Huelva y, en la ciudad, el magnífico muelle para el embarque del mineral.

La Compañía, como queda bautizada la Rio Tinto Company Limited (RTC), se convierte en motor de la provincia, es la empresa privada con mayor número de trabajadores de todo el país, y contribuye muy eficazmente a engrosar las voraces arcas del Estado. El Cronista escribe en sus páginas: “Riotinto es el feudo de una empresa más poderosa que el zar de las Rusias”. Pero la existencia y condiciones laborales son miserables. Cuando la RTC adquiere las minas trabajaban un millar de hombres; en 1888, el trágicamente famoso Año de los tiros, se cuentan 10.000. Y para ciertas labores se emplean a barcaleadoras (mujeres que transportan en cajones –barcales– el mineral) y a una muy considerable cantidad de niños. Las plagas diezman a la población. Y el sistema de calcinación al aire libre, las teleras, envenena el aire. Eran las teleras gigantescas piras, como descomunales hormigueros que formaban un bosque de pirámides ardientes, humeantes. En su interior, día y noche, mes tras mes, la lenta combustión del mineral arrojaba a la atmósfera dióxido de azufre. Densas nubes de humo mefítico que envenenan la atmósfera, enferman los cuerpos, asolan el paisaje, arruinan las cosechas de los pueblos vecinos, ponen en peligro la ganadería, contaminan las aguas... Cuando los humos de las teleras permanecían bajos, posados sobre la población, la manta obligaba a los mineros y sus familias a buscar refugio en las cumbres de los cerros cercanos, mientras sobre el valle caía la noche artificial, una oscuridad tan densa que provocó el choque frontal de dos trenes. Pero los días de manta, en los que faenar resulta imposible, son, desde luego, descontados del jornal.

Fuente: http://www.elmundo.es/magazine/2001/101/999255169.html

Se mascaba la tragedia. La contaminación atmosférica generada por las teleras donde se combustionaba el mineral y se expulsaban toneladas de dióxido de azufre a la atmósfera no sólo había matado toda posibilidad agrícola o ganadera en la zona y municipios aledaños, como Zalamea (algunos pueblos, conscientes del problema, habían prohibido ya el uso de las teleras en sus términos municipales, pero se tragaban la contaminación del pueblo de el lado) y devastado los pulmones de sus habitantes, especialmente los niños, los más vulnerables, sino que impedía a los trabajadores mantenerse, pues no cobraban el jornal cuando no se podía trabajar por la mala calidad del aire.

Eran las teleras gigantescas piras cónicas, en las que se enterraba el material junto con carbón y se dejaba tostar. Formaban un bosque de pirámides ardientes, humeantes. En su interior, día y noche, mes tras mes, la lenta combustión del mineral arrojaba a la atmósfera dióxido de azufre. El humo contaminante, pegajoso, espeso envenenaba la atmósfera. La gente enfermaba. Las cosechas de los pueblos vecinos eran arruinadas. Se pone en peligro la ganadería y la salubridad del agua. Cuando las emanaciones de las teleras permanecían bajas, posadas sobre la población, el efecto era conocido como "la manta", y obligaba a los mineros y sus familias a refugiarse en las cumbres de los cerros cercanos, dejando el valle sumido en una noche artificial. Los días de manta, en los que faenar resulta imposible, se descuenta una parte del jornal diario. Por supuesto que los altos cargos de la RTC y el personal británico vive alejado de estas fétidas emanaciones tóxicas, en sus casas de estilo victoriano, rodeadas de jardines y plácidas terrazas.

Fuente: http://www.welbanet.com/Welbanet/Vieja_Huelva/AnhoTiros/RioTintoRevel.htm

Teleras en Ríotinto, cuando se toleraba su existencia.

Sólo hizo falta un aporte intelectual externo, una chispa para encender la hoguera. Y vino en forma de cubano anarquista, Maximiliano Tornet.

Un líder carismático, persuasivo, seductor..., y envuelto en el enigma: Maximiliano Tornet. Los efectos nocivos de las teleras abarcaban un radio de 777 kilómetros cuadrados en torno a las minas y dañaban a unas 11.000 propiedades. Los dueños de las tierras afectadas, sobre todo del término de Zalamea la Real, crearon lo que podríamos contemplar como brote precursor de los movimientos ecologistas: la Liga Antihumos. La unión de todos, a la que se suman los socialistas –con menor predicamento entre los mineros que los anarquistas–, desembocará en la multitudinaria manifestación del sábado 4 de febrero de 1888. Demandan el fin de la calcinación al aire libre –algo que en Inglaterra, el Parlamento, consciente de su peligrosidad, había prohibido ya en 1864, pero que aquí, y 24 años después, la RTC seguía practicando–, percibir el salario completo los días de manta, reducción de 12 a nueve horas de faena, supresión del pago de una peseta para asistencia médica y de las dos pesetas con 50 céntimos descontados del jornal si extraviaban sus libretas... Reivindicaciones que al recién llegado director William Rich le parecieron de todo punto injustificables, inoportunas, inadmisibles.

Estalló la huelga el 1 de febrero. Y tres días después, una riada humana, una impresionante manifestación con el audaz Maximiliano Tornet al frente se dio cita en Riotinto. Las calles quedaron tomadas por unas 12.000 personas que en un ambiente festivo, con bandas de música y pancartas (“¡Abajo los humos!”, “¡Viva la agricultura!”), reclamaban una más digna forma de vida.

 

Nadie hablaba entonces del medio ambiente, nadie sabía lo que era eso. Solo sabían que los efectos de los humos sulfurosos que salían de aquellas piras donde se calcinaba el mineral al aire libre no permitían la existencia de vegetación, y las personas y animales enfermaban.

Fueron los soldados del Regimiento de Pavia, pero no se sabe a ciencia cierta quien dio la orden. 12.000 personas en huelga congregadas en manifestación en una plaza del pueblo de Minas de Riotinto en ambiente festivo reclamando el fin de la contaminación, mejoras en las condiciones de trabajo y que se permitiera al suelo volver a producir las plantas que dotan al ser humano de sustento. Con el testimonio de centenares de personas que presenciaron el hecho, podemos afirmar que los manifestantes no profirieron ni un grito subversivo, no salió de ellos una provocación ni un acto que molestase a la tropa ni a las autoridades.

Pero dispararon contra todo bicho viviente. Fue una escabechina. No se sabe el número exacto de muertos. Se llevaron muchos cadáveres en tren al embarcadero de Huelva y fueron arrojados al Océano Atlántico, otros enterrados en fosas. Fueron cientos muy probablemente. Hubo muchas casas que no volvieron a abrir en el pueblo, sus habitantes habían perecido.

 

Tornet se econtraba negociando con la alcaldía de Ríotinto el fin de las teleras cuando escuchó los tiros. Salió al balcón y vio la masacre, huyó y nunca más se supo de él. Recientemente se averiguó que finalizó sus días en Argentina.

1888 es recordado en la zona como El año de los Tiros.

El acontecimiento tuvo mucha repercusión en la prensa, tanto local y regional como nacional. El diario La Provincia de Huelva, fundado por la RTCL, en su edición del viernes 10 de febrero de 1888 rebate los argumentos contra la compañía publicados anteriormente en el periódico El Reformista. En La Provincia se puede leer que El Reformista miente al ofrecer datos de 41 muertos y 150 heridos, que los manifestantes no eran pacíficos, sino que al ejército “le llovieron piedras y cartuchos de dinamita” y apoya su parlamento en declaraciones del alcalde de Riotinto. Por otro lado, El Socialista de Madrid abre su periódico del 10 de febrero de 1888 con una columna titulada ¡Asesinos!, en la que se leen argumento incendiarios, de total repulsa a lo acontecido. El periódico tacha la actuación del ejército de “horrible crimen” o “bárbara carnicería”, achacan lo ocurrido a la autoridad civil y militar y dicen estar seguros de que los crímenes no tendrán consecuencias para los asesinos.

En efecto, los autores intelectuales de la matanza quedaron impunes. Pero la sangre derramada no fue en vano. El eco mediático provocó la repulsa de la sociedad victoriana y la Rio Tinto Company fue muy cuestionada por sus métodos. Eso sí, las teleras continuaron en el horizonte de Río Tinto hasta bien entrado el siglo XX pues el poder de la compañía hizo posible que estos graves sucesos pasaran prácticamente desapercibidos en el resto de España y, aunque algunos medios republicanos, pidieron responsabilidades todo quedó finalmente tapado

La película El Corazón de la Tierra, de Antonio Cuadri, basada en la novela homónima de Juan Cobos Wilkins, autor nacido en Minas de Río Tinto de ascendencia inglesa, resulta entretenida de ver para quien quiera hacerse una idea de como se desarrollaron los acontecimientos.

El corazon de la Tierra hoy, " Corta Atalaya". Mina a cielo abierto, la mas grande de Europa, más de 400 metros de profundidad. Julio Segura Carmona.

 

Los estragos de la minería milenaria en Río Tinto pueden observarse en el Parque Minero de Ríotinto. El lugar tiene una extraña hermosura difícil de explicar y las dimensiones de la obra humana hacen que te sientas empequeñecido y sobrecogido. Aconsejo a todo el que le pille cerca algún día que se acerque. Merece la pena.

La contaminación generada por las teleras había dado pie a la primera huelga de importancia en la industria andaluza. Se puede decir, sin temor a equivocarnos, que fue el maltrato al medio ambiente el que prendió el germen revolucionario obrero en Huelva. La primera protesta obrera de cierta entidad en Andalucía tuvo como precursor la degradación extrema del medio ambiente. Ni los bajos salarios, ni la falta de oportunidades para los hijos ni las jornadas interminables. Los trabajadores se quejaban sobre todo de que no podían ni respirar.

Hoy leo, con bastante aprensión, que en Pekín los días en que no se puede respirar son ya demasiados cotidianos, que los niños no pueden salir al patio de la escuela y que las plantas no pueden crecer, lo que está diezmando a la agricultura. Si yo fuera un dirigente chino me prepararía para la primera protesta multitudinaria desde Tian'anmen. Pero esta vez la gente no protestará reclamando libertades o poder elegir en las urnas. Hay millones de chinos que, simplemente, no pueden respirar el aire ni comer la comida de los alrededores. Pronto averiguarán que no pueden beber su agua. Y mirarán a las autoridades.

Alexander F. Yuan (AP)

Si el gobierno chino decide copiar la estrategia de la Rio Tinto Company 126 años después, debe saber que no es fácil matar a millones de chinos ni la Comunidad Internacional va a dejar de inmiscuirse por mucho que diga que son "asuntos internos". La represión debería ser tan gigantesca queno es factible.

El camino emprendido por China en la destrucción de su medio ambiente no es sostenible y tiene una inercia demasiado poderosa. Sus centrales eléctricas y la calefacción urbana dependen demasiado de un carbón que no se combustiona correctamente. El número de coches matriculados crece sin cesar y los vertidos a la atmósfera y a los cursos de agua son ya casi insoportables.

La Academia de Ciencias de Shanghái ha publicado este mes un informe en el que señala que la polución ha convertido a la capital del país en una ciudad “prácticamente inhabitable” para el ser humano. Y ojo, Li Guixing, un habitante de Shijiazhuang, una de las ciudades con peor calidad de aire del país, ha interpuesto la primera demanda en la Historia china contra el Gobierno, por no haber impedido la contaminación. El demandante exige que que el Departamento de Protección Medioambiental de Shijiazhuang indemnice a los ciudadanos por la polución que afecta de forma continua a la ciudad.

 

 

  1. #10
    Tywin Lannister

    Magistral POST, amigo Solrac...China e India tienen que hacer una reconverción Industrial hacia la ecología YA, el mundo se juega un futuro drámatico si no es así...
    un s2 compy

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  2. #9
    inocenti

    Interesante aportación. Pienso que el Medio natural sigue siendo objeto de codicias por los que habitamos sus entornos y auspiciados por las autoridades, ver ley de costas por ejemplo. En China todo es posible, si no se le para los pies las víctimas seremos todos, no los que alli viven y mueren.

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  3. en respuesta a Solrac
    #8
    Fleischman

    Esperemos que no paren todas sus centrales de carbón de repente... :(

    http://ustednoselocree.com/2009/12/14/oscurecimiento1/

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  4. en respuesta a Kyber
    #7
    Solrac

    Cierto Kyber, por ahí andaban los Rothschild. Pero, ¿en qué proyecto industrial no estaban en pleno siglo XIX? Je, je.

    Saludos.

  5. en respuesta a Tonior01
    #6
    Solrac

    Hola Tonior.

    De mi experiencia del conocimiento de primera mano de varios proyectos industriales altamente contaminantes y de otros muchos que no lo son, es que esa dicotomía que comentas sólo se debe a lo cazurro del Consejo de Administración de turno (y la cerrazón solidaria de los sindicatos y comités de empresa, añado). El desarrollo industrial es hoy compatible perfectamente con mantener los estándares ambientales en lo más alto. Pero claro, hace falta, talento, innovación... y ganas, muchas ganas.

    No soy de la zona, pero la he visitado frecuentemente. Y la verdad es que sí, bien merece una parada.

    Saludos.

  6. en respuesta a Claudio Vargas
    #5
    Solrac

    Gracias Claudio.

    Nada de lo que comentas está exento de solución, nada.

    China ha basado su sistema energético en el carbón porque es la materia prima que tenía más a mano, pero nada les impedía haberse puesto a investigar en renovables hace 15 años. Lo están haciendo, pero tarde. Toda la inercia del sistema energético del país más poblado del mundo no se puede cambiar en un año ni en 10, pero sí en 20. Lo que ocurre es que ya es tarde.

    El consumo de energía es responsable del 85% de las emisiones de CO2 de china, y con ellas van partículas cancerígenas, metales pesados, compuestos orgánicos volátiles, FCFs, bencénicos, etc. Si China realiza una tansición acelerada de su sistema energética podrá obviar los contaminantes, pero se encuentra en una huida hacia adelante empeñada en no reducir el crecimiento de la economía por debajo del 7%. Ellos verán que hacen.

    Las fábricas, hornos y coches pueden funcionar sin emitir ni un gramo de contaminación y salir rentables (si no fuera así yo no me molestaría en publicar este blog). Sólo hay que hacer las cosas bien desde el principio y tener voluntad.

    Saludos.

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  7. #4
    Kyber

    Por identificar algo más eso de "los ingleses" y más si estamos en un medio en el que se trata de intereses económicos bolsa y demás, creo no equivocarme si digo que era la Banca Rothschild la dueña de la mina y que manejaban ministros de la época para sacar adelante leyes favorables.

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  8. #3
    Tonior01

    Muy buen documento. Parece que fueras mohino (natural de Riotinto), chorizo ( de Nerva) o pardo (Zalamea).
    He vivido unos años por allí, y tanto el paisaje como la historia son cautivadores.

    Lo cierto es que la dicotomía desarrollo industrial vs calidad de vida siempre está presente, y mi opinión personal es que solo se inclina a favor de la segunda pasado el tiempo. El proceso puede ser el siguiente: la industria se instala en la zona, trae técnicos cualificados, algunos de ellos se quedan y se educa mejor a sus hijos que a la generación anterior, éstos toman conciencia de lo que aportan y lo que reciben, reivindican mejoras sobre lo que había y así sigue la historia.
    Por cierto, en el caso de la actividad minera, el resultado siempre será el agotamiento de las materias primas, el abandono de la actividad, y la consiguiente decadencia de la zona (porque normalmente no hay actividad sustitutiva que tenga éxito).
    En China, quizá, estén en la fase temprana de toma de conciencia.

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  9. #2
    Claudio Vargas

    Fantástico artículo Solrac! Ya sabes que me apasiona la historia...
    Lo de China es un tema muy complicado. Es el taller del mundo y lo están pagando con contaminación a raudales. Esto es así porque la industria es mucho más intensiva en el uso de la energía que la economía basada en el sector servicios dominante en Occidente (por ciento, la fabricación de los paneles solares chinos que consume Occidente genera muchísima contaminación -los hornos se calientan miles de grados para profesar el silicio). Por eso digo que es un tema complicado... En cualquier caso, el gobierno chino se ha propuesto extender el uso del transporte eléctrico (coches y autobuses fabricados por empresas como BYD). Aunque sobre todo, tendrán que reducir el consumo de carbón para mejorar la calidad del aire. A ver como lo hacen... Porque va a ser muy difícil sustituirlo.

    Un abrazo amigo!

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  10. #1
    berebere

    Muy interesante!

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