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La trampa de la Copilot y la erosión del ecosistema Windows 11

Microsoft ha puesto a la inteligencia artificial en el centro de su estrategia de crecimiento, pero esta apuesta enfrenta crecientes tensiones financieras. 

La estrategia de IA de Microsoft comienza a parecer menos un motor de crecimiento inmediato y más una fuente de fricción financiera y estratégica.  Microsoft ha apostado a Windows 11, que ha apostado a la IA Copilot como eje central.

Ya la IA está causando problemas de escasez de hardware debido a la construcción de data centers.

Efectos de la escasez de hardware


Disminución de ventas a usuarios finales debido a ciclos de reemplazo más largos de equipos que causan menos ventas de licencias nuevas a usuarios finales

Aumento de costos en servicios en la nube por mayores costes de RAM, GPU, energía y redes.  Operar Azure cuesta más.

Gana menos por el lado del usuario común, mientras gasta más en mantener y escalar su nube para IA. Hay menos ingresos tradicionales y costos operativos más altos.

El problema de Copilot


A los problemas anteriores, se suman los problemas de la IA Copilot.

Adopción: Muchos usuarios no usan Copilot (Microsoft Scales Back AI Goals Because Almost Nobody Is Using Copilot) o no ven valor suficiente (Microsoft is struggling to sell Copilot to corporations - because their employees want ChatGPT instead), porque Copilot requiere cambios de hábitos y aprendizaje y en empresas, hay resistencia por temas de seguridad, privacidad y control de datos y esto causa que no se logra cobrar el sobreprecio esperado por Copilot.

Rentabilidad: Copilot es caro de operar porque usa inferencia constante, GPUs, energía e infraestructura de Azure. Si el uso crece sin monetización proporcional, el margen se erosiona.  Cada usuario adicional puede costar más de lo que paga.  Esto crea una trampa de ingresos lentos o inciertos por Copilot y costos crecientes por infraestructura de IA que presiona los márgenes de Azure, obliga a subir precios o limitar funciones, retrasa el retorno de inversión (ROI) en IA.

Impacto: Esto crea menor capacidad para subsidios cruzados (IA financiada por Office/Windows) y más presión para recortar costes, priorizar clientes grandes, abandonar usos de IA de bajo valor.

El problema de Windows 11


Se decía que Windows 10 era el sistema operativo definitivo, pero luego se les ocurre que Windows 11 funcione "centrado en la IA", el problema de Copilot se arrastra dentro del problema de Windows 11.

Fuente: Google AI

Fuente: Google AI


Estrategia: La estrategia con Windows 11 era tener una IA siempre activa con servicios en segundo plano, e integración profunda con el sistema, pero en la práctica eso implica mayor uso de CPU/GPU, más uso de RAM y más procesos residentes. 

Impacto: Para los usuarios esto significa más calor (ventiladores, laptops incómodas), menor rendimiento percibido, peor rendimiento de la batería, interrupciones de IA, sugerencias, pop-ups y esto es especialmente grave en hardware no nuevo o de gama media.

Insatisfacción: Esto le genera al usuario una sensación de pérdida de control, percepción de que “la PC ya no es mía”, desconfianza sobre qué hace la IA en segundo plano, y la insatisfacción no es solo técnica, es emocional.

Linux se vuelve más atractivo: Frente a todos estos problemas Linux ofrece control total del sistema, menor consumo de recursos, no hay IA obligatoria, y posibilidad de usar IA solo si el usuario quiere.  Y para desarrolladores, técnicos, usuarios avanzados, el costo de migrar a Linux ya no parece tan alto. 

Consecuencias para Microsoft: Windows deja de ser la opción neutral y se percibe como plataforma que empuja IA, no que sirve al usuario, y Linux pasa de ser alternativa, una vía de escape del problema.  Es que cuando la IA degrada la experiencia básica del sistema operativo, deja de ser una ventaja y se convierte en un incentivo para migrar.

El problema de Windows 11 para jugadores de alta gama


Si ya es un problema para los usuarios comunes o técnicos, para los gamers el problema es aún mayor.  Si vas a comprar una máquina gamer, viene con Windows 11, no con Windows 10.

Los más afectados: Los gamers de alta gama tienen hardware potente pero juegan títulos legacy como clásicos competitivos, juegos moddables (con modificaciones creadas por otros gamers), con emulación, y para ellos el desempeño y compatibilidad importan más que la novedad.

El efecto acumulado: Los gamers sufren debido a una IA residente (menor rendimiento), cambios de seguridad (que causan incompatibilidades) y menos control del sistema.  Esto da como resultado que Windows 11 se perciba como hostil al gaming tradicional, y Windows 10 como “último Windows gamer-friendly”.

Linux se vuelve una opción:  Hoy Linux tiene Proton y Steam Play, y mejor soporte para juegos antiguos, con menos procesos en background, y mayor control de versiones y drivers.  Para gamers avanzados la barrera psicológica de Linux ya se rompió.

El impacto para Microsoft: Con todo esto, Microsoft corre el riesgo de pérdida del segmento entusiasta, de tener menor influencia cultural (mods, streams, comunidades), y erosión del ecosistema DirectX a largo plazo. Si un sistema nuevo corre peor los juegos viejos, los usuarios más leales son los primeros en abandonarlo.

La IA Copilot (como componente central de Windows 11) termina siendo una solución a un problema que aún no se ha descubierto.  Y posiblemente por eso es que no se logra monetizar la IA.

Tal vez debieron empezar por definir una serie de problemas al definir la estrategia, en lugar de empezar por la solución para luego encontrar los problemas.

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