Harruinado
02/01/26 17:31
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Rumores de mercado.
El año arranca con buen tono en Wall Street y, como viene siendo habitual, los valores ligados a la inteligencia artificial vuelven a ponerse en el foco. Sin embargo, el veterano estratega Jim Paulsen advierte de que hay indicadores poco seguidos que apuntan a una posibilidad incómoda: las acciones tecnológicas podrían no ser las que marquen el paso en 2026.Su argumento no se centra en lo que todo el mundo repite (valoraciones elevadas, carteras sobrecargadas de Big Tech o exceso de consenso). Eso ya lo conoce el mercado y, de hecho, apenas ha generado ajustes significativos hasta ahora. Paulsen prefiere fijarse en señales “de fondo”, menos populares, pero que históricamente han precedido a periodos de rendimiento inferior para la tecnología.1) Tecnología y “gasto de la nueva economía”: cuando se igualan, suele venir la pausaEl primer punto es la relación entre el comportamiento de las tecnológicas y el gasto de lo que Paulsen llama “nueva era económica”, medido a través del PIB: inversión en equipos de procesamiento de información y propiedad intelectual. Normalmente, las acciones tecnológicas tienden a subir a un ritmo acorde —o incluso superior— al crecimiento de ese gasto subyacente.Pero en la última década se han dado varios episodios en los que esa relación se ha estancado o ha empezado a bajar, y en todos ellos el desenlace fue parecido: meses de bajo rendimiento relativo del sector tecnológico frente al mercado general.La pregunta que deja Paulsen: si desde finales de septiembre las tecnológicas ya no “van por delante” del gasto de la nueva economía, ¿estamos entrando en otro tramo donde el sector pierde liderazgo?2) La liquidez corporativa: el combustible silencioso de las grandes fases alcistasEl segundo indicador es menos comentado, pero muy revelador: la liquidez corporativa, medida como la relación entre el efectivo total de las empresas estadounidenses y el PIB nominal. Paulsen defiende que las grandes fases alcistas tecnológicas —años 90 y el tramo iniciado alrededor de 2014— tuvieron un motor común: expansión de saldos de caja.Sin embargo, desde finales de 2024 esa ratio se ha estabilizado. Y si los tipos a corto plazo siguen bajando, Paulsen sospecha que la liquidez corporativa podría descender a lo largo de 2026. Históricamente, cuando el exceso de efectivo se agota, el “milagro” tecnológico tiende a pausarse. No necesariamente con desplomes, pero sí con un cambio de liderazgo.3) I+D: el apoyo que se debilitó y dejó un mensaje extrañoEl tercer bloque gira alrededor del gasto en investigación y desarrollo. Paulsen señala que suele existir una relación entre ciclos alcistas tecnológicos y repuntes del gasto en I+D respecto al PIB real. Cuando esa relación se debilitó en 2022, las tecnológicas empezaron a quedarse por detrás del S&P 500.Lo curioso es que desde el cuarto trimestre de 2022 esa correlación se ha “roto”. Eso abre dos interpretaciones: o el gasto en I+D vuelve a repuntar y la relación se normaliza, o la ruptura es un aviso de que el sector puede entrar en una fase de menor tracción relativa.4) El riesgo psicológico: de “ganadores” a “perdedores” en un mercado muy concentradoAdemás de los datos, Paulsen introduce un punto que el mercado no siempre cuantifica bien: el cambio de relato. Si la tecnología empieza a flojear de forma clara, podría producirse un giro psicológico donde los ganadores pasan a ser vistos como “sector saturado” o “sector caro”. En un mercado con tanta concentración de capitalización en pocas compañías, ese cambio de narrativa puede acelerar una rotación.En ese escenario, Paulsen ve margen para que alternativas como valor, small y mid caps o incluso bolsas extranjeras empiecen a hacerlo mejor.Conclusión: no se trata de anunciar un desplome inmediato de la tecnología. El mensaje es más fino: una lista creciente de indicadores “silenciosos” sugiere que el sector podría perder su liderazgo en 2026 y entrar en una etapa de rendimiento inferior frente al mercado general.