Dedico este segundo post a comentar la estructura y composición de la renta variable en la cartera para una mejor comprensión (espero) de mis posiciones. Es bastante “tocho” (por eso lo he separado del post anterior), así que entenderé perfectamente que lo paséis por alto. Como seguramente sabéis (y ha quedado reflejado en el post anterior), tengo dividida la renta variable en dos secciones o subcarteras, la “estable” y la “móvil”. De la cartera móvil ya he escrito aquí varias veces. Es una cartera de seguimiento de tendencias de carácter eminentemente defensivo, dividida en tres compartimentos destinados a los tres mercados indicados en el post anterior, EEUU, Eurozona y emergentes; dos unidades de inversión de 6-8% para cada uno de los dos primeros y una para el tercero (*). Cada compartimento puede estar invertido en su mercado de referencia (mediante un fondo indexado) o desinvertido (en un monetario). Actualmente está totalmente invertida. No es que me encuentre muy a gusto con ello, pero es lo que toca. Y más me vale no meter las manos en el mecanismo. (*) No hace tanto tenía más mercados en liza (materias primas, mineras, inmobiliarias, ...) y un sistema del estilo del dual momentum de Antonacci para seleccionarlos pero, como comenté aquí, decidí simplificarlo. Y no descarto seguir “metiéndole tijera” primando la sencillez y comodidad sobre la búsqueda de rentabilidad. En cuanto a la denominada “cartera estable”, nunca he estado muy a gusto con dicha denominación, por lo que comentaré enseguida. He barajado nombres como “cartera base”, “cartera convencional” y otros, pero no me he decidido por ninguno de ellos (en casa la llamamos simplemente “la parte de arriba”, por ser la sección que encabeza el listado de la cartera). Años atrás la denominábamos “cartera de gestores” (y a la móvil, “cartera de mercados”), porque en la primera seleccionábamos gestores con los que queríamos invertir a medio-largo plazo y en la segunda, mercados en los que queríamos estar, atendiendo – como ahora – a un enfoque de seguimiento de tendencias. Pero con la aparición (y multiplicación) en España de los fondos indexados y de las comercializadoras de fondos que los ofrecen para el gran público, más mi progresiva inclinación hacia los mismos, esto cambió. Esta sección puede caracterizarse por contraposición a la cartera móvil (a la que complementa, porque no sé cuál de las dos estrategias vaya a hacerlo mejor en unas épocas o en otras). No se trata aquí de seguimiento de tendencias; su “posición base”, por así decir, es buy & hold (de ahí lo de “estable”). Aunque es un buy & hold suavizado, porque dependiendo de las circunstancias (situación de mercado) puede estar totalmente invertida en renta variable o, como sucede ahora, solo parcialmente. Es lo que comenté aquí hace unos años con el símil de las urnas (en este post). El nivel de riesgo de la inversión en bolsa, entendido como la probabilidad de una caída de gran magnitud (lo que en aquel post llamaba “bola negra”) no es el mismo en cada momento y en esta “cartera estable” trato de modular la exposición a bolsa en función de ello. Naturalmente no puedo (no sé) cuantificar dicho nivel de riesgo; me limito a observar toscamente ciertos indicios de peligro (relacionados principalmente con la curva de tipos, las valoraciones y la consistencia o dispersión de los movimientos al alza) que pueden activar mis “señales de alerta”. Por sí solas estas “señales de alerta” no generan ninguna acción por mi parte mientras los mercados sigan al alza (por aquello de que “los mercados pueden permanecer irracionales mucho más tiempo del que yo puedo permanecer solvente” y porque se trata de mayor o menor probabilidad, no de certezas), pero sí modifican mi reacción cuando se giran significativamente a la baja. En tal caso, si tengo activada la alerta, reduzco la exposición a bolsa para dejarla entre un tercio y la mitad de esta cartera, como hice a primeros de abril del año pasado (2025). Y luego, si va remontando, puedo ir piramidando hasta llegar a aproximadamente dos tercios mientras la alerta siga activa, como tengo ahora. También he de decir que este está siendo el período más largo en mi experiencia inversora en el que la alerta se mantiene activa sin resolverse en un sentido o en otro (cuando reduje posiciones a primeros de abril, venía estando activa desde hacía un año). Por una parte me reafirma en no actuar precipitadamente al primer aviso (disfruté de las ganancias desde entonces), pero por otra reconozco que me tiene un tanto en vilo. En cuanto a la composición de esta “cartera estable”, mi objetivo es invertirla en indexados globales, acaso con algún acompañamiento de gestión activa que pudiera descorrelacionar algo. Más que nada por comodidad; no estoy ya por la labor de hacer análisis y seguimiento de gestores y de las vicisitudes por las que pueda atravesar un fondo (cierre, fusiones, etc.). Pero en este momento me parece que los indexados son los que tienen mayor riesgo por su gran (excesiva) concentración en la “siete magníficas” (entre el 20% y el 25% en el MSCI World), así que, como habéis podido ver en mi post anterior, mantengo (transitoriamente) algo más de la mitad de lo invertido en fondos que se aparten algo de los índices (dividenderas y small cap value). Este año, tanto el Guinness (-2,3% el fondo; +0,1% desde que entró en mi cartera a primeros de noviembre) como el Kempen (-2,5%) han goteado a la baja (menos este último que el MSCI World Smallcap Value NR €: -7,3%), mientras que el Magallanes Microcaps ha aportado un jugoso +23,3% (MSCI Europe Smallcap Value NR €: +21,8%; no hay índice MSCI Europe Microcap Value, el Europe Microcap a secas +16,3%). En resumen, mantengo una posición de cautela y cada vez más comodona. Que no puedo recomendar a nuestros compañeros más jóvenes. Cada quien ha de adaptar su cartera a sus circustancias particulares y al momento inversor en que se encuentre. Ocurre que en mi caso ya he llegado a la meta, en el sentido de haber acumulado suficiente patrimonio (más la pensión) para cubrir con un grado muy alto de probabilidad (porque seguro-seguro no hay nada) mis necesidades presentes y futuras. Lo cual está muy bien, pero tiene también su puntito amargo. Porque es la consecuenca de la conjunción de dos fuerzas que han venido empujando en la misma dirección: por un lado, el aumento progresivo del patrimonio :), por otro, el acortamiento progresivo de mi esperanza de vida restante :(.