ETF's: Bomba de relojería según artículo en Cinco Días
Es poco probable que se trate de una casualidad. En pocos días, el FMI (página 67 del informe), el BIS y el Financial Stability Board (grupo de trabajo dependiente del G20) han publicado tres informes (firmados, además, por personas diferentes) sobre los riesgos asociados al fulgurante crecimiento de los fondos cotizados o ETF, un producto que ha crecido a ritmos del 40% anual en los últimos 10 años. Y, como suele suceder, no es el uso sino el abuso lo que ha construido esta nueva bomba de relojería.
Un ETF es un fondo de inversión que tiene la particularidad de que sus participaciones se pueden comprar y vender tan fácilmente como se compra y vende una acción. Tiene notables ventajas en términos de liquidez y transparencia, y si bien en Estados Unidos son muy utilizados por inversores particulares, en Europa son patrimonio de los institucionales.
Tradicionalmente, los ETF un producto sencillo (plain vanilla, como dicen en el argot) mediante el que replicar índices. El fondo compra acciones de, por ejemplo, el Ibex 35 manteniendo los mismos pesos que en el índice. No obstante, el crecimiento de los últimos años ha traído consigo una mayor complejidad de estos productos. Los ETF abarcan mercados emergentes, materias primas, deuda pública y privada, además de ofrecer en ocasiones posiciones bajistas sobre estos activos o apalancadas (por ejemplo, ofreciendo un rendimiento equivalente al doble de la caída del Ibex).