Las ineficiencias del mercado. La valoración de activos.
Aludiendo a las variables que definen la efiencia y perfección de cualquier mercado o sistema financiero, podemos afirmar que los mercados con más profundidad (volumen de activos negociados) y amplitud (nº de órdenes en posiciones de compra o venta) son aquellos cuya característica común es su alto grado de liquidez. Ello permite que las expectativas de los agentes sobre el activo financiero queden descontadas rápidamente en precio, con lo que en este caso el inversor no podrá disfrutar, en teoría, de fuertes revalorizaciones.
Este razonamiento es el que subyace en la afirmación de que a medio y largo plazo son los valores de pequeña y mediana capitalización los que ofrecen mayores rentabilidades al inversor, debido a que en muchas ocasiones al no ser valores que centren la atención del mercado concentran muy poca liquidez de tal forma que pueden generarse grandes ineficiencias en precio, produciéndose así importantes divergencias entre el valor intrínseco o teórico y el valor de mercado del activo. Si el inversor es capaz de aplicar con suma habilidad los principios de la teoría del valor puede ser partícipe de estas ineficiencias y obtener jugosas plusvalías en el largo plazo. Sin embargo aplicar los principios de la teoría del valor no siempre es fácil. Por ejemplo, este conjunto de modelos (como pueden ser el descuento de flujos de caja o el modelo de Gordon de descuento de dividendos) parten de hipótesis que no todas las compañías del mercado cumplen, como por ejemplo la capacidad de generación de cash-flow libre de forma constante o creciente o la distribución de forma recurrente de retribuciones al accionista vía dividendos.
¿Pero cómo se deben valorar aquellas compañías con características especiales como pueden ser las biotecnológicas o los bancos?. En este caso la tarea es ardua difícil. En algunos supuestos como las biotecnológicas, son compañías que apenas generar caja, y su valor de mercado básicamente recoge expectativas futuras sobre crecimiento, comercialización de nuevos productos, patentes, etc. Por tanto, utilizar modelos básicos no es la mejor solución para calcular el valor teórico.
Algunos expertos utilizan la famosa teoría de opciones reales, toda un arma y a la vez diría yo, todo un arte, que permite valorar no solo cualquier activo financiero sino también activos reales (suelo, cultivos, etc). Otro ejemplo de la complejidad de valorar una compañía son los bancos, cuya característica diferenciadora son sus complejas estructuras de balance, con grandes cantidades agregadas de información que hacen difícil la labor del analista. Normalmente, para valorar a las empresas financieras se proponen modelos alternativos basados en la valoración del riesgo de interés que parten de la premisa de como puede afectar una variación de los tipos de interés al valor económico de la entidad. El mayor inconveniente de estos modelos (a pesar de su gran aplicabilidad y sencillez como grandes virtudes) es que se sustentan en hipótesis que en algunos casos pueden resultar ciertamente fuertes.
Como hemos podido ver la teoría del valor es mucho más compleja de lo que parece, pero encierra un potencial añadido que en otras metodologías de trabajo (análisis técnico, elliot, etc) sería impensable. El mayor o menor grado de aprovechamiento de estas técnicas dependerá siempre en última instancia de la habilidad del analista.
Hasta pronto. Un saludo.
Juan Ayora Aleixandre (alias: Brokerman)