El timo de las estampitas: reflexiones para el futuro
Interesante artículo en El Confidencial que pone el dedo en la llaga de muchos de los problemas que han estallado con el caso Afinsa y que no son más que la punta del iceberg de otras cosas que se están haciendo mal en el control de las empresas en España. Por su caracter más general, lo publico en este foro (en Rankia entendemos que el foro específico sobre Afinsa y Forum debemos reservarlo para ayudar a los afectados y no hacer más leña del arbol caido)
Extracto algunos parrafos:
El timo de las estampitas
Juan Carlos Escudier
Quizás éste sea tema para una tesis de sociología o dé pistas fiables sobre los resortes más intrincados del comportamiento humano. En cualquier caso, es difícil de explicar racionalmente. Resulta que en este país había 350.000 personas, en su inmensa mayoría con el perfil clásico del inversor conservador, que destinaron los ahorros de su vida –o una parte de ellos- a comprar sellos. Desconfiaron de las telecomunicaciones, de la banca, de la construcción, de las eléctricas y hasta de los metales preciosos. Ninguno de los grandes sectores económicos fueron capaces de ofrecerles la suficiente confianza. Encontraron la seguridad que andaban buscando en unas estampillas de colores.
Lógicamente, ahora es fácil hablar de lo incautos que fueron. Como suele ser habitual en estos casos, resulta que toda la humanidad sabía que aquello era una estafa pero nadie lo había dicho. Ni los poderes públicos que habían puesto el negocio bajo la tutela de las autoridades de Consumo, ni los medios de comunicación especializados en agujeros negros, ni el Banco de España, ni la Comisión Nacional de Mercado de Valores habían alertado de que detrás de tanto sello no podía haber nada bueno. Y así durante 25 años hasta que la Agencia Tributaria descubrió el pastel.
Las primeras voces han surgido ya pidiendo que el Estado acoja bajo su manto protector a los damnificados. Estiman que, pese a la transferencia de las competencias de Consumo a las comunidades autónomas, la Administración central debía haber desarrollado reglamentariamente la Ley de Instituciones de Inversión Colectiva para poder así supervisar a las sociedades de bienes tangibles y no dejar desamparados a los inversores.
Antes de entrar en estas consideraciones, cabe preguntarse cuál ha sido el papel de las auditoras que pusieron su firma durante dos décadas a las cuentas de Fórum y de Afinsa y cómo pudo escapar a su lupa un agujero de 3.500 millones de euros. Quizás haya llegado el momento de proclamar que el control de auditoría al que se someten las empresas en España es una mojiganga, que dejar que sean las empresas las que elijan a sus auditores y les paguen es, en sí mismo, un escándalo, porque ya se sabe que el que paga siempre tiene razón. ¿Alguien se acuerda de Enron y de Arthur Andersen? ¿Es tan difícil arbitrar un sistema mediante el cual las compañías abonen los honorarios correspondientes al Registro Mercantil y que sea este organismo el que designe cada año a los auditores correspondientes?
En segundo lugar, va siendo hora también de proclamar que las comunidades autónomas son incapaces de asumir con la diligencia debida determinadas competencias y que es imprescindible que el Estado vuelva a desempeñar estas funciones. Se evitaría así ese peloteo insensato para tratar de colocar en el tejado del otro la responsabilidad de la propia ineptitud.
Finalmente, es necesario plantearse por qué el control al que se ha sometido a estas dos empresas era similar al que puede establecerse sobre una empresa de pollos o una tienda de moda. Ahora bien, pretender que el Estado, que los contribuyentes en general, que los vecinos de estos estafados que tenían sus ahorros al 2% en Bankinter o en el Sabadell, arrimen el hombro para que los afectados recuperen su dinero es implanteable, salvo que queramos convertir a la Administración en responsable subsidiaria de todas las estafas, timos, robos y hurtos que suceden en España.
http://ww